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PRÁCTICAS DE LIBERTAD. UNA CONVERSACIÓN CON ISABEL GUERRERO

Prácticas de libertad, la reciente muestra de Isabel Guerrero E. (Lima, 1984) presentada en SUERO (@dame_suero), propone una revisión acerca de iniciativas, luchas y propuestas pasadas relacionadas al concepto de educación radical y su reflejo en la educación peruana.

Hacia fines de los años 60 el pedagogo brasileño Paulo Freire desarrolló lo que se conoce como educación popular –concebida como una práctica de libertad–, que hacía contraparte al sistema educativo vertical y dominante de la época. De esta, derivó lo que hoy se conoce como educación radical, la cual propone otras prácticas de organización que impulsan la educación como una oportunidad para la liberación personal y transformación social, con el objetivo de hacer comunidad. Así, esta pedagogía crítica se centra en criterios de justicia y equidad, y se distancia de lo tradicional, rígido e institucional.

Si en propuestas anteriores Guerrero promovía el encuentro con el público a través de prácticas participativas para cuestionar las formas dominantes de educación, para este proyecto reflexiona acerca de cómo hacer comunidad. La artista se cuestiona cómo enfrentar la desigualdad social hoy, a partir de la identificación de espacios de aprendizaje y de encuentro fuera del contexto escolar/académico. Asimismo, busca hallar modos para deconstruir los conceptos dados de educación y aprendizaje, con el objetivo de abrir(nos) a otras posibilidades de reunión e intercambio.

Así, Guerrero se vale de un archivo personal de imágenes de textos escolares, fotos familiares y noticias de internet que respondieron a un sistema educativo y político particular, con el objetivo de referir a la memoria colectiva a través de la serigrafía, el collage, vídeos y audios.

Además, la artista contrarresta lo patriarcal y vertical del sistema con el rescate de textos de las fundadoras de la educación y el feminismo en el Perú, como lo son Elvira García y García o Teresa González de Fanning. Así, esta serie de imágenes no solo nos presenta una cronología de la educación en el Perú, sino que nos confronta a repensar los conceptos de sociedad y comunidad.

Como parte de la propuesta se realizaron lecturas de textos vinculados a la educación radical que fueron transmitidos a través de IGTV, así como un conversatorio acerca de cómo hacer comunidad que se presentó por FB Live. En esta oportunidad, me he reunido con Isabel con la excusa de hacer una memoria alrededor de la experiencia de Prácticas de libertad.

Parte de la exposición «Prácticas de libertad», de Isabel Guerrero, en Suero, 2020. Cortesía de la artista

Luisa Fernanda Lindo: Estaba pensando el marco en el que se ha dado la muestra Prácticas de libertad, una coyuntura que para todos nos es desconocida y a la cual hemos tenido que adaptarnos de la manera que nos es posible. SUERO, por ejemplo, al no poder contar con un espacio físico por el confinamiento, se adaptó a lo que tenía a mano que es el Instagram, y desde esa plataforma se vienen presentando mensualmente diversas propuestas artísticas. Asimismo, tu propuesta tuvo que concebirse bajo ciertos parámetros que posibilita/delimita la plataforma, como formato, duración y cantidad. Digamos, una práctica no tan libre como sugiere el título de la muestra, sobre todo teniendo en cuenta que tus procesos artísticos son colaborativos y participativos.

Isabel Guerrero: Sí, creo que la libertad la fuimos construyendo gracias al diálogo que mantuvimos a lo largo del proceso y en nuestra capacidad de adaptarnos. Transformamos la plataforma en nuestro no-lugar de aprendizaje, donde nos encontrábamos para conversar acerca de las imágenes. Así es que SUERO fue convirtiéndose para mí en una práctica de libertad.

Respecto a los parámetros, lo más difícil ha sido la duración, ya que en mi proceso de creación suelo incluir conversaciones e intercambios con personas provenientes de distintos universos, lo cual demanda otros tiempos; en los procesos colaborativos el factor tiempo y el tacto humano es esencial.

El formato quizá fue lo menos complicado, ya que las fichas/carpetas, sobre las que realicé las serigrafías, ya las tenía y se adaptaron perfecto a la plataforma IG. Ellas eran parte de mi archivo personal y las había utilizado en mi proyecto anterior MURO-Museo Rodante. De ahí tomo también los textos escolares de donde saqué las frases que acompañan a las imágenes.

En la serigrafía he encontrado una forma de hacer una especie de ensamblaje bidimensional; siento que me permite apropiarme de distintos soportes y transformarlos, un ejercicio similar al que suelo hacer en mis esculturas. Por otro lado, es una feliz coincidencia el que actualmente comparta taller con grabadores, sino no hubiera sido posible llevar a cabo el proyecto.

Parte de la exposición «Prácticas de libertad», de Isabel Guerrero, en Suero, 2020. Cortesía de la artista

LFL: La invitación a SUERO también implicó una vuelta al taller luego de la cuarentena.

IG: Efectivamente, retomé luego de casi tres meses. Todo estaba paralizado. El retorno fue bastante distinto para esta exposición, ya que suelo hacer mucho trabajo de campo como investigación previa. Se me hace necesario involucrar a la gente, ya que me interesa investigar a partir de experiencias personales y vincularlas con la historia; hacerlas/hacernos partícipes de una preocupación común. Sin embargo, esto no fue posible debido a la cuarentena y el estado de emergencia. Por ende, como muchas actividades, mi práctica habitual se vio afectada.

LFL: Son muchas –si no la mayoría– las que se han visto afectadas. Pensando en Prácticas de libertad, la educación es la que más atención ha requerido por la población que acoge. La enseñanza, en todos los niveles, ha pasado de ser presencial a ser virtual en todo el mundo, lo cual ha significado un reto tanto para el alumnado como para los docentes. Considerando el tema de tu muestra, ¿qué posibilidades crees que tiene la educación radical en este contexto de pandemia?

IG: Si pensamos la educación separada de la escuela y como un espacio de aprendizaje a partir de saberes previos, podríamos encontrar estos momentos en diferentes situaciones. La pedagogía radical, la cual se basa en la pedagogía crítica propuesta por el pedagogo Paulo Freire, propone a la enseñanza como un espacio de cuestionamiento e intercambio de conocimientos donde se busca el beneficio colectivo y la transformación social. Esto podemos verlo en distintas experiencias que buscan la justicia social, como pueden ser pedagogías alternativas, movimientos activistas, colectivos audiovisuales o medios de comunicación contra-hegemónicos, prácticas artísticas militantes, entre otras.

Entonces, las posibilidades de una educación radical están ahora activas, solo que sus modos están en proceso de cambio. A nivel educativo, la virtualidad ha golpeado a gran parte de la población ya que ha sacado a flote las desigualdades de acceso a ella tanto para estudiantes como para docentes. El hecho de que muchas actividades se hayan visto afectadas, nos invita a cuestionar nuestras propias prácticas, diría cotidianas, con respecto a cómo nos relacionamos en general con los demás.

LFL: Definitivamente ha sacado a flote las desigualdades y la pobreza de la región. Digamos que ha desenmascarado, en el caso del Perú, esa construcción de modelo económico. Por otro lado, me parece oportuna la mención acerca de cuestionar las propias prácticas, sobre todo desde el rol docente, pues la coyuntura actual ha exigido a muchos, sino a todos, a replantear sus dinámicas y contenidos educativos.

IG: De hecho, en el ámbito educativo formal, el contexto actual nos obliga a cuestionar las prácticas docentes y los espacios de aprendizaje, así como los espacios de reunión e intercambio, su valor y sus dinámicas. En ese ejercicio de cuestionamiento, es donde se hace espacio, por un lado, a un nuevo concepto de la educación y de reunión y, por otro, a revisar nuestro legado pedagógico latinoamericano emancipador para poder empezar a tender puentes entre pasado, presente y futuro (algo que me interesaba evocar con la propuesta de la exposición).

Esta reflexión fue propuesta en el marco del diplomado de educación de la CLACSO-Argentina, el cual curso actualmente. Lo curioso es que, antes de esto, empecé con la idea de hacer una cronología sobre las experiencias en educación radical en el Perú. En el proceso me preguntaba qué sentido tenía hablar de estas experiencias hoy.

LFL: El tema de la educación no es nuevo en tu práctica artística, creo que ya lo he mencionado. Me gustaría que quienes tengan acceso a esta conversación entiendan de dónde surge la motivación a desarrollar Prácticas de Libertad.

IG: Me interesaba evocar a la memoria colectiva a partir de imágenes de archivo, sobre todo familiares, ya que mis padres –que son docentes e investigadores– se han dedicado a la educación formal y no formal desde su juventud militante hasta hoy. Por esa razón, yo misma pasé mi infancia por varios proyectos de educación alternativa nacidos a inicios de los 80 en el Perú -un movimiento interesado en replantear el concepto de escuela como un espacio distinto al tradicional, que más bien eduque para la paz y la democracia.

Este movimiento –que apostaba por formar personas autónomas, pensantes y críticas de la realidad– si bien ha influenciado en las políticas públicas aún no ha logrado incidir en la mayoría de las prácticas docentes. Hoy, se hace cada vez más urgente incorporar este legado en aras de construir el bien común.

A estas experiencias pioneras me parecía indispensable sumarle otros movimientos, tomando como referencia el libro de Maria Emma Mannarelli Las mujeres y sus propuestas educativas, 1870-1930. Aquí menciona que estas marcaron un hito importante en la construcción del pensamiento educativo peruano y feminista. En la coyuntura actual, las desigualdades de género se han hecho más visibles y cada vez más urgentes de atender. Ahora, luego de este proceso de creación, replantearía la pregunta que me hice al inicio: ¿Cómo podemos repensar nuestras prácticas, en el contexto actual, a partir de este legado pedagógico latinoamericano hoy? Pensando, además, que ese legado alberga a la educación radical.

LFL: Creo que es importante mencionar que, previamente a la educación radical, ya existía una educación feminista en el Perú. Tenemos varios ejemplos entre los que destacan Elvira García y García, Teresa González de Fanning, Clorinda Matto de Turner, entre otras voces que marcaron la ruta del feminismo. Sin embargo, han sido invisibilizadas o no han recibido el reconocimiento adecuado.

IG: Sí, son los antecedentes. Estas mujeres educadoras, escritoras y feministas abrieron el camino para que todas podamos acceder a la educación, además de cuestionar el sistema proponiendo una educación laica frente a la religiosa, la autonomía de las mujeres, y cuestionando la distribución del poder en dicha época. Efectivamente, la lucha de Clorinda Matto de Turner por defender los derechos de las mujeres e indígenas va de la mano con lo propuesto en el libro de Paulo Freire La pedagogía del oprimido, el cual abre paso a la pedagogía crítica. Luego, esta fue incorporando el pensamiento feminista entre otras teorías.

Por ello, luego de las imágenes sobre las educadoras feministas, continúa la cronología de la exposición con los aportes de Freire. Tomando en cuenta nuestro legado y la urgencia del contexto, para poder construir hoy espacios de aprendizaje inclusivos y críticos basados en el diálogo, es indispensable que la educación sea feminista y decolonial.

LFL: Y antirracista. El rol docente cobra mayor importancia en la medida en que se hace necesaria una participación comprometida que no quede solo en el discurso, sino que se haga visible en la práctica. De hecho, esto es algo que abordamos a través del texto de bell hooks Enseñando a transgredir, la educación como práctica de libertad, que formó parte del ciclo de lecturas que confeccionamos en torno a la muestra. Ella justamente incide en este punto: en la coherencia de la práctica con el discurso dado.

IG: Sí, me haces pensar en el libro de Paulo Freire La educación como práctica de libertad, del cual tomé el título para la exposición, y hooks para el libro que mencionas. Esta coherencia de la que hablas puede verse claramente en ambos libros que recogen experiencias de aprendizaje donde la práctica va de la mano con el discurso, y a eso añadiría la importancia del contexto en el cual se enmarcan.

El libro de Freire recoge la metodología de alfabetización, creada por él y su esposa Elza en 1965, la cual causará una revolución educativa en Brasil; nace además como respuesta a la dictadura de la época. En ella se propone al individuo como eje central, la toma de conciencia de su ser y su contexto para un aprendizaje basado en el diálogo. Hooks menciona esto como eje central para poder transformar el aula en una pequeña comunidad, lo cual además es el común denominador de la cronología propuesta para la exposición.

Parte de la exposición «Prácticas de libertad», de Isabel Guerrero, en Suero, 2020. Cortesía de la artista

LFL: Y, de alguna manera, el contexto actual también exige pensar colectivamente, en la medida en que la pandemia afecta al mundo entero, con marcadas diferencias que se han hecho más patentes conforme ciertos países han podido controlar su tasa de infectados y muertes; pero en definitiva afecta a todos. Ya el solo hecho del distanciamiento físico y social nos cuestiona cómo hacer comunidad. De hecho, esta pregunta fue base para el conversatorio con Cristina Benito y Sofía Enríquez, y la abordamos no solo pensando desde la práctica artística sino desde lo cotidiano, que es algo que comentabas al principio de este encuentro.

IG: Sí, de hecho, la cotidianidad hoy en el país está reflejando justamente las tensiones entre el interés individual y el colectivo. Además de ser necesarios ciertos cambios en el sistema educativo formal, me parece indispensable que se construyan también espacios de encuentro no formales ni institucionales que nos permitan construir comunidades temporales para a partir de ahí cuestionar nuestros modos de aprender, de relacionarnos, de debatir, de hacer. El actual contexto de crisis nos está dando la oportunidad para hacer eso.

Pienso que el arte juega un rol importante a partir de las prácticas artísticas socialmente comprometidas, las cuales también surgen como búsqueda de justicia social en Latinoamérica en los 80. De hecho, el arte ha sido lo que nos reunió para el conversatorio y lo que nos junta otra vez hoy como una pequeña comunidad temporal, constituida a partir de una preocupación común. Para mí, el arte se trata de crear ese espacio en común, lo cual no está muy lejos del concepto de educación radical.

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Luisa Fernanda Lindo

Lima, 1979. Curadora, escritora y trabajadora del arte. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y Magíster en Estudios Curatoriales por la Universidad de Navarra (España). Ha obtenido diversas becas y residencias, como la Beca de Posgrado de Fundación Carolina 2018–2019; Beca a la Excelencia de Programas Especiales para Artistas de AMEXCID/SRE (México, 2015); Beca de Residencia Artística de SEGIB y Casa de Velásquez (Madrid, 2015); entre otras. Es directora y curadora de SUERO, espacio temporal para la reflexión, creación y exhibición de arte contemporáneo.

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