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BEAUTIFUL DISTRESS: ARTE Y SALUD MENTAL. MARTÍN LA ROCHE EN CONVERSACIÓN CON CAROL STAKENAS

[ENGLISH]

Carol Stakenas, curadora general de Social Practices Art Network (SPAN), conversa con el artista chileno radicado en Ámsterdam Martín La Roche (1988) sobre su experiencia de tres meses de residencia en el Kings County Hospital, en Brooklyn, Nueva York, como parte del programa de la Fundación Beautiful Distress (Ámsterdam), cuya misión es despertar conciencia sobre la aflicción mental bajo la creencia de que el arte es preeminentemente capaz de articular y representar la condición humana.

Beautiful Distress se vale del arte para contar historias de la psiquiatría a un amplio público que, por no entrar en contacto directo con las enfermedades mentales, se sumerge en el desconocimiento y, por tanto, en la estigmatización. Si bien las enfermedades mentales evocan emociones negativas en quienes las padecen, también son una rica fuente de creatividad. Al unir esos dos mundos, el del arte y la psiquiatría, Beautiful Distress busca validar el mundo y la experiencia de los enfermos mentales.

Carol Stakenas y Martín La Roche

Carol Stakenas: OK, comencemos. Primero que nada, gracias por invitarme a realizar esta conversación Martín. Realmente disfruté conocerte a ti y tu práctica creativa durante tu residencia Beautiful Distress en el Hospital Kings County en el otoño de 2018. Ahora que regresaste a Ámsterdam creo que tenemos la oportunidad de reflexionar sobre tu experiencia con una mayor perspectiva. Para partir, háblanos sobre la residencia de Beautiful Distress. ¿Por qué elegiste participar?

Martín La Roche: Gracias a ti Carol. Durante mi estadía en el hospital fue crucial compartir contigo, darle palabras a lo que estaba viviendo. Beautiful Distress es una organización holandesa que tiene una residencia en el Servicio de Salud del Comportamiento en el Hospital Kings County en East Flatbush, Brooklyn, donde artistas trabajan y viven en el entorno de una institución de salud mental por tres meses. En Holanda hay un proyecto parecido que se llama Het Vijfde Seizoen (La quinta estación), que lleva haciendo algo similar por alrededor de 20 años. Beautiful Distress se inspiró en esta institución para elaborar su programa, pero con una diferencia: querían ir más allá de Holanda, y por eso entraron en contacto con Carlos Rodríguez Pérez en el Hospital Kings County en Brooklyn, Nueva York. Comenzaron el intercambio y la colaboración en 2014.

La residencia no está concebida como un proyecto de arte terapia (músico terapia, drama terapia, arte terapia, etc). El hospital ya cuenta con especialistas en estos ámbitos. En cambio, Beautiful Distress invita a artistas a vivir en el hospital y les da tiempo para su práctica. La organización piensa que el arte puede ser un buen traductor de los dilemas de la salud mental en la sociedad. Ellos creen que el arte es una excelente herramienta para romper con los patrones negativos y la incomprensión asociados al estigma que tienen las enfermedades mentales y producir en cambio una mirada más amplia.

Personalmente yo no estaba buscando esta residencia. Vino a mí por azar. Un día en una inauguración, me presentaron a Wilco Tuijnbreijer, un psiquiatra interesado en arte. Como yo estaba aprendiendo a hablar holandés, quería practicar. Le compartí que mi padre era también psiquiatra y le conté una historia de su consulta. Le expliqué cómo un día, un paciente le preguntó si era posible dejar un objeto como una forma de decir gracias por la terapia. Mi padre accedió y la persona dejó un pequeño recuerdo. En algún momento, otro paciente preguntó por ese objeto; después de conocer este gesto, preguntó si era posible también confiar algo. Así fue como ella o él, también decidió dejar algo. Luego vino un tercer paciente, un cuarto y un quinto y no paró. Ahora la consulta hospeda un extenso gabinete de curiosidades muy ecléctico, que se ha ido construyendo a la largo de años de terapia, en el que cada objeto representa tan solo la punta del iceberg de lo que ocurrió en ese mundo íntimo.

Cuando le conté esta historia a Wilco, el me preguntó muy directo: “¿Cómo se relaciona este gabinete con tu práctica artística?”. Yo no estaba preparado para esta pregunta. Nunca lo había pensado, a pesar de que había vínculos obvios con mis intereses y mi trabajo. Entonces Wilco me dijo que era director de Beautiful Distress. Después de eso nos juntamos un par de veces, y compartimos un interés por explorar las conexiones en el mundo psiquiátrico –entre terapia, objetos, sus historias– y trabajar con grupos de personas. Después de un par de encuentros, me invitó a hacer la residencia. Así fue como, de alguna manera, esta oportunidad vino a mi. Fue una invitación que no estaba buscando, pero sentí que no podía decir no.

CS: ¡Me alegro de que no lo hicieras! Entonces en septiembre de 2018, llegaste al Hospital Kings County, que es propiedad y operado por el NYC Health + Hospitals, una agencia municipal que dirige los hospitales públicos de la ciudad de Nueva York.  Actualmente el hospital cubre 40 hectáreas en el barrio de East Flatbush, en Brooklyn. Es lo que uno llamaría una institución comunitaria ancla. Por favor, danos una idea sobre los planes que trajiste contigo como punto de partida y qué encontraste cuando llegaste al hospital.

MLR: Yo tenía pensado crear un proyecto centrado en distintos objetos, el cual asociaba a la práctica que había experimentado en la consulta de mi padre; usar la idea de su gabinete como punto de partida. Pero a poco andar, me di cuenta de que mi relación con la psiquiatría estaba llena de misterio e imaginación. Hay un tabú que no permite hacer los dilemas de salud mental públicos; si no lo has vivido en primera persona o a través de un amigo cercano o un pariente, no sabes mucho al respecto. Yo crecí sabiendo de la existencia de los dilemas de la psiquiatría por mi historia familiar, pero entonces me di cuenta de que muchas veces este conocimiento era más bien un no saber. Aquí hay un ejemplo concreto: a veces iba a la consulta de mi padre después del colegio para volver juntos a la casa después de su trabajo. Yo veía todos los objetos en los libreros y en el suelo y sabía que ellos eran testigos de algo que había ocurrido ahí, pero no sabía exactamente qué o cómo.

Así fue como moldeé mi proyecto en torno a esta ausencia. Yo quería recrear esta práctica que me era tan familiar y, al mismo tiempo, completamente desconocida. Pensé en un método que me permitiera trabajar con objetos y sus historias en un contexto grupal. Quería invitar a los pacientes y al personal del hospital a trabajar en algo que llamé el “librero terapéutico”. Planifiqué invitar a todos los participantes a traer objetos y dejarlos en un librero para luego contar historias al grupo sobre estos, seguidos de una reconsideración semanal de estas historias. Tenía la idea de establecer un espacio particular en el hospital donde estas historias se pudieran materializar como objetos. En mi cabeza parecía un buen plan.

Una esquina del consultorio psiquiátrico del padre de Martín La Roche

CS: Pienso que es valioso clarificar cómo funciona esta residencia en relación con los servicios para pacientes y personal en el hospital. Hasta donde tengo entendido, Kings County cuenta con un programa de terapia creativa sólido e impresionante con muchos profesionales arte terapeutas, uno de los más grandes en la ciudad. Entonces, al albergar este programa de artista en residencia en conjunto con una organización internacional, pienso que están buscando otra cosa. ¿Qué piensas al respecto?

MLR: Sí, de todas maneras. El programa de residencia de Beautiful Distress propone entregar la mayor libertad posible para que los artistas exploren en este entorno. Como mencionaste antes, Kings County es un hospital público, uno de los pocos en el Estado de Nueva York que atiende a pacientes independientemente de su condición social, incluso si no tienen seguro médico o documentos de identidad. Es una institución que recibe pacientes que son excluidos de otros sistemas de salud. Por la misma razón, tiene una comunidad muy diversa. En este contexto ellos han abierto una puerta para proyectos de arte experimental.

Déjame explicar un poco cómo funciona la residencia. Kings County le da al artista un departamento en la torre T, un taller en el edificio A y acceso al Programa de Hospitalización Parcial (PHP) en el edificio R. Uno recibe un ID (carnet de identidad) junto con un entrenamiento de seguridad, como cualquier otro miembro del personal, que te da acceso a todos los edificios. Durante toda la residencia, como artista uno puede organizar su tiempo y actividades como quiera. Te incentivan a trabajar con clientes del PHP o con el personal del hospital, pero no tienes la necesidad de hacerlo.

Como yo quería involucrarme con un grupo de personas, el hospital me recomendó el PHP. Este es un programa para personas con diferentes dilemas de salud mental y diagnósticos, que están atravesando una fase intermedia. Ellos vienen todos los días hábiles al hospital, para luego volver a sus casas. Durante el día, los participantes reciben apoyo a través de distintos grupos de los que pueden ser parte, como terapia en grupo, arte terapia, grupo de habilidades para enfrentar crisis, grupos para aprender a llenar solicitudes de trabajo, etc. También el hospital ofrece almuerzo a los participantes. Muchos de los pacientes estuvieron hospitalizados previamente, así que este programa se transforma en una etapa que es un puente antes de dejar completamente la institución. Ellos todavía reciben apoyo del personal y se les provee acceso extendido a una terapia. Los participantes están comenzando a interactuar más y más socialmente, así que hay mayor apertura para hacer algo. Me acuerdo de que alguien describió el acrónimo de PHP, diciendo que también podía significar “Personas Ayudando Personas” (del inglés “People Helping People”).

Lo que me atrajo del PHP fue que, a pesar de las experiencias adversas que cada uno enfrentaba, era un grupo de aprendizaje que proveía un sentido de comunidad. Como artista en residencia, uno puede visitar los grupos existentes o proponer tus propias ideas para ser parte de las actividades semanales, lo que parecía una gran responsabilidad. No me sentía completamente preparado para proponer algo. Todo era nuevo para mí, desde el entorno, los diferentes edificios y la burocracia hospitalaria hasta los pacientes y el personal.

Hospital Kings County, East Flatbush, Brooklyn, Nueva York

CS: Hablemos de tu participación con estos grupos. ¿Cómo comenzaste a conocerlos? ¿Tu idea inicial generaba el tipo de interacción que tu esperabas?

MLR: Yo tenía pensado trabajar con el “librero terapéutico”, lo que incluía muchos pasos y un plan organizado. Una vez en el hospital, descubrí un gran defecto en esto: simplemente no podía forzar a los otros a ser parte de una estructura compleja para servir a mi proyecto. En este proceso observé que cada paciente, terapeuta, miembros del personal, y los consejeros tenían sus propios dilemas. Todos estaban tratando de resolver situaciones muy específicas, muchas veces en relación con un entorno y una ciudad difíciles. Parecía muy equivocado imponer trabajo extra de cualquier tipo a alguien en este programa. Así que tuve que dejar ir mi plan original, lo que fue frustrante.

El primer mes me descubrí a mi mismo viviendo en el séptimo piso de un edificio administrativo en un hospital que era nuevo para mí. Conducido por un encuentro del azar, me encontré ahí sin una meta concreta y completamente perdido, lo que no fue fácil. Pero me obligó a detenerme y reflexionar.

CS: Indaguemos un poco más profundo para explorar tu experiencia de atravesar este momento de transición. ¿Cómo comenzaste a hacer conexiones que te llevaron a un proyecto fructífero?

MLR: Mirando hacia atrás, lo principal de lo que propuse intuitivamente no estuvo tan alejado de lo que hice al final, pero fue creado a través de un proceso completamente distinto. Vino mucho más orgánicamente. Comencé a unirme a diferentes grupos del PHP. Fui a sesiones donde dibujábamos. Participé de la “Pizza Party” el último viernes del mes. Me uní a Leer es entretenido (Reading is Fun), bordado en crochet, y a muchos otros grupos. Comencé a aprender cómo participar. Todos tenían su propio foco, como todos lo tienen en todas partes, por lo que había muchos intereses distintos. Tuve que quebrar mi propio estigma sobre la salud mental. Me tomó un tiempo cambiar mi ritmo y no estar ansioso por lo que estaba haciendo. Tuve que escuchar lo que estaba pasando, escuchar las diferentes voces contenidas en este edificio, en este hospital. Comencé a ver mi posición como artista en este programa como algo muy particular; no tenía que apurarme, podía permitirme estar inmerso en el lugar y todo lo que eso implicaba. Como ya había tantas complejidades, me di cuenta de que quería comenzar con algo simple.

En ese tiempo, comencé a caminar por la ciudad de Nueva York, yendo a diferentes lugares afuera del hospital. Un día estaba ojeando libros en Mercer Street Books & Records, una librería en el área de la Washington Square en Manhattan. En el medio de algunas mesas llenas de libros de segunda mano, descubrí una copia del I remember de Joe Brainard. Yo conocía este libro hace diez años por un amigo. Comencé a leerlo y tuve una epifanía­: “¡Esto es lo que tengo que hacer! ¡Comenzar desde la escritura!”

Por eso, inicié un nuevo grupo que se reunía cada miércoles. Usando la misma estructura del libro de Joe Brainard, escribíamos frases, todas comenzando por me acuerdo de (I remember). Después de que cada uno escribiera una memoria, las leíamos en voz alta y continuábamos leyendo nuevas frases. Al terminar cada sesión, para quienes estuvieran de acuerdo, yo guardaba esas frases en un archivo. Ningún participante estaba forzado a formar parte de ninguna etapa. Había muchas cosas que algunas personas no querían hacer, y eso estaba bien. El grupo era más importante; se transformó en un proceso emocional de memoria y aprendizaje complejo que requería la apertura e intimidad como punto de partida.

“I remember”, por Joe Brainard, editado por Ron Padgett y publicado por Granary Books

CS: Comenzaste a construir un ritmo a través de estas sesiones de los miércoles…

MLR: Si. Organicé la sesión semanal como una manera de establecer una práctica constante que nos ayudara a conocernos. Los pacientes normalmente estaban en este programa por seis semanas. Cada semana, repetíamos la misma actividad, una y otra vez, semana tras semana. Imagínate escribiendo cada miércoles frases que comienzan por me acuerdo de. En algunas ocasiones las personas se aburrían de esta repetición. Puedo entender que es tedioso, pero este aburrimiento permitía una cierta apertura.

CS: Hablando de aburrimiento, cuando era estudiante de cerámica en el Kansas City Art Institute en la década de los 80, escuché una charla que dio John Cage. Me acuerdo que en ella sugería que si tú te encontrabas aburrido mientras hacías algo, que lo siguieras haciendo… y entonces ve qué pasa. Esta provocación tuvo una gran impresión en mí en ese tiempo y continúa resonándome. Él proponía que el aburrimiento podía ser un estado productivo.

MLR: Estoy acostumbrado a lidiar con el aburrimiento.

CS: Puedo percibir que eres consciente de cómo tu trabajo se conecta con ciertas tradiciones y trayectorias de la historia del arte contemporáneo, como el movimiento Fluxus y el uso que tenían de partituras. No me sorprende que tus ideas y experiencias me hicieran pensar en John Cage.

MLR: Desde que era estudiante, he tenido una relación con diferentes textos en mi práctica artística. No tenía muy claro por qué, pero siempre relacionaba mis distintos trabajos a ciertos libros y hacía conexiones entre relatos y mis presentaciones. Por ejemplo, una vez seguí el Sakuteiki, uno de los primeros manuales de jardinería en la historia, para construir una instalación. Ahora puedo leer esa acción como un proceso que se elaboraba a partir de “la partitura” o las instrucciones contenidas en ese manual.

Lo que me interesa de los grupos Fluxus es la acción de borrar los límites en torno a las ideas de dónde proviene el arte, quién lo hace y dónde y cuándo ocurre. En ese sentido, una partitura o una instrucción pueden ser muy prácticas, porque siempre refieren a un proceso. Veo que este flujo tiene la capacidad de liberar o difuminar las rígidas categorías y exclusiones contenidas en la historia Occidental del arte, en la producción cultural, y en las instituciones del arte –lo veo como una redistribución en los roles de la creación. El grupo Oulipo en literatura me parece que lo resume muy bien; a través de múltiples restricciones en los procesos de escritura querían crear herramientas para que otros escribieran. Cuando se hace un trabajo artístico a través de un ejercicio simple que puede ser realizado por otros y para otros, entonces se reconoce que cualquiera puede ser un intérprete válido de la partitura y un escritor también. Veo el libro de Joe Brainard operando de la misma forma. Cualquiera puede hacer su propia escritura del I remember. Es una herramienta fértil y generosa. Aquí hay algunas frases de Joe, para que puedas ver cómo funciona:

“Me acuerdo de que me ponía todo lo demás antes de ponerme los calcetines”.

“Me acuerdo de un cenicero que se parecía a una casa cuando ponías un cigarrillo abajo (a través de la puerta) el humo salía por la chimenea”.

“Me acuerdo de los rayados en los escritorios de la escuela y de pasar a través de ellos la punta de mi bolígrafo de un lado para el otro”.

“Me acuerdo de caminar por la calle, tratando de no pisar los hoyos”.

Lo que me sorprendió de estas frases es que ellas comunican experiencias cotidianas que no son para nada extraordinarias. Es un ejercicio de memoria que todos hemos realizado. Cada me acuerdo de me permite como lector imaginar lo que diría como escritor. Este ejercicio elemental de escritura me permitió expandir mi propuesta inicial de objetos a frases. Aquí hay algunos ejemplos del archivo de I remember que hicimos en PHP:

“Me acuerdo de cantar en el coro”.

“Me acuerdo de encontrar 20 dólares en el suelo y verme forzado a dividirlo con dos amigos”.

“Me acuerdo de mi primera clase de mecanografía, la cual fue en una verdadera máquina de escribir y no un computador”.

“Me acuerdo de un compañero de clase en el instituto que no sabía cómo un vagón de metro dejaba la estación en la última parada”.

“Me acuerdo de mi primer automóvil; una limusina Mercedes. El primer día que la manejé en la autopista fui acosada por los paparazzi”.

“Me acuerdo de mi primer intento de cocinar, y ¡Oh! qué desastre que fue eso”.

“Me acuerdo de la primera vez que me dijeron señor. Fue en la librería del instituto por un estudiante de aproximadamente mi edad”.

“Me acuerdo de mi madre diciéndole al chofer del bus que yo era más joven de lo que en realidad era para poder pasar gratis”.

“Me acuerdo de caminar por un muelle y odiar el olor a pescado”.

“Me acuerdo cuando una barra de chocolate Hershey costaba cinco centavos”.

Compartir historias de I remember puede generar respuestas que tienen un efecto físico. Como esta:

“Me acuerdo de ir a Coney Island. Tenía miedo de los juegos. Quería salirme porque comenzaba a dolerme el estómago. Me acuerdo que nunca más volví a subirme a un juego de nuevo”.

Cuando esta memoria de una visita a un parque de atracciones fue compartida, inmediatamente pensé en la relación que yo tenía con un parque de atracciones, casi podía sentir la experiencia. Para algunos, estos recuerdos conjuran algo parecido a un sueño con imágenes vívidas siguiendo la forma de una montaña rusa; para otros, se transforma en una experiencia concreta y real como tener un dolor de estómago. Uno también puede abordarlo desde el lenguaje, la forma de escribir o el sonido de alguna de las palabras. Cada semana estábamos construyendo una red de imágenes literarias; estábamos tejiendo conexiones y compartiéndolas en voz alta.

Martín La Roche, Museo Legítimo (sombrero de hongo), 2019.

CS: Además de trabajar con un grupo a través del PHP, ¿qué más estuviste haciendo?

MLR: Todas las historias que te he contado hasta ahora se relacionan con el edificio R donde estaba el PHP. Después de las sesiones o durante el día yo tomaba el ascensor o me iba por las escaleras hasta el edificio A. Me dieron un espacio de taller en lo que fue una consulta de un doctor. Aquí es donde hice otros trabajos y temporalmente guardé la colección de un museo que tengo al interior de un sombrero, el Museo Legítimo. Yo inicié esta institución en 2017.  Un hallazgo que tuve en una biblioteca de arte detonó su creación cuando fui invitado por Calipso Press a residir y trabajar en la biblioteca de Lugar a Dudas en Cali, Colombia. Mientras jugaba un juego destinado a reorganizar los libros en su centro de documentación, me crucé con una historia en la página 459 del libro 273. Encontré un pequeño texto que describía una galería de arte al interior de un sombrero llamada Galerie Légitime (Galería Legítima), la cual fue creada por el artista Robert Filliou en 1963. Este descubrimiento sirvió como una partitura para iniciar el Museo Legítimo (que también llamo Musée Légitime en honor a Robert), el cual comenzó con la invitación a distintos amigos y amigas artistas a contribuir con una obra pequeña o inmaterial, que pudiera caber en el interior de un sombrero, el que yo me ponía para acarrear las obras. Debido a la falta de información que pude encontrar sobre la galería de Filliou, comencé esta reinvención con mucha libertad y decidí que mi institución tendría la forma de un museo, para documentar y preservar las obras en su colección, y no replicar el esquema comercial de la Galerie Légitime.

En este momento la institución tiene 118 obras. Yo muestro los objetos en presentaciones formales y planificadas, así como en situaciones espontáneas. Algunas veces meto una selección de obras en el interior de uno de mis sombreros y me lo pongo; si aparece la ocasión me saco el sombrero y comparto los trabajos con los que están a mi alrededor. Como una manera de activar el Museo Legítimo, yo paso los objetos entre los asistentes mientras voy contando las historias de los distintos autores que me las entregaron. De esta forma, cada persona llega a sostener las piezas en sus manos y mientras se las pasa a otros escucha sobre ellas. Esta interacción abre un espacio para una atención íntima con los objetos y sus narrativas.  

Artistas y amigos que he invitado continúan contribuyendo por proximidad y familiaridad con esta institución. Ahora, a través de las presentaciones, también hay otras personas que han comenzado a darme sus historias y objetos. También ha habido donaciones de infraestructura en la forma de 4 sombreros.

CS: ¿Puedes darnos algunos ejemplos de historias y objetos que te han entregado?

MLR: ¡Hay cientos de ellos! Es difícil para mi privilegiar uno por sobre otro. ¿Me puedes decir tres números del 1 al 118? Entonces te cuento sobre esas piezas en la colección.

Martín La Roche, Museo Legítimo (sombrero de hongo), colección desplegada, 2019.

CS: ¡Me encanta usar una operación de azar para explorar la colección! OK, ¿qué tal la obra número 1, la 54 y la 68?

MLR: ¡Oh! La pieza número 1 es un cilindro de bronce, muy similar a un cigarrillo y se llama Acompañamiento. Puedes sentir su pesadez en tu mano. Es una contribución de David Bernstein. Antes él le llamaba algo así como “un dispositivo para fumar ideado para no fumadores en situaciones de fumar”. Este objeto permite experimentar el acto de fumar sin tener que fumar realmente. De mi experiencia de su trabajo, a David le encanta la idea de pensar con objetos, un proceso que él llama “thinging” (en inglés una mezcla del verbo think / pensar con la palabra thing / cosa). La obra número 54 viene en una cajita. Tiene un dibujo alrededor de la caja que especifica información sobre la obra como si fueran las coordenadas de un archivo de un museo clásico. Al interior hay una pequeña escultura hecha de pulpa de papel que se parece a los huesos de un animal pequeño. El título de esta obra es Zoología Práctica. Es una contribución de Rodrigo Arteaga, quien trabaja frecuentemente con obras híbridas que parecen salidas de un museo de historia natural (y algunas veces efectivamente lo son). La pieza número 68, donada por la artista Nives Widauer, es la primera obra extraterrestre en la colección. Es un meteorito que entró en la Tierra a través de China. Esta pequeña roca tiene una sensación especial cuando la sostienes en la palma de tu mano. Se llama Torta Espacial (Spacecake en inglés). En su práctica artística, Widauer ha trabajado por mucho tiempo con meteoritos. Un muy buen amigo de ella quien era científico le regaló estas piedras. Un día, cuando presenté mi museo en su casa, después de la presentación ella se acercó y me dijo que tenía algo para mi colección. Este era el último meteorito que le quedaba de los que le dio su amigo, quien murió hace unos pocos años.  Cada noche ella iba a acostarse, asustada de perderlo; es tan pequeño. El día que ella me lo entregó, pensó que en la colección de mi museo en el sombrero iba a estar mejor cuidado.

CS: Cada vez que he visto el Museo Legítimo, has incluido el meteorito. Debe tener un significado particular para ti.

MLR: Bueno eso es pura coincidencia. Tu no sabías de los números en la colección, ¿o si? Trato de escribir un registro de todas las obras que presento cada vez para llevar un recuento y mantener presentaciones balanceadas de la colección. Por supuesto que hay piezas que se transforman en las favoritas y las presento una y otra vez. Pero trato de ir contra esto a través de seleccionar otras obras, preguntándole a otros que me ayuden a decidir o usando métodos que propician el azar. Pero si, es inevitable que haya repeticiones.

“Spacecake”, 2017. Por Nives Widauer. Parte del Museo Legítimo de MLR

CS: Qué suerte la mía. Fue notable la experiencia de sostener un pequeño pedazo de otro mundo en mi mano.

MLR: Quiero volver a tu pregunta de otras dimensiones de mi práctica y de cómo se relacionan con lo que estaba haciendo en el hospital. Yo estaba trabajando en el Museo Legítimo, como siempre lo hago. Después de dos semanas de estar en el hospital fue evidente que tenía que mostrar el museo al grupo de PHP. No sabía exactamente cómo hacerlo, no quería molestar a alguien o generar una situación de ansiedad. En experiencias previas improvisadas, algunas personas se han puesto nerviosas cuando de pronto revelo que tengo una institución de arte en un gorro en el medio de una conversación. Pero un día simplemente lo traje a una sesión del I remember y lo compartí diciendo: “Me acuerdo de dos años atrás cuando comencé un museo al interior de un sombrero. ¿Quieren verlo?” Y me quité el gorro que estaba usando y comencé a contar las historias de estas piezas pequeñas o inmateriales una por una. Ese día en el grupo se abrió la posibilidad de conectar el acto de recordar con estos objetos.

Graylin Riley, un ex paciente que ahora era consejero en PHP, me invitó a presentar el museo en otro grupo. Pero esta vez lo planificamos juntos. Él me sugirió combinar el Museo Legítimo con las performances de otros dos participantes del programa. Había una paciente que era muy buena leyendo poesía. Ella no las escribía, pero era muy buena leyendo en voz alta. La otra persona era un paciente que todos los días traía un gran parlante al hospital. Nadie sabía por qué lo andaba acarreando, porque era muy pesado. Resultó que él era increíblemente talentoso para el lip-synching (sincronización precisa del movimiento de los labios). Graylin organizó distintas presentaciones que incluían el Museo Legítimo, introducido por un show de lip-sync, seguido después por una lectura de poesía, o al revés. Después, nos dábamos sugerencias y retroalimentábamos entre los intérpretes.

CS: ¿Qué era para ti lo importante de este proceso de retroalimentación y reflexión?

MLR: Yo apreciaba mucho estos intercambios, a todos nos animaban. Estábamos muy emocionados por estas presentaciones, las esperábamos con ansias. Me di cuenta de que el ánimo juega un rol crucial en cualquier producción de arte, y es este intercambio el que me dio confianza a hacer más presentaciones en otros programas. Tami Gatta, directora del programa de Consejeros de Pares y líder de la Hearing Voices Network, me invitó a compartir el museo con uno de sus grupos que estaba abierto a personas con dilemas de salud mental y sus familias de fuera del hospital. Estos grupos permitían a cada persona en una familia involucrarse activamente en la recuperación de sus familiares y de alguna forma tratar de comunicar lo que ellos estaban atravesando también, lo que resultó en unas reuniones emocionalmente muy intensas. En este contexto el museo y sus historias jugaron un rol particular. Lo veo también como un acto intermedio que nos permitió imaginar algo diferente de lo que normalmente se decía. Cambió el foco de la conversación.

Estas experiencias son difíciles de describir porque mucho tenía que ver con la intimidad del momento, pero puedo decir que cambiaron mis preconcepciones de lo que estaba haciendo. Rompió ciertos estereotipos que tenía de la terapia grupal.  Al entrar a la residencia, quizás en parte por el plan que tuve que escribir para recibir financiamiento, estaba buscando un resultado. Esperaba tener algún tipo de producto, extraer algo de la experiencia –producir un objeto de arte. Pero resultó que estando ahí, me vi envuelto en una experiencia de transformación colectiva; este proceso cambió mi perspectiva. Las personas no tienen que amoldarse a las instituciones, a la inversa; las instituciones deberían amoldarse a las personas. Me di cuenta que escuchar todas estas voces me afectaba, algo que se relaciona directamente con una obra que recibí de Ken Montgomery para el Museo Legítimo, se llama Listen.

“Listen”, 2019. Por Ken Montgomery. Foto cortesía de la galería Water Mcbeer

CS: Comparto tu creencia en la importancia de escuchar y lo crucial que esta habilidad fue para tu experiencia en la residencia.

MLR: También me impresionó descubrir situaciones que no eran tan evidentes al principio. Para una institución semi-nómade, como el Museo Legítimo, su transportabilidad le permite viajar a través de límites que a veces las instituciones de arte no pueden o no quieren atravesar. Por ejemplo, hay un trabajo de Sebastián Riffo en la colección. Es un trozo de lava solidificada que encontró en Japón en 2017. Él lo describe como una parte del Monte Fuji. Pienso en esta pieza como si fuera la textura misma de la montaña. Un día después de una presentación en PHP, uno de los participantes comentó algo muy vívido. Me dijo que probablemente nunca iba a tener la oportunidad en esta vida de ir a Japón, y que agradecía profundamente al Museo Legítimo por permitirle este viaje material a través de tocar este objeto. De golpe, entendí lo especial que era su imaginación. La experiencia táctil de este pedazo del Monte Fuji permitía un viaje para aquellos que pudieran imaginarlo. La misma cualidad de inmersión puede aplicarse a tres piedras de obsidiana provenientes del Cañón del Álamo, en Cochiti, que me dio la artista Martha Tuttle para el museo. Ella las recolectó en el mismo lugar donde previamente una amiga casi se ahoga en una inundación súbita. Cuando me visitó el último día de mi residencia en Kings County, ella incluyó una historia conmovedora de esta experiencia y la comparó con un eclipse. Es interesante para mí ver cómo una historia particular puede reverberar tan bien con otras experiencias.

Mi cabeza estaba llena de imágenes por estarme quedando en una institución psiquiátrica, trabajando con personas y lidiando con tantas situaciones distintas cada día. Comencé a estar sobrepasado de emociones; las voces continuaban regresando cuando estaba solo o durmiendo. El hecho de vivir en un hospital trajo un sentimiento inconsciente de estar encarcelado. No era para nada el caso; podía ir a donde quisiera, pero al principio me costó dejar de pensar en esto. Tenía que hacer algo para lidiar con estas emociones.

Caballito de mar tallado en hueso del Fondo Arturo Bañados Merino, parte de la colección de Artesanía Carcelaria del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Santiago, Chile.

Reflexionar sobre esta condición también me recuerda una memoria muy particular de mi ciudad natal que vuelve a mí; me acuerdo de unas cartas pequeñitas hechas a mano, pequeñas vasijitas modeladas, figuras de madera talladas y pequeños dibujos en acuarela del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago de Chile. Estos objetos, que el museo llama artesanía carcelaria, fueron hechos por prisioneros políticos en los años 70 y 80 durante su confinamiento en diferentes campos de concentración a lo largo de Chile. Cuando vi estos objetos algunos años atrás quedé muy conmovido por ellos. De alguna forma ellos les permitieron a los prisioneros resistir y mantener su sanidad mental durante el encarcelamiento, que no tenía una fecha de término determinada. Me hicieron pensar en la importancia de realizar ciertas actividades diarias que, al repetirlas en el tiempo, te permitan construir un espacio interno, algo equivalente a ciertas técnicas de meditación o ejercicios físicos, pero con un componente narrativo. Esto también se aplica a las prácticas artísticas y artesanales efectuadas en contextos menos duros fuera de la reclusión.  Me di cuenta de que necesitaba dedicar tiempo a una práctica personal durante mi estadía en el hospital en la forma de pequeños ejercicios con constricciones que me permitieran dejar ir, digerir y asimilar todo lo que estaba experimentando. Comencé con una practica diaria de hacer dibujos de la vista de la ventana de la cocina del departamento donde vivía en el hospital. Esta se transformó en una experiencia crucial. Cada vez que hacía un dibujo jugaba con mi perspectiva de la luz y la vista de la ventana. Pero más allá del ejercicio, me permitió estar rodeado de la experiencia sin evitarla.

Vista desde la ventana del departamento de la residencia en el edificio T. Foto: MLR
Martín La Roche, De la serie “Edificio T”, 2018-2019.

Es interesante reflexionar sobre la experiencia de caminar por los pasillos-laberinto del Hospital Kings County que conectaban los lugares donde vivía y trabajaba: el taller privado en el edificio A, PHP en el edificio R y el departamento en la torre T. Siempre tomaba ciertos caminos para moverme de uno al otro. Después de algunas semanas comencé a notar los diarios murales con unos boletines informativos a lo largo del campus. Carlos me sugirió que podía usar uno, él tenía muchas ganas de que hiciera algo. Como mis dibujos diarios comenzaban a acumularse, pensé que tenía sentido insertar algunos de ellos en los diarios murales del edificio A, para compartir mi proceso al interior del paisaje del hospital. En contraste con las sesiones de los I remember de esta era una perspectiva más íntima compartida con el personal que diariamente habitaba esos espacios.

Después del trabajo yo caminaba por Brooklyn o tomaba el metro a Manhattan. En estos paseos siempre recogía detritus de la ciudad que me llamaban la atención. Me acuerdo de recoger distintos objetos como un molde de yeso de una pelota de ping pong, un origami con forma de tortuga, la cáscara de un huevo de colores encontrada en un restaurant, dos reflectantes de bicicleta japoneses, unos anteojos de lectura rotos, velas de cumpleaños numeradas, fósforos con cabezas blancas, una colección de diapositivas de obras de la historia del arte, una señal de salida de color verde, entre otros. Me traía estas cosas de regreso y las ponía en unos antiguos gabinetes hospitalarios que habían quedado en la consulta que ahora era mi taller. En todos estos encuentros, los objetos se cargaban de las historias que oía en el hospital. Estas nuevas colecciones me permitían registrar y mapear la experiencia en mi memoria, un poco como lo hace esta conversación.

También comencé a ojear y revisar una colección de revistas, que incluían los antiguos números de Art in America y Artforum, que habían sido dejadas en el estudio para que el artista en residencia las leyera o usara. Comencé a hacer collages para otro diario mural en el hospital en el Edificio A que estaba cerca de mi taller y era fácil de manipular. Este proceso me permitía interiorizarme del lenguaje de estas revistas y cómo mostraban el arte en Nueva York, y era entretenido cortarlas y reconfigurarlas. En algún momento saqué todo el collage del diario mural y lo traje de regreso al taller donde me di cuenta de que se podía organizar como un libro. Hice uno y luego continué haciendo libros, tan solo mezclando y juntando diferentes historias del arte que me iba encontrando.

Yo sabía que el programa de PHP tenía una biblioteca para los pacientes, que era principalmente una biblioteca de textos. Me di cuenta de la falta de libros de imágenes. En mi experiencia en el taller, tenía la idea de implementar una nueva categoría para la biblioteca de PHP—algo más cercano a lo que llamamos libros de artista. Cuando le pregunté a Carlos por ayuda para conseguir algunos libros de artista, me llevó a Material for the Arts, una organización que distribuye gratuitamente materiales de segunda mano a otras organizaciones de arte y servicios sociales para que los utilicen. Me dijo que tenían cientos de libros en sus bodegas. No eran exactamente libros de artista, más precisamente libros sobre arte, antiguos catálogos de exposiciones y libros de historia del arte. Me traje alrededor de 50 o 60 de ellos. Me parecía extraño tan solo tomarlos y ponerlos en la biblioteca de PHP; descubrí que era reacio a hacerlo. En cambio, corté sus páginas, las mezclé, incluí cosas, saqué títulos y secciones… al final comencé una colección con mis propios libros de artista para PHP. Llamé a esta nueva categoría “Icaros”, en honor a las canciones medicinales cantadas por chamanes curanderos de la selva amazónica. Estaba explorando diferentes posibilidades de trabajo en este entorno particular, plantando encuentros futuros, que pudieran reaparecer después de mi partida.

Documentación de los libros “Icaros”. Cortesía de Reiley Wooten y Steve Remich

CS: El uso del collage que llevó a esta intervención de libros de artista me hace mucho sentido: darte a ti mismo una regla para comenzar un patrón de acciones. A su vez, este proceso generó otras maneras de hacer y rehacer desde los materiales y los rituales diarios que dan forma a un lugar, tanto si es en un programa hospitalario, en la práctica de taller en un lugar único, o explorando una nueva ciudad. ¿Te hace sentido esta idea?

MLR: Si, me hace sentido. Creo que a veces un cambio menor en lo que tu llamaste rituales diarios puede hacer una diferencia mayor en el gran patrón del comportamiento.

CS: Me da curiosidad saber dónde encontraste un territorio fértil para tu trabajo en las diferentes etapas de hacer y compartir estos procesos con otros. ¿Cuales son los métodos que usaste?

MLR: Bueno, a veces tan solo sigo ciertos caminos de acción. Por ejemplo, otro proyecto llamado Colores Gamma, que realizaba en mi taller, nos devuelve a PHP, cuando propuse al final de cada sesión de los miércoles renombrar muestrarios de colores de pintura, esas que uno toma como muestras para pintar tu casa. Encontré estos muestrarios de colores de pintura industrial en Ámsterdam en una tienda que se llama Gamma y tenían unos nombres muy raros. Por ejemplo, un color amarillo intenso tenía por nombre Kaas (queso), un color calipso lo llamaban Protest (protesta) o a un color verde claro lo llamaban Sokken (calcetines). Algunos de los nombres eran muy aleatorios, otros estaban cargados de significado y asociaciones culturales como un azul oscuro que se llamaba Politie (policía), un color terracota que se llamaba museum (museo) o un café oscuro que la tienda denominaba indiaan (indio). En las sesiones en el hospital mostré estos colores, traduje sus nombres e invité a renombrar los colores con nuestros propios nombres. Era un ejercicio muy simple que permitió que muchas palabras y asociaciones libres se materializaran. Renombramos muchos colores Gamma: Lucid Dreams (sueños lúcidos), Sandy Ice (hielo arenoso), It’s a Cold! (Es un resfrío), Baby grass-Mama grass- Daddy grass (Pasto bebé, pasto mamá, pasto papito), Blacks Lives Matter (Las vidas negras importan), Voices (voces), Anxiety (Ansiedad), BTS (el nombre de un grupo de K-Pop), eran algunos de ellos.

“Colores Gamma”, 2019.

Siento que cada experiencia de arte en sí misma se debe a otras experiencias. Para reconocer algo como arte, se necesita un código previo que nos de acceso a ello. A pesar del encuentro que uno pueda tener en algún momento, este se integra a una red de relaciones que está siempre haciéndose. A veces no entiendo esta dimensión de mi práctica artística y de mi proceso; quizás estoy muy cerca, me es muy familiar. Pero al transformarme en un alienígena, en un entorno extranjero, tuve que reconocer que estaba continuando, de una forma particular, algunas prácticas que había aprendido de mi familia, de ciertas tradiciones heredadas. Hay muchos nudos en las historias personales que necesitan ser desenredados para poder entender los patrones que conforman nuestro comportamiento.

Ahora, yo veía mi rol como artista trabajando en un hospital, como alguien que tenía que dar forma a una práctica en relación con esa realidad inmediata.

“I remember PHP”, 2018-2019. Diario mural instalado en el Programa de Hospitalización Parcial del Hospital Kings County, NY

CS: ¿Qué más?

MLR: Hubo otras conexiones que hice en Kings County no tan solo relacionadas con PHP. Por citar un caso, un día Carlos me pidió que compartiera lo que estaba haciendo en el hospital con el directorio de Consejeros Comunitarios y el Comité de Salud del Comportamiento en una reunión que realizaban mensualmente. Él lo veía como una posibilidad de dar visibilidad a lo que se hacía en la residencia. Algunas veces hay tantas situaciones en un hospital de este tamaño, que un programa de estas características puede pasar inadvertido por la administración fácilmente.

Esta sesión era muy oficial, con un secretario que anotaba las actas. Ya había una agenda definida, que contemplaba tan solo un pequeño espacio para mi intervención. Yo propuse hacer un ejercicio rápido del I remember y llevar conmigo el museo en el sombrero por si había tiempo extra.

Antes de introducir mi trabajo, se hizo un reporte de un programa de prevención de riesgo de ahorcamiento. Me puse un poco nervioso por esta temática, pero continué con mi presentación. Yo esperaba una participación contenida y formal. Para mi sorpresa el ejercicio fue recibido con mucho entusiasmo. Se transformó en una alegre disrupción al ritmo de la junta. Esta reacción espontánea dio tiempo para compartir el Museo Legítimo. A mi intervención le siguió una discusión sobre la cualidad terapéutica del ejercicio del I remember y el acto de contar historias. Yo insistí en que yo no estaba entrenado como terapeuta, pero que si estos ejercicios resultaban en algún grado de ayuda o alivio para alguien, eso era un gran resultado. Carlos y yo estábamos particularmente interesados en este punto también para mostrar cómo los artistas pueden contribuir al hospital en un registro diferente, no tan solo repitiendo las técnicas clínicas que ya emplean.

CS: Gracias por compartir esta experiencia, comienza a responder la pregunta anterior de qué era lo diferente que ofrecía la residencia de Beautiful Distress. También me gustaría discutir cómo tu trabajo y estos proyectos comprometidos socialmente encuentran visibilidad en el contexto del arte contemporáneo. Tu mencionaste momentos en los que salías del hospital y traías contigo el Museo Legítimo como un puente para poder conocer a otros artistas. ¿Sería esa una forma justa de describir la forma en que activaste el museo como una forma de hacer conexiones?

MLR: Sí, totalmente.

CS: ¿Y qué hallaste?

MLR: Durante mi estadía en Nueva York encontré diferentes redes de personas, y acarrear esta pequeña institución en un sombrero me abrió acceso a ellas, a sus realidades muy diferentes y a sus historias. El museo se transformó en un motivo para profundizar el vínculo con aquellos que conocí. Por dar un ejemplo, te conocí a ti en una cocktail party. Quizás si no hubiera llevado el sombrero ese día no habría pasado nada.

Museo Legítimo en “A potluck for the dead”, Sunview Luncheonette, Brooklyn, NY, 2018. MLR mostrando una obra de Amílcar Guzmán. Imagen fija de video documental, cortesía de Steve Remich y Reiley Wooten.

CS: Es verdad, experimentar el museo incrementó mi interés en conocerte y saber más sobre lo que estabas haciendo.

MLR: También tuve presentaciones en lugares espontáneos. Por ejemplo, tuve una presentación muy conmovedora para el Día de Todos los Muertos en un lugar llamado Luncheonette, en Greenpoint, Brooklyn. Marc Buchy, un artista en la colección, me recomendó ir ahí. Este lugar solía ser una cafetería o comedor de barrio que se había transformado en un centro social para artistas en el barrio. Esta transformación fue realizada para honrar el deseo de su antigua dueña, a la que todos llamaban B. Ella había muerto un año atrás. Mi presentación fue parte de un evento que conmemoraba su legado y la lucha continua por tener un espacio social compartido. Los organizadores invitaron a los visitantes a recordar a alguien que hubiera muerto. Como yo llevaba el sombrero, y después de escuchar las historias de B, me pareció propicio contar esta historia que se debía a personas que ya no están aquí.

Hubo otros momentos intermedios también. Hice una conexión con la galería de Water McBeer, que se especializa en trabajos en miniatura y exhibiciones en espacios del tamaño de una casa de muñecas. Ignacio Gatica, un buen amigo artista viviendo en Brooklyn, propició este encuentro al hacer un video en una pequeña pantalla, del cual hizo dos copias. Una se la dio a Water McBeer y la segunda al Museo Legítimo.

Fui a ver una exposición donde se presentó la primera: The private collection of Water McBeer en la Deitch Gallery. La pequeña pantalla mostraba un noticiero que describía los rascacielos más altos del mundo. Esta lista de edificios muy altos sirvió de puente para contactar estas dos micro-instituciones de arte. Llamé al galerista Water McBeer para mostrarle el Museo Legítimo. Fue emocionante explorar el ecosistema de las artes que se construye entre un museo y una galería de arte. Después de un fructífero intercambio de visiones y planes para el futuro, Water MCBeer se transformó en un benefactor de la institución del sombrero. Como él mismo dijo: “Para un museo pequeño, los donantes quieren sentir un mayor involucramiento que en una institución grande y es importante que ellos puedan ver el impacto de su aporte de una manera visible”.

Izq: Exposición The private collection of Water McBeer en la Deitch Gallery. Der: “Todavía sin título”, 2018. Por Ignacio Gatica
Exposición “Highlights of the collection / Musée Légitime” en la galería Water McBeer, 2019. Cortesía de la galería

CS: Durante esta conversación, anoté algunas pocas palabras y me preguntaba cómo te resonarán a ti: Narración, Recordar, Intimidad y Secreto. Dependiendo de cómo son combinadas, el juego entre ellas puede abrir puertas a la intimidad, vulnerabilidad y a espacios poderosamente emocionales o a experiencias realmente difíciles.

MLR: Es interesante que elijas esas cuatro palabras. Son una forma precisa de abordar lo que experimenté en Kings County. Hemos hablado de la narración, la memoria y también de la importancia de estar abierto a escuchar. No creo que hayamos tocado mucho el secreto o la dimensión confidencial. Quizás cuando hablamos de la práctica de mi padre y su gabinete. Aprecio esta palabra porque se refiere a algo de lo cual es difícil hablar. Hay un sentido de lo no hablado que estuvo constantemente presente durante esta residencia y pienso que siempre existe en alguna medida. Muchas veces hubo situaciones en PHP que fueron muy significativas, pero que requerían ser mantenidas en confidencialidad. Para construir un espacio íntimo, es importante no comunicar todo. En ese sentido, hay una dimensión que está ausente y que no puede ser transmitida.

Estoy muy agradecido por el personal y los pacientes que confiaron en mí y mi proceso. Dar tiempo y paciencia para la experimentación creativa, sobre todo en este contexto, fue muy generoso. Valoro la transformación mutua y la apertura. Pienso que hacer tiempo para una práctica compartida o una conversación puede ser muy transformador.

“KCH (terapia de origami después de Toshiko Kobayashi)”, 2019. Publicación por Martín La Roche, publicada por GoodNeighbour e impresa en Endless Editions.

CS: Antes de cerrar, reflexionemos sobre Beautiful Distress y su interés por abordar y desmantelar, a través del arte, el estigma asociado a las enfermedades mentales. A pesar de que tú no tenías la obligación de seguir políticas específicas de la organización, pienso que sí había una preocupación compartida con relación a cambiar las condiciones sociales, aquellas que perpetúan la vergüenza y el estigma en torno a los dilemas de las enfermedades mentales. ¿Cómo puede tu residencia ayudar a abordar estos problemas?

MLR: En Kings County experimenté un territorio complejo, pero que, al mismo tiempo, era muy fértil para experimentar y tener una práctica artística compartida. Siento que comunicar esta experiencia a otros, a través de diferentes redes afuera del hospital, puede ser una buena herramienta para romper estigmas. Hablar sobre esto como lo hacemos ahora puede ser un buen comienzo. Requiere sensibilidad y cuidado, pero no es imposible. La documentación nunca será lo mismo que la experiencia vivida, pero puede servir como un mecanismo para la memoria que permita volver al proceso que se realizó. Los ejercicios simples y concentrados permiten una traducción y reproducción. Algunos participantes de los grupos querían mantenerse en el anonimato, lo cual es una condición inicial para unirse a los grupos de PHP. Al mismo tiempo, todos estaban de acuerdo que el trabajo creado y archivado en este grupo de PHP en el Hospital Kings County podía ser públicamente presentado bajo un nombre colectivo. Honrar la privacidad del grupo se transformó en un desafío y factor motivante para pensar en cómo presentar y desplegar este tipo de arte. Por otro lado, algunos participantes de PHP querían ser reconocidos. Por ejemplo, recibí una obra de Timothy Dabriel para el Museo Legítimo. Me dio su obra un día en que yo había repartido una colección de postales que tenían el motivo del Arca de Noé después de empezar la sesión diciéndoles: “Me acuerdo de cuando era niño y jugaba con un puzzle con una imagen del arca de Noé y los animales”. Él tomó una de las postales e hizo un dibujo del personaje de Noé, quien no estaba en la representación, en el otro lado de la postal. Luego se acercó a mí y me explicó que tenía algo para mi institución. Hasta ese momento no había invitado a nadie de PHP a ser parte del museo. Cuando recibí la obra de Timothy, él hizo un gesto con el que se refirió al museo en el sombrero de una forma equivalente al arca Noé. También escribió una historia al respecto: “Me acuerdo cuando Noé salva a los animales de extinguirse. Él construye un barco para ellos, para mantenerlos a salvo cuando suben las aguas. Todos pensaron que él estaba loco, pero él demuestra que están equivocados. Después todos comienzan a escucharlo. Me acuerdo de estar feliz de verlo salvar el día. Noé es una gran persona. Me gustaría conocerlo, él es una gran inspiración”.

A mí me emocionó particularmente esta historia.

Sin título (Me acuerdo del arca de Noé), 2019. Por Timothy Dabriel
Sin título (Me acuerdo del arca de Noé), 2019. Por Timothy Dabriel

CS: Ahora yo también me emocioné por este gesto y esta historia. Algo que he aprendido de tu práctica creativa es que tú invitas a otros a conectarse a través de compartir memorias, incluso a quienes no estaban ahí durante el encuentro inicial, para extender y profundizar la conexión.

MLR: Estoy de acuerdo, podemos recordar e imaginar a través de las memorias de los otros. Por eso es tan importante practicar la memoria. Cada objeto, cada historia puede ser también un germen para que ocurra otra cosa. En ese sentido, mi interés es mostrar y reproducir el material de los ejercicios que hicimos en Kings County para acarrear estas historias y continuar contándolas.

En el Hospital Kings County encontré un territorio fértil en el espacio entre escritura y producción de imágenes. Tal cual como en una écfrasis, que es una descripción verbal de una representación visual, los objetos del librero terapéutico fueron remplazados por frases.

Lo mismo ocurre a la inversa, con historias que se transforman en un objeto en mi museo.

He continuado con sesiones del I remember afuera del hospital, con una experiencia en Santiago en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, y otra en la Beautiful Distress House en Ámsterdam. Estoy trabajando con la escritora Mirthe Berentsen, quien también hizo la residencia de Kings County en 2017. Estamos explorando las transformaciones que los dos vivimos en nuestras prácticas en un contexto hospitalario y pensando en cómo hacer una exposición que pueda traducir estas experiencias afuera del espacio seguro de la terapia grupal en una esfera pública.

Veo este trabajo como una edición que se está haciendo. Para poder continuar con estos procesos algunas cosas tienen que ser incluidas y mostradas mientras que otras tienen que quedar en la intimidad de lo que fue. Alguien me dijo: “Yo no recuerdo nada, estoy en el presente ahora”.


Carol Stakenas es curadora y educadora. Su trabajo es deliberadamente variado, generando oportunidades para que las personas puedan reunirse y responder a dilemas oportunos en contextos significativos a través del arte. Ha comisionado y apoyado el trabajo innovador de diversos artistas y colectivos, como Cassils, Mel Chin, Fallen Fruit, Jeanne van Heeswijk, Suzanne Lacy, Marjetica Potrč, Raqs Media Collective, Ultra-red, Denise Uyehara con James Luna y Marina Zurkow. También ha producido proyectos site-specific, incluyendo el Brooklyn Bridge Anchorage, Times Square, Los Angeles Police Department (LAPD), Kings County Hospital en East Flatbush (Brooklyn), y el Story Mill Grain Terminal en Bozeman, Montana. Stakenas es la curadora general de Social Practices Art Network (SPAN). 

Martín La Roche (Santiago, Chile, 1988) es un artista radicado en Ámsterdam. Estudió Artes Visuales en la Universidad de Chile y en 2015 completó un programa de posgrado en la Jan Van Eyck Academie en Maastricht, Países Bajos. En 2017 inició el Museo Legítimo, una institución nómade que ahora cuenta con 118 obras de arte de diferentes artistas en su colección. También trabaja con distintas editoriales de artistas, las cuales reúne en Good Neighbour, una plataforma de libros de artista que construye una biblioteca a través de las afinidades entre libros.

Últimamente su trabajo ha sido mostrado en Die Ecke Arte Contemporani, Barcelona; artspace Edition Shimizu, Ciudad de Shizuoka, Japón; Water McBeer, Nueva York, Estados Unidos; Muro Sur – D21, Santiago de Chile; Casanova, Sao Paulo, Brasil; y de Appel, Ámsterdam, Países Bajos, entre otros.

El programa de residencias artísticas de Beautiful Distress es realizado en colaboración con el departamento Behavioral Health Service del Hospital Kings County en Brooklyn, Nueva York. Esta residencia contó con el apoyo de los Mondriaan Fonds, Países Bajos.

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