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BIENAL SACO LANZA CICLO DE VIDEOARTE CHILENO EN ANTOFAGASTA

El pasado 11 de agosto, en Antofagasta, se realizó el lanzamiento del Ciclo de Videoarte Chileno, una iniciativa de la Bienal SACO con curaduría del artista Javier González Pesce que desde agosto de 2022 a junio de 2023 exhibirá durante cuatro semanas una obra de un/a artista chileno/a en ISLA+, una ventana/pantalla abierta a la calle, en contacto directo con los transeúntes de Playa Blanca.

Pensado para la experimentación, este espacio expositivo se convierte en una nueva plataforma que busca fomentar lazos con la comunidad y fortalecer el tejido social del barrio, a través de la difusión gratuita de obras de videoarte nacional e internacional.

Durante el lanzamiento, que tuvo lugar en la sede de la Fundación Minera Escondida, se proyectaron las diez obras que serán parte de la programación 2022-2023, comentadas y discutidas por Javier González Pesce, curador del ciclo, Catalina Huala, artista invitada, y Dagmara Wyskiel, directora de la Bienal SACO.

Compartimos el texto curatorial, que ahonda en esta nueva iniciativa y en las ideas detrás de los trabajos a ser presentados a lo largo del próximo año.

Cama-mónada | Paula Ábalos & Carol Illanes

Por Javier González Pesce

De mis primeras visitas a Antofagasta, me quedé con la sensación de que ISLA es un poco una escultura. A diferencia de una escultura tradicional, la casa es un volumen con una función vital, que permite y aloja las formas de la vida íntima. En este sentido, ISLA es entonces una casa que es activada vitalmente de manera particular al ser un espacio de residencias y gestión artística. Un espacio de arte camuflado e inserto en un barrio de Antofagasta. Es una especie de órgano, de centro de producción desde el que se trabaja y opera con la finalidad de generar instancias artísticas, reflexivas. No quiero decir que en otras casas esto no pueda suceder, pero si me interesa señalar el hecho de que ISLA sí es de alguna manera una arquitectura que ha ofrecido su interior para la producción y gestión de instancias vinculadas al arte, las que luego se exteriorizan y despliegan por el territorio, generando diversas situaciones con valor artístico y sensible. Hasta acá nada hace de la casa ubicada en “Pedro Lagos” una escultura, o no más que las casas que la acompañan en el barrio.

A diferencia de otras casas, ISLA tiene un monitor en su fachada, el que despliega su contenido directamente al espacio público. Podríamos decir que es una casa que posee un ojo, o algo opuesto a un ojo, precisamente una pantalla. Esta pantalla externaliza, vuelve social a la casa misma y sus actividades. Entonces la casa no solo aloja unas actividades “secretas” o resguardadas, sino que también desea comunicar, desea encontrarse con otros en un diálogo. Ya lo mencionaba yo en otro texto que escribí sobre ISLA; esta es una casa con un ánimo sociable. Las casas comúnmente se comportan como relativamente herméticas. Dejan ver rasgos de identidad en la manera en que lo que nos resulta visible desde la calle tiene algún carácter.

Las casas, podríamos decir, respiran, se dejan atravesar. Necesitan que la luz y los cuerpos las atraviesen, son estructuras penetrables, estructuras de circulación, pero con vocación de guarida, nos ofrecen incentivos y resguardo para permanecer. Pero esta casa en particular (ISLA) además de ser una guarida penetrable, es una estructura que despliega información. Se ofrece entonces como interactuante, sin la necesidad de ser penetrada, dialoga desde su fachada. Este diálogo que ofrece no es uno que habitualmente nos ofrece un inmueble. Podríamos llamarlo una fuga, una especie de gotera que permite el escurrimiento de los contenidos con los que SACO e ISLA trabajan hacia su espacio circundante. Este monitor es entonces un rectángulo poroso, una especie de portal que nos permite observar, entrar en contacto con las actividades que esa casa aloja. En este punto siento que el monitor tiene la capacidad de volver la casa escultura, en la medida que le permite volverse contenido. La casa ya no nos parece sólo una estructura que permite unas intimidades (que desconocemos), pero se nos presenta como una superficie con la que podemos interactuar, una superficie que nos interpela.

Intros | Claudia Bitrán

Mi propuesta de selección es una de carácter narrativo y que de alguna manera colabora con estos deseos de socialización que la casa misma manifiesta. Me permití interpretar a ISLA; una casa que quiere volver externo lo interno, una casa sociable con aspiraciones de alcanzar lo público, incluso a moverse desde su interior hacia afuera, hacia el barrio, hacia las personas y, por qué no, más allá.

De esta manera la selección comienza con un video en colaboración de la artista Paula Ábalos con la curadora e investigadora Carol Illanes, en el que trabajan en torno a la figura de la cama y el dormir. Me propuse que la narrativa de la selección se iniciase examinando espacios de intimidad; lo que está dentro de la casa. De esta manera, la pantalla (ISLA+) parte haciendo referencia a un espacio interior, para luego, y con el correr de los meses, desplegar trabajos que se comienzan a alejar hasta articular narrativas e imágenes que tienen que ver con el exterior, con la naturaleza.

Luego del video Cama-Mónada, se exhibirá el trabajo Intros de Claudia Bitrán, que también resulta muy “casero”, pero con altos ánimos de desplazamiento. La artista recrea las introducciones animadas de las compañías fílmicas más grandes de Hollywood, en una serie de clips breves, que de manera muy precaria dan forma a estas imágenes, que a todos quienes estemos expuestos a la cultura de masas se nos hacen muy familiares. La forma en la que los videos están hechos nos da a entender que estas secuencias que imitan imágenes de alta circulación están materialmente construidas en un espacio de intimidad, que quizás fueron animadas en algún escritorio en alguna habitación anónima. Este video nos introduce a una sección de la selección en donde lo íntimo se ve atravesado por una especie de mirada surrealista, que vuelve lo cotidiano algo delirante.

Los Andes | Cristóbal León & Joaquín Cociña
Reconocerse | Catalina Huala

Después del trabajo de Claudia, siguen León & Cociña con su trabajo Los Andes, y luego, Catalina Huala con su video Fragmentos de una oscuridad visible, trabajos que de alguna manera hacen emerger una oscuridad desde los espacios cotidianos. Imágenes y relatos fantasiosos se apoderan de los imaginarios más inofensivos y domésticos.

A estos trabajos les sigue Wavehouse de Miguel Soto, un video que hace de bisagra, ya que de alguna manera también nos presenta una imagen surreal: un encuentro físico entre un mueble y una ola. Miguel también nos propone un encuentro delirante entre un elemento que pertenece a un espacio de intimidad, con un elemento externo que parecieran configurar la imagen de un sueño. Este trabajo nos abre la puerta para acceder a nuevas temáticas e imágenes, las que tienen relación con la naturaleza.

En Ghosts of Concordia, Cristóbal Cea nos introduce al mundo de los desastres naturales, revisando una inundación sucedida en la localidad argentina de Concordia.

En este video vemos el tratamiento digital al que el artista somete a imágenes de noticieros que dieron cuenta del evento en cuestión. Nos presenta una situación en la que la naturaleza desbordada hace contacto la ciudad, con la vida humana, agrediéndola. Si habíamos iniciado este relato en la intimidad, en los espacios privados, ahora estamos en el punto en el que estos llegan a hacer contacto con la naturaleza. La arquitectura se propone generar una interrupción del medio natural, suprimiéndolo en especies de burbujas rígidas (edificaciones) donde las condiciones ambientales debieran quedar neutralizadas.

Ghosts of Concordia | Cristóbal Cea
Wavehouse | Miguel Soto

Luego viene mi propio trabajo, Rostro Humano, donde, al Igual que en Ghosts of Concordia, propongo un cruce entre lo humano y lo natural. Una serie de piezas que representan partes del rostro humano flotan sobre la superficie de un lago, mientras las corrientes y vientos las mueven libremente. Mi propio cuerpo entra en escena e intenta poner las partes del rostro en su lugar, siendo siempre superado, extenuado por las gentiles, pero persistentes fuerzas naturales.

Proseguimos con Nicolás Rupcich y su trabajo Horizonte Portátil, video en el que nos propone cómo es que lamirada humana se introduce en la naturaleza y produce una percepción de esta, una vista a la que llamamos paisaje. En esta propuesta del artista son importantes las herramientas tecnológicas y su capacidad de mirar, de convertir el medio en imagen, en código, en producto de la tecnología. A diferencia de los videos anteriores donde el hombre es una especie de víctima de la naturaleza y se entrega a su devenir, Rupcich nos enfrenta a la posibilidad de la naturaleza de ser objeto de la mirada humana.

Finalmente accedemos a una última etapa con dos trabajos que comparten similitudes formales, pero que resultan ser muy diferentes. Aymara Zegers en Del cuerpo no podemos caer, nos muestra una serie de explosiones decráneos animales. La propia artista define a la explosión como un gesto escultórico terminal, que no posee finura ni precisión. Un derroche de energía y violencia que genera un momento de intensidad y destrucción. La artista propone en esta acción una metáfora de la violencia extractivista minera, una energía que no puede sino deformar y devastar, deshacer el territorio y su composición.

Rostro Humano | Javier González Pesce

Por último, Paulina Mellado nos ofrece un espacio de contemplación. En su video Rabbit Hole genera una operación muy simple: instala un espejo redondo como emergiendo de una superficie acuosa imitando la forma de una puesta de sol. El líquido avanza como traspasando el espejo, el que nos hace rebotar una imagen de la misma agua pero en la dirección contraria. Si en el trabajo de Aymara la quietud deviene violencia, en esta propuesta la quietud permanece, ofreciéndonos una especie de composición geométrica que convive con y refleja un espacio natural que dota a la imagen de movimiento. Un círculo dentro de un rectángulo (el espejo al interior de la pantalla) y un lago dentro de un lago.

Este proyecto tiene entonces por objeto permitirle a la casa desplegar un relato que está compuesto de diversas miradas contenidas en el trabajo de los artistas que de este participan. En este transcurso espero también podamos animar a la casa, satisfacer su voluntad de entrar en contacto con la mirada de otros, comunicarse volviéndose entonces estructura de significación (una escultura).

Esta selección le permite a la casa generar un relato que se inicia con lo que le es propio (la intimidad), para lentamente alejarse hasta desplegar propuestas artísticas que proponen una mirada en torno a espacios de naturaleza, siempre desde el contacto y mirada humana.

Horizonte Portátil | Nicolás Rupcich

Reflexiones en torno al videoarte en Chile

Me parece que el video es un medio que goza de una cierta promiscuidad. Podemos decir de prácticas como la pintura o la escultura que son propias del dominio de las artes visuales. El video, por el contrario, coquetea con distintas y variadas disciplinas y no se deja poseer de manera fiel por ninguna en particular. El video es un medio a disposición.

En mi caso en particular he recurrido al video múltiples veces en el desarrollo de mi propio trabajo. Si bien yo me considero escultor, he trabajado en video cuando

he necesitado hacer un encuentro entre escultura y tiempo. Se percibe a la escultura como una práctica de la inamovilidad, pero la verdad es que muchas veces los volúmenes o propuestas escultóricas activan situaciones o generan movimiento. De hecho en esta misma selección hay trabajos que yo percibo como esculturas, pero que de alguna manera su asociación al video les entrega la posibilidad de exhibir su existencia como un fenómeno no solo en el espacio sino también en el tiempo.

Del cuerpo no podemos caer | Aymara Zegers
Rabbit Hole | Paulina Mellado

Los trabajos de Miguel Soto, Paulina Mellado o Aymara Zegers responden a esta condición, son esculturas, pero también son acontecimientos, más que ser cosas, son situaciones. De esta manera el video es un medio muy dúctil, un lenguaje que se ofrece con amplitud. Antecedentes nacionales nos dan cuenta, por ejemplo, de cómo Eugenio Dittborn se sirvió del video para desplazar la pintura hacia la superficie del árido terreno del desierto, o cómo Juan Downey intentó traducir un territorio extenso y variado en imágenes en movimiento. El video ha sido un aliado de la producción de arte nacional y en su condición de disponible ha ayudado a artistas de diversas disciplinas a desplegar su pensamiento y propuesta visual.

Tengo la sensación de que instancias como la Corporación Chilena del Video con su Bienal de Artes Mediales y otros eventos que realizan, han permitido una circulación del videoarte nacional en espacios del circuito formal y lo han enlazado de maneras muy interesantes con otros formatos de la práctica del arte. Creo que en Chile hay interesantes realizadores y realizadoras de videoarte, pero por sobretodo, hay muchísimos artistas que acuden a este formato de producción para complementar su mirada, ayudándoles a extender su campo de acción hacia un espacio que involucra el movimiento, el espacio y el tiempo.

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