Ausencia que vuelve a traer

El recuerdo de cada día.

La noche protege otra vez

Un amor fuera de la vida.

Federico y Julio Moura para Virus (1987)

 

Si consideramos al régimen estético en general y a las prácticas artísticas en particular como remanentes de las pulsiones afectivas que vivimos a nivel molar y molecular, ¿qué nos puede brindar el arte latinoamericano contemporáneo sobre las emociones en torno al VIH/Sida en la región? Tras haber sufrido la primera pandemia durante la última década de la Guerra Fría, donde el terror del desmembramiento autoritario del cuerpo social fue simultáneo a la emergencia dionisiaca del cuerpo anatómico como medida de resistencia en el goce, la liberación del deseo que había acompañado al punto más álgido de las utopías socialistas adquirió un giro antitético. Antitético en cuanto el retrovirus como fenómeno estético —refiriéndose a la visibilidad de los cuerpos marginales/marginados— y bioético —refiriéndose a la agencia de los cuerpos seropositivos por conservar la salud ante la no-salud—, introdujeron una quiasmática donde las pulsiones de vida y de muerte se acoplaron en una sola. Muerte y fiesta.

Es así como el paulatino proceso político y biomédico que llevó al cuerpo seropositivo de la sentencia fatal a la enfermedad crónica (lo que la pensadora Lina Meruane ha llamado el «Happy Hour» (2012) de la triterapia antirretroviral) fue paralelo a la emergencia de distintas prácticas artísticas que develaron esta quiasmática antitética del goce en procesos materiales de corte experimental o innovador. Como plantea el investigador Francisco Lemus, «[e]l VIH transformó de manera radical las vidas de los artistas. Como fenómeno de producción de subjetividades, activó y reordenó diferentes imágenes que dan cuenta de supervivencias, formas estéticas y políticas que perforaron lo real en épocas en las que las garantías de protección de la vida fueron canceladas». Estrategias «desarrollad[a]s por fuera de la autonomía artística como la artesanía, el arteterapia y las manualidades, y abstracciones aliadas con el diseño y la decoración» (Lemus, 2018: 72) buscaron atisbar dos factores preponderantes durante la década de los noventa: a) la eudaimonía —felicidad a pesar de— a través de: b) la desacralización camp —belleza contraria o fallida, kitsch, mal gusto— de las formas artísticas tanto canónicas como trans o incluso neovanguardistas.

En la actualidad, las configuraciones neoliberales de la asociación cognitiva entre agentes sociales hacen del consumo la máxima desde la cual se proyecta el Yo como teleología de la vida activa en la esfera pública. La precipitación de las redes sociales y sexuales en la época de la revolución duodecimal ha hecho variar a las tecnologías con las cuales comulgamos, nos amamos y tenemos sexo, presentando nuevas interrogantes en torno a la manera en la que los cuerpos seropositivos se presentan [performan el género social], la economía de los afectos negociados entre avatares telecomunicacionales y también la manera en la que se percibe el VIH/Sida. Tal como Leo Bersani y Adam Phillips describen el sexo (anal) sin protección —bareback— tanto un contrato fáctico entre amantes como una consumación de la pulsión de muerte en el siquismo de las multitudes cuir precarizadas en términos de agencia social (2008), comprendemos cómo la competitividad neoliberal y la masculinidad tóxica que se establece como hegemonía semántica lleva a los jóvenes a adoptar prácticas sexuales «peligrosas» como estrategia de sobrevivencia afectiva.

La postura 90-90-90 planteada por Michel Sidibé, Director Ejecutivo de ONUSIDA, en 2013 es sólo una solución cosmética a la pornomiseria vivida por lxs cuerpxs seropositivxs en la región latinoamericana. En síntesis, el Plan 90-90-90 propone la erradicación del retrovirus hacia 2020 a través de que: a) 90% de la población afectada por el retrovirus esté al tanto de su diagnóstico a través de la examinación clínica, b) 90% de las personas diagnosticadas estén bajo tratamiento retroviral y, c) 90% de los pacientes tratados estabilicen sus sistemas inmunes, al punto de volverse «indetectables». Sin embargo, la historia de la primera pandemia demuestra cómo el estigma y el tabú socio-cultural inhibieron el correcto funcionamiento del aparato público y las instituciones médicas en cumplir su función de velar por el bienestar de las personas seropositivas quienes eran «indetectables» para los servicios básicos. Fue en aquel momento cuando las prácticas artísticas disidentes adquirieron el rol urgente de velar por llevar la problemática del VIH/Sida al arbitrio público. Basta con recordar la estridencia con la que activistas, artistas y colectivos como Giuseppe Campuzano (Per.), Juan Domingo Dávila (Aus./Chi.), Fabulous Nobodies (Arg.), Liliana Maresca (Arg.), Marcelo Pombo (Arg.), Víctor Hugo «El Che de los Gay» Robles (Chi.), Omar Schiliro (Arg.), o las Yeguas del Apocalipsis (Chi.) activaron sus poéticas dentro de los circuitos activistas y mediáticos para comprender que la lucha por la erradicación del retrovirus y desestigmatización del cuerpo seropositivo es no sólo biomédica sino cultural, y que es este último factor el que mayormente afecta a las mentalidades en torno al VIH.

Lucas Núñez. Por encima de todo lo imaginable (2018), instalación de microambiente de agua, bases metálicas, cerámica, cuerdas de yute, luz de sodio, plantas medicinales empleadas en el tratamiento homeopático de la depresión inmune, textiles en lana negra y tierra. Cortesía del artista.

Viviendo una nueva epidemia en la región desde 2010, va en contra de los derechos humanos el que la liberación del deseo pueda implicar la estigmatización o el rédito fármaco-porno-neoliberal a costas de las identidades «menores» más afectadas por el retrovirus y por el síndrome de inmunodeficiencia, puntualmente personas de escasos recursos, homosexuales, jóvenes entre 15 a 30 años, migrantes, refugiados, reos, personas en situación de calle, trabajadorxs sexuales, y las intersecciones entre estas coordenadas identitarias. Si esperamos ver acción afirmativa hacia la erradicación del VIH/Sida, entonces debemos asumir una perspectiva múltiple e inter– transdisciplinaria en su manejo, considerando lo poliédrico que son los fenómenos culturales, sociales y de salud; territorio donde el arte es en un motor reflexivo y crítico de suma relevancia.

Ya se han llevado a cabo grandes iniciativas en este campo emergente que cruza el arte con el conflicto bioético del VIH/Sida: un ejemplo del año 2016 fue la exposición Anarchivo Sida,  curada por el colectivo Equipo re en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea de Donostia; tres ejemplos del año 2017 son la exposición retrospectiva Tiempo partido mostrando las obras del colectivo artístico canadiense General Idea en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y Museo Jumex (Ciudad de México), Imágenes seropositivas. Prácticas artísticas en torno al VIH en los años 90, curada por Francisco Lemus en La Ene (Buenos Aires), y la exposición Arte y VIH organizada por los alumnos del Instituto Arcos junto a la organización VIVO POSITIVO en Santiago de Chile. Esto demuestra un interés y necesidad regionales por reflexionar la epidemia/pandemia del VIH/Sida desde las estrategias activistas que el campo artístico puede y ha elaborado en Latinoamérica.

Más que investigaciones etnográficas exotistas en torno a la cultura y sociedad del VIH/Sida en Latinoamérica exhibidas desde el soporte del arte, las prácticas artísticas comprendidas bajo la exposición + [Arte y cuerpo seropositivo en el Chile contemporáneo] se instalan como fugas poético-mentales sobre las emociones del cuerpo seropositivo, su bienestar y también su injerencia en las políticas de la visibilidad pública en el caso chileno. Como una contrapropuesta a la estrategia 90-90-90, los ejes curatoriales planteados para la exposición son: purgar, sanar y transformar.

Purgar

→ Repensar la noción de diagnóstico clínico desde la posibilidad del descontento por la vida vivida y de la furia por las vidas perdidas.

  • Grupo Proceso. Hot Line (1991), primer documental en Chile sobre el VIH/Sida, 48:00 min.
  • Víctor Hugo Robles. El bautismo del Che de los Gay [AZT] (1997), intervención artístico-política donde el performer arroja agua de un bidón con las siglas «AZT» violentamente a la actriz Patricia Rivadeneira mientras hacía una performance drag king en la Discoteca Planet de Santiago el día 4 de septiembre en un encuentro cultural en contra de la censura.

 

Sanar

→ Tensionar la neoliberalización crónica del retrovirus dando cabida a la ritualística personal como estrategia de resistencia y sanación.

  • Héctor González. Indetectables (2017), serie fotográfica (35 mm) que documenta la vida de pacientes seropositivos que se atienden en la Fundación Arriarán del Hospital San Borja.
  • Lucas Núñez. Por encima de todo lo imaginable (2018), instalación de microambiente de agua, bases metálicas, cerámica, cuerdas de yute, luz de sodio, plantas medicinales empleadas en el tratamiento homeopático de la depresión inmune, textiles en lana negra y tierra.
  • Ricardo Rojas Toro. Deutsches Requiem + respuesta al No + del Grupo C.A.D.A. (1986) y algunas pinturas de los años 2000.

 

Transformar

→ Caducar la normalización biomédica del cuerpo seropositivo a través de la intervención como reprogramación (glitch) del cuerpo membranal y urbano.

  • Guillermo Moscoso. Bajo la sombra de los espacios sacrosantos (2016), performance y registro fotográfico y video.
  • Felipe Rivas San Martín. Ensayo sobre las 4 variables del estatus de VIH (2018), intervención en una vitrina del Museo de Química y Farmacia con códigos QR, pastillas de antirretrovirales y profilaxis preexposición, y texto.
  • Lotty Rosenfeld. Una milla de cruces sobre el pavimento [1979-2018], intervención de la señalética de tránsito en el espacio público, y Operaciones (1987-1997), videoarte, 2:07 min.
Lotty Rosenfeld. Una milla de cruces sobre el pavimento [1979- (2018)], intervención de la señalética de tránsito en la fachada del Museo de Química y Farmacia, realizada por Alejandra Coz y gastón j. muñoz j. Registro fotográfico Débora Caro Reyes.

La exposición + [Arte y cuerpo seropositivo en el Chile contemporáneo], curada por gastón j. muñoz j., se mantendrá abierta en el Museo de Química y Farmacia Profesor César Leyton de la Universidad de Chile hasta el 16 de noviembre de 2018, de martes a viernes, de 15:00 a 19:00 hrs.

El día viernes 26 de octubre a las 19:00 hrs. se realizará la Mesa Redonda Epidemias silenciosas. Dilemas bioéticos y culturales en torno al VIH/Sida en el Chile contemporáneo, donde expondrán Víctor Hugo «El Che de los Gay» Robles, ACCIÓN GAY y el Círculo de Estudiantes Viviendo con VIH+ (CevVIH+).

El día viernes 9 de noviembre, entre 14:00 y 19:00 hrs., se realizará una Jornada de Test Rápido de detección de VIH gratuito para la comunidad LGTBIAQ+.

El día viernes 16 de noviembre será el cierre de la exposición durante el horario extendido de Museos de Medianoche, con una performance de gastón j. muñoz j. y Lucas Núñez.

Imagen destacada: Guillermo Moscoso como su álter ego Areasucia. Primera parte de Bajo la sombra de los espacios sacrosantos (2016), performance. Registro fotográfico por Óscar Concha. Cortesía del artista.

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gastón j. muñoz j.

Nace en Chile en 1993. Miembre de Arte Contemporáneo Asociado (ACA) y de la Red Iberoamericana de Investigadores en Anime y Manga (RIIAM). Licenciade en Artes con mención Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Desde 2013, se desempeña en crítica de arte y de moda y en la curaduría independiente, adoptando posturas transfeministas y poshumanas. Es parte del Comité Editorial de la revista Punto de Fuga (U. Chile) desde 2014. Ese mismo año comienza a investigar para el Catálogo Razonado del MAC (Santiago). Fue becario JASSO en el 2015, en la Universidad de Tokio, donde realizó estudios comparados sobre arte y cultura popular japonesa y teoría queer. Algunas de sus publicaciones destacadas son "Desbunde Léxico. Internacionalismos en el arte chileno posgolpe" (UNLP, Argentina) y "Glotopolíticas del descampado. Revistas alternativas sobre cultura y artes durante la dictadura militar chilena" (UNAM, México), ambas en co-autoría con Vania Montgomery. Actualmente investiga la influencia del manga y el animé en el arte chileno contemporáneo.