El ser viviente más grande del mundo es un hongo. Se encuentra en el Parque Nacional Malheur en Oregón, Estados Unidos, y mide 890 hectáreas, lo equivalente a 1.220 canchas de fútbol. Este micelio subterráneo pertenece a la especie Armillaria Solidipes -ex A. Ostoyae- y tiene más de 2400 años.

Se sabe poco de los hongos pues aparecen en la superficie por tiempos muy cortos, solamente para reproducirse. Pero siempre están viviendo bajo la tierra o dentro de las plantas -muchos de ellos microscópicos-, por lo que es fácil ignorarlos. Su trabajo es invisible y silencioso; son los recicladores de la naturaleza: descomponen los residuos vegetales y animales y dejan los nutrientes resultantes al servicio del crecimiento de nuevas plantas, de las que dependemos.

Los hongos establecen relaciones de colaboración ya que forman asociaciones mutuas con las raíces optimizando la absorción de agua y de nutrientes que la raíz no es capaz de incorporar por sí misma. Su silenciosa presencia se remonta al período cuando la vida en el planeta evolucionó del agua a la tierra y, gracias a ellos, fue posible el avance evolutivo. Hoy están presentes en nuestra mesa: sin ellos no existiría el pan, la cerveza ni el vino.

Cultivo de hongo tipo Ostra en la bóveda del Museo MAC Valdivia, como parte de la exposición "Vigilantes" del Museo del Hongo, 2018. Foto: Mariana Urrutia

Bajo esta premisa surge el Museo del Hongo de la mano de Juan Ferrer. El proyecto lo definió en su tesis de grado para optar a la Licenciatura en Diseño por la Universidad Católica de Chile, en el 2016, y de ahí pasó a materializarse en un espacio itinerante de difusión interdisciplinar en torno al Reino Fungi. En el Museo del Hongo convergen diferentes áreas de conocimiento -ciencia, diseño y arte contemporáneo- para acercar el Reino Fungi a la comunidad a través de acciones e instalaciones interactivas.

El museo funciona a través de Apariciones -montajes site-specific, temporales e itinerantes- que exponen las buenas prácticas de recolección y buscan generar conciencia del patrimonio natural chileno. “Las exposiciones responden en un comienzo a las preguntas de qué son los hongos, qué hacen, cómo viven, cómo se reproducen, para luego establecer la reflexión sobre algunos usos contemporáneos de los hongos y la innovación que podrían ofrecernos”, dice Ferrer.

La primera presentación del Museo del Hongo fue a finales del 2016 en el Club Social de Artistas, en Santiago. Allí fueron expuestas las obras de 15 artistas, diseñadores y científicos, entre ellos Rodrigo Arteaga, Nicolás Oyarce y el mismo Juan Ferrer, director y curador del Museo del Hongo, y contó con la colaboración de la Fundación Fungi, pionera en materia de investigación, conservación y difusión de los hongos en Chile.

La segunda Aparición del Museo del Hongo tiene lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia desde el pasado 11 de agosto y hasta el 23 de septiembre. También cuenta con el patrocinio de la Fundación Fungi y, en esta ocasión, con obras inéditas del reconocido artista chileno Iván Navarro. Como experiencia interactiva, incluye el montaje de cultivos de dos especies de hongos comestibles: champiñón París (Agaricus Bisporus) y champiñón Ostra (Pleurotus Ostreatus) en tres variedades, a lo largo de una de las bóvedas del MAC de Valdivia, espacio que también se utiliza para impartir talleres de recolección sostenible de hongos (la programación completa de actividades se puede consultar aquí).

Navarro presenta una serie de esculturas llamadas Vigilantes, una analogía a los espantapájaros que cuidan las plantaciones. Hechas con tubos de luz fluorescente –un material insigne en la producción del artista-, las tres figuras guardianas del Reino Fungi “se encuentran en un estado de dormancia, un estado del ciclo biológico de la espora en el cual las actividades metabólicas se reducen para conservar energía, que luego será utilizada cuando se den las condiciones ambientales necesarias para crecer y desarrollarse”, explica Ferrer.

La muestra se financió parcialmente con la distinción que recibió Ferrer tras postular y ganar con un ensayo basado en su tesis a la convocatoria 2017 de Haz tu tesis en cultura. La iniciativa premia anualmente seis ensayos inéditos -tres de pregrado y tres de posgrado (magíster y doctorado)- elaborados a partir de tesis o proyectos de titulación terminados y evaluados desde 2015, y con notas de 5.5 o más. La distinción va acompañada de un incentivo de $500.000 y $1.000.000 pesos chilenos, respectivamente.

Vigilantes, de Iván Navarro, obra producida para la segunda "aparición" del Museo del Hongo, en el MAC Valdivia, 2018. Foto: Mariana Urrutia
Vigilantes, de Iván Navarro, obra producida para la segunda "aparición" del Museo del Hongo, en el MAC Valdivia, 2018. Foto: Mariana Urrutia

A raíz de sus dos Apariciones, el Museo del Hongo ha ido conformando una colección de obras relacionadas con el Reino Fungi, que se pueden ver en su sitio web. Incluye piezas como Convergencia (2013), de Rodrigo Arteaga, una instalación hecha a partir del cultivo de distintos tipos de hongos filamentosos en un contenedor de vidrio. La forma en la que se propagan dichos hongos dibuja una representación de la superficie de la tierra, un mapamundi. Los hongos están conservados con resina, aludiendo a la idea de naturaleza muerta. También forma parte de la obra una instalación que da cuenta del proceso de investigación: fotocopias de libros de micología, dibujos a lápiz que imitan el crecimiento de los hongos, apuntes, fotografías y placas de pruebas del laboratorio. El proyecto fue realizado en conjunto con el Laboratorio de Microbiología del Centro Médico San Joaquín y recibió el Premio Fundación Científica Fungi 2014.

“Todos sabemos los problemas por los que está pasando el planeta: agotamiento de combustibles fósiles, contaminación masiva, calentamiento global, hambruna, guerras, etc., y los hongos siempre han estado ahí, a veces invisibles para nuestros ojos, pero cumpliendo permanentemente su labor en nuestra ecología, vigilando que la vida sea posible en la Tierra”, concluye Ferrer.