“El artista de los graffiteros” es el sobrenombre con que se designa popularmente a Basco Vazko en las redes. Aunque ahora que lo pienso, Basco Vazko es también un sobrenombre en sí mismo. No se me ocurrió preguntarle sobre eso. Lo cierto es que la razón de lo primero responde a que de las latas de spray se pasó a los pinceles y de las calles a las galerías, aunque sin dejar las calles, y la verdad es que no suena mal. Es un artista que se define básicamente como pintor, y cómo no si lo fue de calles, de casas, de cuadros y tantos otros soportes. Para Die Ecke, la galería donde expone actualmente, Basco se desmarca de la línea curatorial; no obstante, cabe muy bien y es respetado por el vasto poder de su obra y por ser -como ellos dicen- un referente para las nuevas generaciones del street art, entre otras cosas.

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

Anunciaban su próxima exposición individual para el 10 de enero. Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe, se llama, y consiste en una serie inédita de collages intervenidos, hechos entre 2012 y 2013 a partir de revistas pornográficas. Son pequeños (27,5 x 21 cm) y están puestos uno al lado del otro a la altura del ojo sobre los muros de la galería, a su vez intervenidos por completo con dibujos a grafito. Los collages son totalmente porno y contienen restos de un sadomasoquismo caricaturizado. Sin embargo, la propuesta es sensual; hay algo que está bien en todo eso.

Basco dice que hizo un pequeño estudio de campo, mostrándole los avances a mujeres cercanas, ex novias, amigas y, después de ver sensaciones positivas en ellas, fueron aprobados con un resultado no misógino. La figura de la mujer y el cuerpo como objeto han sido temas recurrentes en su repertorio: le interesa lo que aquello puede provocar. El título, de tono un tanto festivo, se refiere a la disposición del cuerpo a la entrega al placer, a la entrega de poder, a la mujer empoderada a través de la violencia. Se pasa prontamente del porno a una estética de vibra atractiva y suave, a momentos emocional y psicológica, detonando y exacerbando gestos y texturas a través de recortes, ángulos y semejanzas materiales. Son collages complejos, llenos de capas y asociaciones visuales. La selección de obras son parte de lo que estaba produciendo en esos años para su exposición individual en Galería AFA. Pero esa exhibición la concibió a partir de una pintura mayor que quería mostrar y el resto de las cosas se le adhirieron en órbita. Dejó entonces aparte los collages más porno, separándolos para luego concentrarse bien en ellos. La intervención mural con grafito es inédita también. No había intervenido interiormente un espacio con ese material.

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

Leí por ahí que a Basco Vazko le molesta el concepto street art, quizás es difícil de abordar, sobre todo si no se conoce bien, pero lo cierto es que el arte más ligado a lo urbano y al espacio público otorga cercanía y permite hablar de otra manera, de una manera más libre. El tema de la comunicación es importante. En el arte un artista es un comunicador en potencia y en su caso, además de su obra que habla sola, él también lo hace, literalmente, con encanto y firmeza. Prefiere la pintura por una cosa plástica y práctica. Así, en su hacer ligado a la calle busca “acercarse a públicos más inmediatos y que son los que entienden mejor su obra, más que a grandes lugares y grandes proyectos, donde al final muchas veces estás solo”.

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

Además de esta exposición individual, Basco se queda hasta febrero en Chile antes de partir a la beca que recibió de parte del Watermill Center, lugar que lo presenta como pop punk y donde está trabajando con Noah Khoshbin, el curador del centro, preparando el proyecto que saldrá al final de las seis semanas de residencia. Piensa en trabajar con periódicos; le gusta mucho la estética sensacionalista de la prensa gringa, sobre todo la del New York Press. Mientras tanto, en Santiago, hace un mural de gran escala, como uno que hizo hace poco allá. Está probando formatos gigantescos, como nunca lo había hecho. Así y todo, mantiene la costumbre de trabajar in situ, sin boceto, improvisando. Esa es una condición que lo hace perderse de más de alguna propuesta. Pero qué más da. “Lo importante es tratar de profundizar en cómo te involucras con el espacio, con el entorno, según el lugar, según la infraestructura que éste te ofrece”.

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

 

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

Hay un placer en habitar los espacios vacíos que conoce trabajando. Así cuenta la anécdota de cuando trabajaba en Yuta como maestro pintor, y le tocó entrar a un enorme supermercado de Walmart en terminación. La sensación frente a lo absurdo de tal espacio público vacío se convierte en surreal, junto a lo extraño de ser testigo de esos mundos desconocidos. Así, trabajando en distintos sitios, sobre todo la calle, la sensación de apropiación –de la que siempre se habla- es construida por el tiempo que se le otorga al espacio, en una fracción o una manera mínima de habitar o de comprender un lugar. Se las arregla para hacerse amigo de los guardias y trabajar a hora inusitadas en los museos, desafiando a los fantasmas al deslizarse solo a lo largo de los pasillos sobre su patineta en un momento de distensión u oyendo el eco del crepitar sordo y sostenido del grafito sobre los muros de Die Ecke.

Sin discursos, solo mediante la imagen, su obra es autónoma. Sin embargo, los títulos dejan una pista, un hilo textual que seguir: “No Necesitamos Nada”, “No tenemos a dónde ir”, “Estar solo no significa nada”. Bien, enumerándolas, resultan todas familiares. Aunque apunten a lugares distintos. Una, a propósito de una curaduría de arte joven, quiso decir no a la necesidad de fondos, materiales u otras condiciones para crear; otra reflexiona más universalmente sobre las obsesiones con las relaciones sociales (“estamos tan pegados con la pareja que se nos olvida que somos parte de una comunidad. Somos hijos de alguien, el mejor amigo de otro…”), y así. Vivió varios años en Estados Unidos y actualmente va de acá para allá. Piensa que ese es un país de gente muy sola, pero a la vez y por lo mismo quizá Nueva York resulta una ciudad de personas curiosas, con curiosidad. En el resto de América Latina siente que los artistas jóvenes son más independientes, más libres y que acá son más medidos. Hay más preocupación por el éxito que por la trascendencia en el oficio. Le interesa la economía en las obras, más que las grandes producciones. De la sociedad o del ser humano le interesa la gente joven. De la historia del arte, en particular en esta expo, Picasso es inevitable. Hay otros más, seguro. Y de los de acá, por una extraña razón encuentra una estética cercana en Ricardo Irarrázaval, en Opazo también, aunque menos por lo deslavado, y así Dávila y las primeras pinturas de Dittborn, que tienen una estética que le parece muy propia de acá. Y Langlois, “que con la economía y la simpleza te entrega una sensibilidad mucho más cercana”.

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Vista de la exposición “Hoy es viernes y mi cuerpo lo sabe”, de basco Vazko, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2015. Foto: Jesús Monteagudo

Sobre lo Latinoamericano y la política, “me importa”, responde secamente, siempre con un humor entusiasta, levemente evasivo y con un fondo de aplomo y seriedad. Y de lo que piensa: “tá todo mal”, entre medio de risas. “No sé cómo se arregla”, “Apenas entiendo cómo funciona”, “Me interesa, me sorprende lo poco informado de los jóvenes”, “En ese sentido lo han hecho bien”. Sobre el partido político, “la Nueva Mayoría es mi derecha, la otra derecha es muy extrema, está muy lejos de todo, lejos de abordar los asuntos reales. Hay una deficiencia social. El aborto, la marihuana, lo básico y todo lo demás”. La política en el arte: “la ocupación del espacio es el discurso, por eso da lo mismo lo que sea (y las letras de los graffitis no se entienden). Nadie lee. Nadie tiene tiempo. Uno no más (ríe)”.

Al preguntarle sobre proyectos futuros, trabajar, sin duda. Pero confiesa al instante que no le gusta mucho hablar de eso, que es como contar los deseos. Eso sí, rondándole existe un sentimiento cercano al miedo, quizás a la vejez, de que se acabe el tiempo para hacer cosas. Así que el futuro para Basco consiste en ir haciéndolo todo, para llegar a viejo con la mochila vacía o casi vacía.

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Antonia Taulis

Nace en Santiago de Chile, en 1989. Es crítica de arte y artista visual. Licenciada en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile, actualmente es Asistente de Dirección de Galería Madhaus, y redactora en las revistas Artishock y Joia Magazine. Ha escrito para decenas de exposiciones y catálogos y trabaja para otros proyectos independientes.