LOS VOLCANES DESPIERTOS DE SANDRA VÁSQUEZ DE LA HORRA LLEGAN A BUENOS AIRES
Hay varios volcanes en erupción desplegados en una de las salas del primer piso del MALBA, donde se presenta la muestra antológica de la artista chilena Sandra Vásquez de la Horra (Viña del Mar, 1967). Curada por Raphael Fonseca y coorganizada con el Denver Art Museum, la exposición lleva por título Los volcanes despiertos, en referencia a una obra de 1992 de la artista, en la que se representa un colorido paisaje volcánico.
Por segundo año consecutivo, una artista chilena migrante expone en este importante museo latinoamericano. El año pasado, las obras de Cecilia Vicuña ocuparon las salas con la exposición retrospectiva Soñar el agua. Ambas muestras pasaron también por el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile antes de desembarcar en Buenos Aires. Los volcanes despiertos había debutado en el Denver Art Museum previo a exhibirse en Chile.

La exposición invita a un recorrido desestructurado y sin un orden cronológico por alrededor de 200 obras creadas a lo largo de cuatro décadas por Vásquez de la Horra, quien desde hace varios años reside en Alemania. Sus obras nos sumergen en un imaginario que va hacia el interior, ya sea del cuerpo humano o del paisaje, a través de la lava que emerge de esas estructuras geológicas. Vásquez de la Horra explora los ciclos vitales femeninos y su conexión con el entorno natural, lo sutil y lo espiritual. Los volcanes en erupción transmiten una energía, una pulsión creativa que late y puja para salir y pasar de la potencia al acto.
A diferencia de la exposición realizada en Denver, donde las obras se agrupaban espacialmente en cuatro núcleos temáticos definidos, el montaje del MALBA es “caleidoscópico” y “no hay una organización ni división por tópicos, sino por adecuación espacial”, según Fonseca. Pero la invitación sigue siendo a leer esta muestra según esos núcleos que se agrupan alrededor de títulos de obras de la artista, como si fueran “cuatro cuentos de una antología literaria”, como escribe el curador en el texto del catálogo.

El primer “cuento” o episodio se titula Late un fuego allí dentro, en referencia a una obra de 1992 en la que aparece un volcán en erupción dentro de una cadena montañosa. La serie agrupa trabajos que evocan la naturaleza y la geografía. Imágenes en referencia a las montañas y a los cerros permiten entablar una asociación directa con la cordillera y el territorio chileno. Los títulos denotan directamente distintos lugares de Chile: El Señor de San Pedro de Atacama (1993); Paisaje atacameño (1993); El ser dormido (Chiloé) [1993]; Valle de los durmientes (1993); y Valle de la Luna (1993).
Hay un “pathos de deseo a punto de estallar desde la quietud de una montaña helada y desde el supuesto control racional de la psique humana. Esta es una de las muchas formas en que la artista aborda la idea del deseo en su investigación e iconografía. Dentro de todos nosotros, dentro de cada montaña, existe el potencial de un volcán. Que se despierte o no es solo cuestión de tiempo”, sigue Fonseca en su texto.

El segundo episodio, Botánica en evolución, hace referencia a una obra de 1997, en la cual se ve un feto en desarrollo. Aquí se explora lo cíclico vital a partir de la interrelación entre anatomía y botánica. En ocasiones, el cuerpo humano se transforma en plantas o vegetales, como en la obra Árbol genealógico (2012), donde dos piernas se convierten en una mano de la cual surgen ramas. Mientras que en la serie anterior el enfoque del ciclo vital se centraba en el paisaje exterior, en esta sección el tema se retoma desde la perspectiva del cuerpo humano y la anatomía. El mundo natural se aborda en referencia al cuerpo, como invitando a dirigir la mirada hacia el interior: hay espermatozoides en su camino al óvulo y una mujer de cuyo vientre emergen enérgicamente volcanes en erupción.
En el tercer núcleo, titulado Pensamientos, vemos la palabra sobre las obras. Fonseca menciona que “escribir es un ejercicio de dibujo, del mismo modo que el dibujo está fuertemente vinculado a la escritura”. El último capítulo, titulado Aguas profundas, presenta dibujos de mayor escala que salen de la pared y, en forma de acordeón, adquieren una cualidad escultórica. Algunos tienen forma de casa, o dibujos de volcanes, de venas y de fetos. El imaginario de las series anteriores persiste, en un soporte que tomó otra corporalidad.

“Me parece que muchas veces, cuando se ve el trabajo de Sandra, se lee desde la historia de Chile. Es interesante pensar que ella es una artista latinoamericana, en el sentido de que nació en Chile, pero su trabajo no es explícitamente sobre Latinoamérica. No habla explícitamente sobre los Andes, y en casi ningún momento sobre el momento militar de Chile. Hace imágenes que son muy amplias y su mirada es influenciada por otras cosas que ha visto en Europa, en otros viajes”, reflexiona el curador. “El trabajo de Sandra, de alguna manera, contribuye con la ampliación de lo que se entiende por arte latinoamericano”, remata.
Los volcanes despiertos de Sandra Vásquez de la Horra se podrá ver en el MALBA, Buenos Aires, hasta el 28 de julio de 2025.
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