QUIPU DE ENCUENTRO LLOLLEO: LA UNIÓN DE LA MAR Y LAS LAGUNAS
Por Ana Laura Galarza y Carolina Castro Jorquera

Sueños compartidos: de cómo nació el Quipu de Encuentro Llolleo
Si nos paramos de cara al poniente en la ciudad de San Antonio, predomina en el paisaje la infraestructura portuaria: un borde industrial que, entre máquinas, camiones y contenedores, con suerte deja colar unos tímidos rayos de sol. Imaginamos, con nostalgia, lo que nos fue ocultado: el atardecer en las playas de San Antonio.
Sin embargo, si decidimos caminar hacia el mar y buscar ese reencuentro, podemos reconocer cómo detrás del cemento, los galpones oxidados, los chirridos estridentes de los trenes de carga, los bocinazos de los camiones, el polvo y el smog suspendido en el aire, poco a poco reaparece el verde, la humedad, el vuelo, los cantos, los colores… otro ritmo, otro paisaje que se resiste y se regenera constantemente ante la adversidad.
En la desembocadura del Río Maipo se expresa una poderosa dinámica socio ecológica y biocultural: así como se mezclan las aguas del río con el mar, y se abrazan la cordillera y el océano a través de la cuenca, las múltiples y diversas hebras del tejido de la vida se adaptan y se regeneran a pesar de los escombros, la basura, los tsunamis y los megaproyectos industriales.
Soñar el agua. Una retrospectiva del futuro (1964-) fue la exposición de Cecilia Vicuña que Ana Laura Galarza y Liliana Plaza, de la Fundación Ojos de Mar, visitaron el 29 de junio de 2023. Cuentan que durante largo rato se quedaron contemplando la videoinstalación del Quipu Mapocho, que mostraba un viaje poético y ritual a lo largo de la cuenca del Maipo-Mapocho, con la desembocadura del Río Maipo, en Llolleo, como destino final.
Soñar es, al mismo tiempo, memoria pasada y anhelo futuro; soñar es despojarse de las ataduras presentes, de los miedos y volver a imaginar el porvenir. Soñaron en ese momento contemplativo poder volver a tener a Cecilia en Llolleo, ya que sabían de su conexión con este lugar. Sintieron la pulsión del riesgo extremo que la expansión portuaria implica, porque amenaza la vida en todas sus formas, y convocaron desde ese anhelo la ayuda de la fuerza poética-política de los quipus de encuentro.
“Soñamos, imaginamos y la trama de la vida se encargó de tejer el resto: encuentros afortunados como nudos del quipu nos conectaron primero con Carolina Castro, después con el Quipu de Encuentros Juncal-Aconcagua, y finalmente con Cecilia. Ahora comprendemos que los quipus vivos se empiezan a tejer mucho antes de lo que creemos; sus fibras atraviesan muchas formas de existencia y materialidades, son capaces de conectar y concretar lo que parece imposible. La potencia de la vida viaja a través de ellos y configura ensamblajes multiespecie y multimateria que nos trascienden”.



La relación histórica de Cecilia Vicuña con el Río Mapocho y la cuenca del Maipo hicieron de esta invitación a desplegar un nuevo quipu en el encuentro del río y el mar una natural confluencia de energías. El proceso involucró múltiples voluntades en cada una de sus etapas, desarrolladas a pulso por los voluntarios e integrantes de la Fundación Ojos de Mar. La obra fue producida siguiendo las indicaciones de Cecilia de crear una cuerda de 330 metros de vellón de lana cruda de oveja sin hilar, sostenida por un cordón humano en un acto material, poético y político, para unir las lagunas del humedal con el mar.
La cuerda, a modo de cordón umbilical, comenzó su recorrido hacia el mar y hacia la laguna desde un nido gigante construido con palos que el Río Maipo trae hasta la Playa de Llolleo todos los años en la época de lluvias. Escoltando al nido, dos rucas de palos honraban la tradición de las comunidades de pescadores artesanales del chinchorro que habitan desde tiempos ancestrales estas playas. En invierno las construyen para secar madera, y en verano las usan para resguardarse del sol y el viento.
El nido y las rucas fueron construidos junto con Roberto Machuca, presidente del sindicato de Pescadores de la Boca del Maipo, el único gremio de pescadores que ha resistido frente a las presiones del puerto por firmar acuerdos y compensaciones ante la inminente pérdida de su fuente de subsistencia e identidad cultural, en caso de que el proyecto “Puerto Exterior” se construyera sobre la Playa de Llolleo.
Sobre los quipus vivos, Cecilia Vicuña señala: “Comencé a hacer quipus vivos en los que los seres humanos eran los nudos uniendo diferentes personas en mis performances de poesía y en diferentes rituales. Hace algunos años comencé a llamarlos quipus de encuentro rituales y asambleas, porque dada la emergencia climática era urgente unir a las comunidades, a los artistas, los científicos y los defensores de territorios en un acto común”.

Cecilia Vicuña y su conexión con los cursos de agua y las tramas de vida
La obra de Cecilia Vicuña aborda el lenguaje, la memoria, la disolución, la extinción y el exilio. Desde su adolescencia, su trabajo ha destacado las políticas de destrucción ecológica, homogeneización cultural y disparidad económica. Su compromiso con las formas y metodologías feministas se considera un tema unificador en su diverso cuerpo de trabajo, en el que destacan los quipus, las «palabrarmas» y lo precario. Concibió el concepto de «arte precario» en la década de 1960 para enfatizar el valor sagrado y ecológico de lo pequeño y lo descartado, así como la muerte y la transformación.
En 1966, en la playa de Concón, en la desembocadura del río Aconcagua en Chile, recolectó escombros, conchas, plumas, semillas y pequeños objetos para crear los primeros objetos precarios. En 1965, en su diario, se refirió por primera vez al quipu (nudo en quechua, tecnología andina para el registro de información) con la frase “El quipu que no recuerda nada”, marcando así el inicio de su exploración de este concepto andino, que se ha convertido en una fuente constante de inspiración para su obra, y que también forma parte del concepto de arte precario. El término ‘precario’ proviene del latín prex, que significa ‘rezo’. En este sentido, el arte puede entenderse como una forma de plegaria por la Tierra (Castro Jorquera, 2020).
En su temprana comprensión de los quipus, Vicuña reconoció que éstos albergaban conocimientos de gran relevancia para la actualidad, como la relación con las cumbres glaciares y las fuentes de agua. Se sabe que los incas practicaban ciertos sacrificios rituales en estos sitios, como en el caso del “niño del Cerro El Plomo”, enterrado en la cumbre de una montaña del mismo nombre, donde comienza el valle del Mapocho, uno de los puntos más australes del territorio Inca.
Esta es una de las razones que llevaron a Vicuña a establecer una conexión entre el agua y la sangre, expresada en obras performativas como Quipu Menstrual, realizada en 2006 a los pies del Glaciar El Plomo, o Quipu Mapocho, de 2016, realizada en la desembocadura del Río Maipo, que lleva las aguas del Río Mapocho hasta el mar.
Si bien los quipus de Vicuña son a menudo exhibidos en museos, desde los años 90 viene realizando Quipus vivos -que en los últimos años han tomado el nombre de Quipu de Encuentros y Asambleas– en ciudades ribereñas como Buenos Aires, Nueva York y Londres. En estos casos, el acto poético de anudar se transforma mediante acciones colectivas, gestos poéticos movilizados por la ciudadanía que invitan al diálogo y la participación.
Podríamos afirmar que la formación original del Quipu Vivo tiene una orientación más energética, apuntando a despertar conciencias y cambiar perspectivas, pero también busca generar un cambio narrativo en la forma en que se abordan ciertas temáticas y cuestiones eco sociales, tanto en los ámbitos científicos como en las políticas extractivistas globales, especialmente desde perspectivas negacionistas que insisten en que fenómenos como el cambio climático son meramente parte del ciclo natural del planeta, minimizando nuestra responsabilidad e impacto.
En estos encuentros, Vicuña emplea una forma de escucha respetuosa, una suerte de sintonización cósmica, utilizando sonidos que se mezclan con lenguas antiguas o vocalizaciones de animales y sonidos de la naturaleza. Esto deriva en espacios de conexión difíciles de encontrar y generar en nuestros ritmos habituales de vida, pero que son esenciales para despertar la empatía por esos lugares que, considerados sagrados por los primeros habitantes humanos, enfrentan hoy uno de los mayores dilemas que afectan, no sólo a Chile, sino a todo el planeta.

Arte y conflicto socio ambiental en San Antonio
Una de las crisis actuales en América Latina con mayor impacto socio ambiental se relaciona no solo con el cambio climático y el Antropoceno, definiciones que generan una abstracción poco manejable de la crisis en términos prácticos, tangibles y políticos, sino más específicamente con las desigualdades e injusticias promovidas por un modelo de desarrollo depredador, dependiente e insostenible que se ha instalado hace algunas décadas, llamado Neoextractivismo (Domínguez, 2021; Escobar, 2014; Savampa, 2019).
En esta categoría, y bajo el enfoque de Neoextractivismo infraestructural y de flujos, se incluyenlas zonas costeras como territorios de sacrificio al estar dentro de la cadena logística neoextractiva. Como caso particular que encarna estas problemáticas está la comuna de San Antonio, donde opera la Empresa Portuaria de San Antonio (EPSA), creada en 1997 bajo la Ley N°19.542 de Modernización del Sector Portuario Estatal, y que durante la última década ha estado trabajando en la ampliación portuaria conocida como Proyecto Puerto Exterior (PE), que involucra una inversión estatal de más de USD$3.500 millones.
Este proyecto involucra, en su diseño, la fragmentación del ecosistema de la Desembocadura Río Maipo; el dragado del fondo marino en un área de influencia e impacto ambiental de entre 5 y 10 km2; y el uso industrial y edificación de la totalidad del borde costero de la comuna de San Antonio, eliminando por completo sus playas y produciendo impactos significativos e irreversibles de carácter medioambiental, patrimonial, cultural y social para el territorio.
En la provincia de San Antonio confluye un conjunto de características relevantes a nivel biológico y cultural. Se encuentra dentro de las latitudes que concentra el hotspot chileno de biodiversidad, con humedales relevantes desde el Yali (Santo Domingo) hasta el recientemente declarado “Santuario de la Naturaleza de Tunquén». En el Humedal Ojos de Mar de San Antonio se han registrado más de 118 especies de aves (Ebird, 2022), 106 especies de insectos y 83 especies de plantas (iNaturalist, 2021), gracias a la colaboración de más de 200 identificadores de ciencia ciudadana en el área que se pretende destruir para la expansión portuaria.
Algunas de las especies emblemáticas de este humedal son el Pilpilén Haematopus palliatus, Siete colores Tachuris rubrigastra, Cisne coscoroba Coscoroba swan y aves playeras. Los registros de ciencia ciudadana han permitido elaborar informes técnicos para la solicitud de humedales urbanos, así como en los procesos de participación ciudadana e indígena en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) en torno al proyecto Puerto Exterior.

En este contexto de crisis, surge como contrapeso dialéctico un poder sustentado en las relaciones y dinámicas cotidianas de los microterritorios, que se configuran como alianzas de resistencia y resignificación del territorio. En julio del 2019, nace en San Antonio la organización Ojos de Mar (actual Fundación Ojos de Mar), a partir de un grupo de vecinos y vecinas autoconvocados, unidos por la incertidumbre de los impactos que generaría el proyecto Puerto Exterior, en ese entonces denominado de manera informal y mediática como Megapuerto.
Desde sus inicios, su defensa ha tenido un fuerte componente cultural y artístico, ya que consideran que el verdadero desafío para una transformación paradigmática está en construir “nuevas subjetividades colectivas comunes” (Svampa, 2012) y en “descolonizar la imaginación” (Miraftab, 2018). El arte opera como plataforma teórico-práctica que permite explorar la dimensión “productiva” de los conflictos.
En este sentido, el antropólogo colombiano Arturo Escobar ha abordado extensamente los conflictos socioambientales en América Latina a través de una lente crítica, considerándolos necesarios y productivos, ya que reflejan las tensiones inherentes en las sociedades capitalistas y neoliberales que tienden a priorizar el crecimiento económico y la explotación de recursos naturales por sobre los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental.
Estos conflictos sacan a la luz las desigualdades y las injusticias estructurales, permitiendo así que sean visibilizadas y confrontadas. Son especialmente productivos en el sentido de que generan nuevas formas de resistencia, organización y articulación de las comunidades afectadas y, en este sentido, el arte es fundamental.
La Fundación Ojos de Mar ha desarrollado múltiples actividades de defensa desde la educación y sensibilización a través del arte, tales como mediación artístico-científica, muralismo comunitario, acción climática transdisciplinar, creación de paisajes sonoros y mapeos bioculturales[1].



El proyecto RegenerArte y el Quipu de Encuentro Llolleo para la regeneración territorial
El proyecto RegenerArte: regeneración territorial, patrocinado por Patagonia Grants 2024 y liderado por la Fundación Ojos de Mar, se propuso explorar diversas maneras de poner en marcha una regeneración que trascendiera la dimensión técnica-científica con que generalmente se aborda el enfoque regenerativo, para incorporar las dimensiones territoriales entendidas principalmente desde lo afectivo y lo relacional.
Este desafío suponía para el proyecto indagar en distintos lenguajes, técnicas, estrategias y metodologías, teniendo como ejes principales la regeneración del paisaje local a través del artivismo ambiental y la dinamización del tejido social de un territorio en proceso de sacrificio socioambiental.
Mediante actividades interdisciplinarias, se propuso reflexionar e intervenir sobre las barreras industriales que fragmentan los ecosistemas y sus relaciones afectivas con las comunidades, para transformar la mirada sobre el territorio y convocar nuevos paradigmas eco-territoriales (Svampa, 2012) por sobre los discursos desarrollistas y extractivistas que han imperado y estigmatizado a San Antonio como Ciudad-Puerto, limitando sus múltiples y notables atributos bioculturales.
El Quipu de Encuentro Llolleo fue, por una parte, el evento de cierre del proyecto RegenerArte y, al mismo tiempo, el hito de inicio de una nueva etapa de la defensa socioambiental de la desembocadura del Río Maipo y el Humedal Ojos de Mar, pero principalmente de la visibilización y defensa de la Playa de Llolleo. Actualmente, la playa está desprotegida al no ser considerada dentro del polígono declarado recientemente como “Humedal Urbano Sistema de Lagunas Ojos de Mar”, y se pretende ser exterminada por completo si el proyecto de expansión portuaria se realiza tal y como está actualmente diseñado e ingresado en el SEA.

El Nido, las Rucas, la Cuerda y los Cuerpos (humanos y otros que humanos) se dieron cita el sábado 14 de diciembre a las 9:30 am en el Humedal Ojos de Mar y la Playa de Llolleo. Más de cien personas de todas las edades participaron de este quipu vivo en el que, al sonido de los vientos y el kultrún de la comunidad mapuche-lafkenche de Llolleo (liderada por Nathalia Jiménez), materializamos el canto colectivo que nos regaló la artista y poeta Cecilia Vicuña: “La unión de la mar y la laguna”.
Sosteniendo en las manos el frágil cuerpo de lana que nos unía, sentimos, a través de la vibración de nuestras voces y el murmullo del mar y el viento, una sinfonía tanto poética como política. En ese instante, comprendimos que todos y todas somos un único cuerpo de agua, un cuerpo colectivo de vida sin límites, que contrastaba con las rejas y barreras del puerto y la industria.
El encuentro finalizó con una asamblea en el Nido, en la que diversas voces se escucharon, muchas emociones se congregaron y las memorias de la artista Cecilia Vicuña se conectaron con las memorias locales y ancestrales de este eco-territorio amenazado. Al centro del nido se agrupó la cuerda de lana sobrante, que fue simbolizada por la artista como el material disponible, la semilla en latencia, para acciones futuras. Convocó a todos los participantes a sostener esta defensa y las acciones de resguardo en el tiempo, a pesar de las dificultades.
“Nos une el riesgo. Lo que está en peligro es la vida misma y es urgente defenderla”, expresó con profunda emoción Cecilia Vicuña. “Las comunidades organizadas tenemos mucha fuerza; sí podemos cambiar el mundo y lo estamos haciendo. Por eso, repetimos claro y fuerte: ¡NO AL MEGAPUERTO, NO AL MEGAPUERTO, NO AL MEGAPUERTO!”, se escuchó al unísono en un grito colectivo.
La experiencia del Quipu de Encuentro Llolleo nos permitió vivenciar, de forma empírica y concreta, la potencia que tienen los actos colectivos y participativos, y cómo pueden repercutir de manera tangible en la conservación y regeneración biocultural de un lugar. El acto físico de ejecutar una acción a través de nuestros cuerpos, la lana y el paisaje puso en escena y visibilizó las fuerzas y energías de la vida que nos atraviesan y nos articulan en su trama. Durante la marcha en hilera humana, sosteniendo la frágil cuerda de lana, fuimos capaces de sintonizarnos, desde la convicción y el amor, con un propósito en común: anudarnos para unir los cuerpos de agua y cuidar de esta hebra frágil que es la vida.
Personas de distintas edades, distintas procedencias y lugares de enunciación sumaron sus voluntades, conformando un colectivo diverso y heterogéneo con una misión en común, demostrando que es posible actuar cuando somos llamados a hacerlo. Estas fuerzas y energías que nos unen son capaces de crear un movimiento por la regeneración y el cultivo de relaciones virtuosas interespecies para la conservación de este ecosistema y sus comunidades, y la re-unión de nuestros vínculos con la Tierra, con la Mar.
“Si no osamos en imaginar lo inimaginable, entonces el futuro es menos abierto y más predeterminado como persistencia y perpetuación del presente”
Faranak Miraftab

Carolina Castro Jorquera (San Felipe, Chile, 1982) es curadora y Doctora en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid. Es co-habitante de la cuenca del Río Aconcagua y colabora con diversas iniciativas de conservación de biodiversidad en la creación de instancias que fomenten reflexiones colectivas en el cruce entre arte, espiritualidad y ecología.
Ana Laura Galarza Diez (México/Ecuador, 1983) es artista visual, gestora cultural y activista ambiental. Desde 2023 estudia el doctorado Territorio, Espacio y Sociedad de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile (D_TES FAU), cuyo caso de investigación transdisciplinar de arte y territorio es el conflicto socioambiental del Humedal Ojos de Mar. Es co-habitante del ecoterritorio de Llolleo en San Antonio, desde donde colabora en la reactivación de los vínculos afectivos territoriales, ambientales y multiespecie a partir de una perspectiva crítica, decolonial y ecofeminista frente al modelo de desarrollo depredador que se ha instalado históricamente en este territorio.
Referencias
- Castro Jorquera, C. (2020) El Camino de la conciencia. Mira Schendel, Víctor Grippo, Cecilia Vicuña. Ediciones Universidad Finis Terrae, Santiago de Chile.
- Domínguez Martín, R. (2021). El extractivismo y sus despliegues conceptuales. Revista de Teoría Regional, 4 (enero), 1-26. https://doi.org/10.29393/rtr4-11EDRD10011
- Escobar, A. (2014). Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Editorial Universidad Autónoma de Manizales.
- Escobar, A. (2010). Territorios de diferencia: Lugar, movimientos, vida, redes. Chapel Hill, NC: Departamento de Antropología, Universidad de Carolina del Norte.
- Miraftab, F. (2018). Insurgencia, planificación y la perspectiva de un urbanismo humano. Territorios 38, 215-233.
- Svampa, M. (2012). Consenso de los Commodities, Giro Ecoterritorial y Pensamiento crítico en Movimientos socioambientales en América Latina. Revista del Observatorio Social de América Latina (OSAL), Año XIII N°32, noviembre 2012, páginas 15-38. DOI: https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20120927103642/OSAL32.pdf
- Svampa, M. (2021): “Feminismos ecoterritoriales en América Latina. Entre la violencia patriarcal y extractivista y la interconexión con la naturaleza”, Documentos de Trabajo, nº 59 (2ª época), Madrid, Fundación Carolina.
- Svampa, M. (2021). El colapso ecológico ya llegó: una brújula para salir del maldesarrollo. Siglo XXI Editores.
- Ye, J; van der Ploeg,J.; Schneider, S.; Shanin, T. (2020): The incursions of extractivism: moving from dispersed places to global capitalism, The Journal of Peasant Studies, 47:1, 155-183.
[1] Para más detalles e información revisar su página web www.ojosdemar.org y sus redes sociales: @ojosdemar.cl en Instagram; Ojosdemar.cl en Facebook; Ojos de Mar de Llolleo en Youtube; Podcast “Voces del Humedal-Llollewe” en Spotify.
También te puede interesar
PAZ ERRÁZURIZ: FORMAS DE DECIR AQUÍ
La muestra, curada por Andrea Aguad como parte del Festival Internacional de Fotografía de México, reúne cuatro ensayos que pertenecen a diversos períodos de la producción de Paz Errázuriz, vinculados a distintas formas de...
LEHMANN MAUPIN REPRESENTARÁ LA OBRA DE CECILIA VICUÑA
La galería neoyorquina Lehmann Maupin anunció hoy la representación de la obra de Cecilia Vicuña (Santiago de Chile, 1948), artista multidisciplinaria que aborda temas críticos de la modernidad y la contemporaneidad -destrucción ecológica, feminismo,...
IL POSTO DOCUMENTOS. UN “ESPACIO ANÓMALO” EN LA CONSTELACIÓN DE ARCHIVOS DE ARTES VISUALES EN CHILE
Durante los últimos años en Santiago de Chile se ha venido desarrollando una suerte de institucionalización de los “documentos de artistas”. Estas iniciativas van acompañadas de una mayor consciencia de parte de herederos, custodios...


