24º SALÓN JÓVENES CON FIA. UN PANORAMA DEL ARTE EMERGENTE VENEZOLANO
Del 28 de septiembre al 30 de noviembre de 2024, el 24º Salón Jóvenes con FIA se convirtió en un espacio clave para destacar el talento artístico emergente en Venezuela. Esta edición, celebrada en el Centro Cultural de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en Caracas, presentó la exposición titulada Neo-Contemporánea. Rupturas y filiaciones, un diálogo entre influencias globales y particularidades locales.
Con la curaduría de Tahía Rivero, el Salón Jóvenes con FIA 2024 reunió las obras de 36 artistas seleccionados y otros cuatro invitados fuera de concurso. La muestra exploró cómo el concepto de lo contemporáneo ha pasado de ser un simple marcador temporal para convertirse en un cruce dinámico de temáticas, tendencias y prácticas artísticas, según la curadora.
“En las últimas décadas, hemos sido testigos de una profunda reconfiguración del concepto de arte. Ya no se trata únicamente de crear objetos estéticos, sino de explorar un horizonte más amplio. El arte contemporáneo es un viaje hacia el discernimiento, una interacción entre subjetividad y objetividad, entre lo individual y lo colectivo, entre lo estético y lo reflexivo”.


La diversidad de temáticas reunidas en el 24º Salón Jóvenes con FIA refleja el complejo contexto de crisis política, económica, social y cultural de Venezuela. En un país donde las desigualdades y las exclusiones estructurales se han profundizado, numerosos artistas desafían las narrativas oficiales al visibilizar cuerpos, identidades y experiencias habitualmente marginadas o deslegitimadas. Por otro lado, las representaciones de tragedias cotidianas y dramas sociales no solo documentan las consecuencias de la crisis, sino que también estimulan una reflexión sobre la resiliencia y la capacidad de reconstrucción de la sociedad venezolana.
Las obras seleccionadas se organizaron así en dos ejes curatoriales: Mundos Conectados (en la Sala Experimental), que exploró lo urbano y lo periférico, incluyendo también a las ciudades del interior de Venezuela; e Identidades Híbridas (en la Sala Magis), que abordó la identidad en constante transformación y desplazamiento, enferma, vulnerable y fragmentada.
La exposición se desplegó en diversos espacios de la UCAB, como la Sala Magis, la Sala Experimental, el Oratorio, el jardín central y la Academia de Gastronomía. Esta última, en colaboración con la Escuela de Gastronomía Adelis Sisirucá, incorporó el arte culinario a través del proyecto Macundal, originario de Barquisimeto. Esta innovadora fusión de arte visual y cocina enriqueció los horizontes creativos y conceptuales del Salón, abriendo nuevas posibilidades para el diálogo interdisciplinario.



Como cada año, un jurado reconoció los mejores trabajos participantes. En esta edición, el primer premio fue otorgado a Onai Quiñones por su obra Res y todas las carnes; el segundo lugar lo obtuvo Claudio Valdebenito con Espacio en blanco; y el tercer puesto fue para Siul Rasse con Cuando las aguas bajaron.
Además, Freisy González recibió una residencia artística en España gracias a su obra fotográfica De nuestros movimientos forzados, centrada en la temática de la migración.
El jurado también otorgó menciones especiales a Carlos Luis Sánchez, Diana Leal, Édgar Martínez, María Elena Pombo y Salomé Rojas.
El panel de expertos encargado de evaluar las obras estuvo integrado por Alberto Asprino (promotor, curador, museógrafo y asesor), Sagrario Berti (historiadora de fotografía e investigadora de la cultura visual contemporánea) y Carmen Alicia Di Pasquale (curadora, profesora e investigadora en Filosofía y Teoría Visual).

La obra Res de todas las carnes, de Onai Quiñones, ganadora del primer premio, es un óleo sobre tela de gran formato que explora la empatía y nuestra conexión esencial como seres humanos a través de la carne, entendida como materia orgánica común a todos.
Inspirada en las teorías del filósofo francés Maurice Merleau-Ponty sobre la fenomenología de la carne, la pieza representa un cuerpo de res muerta que supera el tamaño real del animal, lo que permite al artista subvertir las proporciones habituales para generar una confrontación visual que enfatiza tanto la materialidad como las implicaciones simbólicas de la carne.
El tratamiento pictórico es dinámico y enérgico, contrastando con el tema de la muerte. Esta dualidad entre vigor y finitud refleja una tensión profunda que invita al espectador a reflexionar sobre la fragilidad, la materialidad y la conexión intrínseca de los cuerpos vivos.

La obra Espacio en blanco de Claudio Valdebenito, que obtuvo el segundo lugar, presenta una nevera de dos puertas, un electrodoméstico común en la Venezuela próspera de antaño, cuando las familias podían abastecerse sin dificultades o preocupaciones. Sin embargo, en el contexto actual de crisis, esta nevera sin alimentos adquiere un profundo simbolismo.
Para Valdebenito, la nevera funciona como un espejo de la realidad venezolana, especialmente en el ámbito cultural y académico, donde el «alimento» disponible muchas veces no es físico, sino intelectual: libros, conocimiento y arte. El trabajo es también autobiográfico, ya que refleja la precariedad económica que ha experimentado el propio artista.
A través de este dispositivo, el artista propone una crítica al “congelamiento” de la historia del arte en Venezuela, un fenómeno que ha invisibilizado la participación de colectivos históricamente marginados, como las mujeres y la comunidad queer, que han aportado significativamente a la identidad cultural del país. La nevera vacía también refleja una metáfora de la sociedad del arte, que comercializa las obras de los artistas a precios reducidos, vaciando de significado su historia y satisfaciendo temporalmente sus necesidades materiales, mientras los artistas deben lidiar con la escasez y la deshumanización de su labor.

Cuando las aguas bajaron, de Siul Rasse, obra ganadora del tercer lugar, consiste en una serie de tejidos basados en la tragedia de Vargas de 1999, un desastre natural que dejó una huella profunda en este estado costero y en todo el país. Las piezas se instalaron en el Oratorio, un espacio destinado al silencio y la reflexión, lo que potenciaba su carga emocional. Rasse, quien fue sobreviviente de esta tragedia a los 11 años, invita al espectador a no olvidar el impacto de este evento devastador.
Por su obra De nuestros movimientos forzados, imprevistos, improvisados, repentinos Freisy González fue galardonada con una residencia artística otorgada por Boom! Art Community, que se llevará a cabo este año en Madrid. Para la fotógrafa y antropóloga, quien ha trabajado el tema de la migración a partir de su propia experiencia, era inevitable incluirlo en el Salón. Además, recibir este premio tiene un significado especial para ella, ya que “representa un nuevo viaje, un movimiento hacia otro lugar”.

Los artistas que ocuparon los tres primeros lugares recibieron un premio en metálico, que varió entre 1.000 y 2.500 dólares, gracias al apoyo del Banco Nacional de Crédito.
Los artistas que participaron en el Salón son Valentina Aguirre, Dania Bucko, Jhonathan De Aguiar, Rubén Echeverría, Gabriela García, Freisy González, Pülashi González, Diana Leal, Manuela Márquez, Édgar Martínez, Carelyn Mejías, Santiago Méndez, David Molina, Alejandro Pantin, Gabriel Pinto, Wiki Pirela, Ronald Pizzoferrato, María Elena Pombo, Juan Portillo, Onai Quiñonez, Siul Rasse, Salomé Rojas, Carlos Luis Sánchez, Santiago Sifontes, Laura Silva, Francisca Sosa, Ander Szinetar, Mikel Szinetar, Matías Toro, Claudio Valdebenito, Conrado Véliz, Lucía Vera, Javier Vivas, Julian Waldman, Manuela Zárate y Stefano Di Cristofaro.
Los invitados especiales fueron Tecla Tofano, Diana López, Franco Contreras y Luis Salazar.
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