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BETSABEÉ ROMERO: LA ESPIRAL SIN FIN

Entre los 30 eventos colaterales oficiales de la 60° Exposición Internacional de Arte – La Biennale di Venezia, destaca la exposición La espiral sin fin de la artista mexicana Betsabeé Romero (1963). Organizada por el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA) de Long Beach, California, y curada por la historiadora de arte argentina Gabriela Urtiaga, jefa de curaduría de la institución, la muestra profundiza en la experiencia migratoria de la artista y, de manera más amplia, en las fronteras físicas y simbólicas que atraviesan culturas e identidades.

La espiral sin fin presenta un conjunto de obras comisionadas por Betsabeé Romero, fruto de su larga colaboración con el MOLAA. Tras el cierre de la exposición, estas obras, junto con otras piezas de la artista ya integradas en la colección del museo, serán exhibidas en esta institución el próximo año.


Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista

Betsabeé Romero es una artista que ha vivido y creado en diversos países, culturas y contextos, enriqueciendo así su obra con nuevas experiencias y perspectivas sobre temas esenciales y urgentes de nuestro tiempo. A través de una práctica multidisciplinaria, sus obras reflejan una profunda conciencia sobre temas como la migración, los roles de género, las tradiciones culturales, la religiosidad, el mestizaje y la memoria individual y colectiva.

Su forma de transgredir los límites de las distintas categorías establecidas y visibilizar las injusticias del mundo como objeto de estudio y llamado a la acción se redefine como un compromiso comunitario. A través del diálogo entre arte, justicia social, memoria y patrimonio, Betsabeé Romero se involucra en el bienestar colectivo, buscando generar impacto y reflexión en las comunidades.

Las líneas y conceptos curatoriales de La espiral sin fin se ramifican por las salas de exposición de la Fundación Bevilacqua La Masa, en Venecia, con la premisa implícita de ahondar en el tema Extranjeros en todas partes de esta edición de la Bienal de Venecia, curada por el brasileño Adriano Pedrosa. Así, en su narrativa, Romero despliega las dualidades, tensiones, conflictos y fracturas en la cultura e historia de México desde la perspectiva de ser un extranjero en el mundo, aquellos que carecen de un espacio seguro donde refugiarse y sobrevivir.

En estas nuevas obras, la artista examina las formas persistentes de violencia colonial que aún ejercen figuras autoritarias, como los «pequeños patriarcas» dentro del hogar, quienes imponen fronteras arbitrarias para mantener su poder, a menudo a expensas de la vida y la seguridad de mujeres, niños y migrantes vulnerables. Su reflexión también abarca las comunidades que, para proteger sus lugares sagrados y resistir la lógica de la codicia y el consumo excesivo, se han visto obligadas a refugiarse y, en ocasiones, autoexiliarse para preservar su cultura y conocimiento.

Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista

La espiral sin fin abre con la obra Families Divided by Sharp Borders. Señales que nos guían hacia el exilio, una composición con placas romboidales que remiten a la señalización de tránsito ya descontinuada en las carreteras entre Estados Unidos y México. Estos carteles típicamente amarillos llevaban impresa la palabra «Caution» (precaución), acompañada de siluetas de una familia mexicana indocumentada corriendo para cruzar la frontera. La artista recorta estas siluetas para simbólicamente crear espacios vacíos o negativos en el soporte, un gesto que evoca la ausencia de los migrantes mediante las sombras proyectadas en la pared y, a la vez, rememora su presencia y les libera de su destino trágico.

Estos letreros, diseñados para advertir a los conductores sobre el riesgo de atropellar a migrantes, como si se tratase de animales que podrían cruzar repentinamente y dañar sus vehículos, fueron retirados de circulación después de recibir severas críticas. En los últimos años, esta cruda imagen se ha convertido en un símbolo de reivindicación, de resistencia y solidaridad, utilizado en marchas y protestas en apoyo a los inmigrantes. Los dreamers han enriquecido esta iconografía añadiendo togas, birretes y diplomas de graduación para expresar su anhelo de éxito académico en Estados Unidos. El diseño también ha sido adoptado en camisetas, películas, programas de televisión y arte callejero.

Romero reutiliza además los recortes sobrantes de las siluetas de la familia migrante para crear una guirnalda que evoca las decoraciones de papel picado típicas de las festividades mexicanas. Sin embargo, en este contexto, no hay nada que celebrar. Aunque el papel picado y las guirnaldas han sido elementos culturales que la artista ha usado anteriormente para destacar las tradiciones y el arte popular, aquí sirven para recordar las duras realidades de la migración.

Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista
Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista

Otra pieza, titulada Huellas fracturadas, habla de las heridas físicas y simbólicas dejadas en los cuerpos y pies por la experiencia migrante. En esta instalación, la artista dibuja sobre la pared una suerte de cicatriz aún sangrante formada por hormas de zapatos y luces LED. Esta composición evoca tanto las secuelas de la herida colonial como la línea fronteriza y los cercos de alambres de púas destinados a disuadir a los migrantes mexicanos de cruzar hacia la frontera norte, una de las más peligrosas del mundo. Su contorno es una representación visual universalmente reconocible que podría simbolizar cualquier frontera en el mundo, una línea simple fácilmente identificable por todos.

La línea fronteriza también puede ser interpretada más ampliamente como una barrera política, social, cultural o incluso psicológica. Aparece de nuevo en una instalación inmersiva compuesta por espejos cóncavos de seguridad que distorsionan nuestra imagen reflejada. Sobre estos espejos, Betsabeé Romero traza la línea divisoria para evocar los desafíos experimentados al cruzar de un lado a otro, tanto física como simbólicamente. En esta obra, que aborda temas como migración, identidad, globalización y derechos humanos, la distorsión de nuestra imagen funciona como metáfora de cómo las divisiones y barreras impuestas pueden manipular o alterar nuestra percepción de la realidad.

Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista
Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista

La instalación Memorias de un tótem en movimiento explora la noción de movilidad más allá del desplazamiento físico de quienes abandonan su patria. La obra, dispuesta en el suelo, está compuesta por pequeños neumáticos grabados a mano con iconografía prehispánica pintados con pan de oro que, como sellos de la memoria, van dejado la huella de las culturas mesoamericanas en suelo europeo. Esta imagen tiene como referencia los antiguos sellos cilíndricos de las grandes civilizaciones, que fueron los primeros instrumentos de impresión y difusión de ideas, y herramientas para preservar la memoria.

Romero también ha investigado otros usos de la rueda que luego materializa en algunas de sus obras. Últimamente, ha estado observando la producción de neumáticos de autos de carreras en las maquilas y la relación de las ruedas de tractor con la historia agrícola. En las antiguas culturas, los guerreros eran enterrados con una rueda, simbolizando la continuidad y el ciclo de la vida. Para Romero, hilar la memoria en círculos es una metáfora poderosa de cómo el pasado y las historias se entrelazan para formar un tejido continuo y significativo.

A diferencia de la percepción de movimiento arraigada en el imaginario occidental, que privilegia la rapidez y la inmediatez y fomenta el olvido, los neumáticos reciclados en el tótem de Romero proponen una contra-modernidad. Como componentes fundamentales en la tecnología del transporte, los neumáticos han revolucionado la movilidad y la industrialización. En la obra de Romero, las llantas tienen la capacidad de retroceder en el tiempo y el espacio para luego avanzar, dejando impresas las huellas de aquello que la velocidad ha dejado atrás y debe preservarse para siempre: nuestra memoria y cultura ancestral.

Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista
Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista
Vista de la exposición “La espiral sin fin”, de Betsabeé Romero. Evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia. Fundación Bevilacqua La Masa, Venecia, 2024. Foto cortesía de la artista

Esta idea también se refleja en otra de las obras de la exposición, La sombra de la casa también se rompió, una reflexión sobre la cultura como un hogar que llevamos dentro. Al utilizar la técnica del papel picado para construir una casa flotante, la casa del desplazado, la artista establece un paralelo entre la fragilidad del material y la vulnerabilidad cultural y existencial de aquellos que migran frente a estructuras hegemónicas y opresivas. El papel picado subraya simultáneamente la resiliencia de las tradiciones que han perdurado a pesar del impacto del extractivismo cultural y la influencia dominante de los poderes establecidos.

La obra desafía además las nociones convencionales de alta y baja cultura al posicionar el papel picado como un símbolo destacado del patrimonio cultural colectivo, fomentando una visión más inclusiva y respetuosa de las producciones artesanales. La dualidad entre vulnerabilidad y fortaleza es central en esta obra, una premisa de cómo lo aparentemente frágil puede convertirse en una fuente de gran resistencia.

Finalmente, Soñar con un amanecer con plumas en La espiral sin fin es una instalación colgante compuesta por penachos coloridos que celebra la resistencia y resiliencia de la cultura indígena. Dependiendo del ángulo que se mire, puede interpretarse como un ala, una serpiente o una cresta. Más allá de su sinuosa forma, la pieza simboliza la necesaria interrelación de culturas como un continuum en el espacio y el tiempo. En un mundo dividido por fronteras, espacios liminales que la propia artista, como migrante, no ha dudado en atravesar, esta estructura se eleva como una gran colectividad que representa una diversidad de tonos de piel, identidades y experiencias de vida.

La obra emplumada también evoca al Penacho del México Antiguo, cuya compleja historia y simbolismo refleja tanto la grandeza del trabajo de los artesanos de la pluma en la América Antigua como los estragos del colonialismo. Originalmente símbolo de poder religioso, militar y de nobleza, el Penacho del México Antiguo es el único artefacto sobreviviente de quienes dignificaron el aparato ceremonial y guerrero de los antiguos pueblos mexicanos.

En el México posrevolucionario, lo que se consideró «el penacho de Moctezuma» fue adoptado como símbolo indigenista de la identidad del nuevo México, reconociendo su conexión con el imperio azteca. Hoy, tiene un profundo significado en la identidad mexicana contemporánea, evocando las luchas y resiliencia de los pueblos indígenas. Conservado en el Museo de Etnología de Viena, apartado lejos de sus orígenes, el Penacho sigue siendo un testimonio del encuentro y conflicto entre culturas, y su retorno es una demanda constante en las acciones de descolonización y de reconocimiento de la herencia indígena.

Betsabeé Romero, destacada por su dedicación al activismo social, presenta en La espiral sin fin una narrativa profunda que examina cómo se vive la condición de extranjero en un mundo dividido por fronteras excluyentes. Sus instalaciones, que transforman objetos ordinarios en poderosos símbolos culturales, establecen conexiones entre las experiencias individuales y colectivas, en un llamado a la acción en favor del cambio social.


BETSABEÉ ROMERO: LA ESPIRAL SIN FIN

Evento colateral de la 60ª Exposición Internacional de Arte – La Biennale di Venezia. Presentado por el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, Estados Unidos

Fundación Bevilacqua La Masa, Plaza de San Marcos, 71C, Venecia, Italia

Del 20 de abril al 1 de septiembre de 2024

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es periodista, fundadora y editora de Artishock.

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