LA CHOLA POBLETE EN EL MASP: BARROCO MARRÓN, POP ANDINO
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[lectura breve]
En su primera exposición individual en Brasil, presentada en el MASP de São Paulo, La Chola Poblete (Guaymallén, Argentina, 1989) despliega un universo visual donde la cosmología andina, el barroco, la cultura pop y la furia travesti convergen para cuestionar las narrativas de género, raza y colonialidad. A través de acuarelas, fotoperformances y esculturas de pan, la artista argentina reapropia la figura de la «chola», históricamente utilizada como insulto racial, para convertirla en un programa político. Su práctica reivindica las identidades indígenas, marrones y queer como espacios de resistencia, autodeterminación y reescritura de los relatos hegemónicos.
En las acuarelas de La Chola Poblete, la Virgen puede ser al mismo tiempo Pachamama, Madonna, Evita Perón o Naomi Campbell. Una papa puede convertirse en emblema político; las trenzas y el aguayo en atributos de santidad; y el manifiesto artístico adoptar la forma de una canción pop. Nada tiene un significado simbólico único en su universo visual. Todo muta, se mezcla y se contamina. Precisamente en esa capacidad de producir cruces improbables reside la potencia de su trabajo.
La exposición La Chola Poblete: Pop andino, presentada en el Museo de Arte de São Paulo (MASP), es la primera muestra individual de la artista argentina en Brasil y se inscribe en el programa anual del museo dedicado a las Historias Latinoamericanas. Curada por Adriano Pedrosa y Leandro Muniz, reúne acuarelas, esculturas en pan, piezas sonoras y registros performáticos desde una perspectiva que la misma artista ha acuñado como Pop Andino, definida por la experiencia indígena, marrón y queer.
Esta interseccionalidad identitaria se condensa en el término «chola», utilizado históricamente como insulto racial hacia mujeres indígenas y trabajadoras en diversos países andinos, y reapropiado por la artista como nombre propio y programa político. Convertida en alter ego y, posteriormente, en identidad, La Chola Poblete desactiva el carácter estigmatizante de la palabra para convertirla en una posición de enunciación desde la cual interrogar las relaciones entre raza, género, clase y colonialidad.

La exposición abre con los carteles PAP ART / Pop Andino (2023), en los que la artista se presenta como una cantante en gira, apropiándose de las estrategias visuales de la industria musical y dialogando abiertamente con referencias como ARTPOP de Lady Gaga. La operación es tan irónica como precisa en sus objetivos. Mientras que el Pop Art canonizó las imágenes de la cultura de masas estadounidense, La Chola desplaza ese repertorio hacia un contexto latinoamericano y mestizo, donde la celebridad ya no es la estrella blanca del consumo global, sino la figura históricamente subalternizada de la chola.
Ese mismo gesto dio pie al Manifiesto Pop Andino (2023), una pieza sonora que da título a la exposición y que se abre con la frase «Mi género es artista». Al adoptar la forma del manifiesto —género históricamente asociado a las vanguardias occidentales—, la artista vuelve a intervenir el canon desde una posición de diferencia. La reivindicación no pasa únicamente por la identidad de género o la pertenencia étnica, sino por la posibilidad de producir otros relatos sobre quién puede ocupar el lugar del artista y desde qué experiencias puede construirse la historia del arte.

Una sala completa está dedicada a la serie de acuarelas de gran formato titulada Vírgenes cholas (2022-en proceso), en la que confluyen motivos religiosos, eróticos, políticos y pop. Logotipos de bandas de rock, personajes de la cultura de masas argentina y símbolos de la cosmología andina conviven sin jerarquías en composiciones donde la espiritualidad y la sexualidad se presentan como fuerzas indisociables. La Virgen se aparece aquí como una figura radicalmente ambivalente: madre y santa, diosa indígena y diva pop, mártir y sujeto emancipado. Al sacarla de su lugar tradicional, La Chola Poblete no pretende resolver sus contradicciones, sino habitarlas.
Las acuarelas responden además a una lógica material profundamente significativa para la artista. La Chola ha comparado el comportamiento de la acuarela con el de la masa de pan: ambas cambian de forma, se expanden y se contraen, produciendo nuevas configuraciones. Existe en estos materiales una dimensión performativa y mutable que actúa como metáfora de identidades en permanente transformación, resistentes a las categorías fijas y a las taxonomías heredadas de la modernidad colonial.

Esta condición se extiende a las máscaras realizadas en pan, cuyas deformaciones faciales sugieren la coexistencia de múltiples subjetividades. Como ha señalado la propia artista, «detrás de las máscaras pueden habitar muchas identidades». La cualidad nutritiva del pan —un alimento ligado a la experiencia doméstica y comunitaria—, así como su asociación con la Eucaristía y el cuerpo de Cristo, añaden otra capa de sentido. El pan se amasa y rehace incesantemente, como si la identidad misma fuese un proceso permanente de fermentación.
En el centro de la sala dedicada a Vírgenes cholas se encuentra Venus, marrona rajada (2023), una figura yacente realizada en masa de pan, peluca, hierro y otros materiales. La obra remite a las «Venus anatómicas» de los siglos XVI al XVIII —esculturas de cera de fuerte carga erótica y carácter didáctico, dotadas de abdómenes articulados—, pero La Chola sustituye los órganos internos por un cuenco cerámico sagrado y dos espigas de trigo modeladas en que, por su forma, no pueden dejar de evocar las trenzas características de las cholas. Con ello, el cuerpo femenino se desplaza desde el ámbito del conocimiento científico hacia el del sincretismo. La iconografía católica y los saberes indígenas confluyen para imaginar formas alternativas de gestación, reproducción y vida.
Las papas también han sido parte fundamental de la obra de La Chola, como referencia a sus raíces y a las historias coloniales de apropiación y desprecio hacia los saberes indígenas. El tubérculo que alimentó civilizaciones andinas durante milenios fue, a ojos europeos, sospechoso por crecer bajo tierra, ajeno a las Escrituras y deforme: lo llamaron «fruto del diablo» antes de apropiárselo. Si la papa carga con la memoria del estigma y el desprecio colonial, el pan remite a la fertilidad, el alimento compartido y la capacidad de transformación de la materia.

El barroco es otro de los grandes interlocutores de la exposición. En Il Martirio di Chola, performance fotográfica inspirada en los códigos del retrato barroco europeo, la artista posa con trenzas y un bolso de aguayo, equiparando el sufrimiento histórico de las mujeres indígenas con el martirio de Cristo. El título en italiano refuerza la referencia a la tradición clásica occidental y, al mismo tiempo, la subvierte. La Chola no pide ingresar al canon; se inserta en él para desestabilizarlo desde dentro.
No es fortuito que el Barroco y el Pop sean referencias centrales en la obra de La Chola. Ambos momentos históricos estuvieron marcados por una intensa circulación de imágenes y por la construcción de formas de persuasión visual. La artista se apropia de esos legados para producir fricciones entre relatos hegemónicos y experiencias marginadas, entre la alta cultura y la cultura popular, entre las representaciones de la santidad y las corporalidades históricamente consideradas impropias o desviadas.

La dimensión política de su obra se vuelve especialmente contundente en sus performances. En una de ellas, realizada en una carnicería, la artista arroja un chorro de leche materna a la boca de un misionero mormón arrodillado frente al mostrador. La escena, tan perturbadora como deliberadamente excesiva, reúne varias de las preocupaciones de su práctica: el papel de las misiones religiosas en los procesos de colonización, las imposiciones de género, la violencia simbólica ejercida sobre los cuerpos indígenas y la posibilidad de imaginar formas de restitución y reparación desde la inversión de las relaciones de poder.
La fuerza del trabajo de La Chola Poblete reside precisamente en su negativa a ofrecer explicaciones unívocas. Su obra se basa en asociaciones libres, a veces abismales, donde la cosmología andina convive con la cultura pop, la iconografía cristiana con el erotismo, la furia travesti con la memoria ancestral. De esa combinación nace una suerte de barroco marrón y queer que desafía los límites entre categorías culturales y pone en cuestión las narrativas de dominación patriarcal y blanca que aún estructuran nuestras sociedades.
La Chola Poblete no solo propone una revisión crítica del legado colonial en América Latina; también reivindica los saberes originarios, las bellezas antihegemónicas y las formas no binarias de representación como espacios de duelo, sanación, reparación y resistencia.
La Chola Poblete: Pop Andino se presenta del 6 de marzo al 2 de agosto de 2026 en el Museo de Arte de São Paulo (MASP).
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