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FÚTBOL Y ARTE. ESA MISMA EMOCIÓN

Tiempo de lectura: 10 minutos


Vista de la exposición Fútbol y Arte. Esa misma emoción. Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Museo Jumex

Curada por Guillermo Santamarina, la exposición reúne cerca de cien obras de sesenta artistas que exploran las múltiples intersecciones entre el arte contemporáneo y el fútbol entendido como fenómeno cultural, social y estético. «Categóricamente, la cultura visual moderna encuentra su cumbre más refulgente en la red de representaciones y de ritos sociales paralelos al juego del balompié», señala el curador. El fútbol aparece aquí como un espejo de nuestras sociedades, como un sistema de símbolos, afectos y relatos capaz de condensar buena parte de las emociones y contradicciones de nuestro tiempo.

A través de pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías y videos —desde obras históricas hasta producciones realizadas especialmente para la ocasión—, la muestra examina cómo el fútbol se juega mucho más allá de la cancha. Los distintos núcleos temáticos abordan cuestiones de género, identidad, comunidad y globalización, explorando tanto la potencia lúdica del juego como sus implicaciones políticas y sociales.

La museografía, diseñada por el arquitecto Mauricio Rocha, transforma las galerías del museo a partir de algunos de los elementos más reconocibles del universo futbolero. La identidad visual, por su parte, fue desarrollada por el artista Clotilde Jiménez, quien creó una serie de collages inspirados en la intensidad gráfica y emocional que rodea al deporte. Todo parece haber sido pensado para que la experiencia exceda el recorrido tradicional de una exposición.

Tercerunquinto, Tribunas, 2026. Vista de la instalación en la plaza del Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Museo Jumex
Tercerunquinto, Tribunas, 2026 [detalle]. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Museo Jumex

Y el partido comienza incluso antes de entrar al museo. En la plaza exterior, el colectivo regiomontano Tercerunquinto (Gabriel Cázares, 1978 y Rolando Flores, 1975) presenta Tribunas (2026), una instalación escultórica construida con butacas recicladas del Estadio Azteca. Concebida como un espacio público y performativo, la obra albergará lecturas, conciertos, acciones en vivo y transmisiones de partidos durante toda la exhibición. Los asientos, dispuestos de manera deliberadamente disfuncional, incorporan placas de acero con los nombres de jugadoras y jugadores mexicanos, convirtiendo la pieza en un peculiar monumento a la memoria futbolística.

Una vez dentro, se abre la cancha.

A los pies del visitante se despliega la impactante intervención realizada por Mauricio Rocha y su Taller de Arquitectura, que ocupa 747 metros cuadrados de las salas del museo. La obra evoca las canchas de tierra que, a lo largo de México, funcionan como espacios de encuentro comunitario, celebración y pertenencia.

Cancha llanera (2025) reproduce un fragmento de una cancha profesional utilizando materiales como tepojal volcánico, arena amarilla, arcillas, barro y ocoxal. Realizada mediante la técnica tradicional del tapial —que consiste en compactar capas de tierra con un pisón—, la instalación pone el acento en la materialidad y el carácter colectivo de estos espacios de juego.

Iñaki Bonillas, [así mi sol una mañana brilló], 2025. Conjunto de 72 fotografías en sublimación sobre aluminio. Cortesía Colección y Archivo de Fundación Televisa. Foto: Ramiro Chaves.
Iñaki Bonillas, [así mi sol una mañana brilló], 2025 [detalle]. Foto: Ramiro Chaves.

Pero si la cancha de Mauricio Rocha nos recuerda que el fútbol empieza mucho antes del estadio profesional, varias de las obras reunidas por Santamarina parecen interesarse precisamente en aquello que suele quedar fuera de cuadro.

Es el caso de la intervención de Iñaki Bonillas (México, 1981), instalada en los casilleros del museo. A partir de una investigación en el Archivo de Fundación Televisa, el artista recuperó decenas de fotografías de prensa en las que los futbolistas aparecen haciendo cualquier cosa menos jugar: sentados sobre el césped, estirando los músculos, conversando con compañeros o simplemente descansando. Son imágenes que ocurren entre partidos, antes del silbatazo o después de los aplausos. Bonillas reúne 72 de estas fotografías para construir una especie de atlas de gestos y posturas que revela situaciones pocas veces observadas del fútbol profesional. En lugar de las jugadas memorables, aquí se exponen los momentos que sostienen silenciosamente el juego.

Sofía Echeverri, Dechado de impedimentos, 2025. Impresión de dibujo en grafito sobre tapiz y bordados a mano sobre textiles recuperados. Cortesía de la artista con el apoyo de la Fundación Mario Vázquez Raña, Cressereon y Brenda J. Caro Cocotle. Foto: Ramiro Chaves.

Algo similar ocurre en Dechado de impedimentos (2025), una de las obras comisionadas para la exposición. Sofía Echeverri (México, 1971) dirige la mirada hacia otra historia relegada a los márgenes: la del fútbol femenino mexicano. A pesar del extraordinario desempeño de la selección nacional en los mundiales no oficiales de 1970 y 1971 —incluida una final disputada ante un Estadio Azteca repleto—, aquella gesta fue progresivamente borrada de los relatos oficiales del deporte.

A partir de marcadores, testimonios y frases de las jugadoras, Echeverri reconstruye esa memoria fragmentada mediante bordados realizados sobre servilletas y textiles recuperados. Al vincular la práctica textil con la disciplina y la destreza de las futbolistas, la artista pone en evidencia los mecanismos simbólicos que históricamente relegaron a las mujeres al espacio doméstico mientras les negaban un lugar en la cancha. La obra se ubica al mismo tiempo como reparación histórica y como acto de resistencia.

Damián Ortega, Coliseo: Diagrama de tiempo, 2017. Hormigón pigmentado. La Colección Jumex, México. Foto: Ramiro Chaves
Melanie Smith y Rafael Ortega, Estadio Azteca. Proeza Maleable, 2010. Video full HD, 10:29 min. Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC). Foto cortesía de los artistas

Si Bonillas y Echeverri se ocupan de aquello que el fútbol suele olvidar, otras obras examinan cómo este deporte se convierte en espectáculo de masas.

En el centro de la gran cancha de tierra diseñada por Rocha se alza Coliseo: Diagrama de tiempo (2017), de Damián Ortega (México, 1967), que traduce un gráfico estadístico encontrado en una revista deportiva en una monumental escultura de bloques de concreto pigmentado. Cada volumen corresponde a intervalos de cinco minutos de un partido y registra la intensidad de las reacciones del público. Lo que normalmente aparece reducido a datos y porcentajes adquiere aquí peso, volumen y presencia física. Ortega convierte la emoción colectiva en arquitectura.

También sobre las multitudes, aunque desde una perspectiva mucho más política, trabaja Estadio Azteca. Proeza Maleable (2010), de Melanie Smith (Reino Unido/México, 1965) y Rafael Ortega (México, 1962). El video documenta una gigantesca coreografía colectiva realizada por más de tres mil estudiantes de escuelas públicas en el Estadio Azteca, cada uno portando una pancarta que, al ser activadas en conjunto, forman un gran mosaico de imágenes. Desde las gradas se ven desde el Cuadrado rojo de Malévich al Angelus Novus de Klee, pasando por la figura de El Santo, mientras una marcha revolucionaria mexicana reinterpretada en clave rock acompaña la acción.

Lo fascinante ocurre cuando la perfecta sincronía comienza a resquebrajarse. Los estudiantes se cansan y las formaciones se desordenan, surgen bromas, discusiones y pequeños actos de desobediencia. Entre anuncios comerciales y la frase «La revolución no será televisada» proyectada en las pantallas del estadio, la obra transforma el espectáculo de masas en una reflexión sobre memoria, control e identidad nacional, evocando además las heridas abiertas desde la masacre de Tlatelolco.

Rodolfo de Florencia (México, 1968), Serie Jugador Estrella, I-VIII, 2002. Acrílico sobre tela. Colección privada. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Museo Jumex

En otra sala, la serie Jugador Estrella (2002), de Rodolfo de Florencia (México, 1968), aborda la conversión de los cuerpos atléticos y entrenados en activos económicos como otra de las grandes transformaciones del fútbol contemporáneo. A través de pinturas que registran las cifras por las cuales distintas estrellas del fútbol aseguraron sus piernas, el artista evidencia cómo el valor de un deportista se construye y fluctúa dentro de complejas redes mediáticas, comerciales y simbólicas. El futbolista se transforma así en una mercancía tan celebrada como vulnerable.

Gabriel Garcilazo, La Liga de Tlaxcala, 2025. Cerámica. Foto cortesía del artista y Proyectos Monclova.

Betsabeé Romero, Fútbol: columna de resistencia interminable, 2025. Técnica mixta. Foto: Samuel Reyes

Sin embargo, el recorrido también recuerda que el fútbol es, ante todo, una fábrica de relatos.

Gabriel Garcilazo (México, 1980) lo demuestra en La Liga de Tlaxcala (2025), donde reimagina uno de los documentos fundamentales de la historia colonial mexicana, el Lienzo de Tlaxcala, como si se tratara de un campeonato de fútbol. Las campañas militares se convierten en partidos, las estrategias bélicas en tácticas de juego y las alianzas políticas en fichajes decisivos. Con humor, ironía y rigurosa investigación histórica, la pieza convierte la Conquista en una tabla de posiciones imposible, en la que se cuestionan las versiones oficiales sobre la construcción de la identidad nacional.

Algo de esa dimensión ritual y colectiva reaparece en Fútbol: columna de resistencia interminable (2025), de Betsabeé Romero (México, 1963). Construida a partir de caucho —material asociado a las primeras pelotas mesoamericanas—, la obra se eleva como una suerte de monumento contemporáneo donde convergen símbolos, tradiciones y desplazamientos culturales. Aquí el balón deja de ser un objeto deportivo para transformarse en una lengua compartida, capaz de atravesar generaciones, territorios y fronteras.

Y si el fútbol puede sobrevivir a la historia, también puede sobrevivir a su propia ausencia.

En Children’s Game #19: Haram Football, Francis Alÿs (Bélgica, 1959) registra a un grupo de niños jugando fútbol en Mosul, Irak, durante la prohibición impuesta por el Estado Islámico. No hay pelota. O, mejor dicho, la pelota existe únicamente en la imaginación de quienes participan. Los niños corren, se pasan el balón invisible y celebran goles que nadie puede ver. La escena demuestra hasta qué punto el juego puede convertirse en una forma de resistencia. Por unos minutos, la imaginación derrota a la prohibición. Hasta que una ráfaga de disparos interrumpe la acción y devuelve la realidad a la escena. El silencio que sigue resulta tan elocuente como cualquier gol.

Maurizio Cattelan, Stadium, 1991. Madera, vidrio, hierro, plástico. Colección privada. Vista de la instalación en el Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Museo Jumex

Mucho antes de la célebre banana pegada con cinta adhesiva o del papa derribado por un meteorito, el artista italiano Maurizio Cattelan (1960) construyó una enorme mesa de futbolito de más de seis metros de largo. Pero detrás de su apariencia divertida se esconde una reflexión sobre la inmigración y la xenofobia en la Italia de los años noventa. Los jugadores representan a un equipo conformado por inmigrantes del norte de África que participó tanto en partidos reales como en acciones performáticas.

Aquí el fútbol reaparece como un escenario cargado de tensiones sociales, identidades en disputa y mecanismos de inclusión y exclusión. Pero también como espacio de encuentro. Después de todo, la obra sólo se completa cuando alguien se anima a jugar.

Y esa podría ser también la tesis no declarada de toda la exposición: que el fútbol nunca ha sido solamente un deporte. Es una máquina de producir imágenes, un escenario político, un espacio colectivo y, sobre todo, una emoción compartida. Esa misma emoción.


Fútbol y Arte. Esa misma emoción se presenta hasta el 26 de julio de 2026 en el Museo Jumex, Ciudad de México.

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