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CLOTILDE JIMÉNEZ: “SOY COMO UN COLLAGE, COMO DE HECHO TODO EL MUNDO LO ES”

Con la intención de dejar un legado artístico y cultural, los Juegos Olímpicos presentan por primera vez una serie de carteles centrados en temas de inclusión, paridad, celebración e innovación realizados por siete artistas seleccionados en un concurso jurado por representantes del COI, París 2024, el Ministerio de Cultura, la Ciudad de París, instituciones deportivas y diversas figuras artísticas.

Clotilde Jiménez (EEUU, 1990 – vive en México) es uno de los artistas escogidos, junto con Adam Janes (EEUU), Gilles Elie (Francia), Esla & Johanna (Francia), Pierre Seinturier (Francia), Fanny Michaëlis (Francia) y Stéphanie Lacombe (Francia). Ellos estuvieron a cargo de crear los dípticos compuestos por un cartel olímpico y un cartel paralímpico que ya comenzaron a recorrer Francia en septiembre de 2023.

A propósito de esta encomienda, Susana Cabrera viajó a la Ciudad de México para conversar con Jiménez en su estudio.


Clotilde Jiménez en su taller en la Ciudad de México. Foto cortesía del artista

«Pensé que era una broma», dice Clotilde, «porque normalmente quienes ilustran los carteles de las Olimpiadas son de la misma nacionalidad de donde se llevan a cabo. Incluso pensé que se habían equivocado, porque mucha gente podría pensar que soy francés».

Tras enterarse de la noticia, Jiménez comenzó a bocetear rápidamente. Fue muy natural para él relacionarse con este encargo, pues ya trabajaba con el tema del deporte. Su padre era boxeador y a partir de la ausencia de éste en su infancia, el deporte, en particular el boxeo, se convirtió en materia de exploración personal.

Su primera exposición, The Contest (2020), se centró en la rutina del gimnasio, la sexualidad y la masculinidad negra. Había imágenes de fisicoculturistas, boxeadores y otros deportistas en posiciones íntimas, junto a atletas ‘queer’.

En estas obras exploraba las condiciones de la lucha deportiva, en donde la integridad física de uno está en las manos del otro, el cansancio desploma a uno sobre el otro, y la respiración, los latidos y las miradas frontales pasan desapercibidos, a pesar de ser visto por una multitud. De modo que regresar a las ideas de esa primera exposición, pero con una intención distinta, es para Clotilde un ejercicio retrospectivo al mismo tiempo que innovador.

Clotilde Jiménez, Water Dancers, 2023. Collage y acrílico sobre papel, 73 x 100 cm
Clotilde Jiménez, Relay Race, 2023. Collage y acrílico sobre papel, 73 x 100 cm

Carteles inclusivos

Uno de los dos carteles que Clotilde creó para los JJOO retrata mujeres afrolatinas y de origen latino que compiten en nado sincronizado. La representación es inusual, ya que se trata de un deporte tradicionalmente practicado por personas blancas con acceso a piscinas, membresía de clubes e instrucción privada.

Aquí, el artista dispone sinuosas formas femeninas, gruesas, con pieles de colores ocre y negro, portando el traje de baño verde que las hace equipo. El agua se revuelve bordeando los pies en puntas, el movimiento estricto, el ritmo agitado.

El cartel de los paralímpicos presenta una escena de atletismo con deportistas amputados. Sus pieles oscuras y sus ropas de matices luminosos contrastan entre sí; pero están en igualdad de circunstancias y condiciones. Si bien compiten entre sí, son incluidos en el terreno deportivo.

Este ejercicio fue para Jiménez un importante aprendizaje. Sintió, como él mismo dice, «la enorme responsabilidad de darle voz a otros a través del arte, para lo cual es indispensable llevar a cabo el trabajo con absoluto respeto y dignidad».

«Los temas de los carteles de los Juegos Olímpicos representan valores que siempre he incluido en mi trabajo artístico: la inclusión, la equidad de género, la libertad, el deporte, etc. Esta invitación es una oportunidad para agregar elementos que se adhieran a las consecuencias de esos valores, como la amistad, el trabajo en equipo, la hermandad y el respeto».

En medio de la aventura de plasmar estos valores a través de los afiches brotó la idea de hacer una exposición en la galería Mariane Ibrahim, en París, en plenos Juegos Olímpicos. Jiménez llevará esculturas y obras en nuevos formatos a esta galería que lo representa, y que tiene otra sede en la Ciudad México.

«Esta exposición será una especie de extensión del trabajo que he hecho por muchos años y será un reflejo de aquellos motivos de los carteles que hice para las olimpiadas, en los que sigo dialogando con el tema racial, de diversidad de género, entre otros».

Clotilde Jiménez, Baptism, 2021. Acrílico, carboncillo y collage sobre papel, 89 x 76 cm
Clotilde Jiménez, How to eat a banana, 2018. Collage sobre papel, 56 x 76 cm

La vida como un collage

De padre afroamericano y madre puertorriqueña, Clotilde nace en Honolulu, Hawaii, donde su padre se estableció como marino. Al poco tiempo, su madre se lo lleva junto a sus hermanos a vivir a Filadelfia y, en unas vacaciones, lo envía a Puerto Rico para que no perdiera sus raíces ni su lengua. Pero es en Filadelfia donde el artista crece y estudia, en medio de una situación económica apretada. A pesar de todo, logra terminar sus estudios y mudarse a Londres para hacer una maestría.

«Yo nunca pensé que mi trabajo fuera a ser apreciado. Pensé que viviría para siempre en Londres, sin dinero y, en el mejor de los casos, dando clases de teoría o algo así. Hasta que conocí a Mariane Ibrahim, quien me apoyó, y fuimos creciendo los dos, yo como artista y ella como galerista».

En Londres conoció a su pareja, de nacionalidad mexicana y con quien decide mudarse a la Ciudad de México, donde tiene su estudio desde hace cuatro años. México ha tenido una influencia importante en su trabajo más reciente. A decir verdad, todos los lugares donde ha vivido han sido fundamentales en los temas que aborda en sus obras.

«Me inspira mucho el lugar donde vivo, la gente, el ambiente y sus movimientos sociales. Cuando vivía en Filadelfia, el movimiento Black Lives Matter era una fuente viva de inspiración. Mi obra de ese entonces tiene muchas referencias a mi afrodescendencia. Ser afrolatino me incitaba a participar en esa conversación».

En Londres se sintió con mayor libertad para incorporar otras referencias a la sexualidad y la religión en sus trabajos. Ya en México, ha encontrado una rica fuente de estímulos. Su estudio se encuentra en el Centro Histórico de la capital, donde se llevan a cabo la mayoría de las manifestaciones y protestas del país. Frente a su ventana ve pasar las marchas feministas y obreras. Esto, aunado a su propia experiencia íntima y su contexto social histórico -que de alguna manera siguen presentes en su arte y vida-, ha sido determinante en la manera como desarrolla su práctica.

Clotilde Jiménez en su taller en la Ciudad de México. Foto: Susana Cabrera
Cerámicas de Clotilde Jiménez en su taller en la Ciudad de México. Foto: Susana Cabrera

Un salto a la cerámica

México también le ha motivado a explorar medios artesanales como la cerámica. Para Clotilde, otra forma de romper con las desigualdades y rechazos basados en raza y género es experimentar con diversos formatos artísticos. 

«México tiene una historia tremenda en cerámica, azulejos y talavera. Sería difícil pasar todos los días por la Casa de los Azulejos y no sentirme inspirado por su fachada. He ido a Puebla a ver cómo la gente hace su talavera. Quizás, si no me hubiera mudado a México, no habría hecho cerámica”.

“Hay un tema difícil y todavía clasista en el mundo de arte: la pintura está arriba, luego sigue la escultura, luego la foto, el dibujo y ya al final está la cerámica. Y es que hay que recordar que históricamente quienes estudiaban pintura eran los hombres, y a las mujeres se les dejaba la cerámica. Esto tenía un impacto económico inmediato, es decir, que del medio depende mucho su valor económico y la valoración intelectual de los críticos. Ahí el género tampoco pudo escapar a la desigualdad».

Clotilde cree que México es un lugar propicio para que tanto artistas locales como visitantes se aventuren en la cerámica. Le inspiran mucho respeto los ceramistas tradicionales, a quienes considera verdaderos maestros en su oficio. Clotilde busca formar parte de este flujo de conocimiento. Para él, la cerámica tiene el mismo valor emocional e intelectual que cualquier otro medio. Cruzar los límites es necesario especialmente cuando se vive en un lugar donde la lucha por combatir la desigualdad de género y el clasismo es latente.

Clotilde Jiménez, L’ange Enceinte, 2021. Acrílico, carboncillo y collage sobre papel, 127 x 127 cm
Clotilde Jiménez, Pose N° 7, 2020, collage sobre papel, 150 x 162 cm

Somos un collage

Cuando Clotilde estudió las técnicas de grabado e impresión en la escuela de arte se encontró frente a la construcción de la imagen a través de capas de tintas. Eso le llamó mucho la atención. Al graduarse, y sin recursos para hacerse de materiales ni de un estudio donde trabajar, consiguió revistas gratuitas y se puso a generar imágenes en capas, ahora de papel reciclado. 

«Yo ya había terminado la escuela, no tenía que explicar mi trabajo, hacer crítica, ni basar mi trabajo en un artista o movimiento artístico. Entonces me di la libertad de crear con recortes, colores, texturas y darle forma a mi trabajo de manera orgánica y auténtica».

Después de hacer un par de collages descubrió que las posibilidades que se abrían eran infinitas. La creación de imágenes en capas capaces de contar diferentes historias al mismo tiempo, así como descubrirse a sí mismo como un collage, detonaron la solidez y un sentido especial a su cuerpo de obra.

«Yo soy como un collage, como de hecho todo mundo lo es. Cuando la gente lee mi nombre, Clotilde, y piensa que soy una viejita o una francesa, ahí hay una capa. Luego se dan cuenta de que soy hombre, y ahí tienes otra capa; escuchan mi acento, ven mi color de piel, la mezcla de razas y culturas de las que vengo… otras capas. Y después, cuando realmente me conocen, hay otra capa. Y el recuerdo de lo que platicamos, otra capa. Hay cosas que se te pegan, otras que ignoras y otras que desdoblas desde el lugar de tu propia historia. Así es el collage».

Clotilde Jiménez, El Chisme, 2020, collage sobre papel, 68 x 56 cm

El collage es una cosmografía compuesta por elementos salidos de otros cosmos que Clotilde dispone a manera de estratos que articulan la vida. Son un todo constituido por componentes previamente existentes, una entidad multicultural, multirracial, que excluye los altos estándares morales y abraza la diversidad, la pluralidad y la libertad.

«Tampoco es que yo entre al estudio pensando que voy a cambiar el mundo o a hablar de movimientos sociales. De pronto se me ocurre hacer una mujer nadando, bañándose o lo que sea; es un personaje inventado, pero es una señora de color. Entonces ahí entra la connotación racial, o quizá no. Yo puedo tener una intención clara con su historia, pero lo que importa es la impresión o conexión que cada persona tiene frente a ella”, afirma Clotilde.

El artista hizo una vez una obra inspirada en Mujer entre las olas, de Gustave Courbet, que en su tiempo generó un escándalo porque las venus del famoso pintor no eran mitológicas, sino más bien libertinas.

“Es una historia que no me interesa si la gente la entiende o no. La obra va a tener una voz propia, y quizás distinta según cada espectador. Y aún así, habrá interpretaciones generales relacionadas con temas sociales; es algo de lo que no voy a escapar, pero de lo que tampoco quiero escapar».

Susana Cabrera

Es diseñadora y productora editorial desde hace más de 15 años, con especializaciones en producción editorial y creación literaria. Ha producido y diseñado más de 300 libros institucionales y de autores independientes. Correctora de estilo para Penguin Random House y Temblores Ediciones. Investiga de manera personal sobre comunicación, semiología e historia del arte. Susana es amante de la música, la retórica, la poesía y el diseño, y odia el silencio. Vive en Nueva York desde donde escribe, produce libros, ebooks y consume arte, música y ruido.

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