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JUAN CANELA: “LOS MUSEOS DEBEN POSICIONARSE INEQUÍVOCAMENTE A TRAVÉS DE SUS PROGRAMAS”

Tiempo de lectura: 8 minutos


Vista de la exposición Parlamento Trans-histórico de Entidades Vivas y Muertas en Centroamérica y Panamá, en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, 2024-2025. Cortesía: MAC Panamá
Vista de la exposición Parlamento Trans-histórico de Entidades Vivas y Muertas en Centroamérica y Panamá, en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, 2024-2025. Cortesía: MAC Panamá

— Dada la presión por responder a demandas de representación y crisis sociales, ¿dónde crees que están hoy las oportunidades, los límites —o riesgos— de la acción del museo?

Nos encontramos en tiempos convulsos. Enfrentamos nuevamente elementos políticos de carácter fascista, regímenes de guerra y genocidios que vuelven a acercarnos a la autodestrucción. Estamos viviendo el declive de la civilización occidental y su maquinaria extractivista y colonial, con todo lo que ello implica: cuando un régimen colapsa, muchas cosas tiemblan y se resquebrajan ante su caída.  

Los museos deben comprender la complejidad del momento histórico, y articular espacios de resistencia donde podamos imaginar posibilidades alternativas de colectividad que puedan llevarnos a habilitar y habitar otros mundos posibles. Debemos posibilitar debates profundos y sosegados sobre las cuestiones más urgentes, dando lugar a lo lento y lo cercano, apostando por las prácticas artísticas como un espacio de imaginación y libertad para mirar la realidad con otros ojos. 

Más allá de declaraciones públicas y statements en redes sociales (que son también necesarias en momentos determinados), los museos deben posicionarse inequívocamente a través de sus programas, haciendo exposiciones y actividades que denuncien las injusticias, creen espacios de refugio afectivo, reflexionen sobre cuestiones sociales y filosóficas que puedan abrir otros caminos, y sean espacios a favor de los derechos humanos sin ambages. 

Vista de la exposición Soplo, de Minia Biabiany, en el MAC Panamá, 2023. Foto cortesía del museo.

— Ante la necesidad de ampliar y diversificar audiencias, ¿cómo se negocia hoy en el museo la tensión entre accesibilidad y profundidad de los contenidos?

En estos tiempos de sobreinformación algorítmica, velocidad obligada, y poco espacio para la atención, otra de nuestras responsabilidades es preservar la complejidad del arte ante la simplificación de cualquier tipo de discurso.  

La forma de acercar el museo a las audiencias no puede ser nunca rebajar el discurso, simplificar las cosas, o hacer muestras donde no haya espacio para la producción de conocimiento y pensamiento crítico.

Si bien es importantísimo trabajar en imaginar herramientas, dispositivos y estrategias para que más gente venga a los museos y tenga contacto con el arte, esto debe hacerse, primero, sin subestimar la capacidad del público, y segundo abrazando la complejidad de las prácticas artísticas.

Esto significa también ser capaces de compartir que el arte no debe dar respuestas, sino en todo caso levantar más preguntas; no tenemos que dar soluciones, sino cuestionarnos ante las problemáticas; el arte es una forma de conocimiento donde juega lo racional, pero también lo afectivo, lo subjetivo o lo intuitivo. 

Une se enfrenta a una obra de arte con todo el cuerpo – y el ser –, y no solamente con la razón; y sobre todo, compartamos que no es necesario comprenderlo todo; que a veces está bien no entender algo, y que en esas dudas habita también el conocimiento. 

Desde ahí es que trabajamos en el MAC Panamá en unos programas públicos y educativos intensos, en colaboración con artistas, colectivos, pensadores y productores culturales del contexto panameño que puedan amplificar, complejizar y elaborar programas que piensen e imaginen formas diversas de dialogar con las distintas comunidades y audiencias.

Vista de la exposición 60+1. El pequeño gran museo de Ancón, MAC Panamá, 2023-2024. Foto: Alfredo J. Martiz J.

— ¿Hasta qué punto crees que el modelo económico actual de los museos condiciona —o limita— sus decisiones curatoriales y programáticas?

La curaduría tiene que ver con articular espacios y momentos para que los artistas puedan realizar su trabajo en las mejores condiciones posibles. Y esto está atravesado por cuestiones intelectuales, afectivas y materiales. Los recursos que tengamos para hacer una exposición condicionan totalmente lo que podamos – o no podamos – hacer en ella. 

Por otro lado, la sostenibilidad económica es un reto para los museos en nuestros días, y el MAC Panamá no es ajeno a ello. Además, en contextos como el panameño, donde las políticas culturales están todavía comenzando, y no hay una tradición filantrópica, el reto es todavía mayor. Dicho esto, en cinco años como curador jefe del museo hemos puesto en marcha desde el equipo dirigido por María Lucía Alemán diversas iniciativas de recaudación, que nos han permitido, por un lado, hacer crecer el equipo, y por otro, realizar un programa de calidad que ha posicionado al museo tanto local, como regional e internacionalmente. Esto implica mucha imaginación y perseverancia para llegar a instituciones, empresas y personas que poco a poco hagan crecer los apoyos del museo. Y una mezcla de búsqueda de fondos locales, becas internacionales, y colaboraciones con otras instituciones y proyectos. 

Pero lo más importante, es que nuestra responsabilidad radica en hacer proyectos que sean coherentes con lo que podemos ofrecer, y no programar por encima de nuestras posibilidades. Y, sobre todo, tener unos estándares mínimos de profesionalidad, donde la gente con la que trabajamos, y sobre todo les artistas, tengan unas condiciones de trabajo justas. 

Contestando a tu pregunta, un ejemplo sería una gran exposición que organizamos para celebrar el 60 aniversario del museo, y que finalmente tuvimos que retrasar – por cuestiones económicas y otros aspectos – y celebrar el 60+1. De todas formas, siento que lo que más afecta la falta de recursos, es no poder contar con la cantidad de personas necesarias en el equipo, y tener que atender muchas veces demasiadas cosas a la vez. 

Cisco Merel: La Puerta del Sol. Vista de la exposición en el MAC Panamá, 2024. Foto cortesía del museo.

— ¿Qué aspectos del funcionamiento institucional del museo —sus ritmos, estructuras o formas de trabajo— te parecen hoy más difíciles de sostener o repensar?

Siento que tenemos una gran urgencia de repensar las formas institucionales, imaginando de una vez por todas museos situados que respondan a sus contextos particulares. ¿Qué sentido tiene que el organigrama, la duración de las muestras, la manera de investigar o producir, sean las mismas en Panamá, Londres o Manila?

Las formas de nuestros proyectos deberían responder a sus contextos, y entonces cada cual debe tener libertad para ensayar, imaginar y adaptarse. En nuestro caso, al poco tiempo de llegar decidimos bajar el ritmo de exposiciones, y hacer solamente dos ciclos al año con muestras que duran alrededor de seis meses. Por un lado, porque es la cantidad de trabajo que podemos acometer con el equipo que tenemos. Pero, por otro lado, porque esto nos permite poder hacer más programas públicos y educativos, trabajar más las muestras, y esto en un lugar como Panamá es importante para poder ir afianzando las audiencias cada vez más.  

Otra cosa que en la que hemos trabajado mucho es en las formas de trabajo. Nuestro equipo curatorial trabaja de forma totalmente horizontal, entendiendo que la curaduría es colectiva, y buscando espacios de trabajo abiertos y porosos donde las jerarquías se difuminan. Esto, que siento totalmente coherente con nuestra forma de pensar, sentir y estar en el mundo, a veces se complejiza al convivir en una estructura habitual de trabajo, y siento que es donde más debería trabajarse en general en los museos. Repensar sus organigramas, y ser capaces de entender qué funciona en cada lugar y en cada momento, dejando de replicar formas de otros lugares y, sobre todo, de otros ámbitos laborales que nada tienen que ver con el arte. 

También hemos incidido mucho en comprender que la investigación en un lugar como este puede ser distinta a otros, y que tenemos que intentar ser coherentes con nuestra forma de entender la práctica. En ese sentido, en nuestras investigaciones puede haber una parte de investigación histórica, o académica, pero siempre está en diálogo con otra parte más subjetiva, afectiva e intuitiva que debe tener su espacio. Muchas veces, por ejemplo, las conversaciones con personas cercanas a los temas tratados son parte importante de la investigación, enfocándolas siempre desde el lugar de la experiencia, del afecto, de la vida. 

Al final, tenemos la responsabilidad de transformar nuestras instituciones para que respondan a lo que sea que viene, porque el mundo del que provienen ya no soporta las vidas, y necesitamos otras estructuras que permitan que lo nuevo emerja.  

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es periodista, fundadora y editora de Artishock.

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