EUGENIA CALVO: SEGUIR LA CORRIENTE
Seguir la corriente implica adaptarse a lo que otros dicen o hacen: no discutir, fingir acuerdo, plegarse a la tendencia. En una palabra, la frase significa dejarse llevar sin decidir, porque no se puede o porque no se quiere, lo mismo da. Ese sentido primario se cuestiona en la exposición de Eugenia Calvo en Arthaus. Ya desde el texto curatorial, Sebastián Vidal Mackinson anuncia que se trata de una muestra bisagra en la trayectoria de la artista, donde cada pieza dialoga o discute con las anteriores.
En el trabajo de Calvo pueden distinguirse dos grandes líneas. Por un lado, la obra propiamente doméstica, producida en el interior del hogar y compuesta a partir de muebles, colchones, barricadas improvisadas y otras intervenciones lindantes con el vandalismo. A través de ese accionar se imponía una violencia contenida, el impulso de profanar el orden establecido, aunque más cercano a la travesura que al gesto vandálico.
Luego, sin abandonar lo doméstico, la artista comenzó a arrinconar, envolver o fajar muebles con listones de hierro. Juegos de dormitorio, cómodas, e incluso la fachada de la casa de un célebre arquitecto rosarino quedó fijada por estructuras metálicas. En esos ejercicios se repiten –y conviven– dos constantes: una formalidad rigurosa y un humor sutil.



La vuelta de tuerca que propone Seguir la corriente (2026) puede apreciarse a la luz del corpus de Calvo, especialmente en dos obras. En Última región (2011–2012), una serie de palos provenientes de sillas, mesas y escobillones se desplegaban sobre una superficie amarilla. Era el mobiliario reducido a restos que conformaban un escenario similar al de los decomisos policiales. En Hecha para siempre (2021), muebles desmontados adquirían una figuración con visos antropomórficos.
Son los antepasados de la ronda de niños construida con sillas desarmadas y rearmadas alrededor de una fogata. Pero ¿son sillas que parecen niños o niños que parecen sillas? El rasgo comunitario engrandece la torsión de Calvo. Si en exposiciones anteriores (Dormir vestida, 2022) las rondas de objetos resultaban tensas y forzadas, aquí los elementos se transfiguran: ya no son muebles o electrodomésticos en posiciones inusuales, sino cuerpos posibles ensayando las diversas potencias de la figura humana.
A medida que se recorre la sala, la instalación central va adoptando distintas configuraciones, casi rituales, e induce la creación de un extraño clima, entre onírico y festivo. No sabemos si estamos participando en un aquelarre o en un inocente juego infantil. Lo que sí sabemos es que somos testigos (privilegiados, por no decir cómplices) de un suceso cuyo sentido último se nos escapa. Podríamos tejer historias, formular hipótesis y articular teorías sin acabar nunca.



Pero como el arte no se constituye únicamente con discursos –y menos el de Calvo–, ¿cuál sería el efecto de transitar la muestra poniendo entre paréntesis la pulsión narrativa, la pasión por el relato?
Si hiciéramos silencio, hablaría la materia.
No hay puesta en escena en Seguir la corriente más allá de los rastros identificables a lo largo del recorrido. Lo doméstico persiste, pero deja de ser el teatro de un conflicto íntimo para devenir ceremonia compartida, acto puro: formas y objetos parecen aproximarse a una fusión que desdibuja la diferencia entre el cuerpo y las cosas. Ya no observamos desde afuera, como espectadores de lujo, ahora nos reconocemos en el encanto secreto de la materia.
Seguir la corriente es una muestra que intensifica la presencia de lo existente, una muestra inmersiva –en palabras de Vidal Mackinson–, pero trascendiendo el sentido estrictamente comercial con el que hoy se emplea para promocionar ferias. En todo caso, la inmersión en el entrepiso de Arthaus nos hace tomar conciencia –al menos por un segundo– de que somos parte de la corriente (la del Río Paraná, la de los cables). No estamos frente al mundo, estamos hechos de su misma madera.



Seguir la corriente, de Eugenia Calvo, se presenta hasta el 15 de marzo de 2026 en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, Buenos Aires.
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