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ARTE EXTRAORDINARIO Y VITAL COMO ALIMENTO Y AIRE

Capaz de nutrir el alma y proveer herramientas para agudizar la mirada y la inteligencia, el arte es el alimento que muchos necesitamos. Sin él, la vida sería lúgubre. Eso es también lo que evoca Biscoito Arte (galleta de arte) que la artista brasileña Regina Silveira hizo en 1976, y que se resignifica ahora en EXTRA/ordinario, con curaduría de Florencia Battiti y Fernando Farina, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAR), en Mar del Plata.

Este es el punto de partida de la cuarta edición de la mega Bienalsur, que estará celebrándose hasta diciembre en 70 ciudades de cinco continentes, bajo la dirección general de Aníbal Jozami y la dirección artística de Diana Wechsler

Bienalsur presentará exposiciones en 27 países, como España, Francia, Italia, Marruecos, Australia, Japón, Arabia Saudita, Argelia, Croacia, Noruega, Senegal, Túnez, Turquía, Perú, Colombia, Brasil, México, Uruguay, Costa Rica y Chile (con muestras en el Museo de la Memoria y en el Museo de Arte Contemporáneo, ambos en Santiago de Chile, y exhibiciones en Chillán y en Punta Arenas).

EXTRA/ordinario incluye obras de 21 artistas de Argentina, Colombia, Uruguay, Brasil, Turquía y Francia que, a partir de objetos cotidianos, simples, plebeyos, desacralizados, crean piezas deslumbrantes, simbólicamente potentes.

Se exhiben el dispositivo y las imágenes documentales de la emblemática acción Biscoito Arte, en la que Silveira invitó a los espectadores a comer literalmente su obra. Durante el lanzamiento de esta bienal global se ofreció al público las mismas galletitas (con la palabra Arte) para que se nutrieran del arte en todos los sentidos.

Esteban Álvarez, Un año de aire, 2022. Botellas de agua mineral vacías interconectadas, y máscaras colgando de tubos. Cortesía: Bienalsur

Una gran nube hecha con varias toneladas de botellas ensambladas pende del techo y copa el primer piso. Es Un año de aire, la instalaciónde sitio específico de Esteban Álvarez hecha con botellas de plástico recicladas que volverán al circuito cuando termine la muestra. Realizada con economía de recursos, la obra (una nueva versión de la que presentó en el Malba en 2001) invita a respirar el aire de las botellas, a través de unas mascarillas hechas con vasos plásticos. También, a pensar en otro bien codiciado y escaso: el agua que contenían las botellas.

“En un momento me pregunté cuánto tiempo falta para que empecemos a comprar aire”, dice en diálogo con Artishock el artista, quien con su obra pone el foco en el vínculo entre economía y ecología. Y añade: “La obra tiene que ver también con esta desesperación por el crecimiento económico y la producción de desechos, que es monstruosa. Lo que viene acompañado de ese crecimiento es destrucción, tala de árboles, generación de basura. Entre los indicadores que señalan cómo está una población determinada, me parece que a veces queda algo pendiente”.

Delia Cancela, Entre, repose… es sólo por el placer, 2016, reposeras estampadas por la artista. Cortesía: Bienalsur
Nicolás Bacal, La velocidad de las cosas. Banquitos de madera maciza con objetos domésticos incrustados. Cortesía: Bienalsur

Cerca de esta nube hipnótica y, al tiempo, ominosa, se encuentra Entre, repose… es solo por el placer, de Delia Cancela, una serie de reposeras estampadas con diseños de la artista que invitan a contemplar desde los ventanales el mar, y El Lobo de Alfajores (2014), emblemática escultura de Marta Minujín en la explanada del museo.

Ilumina la capacidad transformadora del arte la instalación La velocidad de las cosas de Nicolás Bacal, hecha con 52 bancos de madera construidos por él mismo en los que encastró diferentes objetos de uso cotidiano cuya extremidad, o una parte, se convierte en estrella que integra las constelaciones del hemisferio sur.

La instalación es un mapa cósmico, celestial, hecho con un plumero, una sartén, una bicicleta, zapatillas usadas, un embudo, bidones, una aspiradora, un ventilador. Y la lista sigue. El conjunto es una constelación exquisita que al tiempo son sillas de uso que reciben al espectador en ese universo celestial y mundano. Con una operación morfológica, Bacal une lo sublime con lo más terrenal. En noviembre se exhibirán las 36 constelaciones del hemisferio norte en el Museo Nacional de Arte Decorativo.

Gaspar Libedinsky, Arrecife, instalación con escobillones, 2022-2023. Cortesía: Bienalsur

Gaspar Libedinsky nos sumerge en la instalación de sitio específico Arrecife, un paisaje orgánico destellante que se extiende hacia una serie de ventanales del museo, que estaban tapiados y que se abrieron para esta deslumbrante exhibición.

El arrecife, hecho con cerdas de las que se usan para hacer escobillones, toma diferentes topografías: corales con formas piramidales, o con inclinaciones suaves o pronunciadas. En todos los casos, los corales buscan desesperadamente la luz.

Se trata de una obra con huella de carbono neutral: no se utilizan nuevos recursos, y tampoco se generan nuevos desperdicios. Una vez que termine Bienalsur, los 700 corales se transformarán en 3 mil escobillones.

“Le devolveremos las cerdas de escobillón al fabricante para que haga los escobillones, que se van a vender en supermercados y góndolas de bazar y limpieza de Mar del Plata. Los compradores podrán tener un escobillón que fue parte de este arrecife”, explica el artista. Cada escobillón tendrá una etiqueta con una foto de la instalación y también con un código QR que se podrá escanear para acceder a un video que evidencia que ese material integró la exhibición.

Libedinsky concibe la obra dentro de la cadena de producción de la que surgió. En este caso comienza como plástico, un derivado del petróleo. Luego se transforma en botella de gaseosa, que se vende, se consume y se descarta. Una vez que pasa por el proceso de recuperación para reciclaje, se convierte en cerdas de escobillón. Antes de que vuelva al fabricante para hacer las 3 mil escobas plásticas, es un paisaje efímero dentro del Museo.

Irina Kirchuk, Gesto. Cortesía: Bienalsur
Irina Kirchuk, Viento y Calor específico. Cortesía: Bienalsur
Olga Huyke, Taxonomía de una línea, 2016. Mecanismos de relojes desarmados. Cortesía: Bienalsur
Olga Huyke, Taxonomía de una línea, 2016. Mecanismos de relojes desarmados. Cortesía: Bienalsur
Olga Huyke, Taxonomía de una línea, 2016. Mecanismos de relojes desarmados. Cortesía: Bienalsur

Cerca del Arrecife, en Gesto, las formas de Irina Kirchuk hechas apenas con tubos flexibles y sopapas parecen desplazarse y hasta sostener lo imposible. Son como líneas en movimiento en el espacio. Viento evidencia el efecto expansivo del viento con distintas partes de ventiladores encontrados en la calle (durante el verano, cuando suelen romperse y la gente los deja en las veredas). Y Calor específico representa el calor que emana de una estufa con una serie de planchas de aluminio. En estas tres piezas de Kirchuk, el golpe lúdico y visual es instantáneo. 

Hace tiempo que la artista colombiana Olga Huyke viene indagando la cuestión del tiempo. Taxonomía de una línea es una instalación integrada por mecanismos de diferentes relojes que la artista desarmó y con los que creó una pieza que pone en cuestión la concepción lineal del tiempo.

“Usamos el reloj para medir el tiempo y también usamos este mecanismo para medir cada aspecto de nuestra vida”, dice la artista, que plantea que hay otras formas de analizar el tiempo que no implican una linealidad, como los procesos cíclicos, el tiempo biológico, el físico, y la relatividad del tiempo.  

Pedro Tyler, Páginas sueltas. Retratos de escritores suicidas. Cortesía: Bienalsur

En The Task (blue flower), de Liliana Porter, hay un guiño a los resultados insospechados y extraordinarios a los que nos lleva la vehemencia por lo que hacemos. Y para dejar en claro sin medias tintas que las pasiones y sentimientos que nos toman son imposibles de mensurar, Pedro Tyler hizo una serie de bajorrelieves tallados sobre reglas de madera en los que retrata a escritores que se suicidaron. Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Walter Benjamin, Cesare Pavese, Primo Levi, Gilles Deleuze, Horacio Quiroga, Guy Debord y  Jack London, son sólo algunos de los nombres que figuran.

Tyler comenzó esta serie tras leer una de las cartas de Van Gogh a su hermano Theo: “Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada suficientemente bello”, decía la epístola. “En algún momento, él no pudo ver la belleza. Lo seres humanos somos contradictorios”, dice Tyler sobre esta serie que condensa la tensión entre creación y destrucción. Son grandes plumas que dieron fin a una vida y a una obra. “Es un memorial y agradecimiento a lo que lograron”, señala.

Cuenta Tyler que cuando leyó una frase atribuida supuestamente a Galileo que decía “mide lo que puedas medir, y lo que no hazlo mensurable”, lo invadió una especie de impotencia que lo impulsó a hacer estos retratos, con moladora sobre reglas blancas y negras. Le molestó profundamente la creencia en la medición absoluta de todos los aspectos humanos.

Regina Silveira, Biscoito arte, 1976. C-prints (díptico), 177 × 101 cm no total. Coleção de Fernanda Feitosa e Heitor Martins. © a artista.
Regina Silveira, Biscoito arte, 1976. C-prints (díptico), 177 × 101 cm total. Coleção de Fernanda Feitosa e Heitor Martins

Y es que no hay nada menos exacto que los sentimientos y pasiones que experimentamos. Como sostiene Zygmund Bauman, en todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro. Eso, dice, es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever, de prevenirlo o conjurar, de apresurar o detener.

Escribe Bauman: “Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor”.


EXTRA/ordinario se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo, Av. Félix U. Camet & López de Gomara, Mar del Plata, Buenos Aires, hasta el 30 de noviembre de 2023.

Participan Gaspar Libedinsky, Esteban Álvarez, Mariana Tellería, Delia Cancela, Liliana Porter, Amadeo Azar, Leonardo Damonte, Mimi Laquidara, Eugenia Calvo, Daniel Basso, Irina Kirchuk, Juliana Iriart y Nicolás Bacal; la franco-argentina Marie Orensanz; la brasileña Regina Silveira; los uruguayos Pedro Tyler y Marco Maggi; la colombiana Olga Huyke; el francés Pierre Ardouvin y el turco Ali Kazma.

Marina Oybin

Periodista cultural y crítica de arte. Egresada de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón - Universidad Nacional de las Artes (UNA), realizó el Postgrado en Opinión Pública y Medios de Comunicación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Escribe sobre arte y temas culturales en La Nación, Radar y en Le Monde Diplomatique. Hace, además, una columna de arte en el programa Los 7 locos, en la Televisión Pública. Trabajó en la Universidad de Bologna, en Clarín y en tevé. Realiza coberturas en Argentina y en el exterior, donde entrevistó a Orlan, Marina Abramovic, Sophie Calle, Anish Kapoor, Christian Boltanski, Jeremy Deller, Tomás Sarraceno, Leandro Erlich y Gyula Kosice, entre muchos otros destacados artistas. En 2019, moderó la entrevista pública con Julio Le Parc en el Museo Nacional de Bellas Artes. Realizó la curaduría de Explorando la Colección #02 Gyula Kosice en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, entre otras. Integra jurados de premios internacionales de fotografía y de premios nacionales de artes visuales.

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