MAURO GIACONI: TEMPORAL VENTAJA
En una época en que las imágenes se reproducen más rápido de lo que pueden ser verificadas, el simulacro se ha convertido en el principal régimen de la experiencia virtual. Lo que se percibe como real es, con frecuencia, una madeja de sustituciones: filtros que median la visión, narrativas que reconstruyen o falsean los hechos, entornos que imitan autenticidad. En este contexto, la instalación Temporal ventaja de Mauro Giaconi, presentada en Arte Abierto (Ciudad de México), plantea una pregunta incisiva: ¿cómo mantener la relación con lo real cuando la apariencia se ha vuelto su forma dominante?
Jean Baudrillard distinguía entre simulación y simulacro. La primera reproduce lo existente; el segundo genera una realidad propia, autónoma, que ya no remite a ningún original. En Simulacros y simulación (1981), el filósofo advertía que hemos ingresado a un mundo donde las copias no encubren la realidad, sino que la sustituyen. Lo inquietante es que, en esa sustitución, el signo deja de ser representación para transformarse en sistema operativo: un modo de producir lo que creemos vivir. Si el simulacro ya no remite a lo verdadero ni a lo falso, la ilusión deja de ser un error perceptivo para convertirse en un mecanismo de existencia.


Temporal ventaja se sitúa justo en esa zona de ambigüedad. Giaconi (Argentina, 1977) construye, dentro del espacio de Arte Abierto, una carcasa de barco monumental hecha de papel, grafito y silicón. El visitante se enfrenta a una paradoja: ¿una embarcación encallada en un centro comercial de una ciudad edificada sobre el lecho de un antiguo lago? ¿Un astillero sin agua? La obra replica el proceso de un naufragio invertido, ya que, en lugar de hundirse, emerge en un entorno que le es ajeno: una arquitectura sin mar ni horizonte.
El artista utiliza 837 metros cuadrados de papel, unidos y modelados como si fueran planchas metálicas. La superficie, cubierta de polvo de grafito, simula la solidez del acero, pero su estructura es frágil, maleable e inestable. Se percibe un cuerpo pesado, pero de cerca se advierte la precariedad del material. Esa tensión entre apariencia y materia constituye el núcleo del proyecto: un trampantojo que se sostiene en su propia fragilidad. Giaconi propone así una inversión de jerarquías perceptivas: lo que parece firme es endeble; lo que aparenta solidez es dibujo expandido.


El título Temporal ventaja alude a esos momentos breves en que la ilusión produce un efecto de suspensión, un intervalo en el que lo falso y lo real se confunden sin anularse. En el texto de sala, el artista describe estas “fisuras temporales” como modos de transformar la debilidad en posibilidad, de distraer al destino, de contener la respiración hasta que la imaginación se imponga sobre la inercia. No se trata del poder de engañar, sino de postergar la caída de la creencia. En un tiempo saturado de simulaciones digitales, Giaconi desplaza la ilusión al plano físico, material y espacial, haciendo de ella una experiencia directa.
El recorrido por la instalación refuerza esta dimensión perceptiva. El visitante no solo observa desde afuera, sino que puede adentrarse en las entrañas del barco y circular por otras simulaciones: literas, utensilios, plantas metálicas que parecen vivas. Los objetos reproducen el interior de un barco funcional, pero todo está hecho de papel. Este engaño se descubre gradualmente. El cuerpo, al moverse, activa la ilusión y, al mismo tiempo, la desmantela. La mirada se convierte en herramienta de prueba y participa en un proceso de verificación sensorial.


Giaconi concibe el dibujo como matriz de pensamiento y no como medio de representación. Desde sus primeras obras, el grafito y el papel han funcionado como materiales estructurales, no como soportes. En Temporal ventaja, esta lógica se amplía hasta el espacio arquitectónico, donde lo que antes era el gesto sobre una superficie deviene cuerpo tridimensional. En ese sentido, el proyecto podría leerse como una extensión literal del acto de dibujar: pensar mediante la materia, fabricar mediante la simulación.
El emplazamiento refuerza el carácter crítico de la obra. Un barco encallado en un centro comercial activa múltiples lecturas: la ilusión como forma de consumo, la pomposidad como valor estético contemporáneo, la sustitución de la experiencia por su réplica controlada. Sin embargo, Temporal ventaja no opera desde el espectáculo. Aunque su escala es monumental, su efecto es introspectivo. El asombro inicial da paso a la observación detenida. Lo que parece exceso visual se transforma en un ejercicio de sospecha. El visitante debe distinguir entre lo que ve y lo que cree ver.


En entrevistas, Giaconi ha descrito esta estrategia como “hackeos analógicos” de los espacios y las miradas. Se trata de desplazar los signos hasta el punto en que la percepción se interroga a sí misma. Este gesto se opone al automatismo con que habitualmente consumimos imágenes, tanto en el espacio mediático como en el entorno urbano. En ese sentido, la instalación funciona como una prueba de atención. Cada detalle —las uniones de silicón, la textura del grafito, el vapor que parece salir de ollas metálicas— exige una revisión activa. No hay transparencia posible; se nos requiere un tiempo de observación que contradice el ritmo acelerado de la cultura visual actual.
El barco, además, condensa una serie de resonancias simbólicas. Giaconi recuerda viajes personales y trayectorias migratorias. Pero la obra no se centra en la memoria individual, sino en la idea colectiva de tránsito. El barco opera como espacio de paso, como contenedor de relatos y cargas materiales, como territorio autónomo dentro de otro territorio. Michel Foucault definió al barco “el heterotopos por excelencia”, un lugar que se desplaza y se contiene a sí mismo, un fragmento de mundo que escapa a la lógica del continente, aun siendo un contenedor. El barco de Giaconi no viaja, sino que su movimiento ocurre en la percepción. La experiencia es inmersiva sin desplazamiento.
Temporal ventaja no busca revelar una verdad oculta, sino mostrar la fragilidad de cualquier certeza perceptiva. Si el simulacro, como pensaba Baudrillard, es la condición inevitable de lo contemporáneo, la obra de Giaconi sugiere que aún es posible habitarlo con conciencia, sostener la mirada un poco más, hasta que la ilusión y el pensamiento coincidan por un instante.


Temporal ventaja de Mauro Giaconi se presenta del 31 de agosto de 2025 hasta febrero de 2026 en Arte Abierto, piso 2 ARTZ, Periférico Sur 3720, Ciudad de México.
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