FRENTE AL RACISMO AMBIENTAL: ESPIRITUALIDAD Y EXTRACTIVISMO EN LA OBRA DE LUANA VITRA
Nacida en 1995 en Contagem, Minas Gerais, Luana Vitra se ha consolidado como una de las voces emergentes más potentes del arte brasileño contemporáneo. Con apenas 28 años, ya había participado en la 35ª Bienal de São Paulo y presentado una muestra individual en el Instituto Inhotim, concebida para permanecer en exhibición por dos años. Su presencia reciente en la Bienal de Sharjah y en el SculptureCenter de Nueva York, así como su inclusión en la Bienal de Tailandia 2025, a partir de noviembre, confirma un ascenso que responde a un trabajo riguroso y sensible, profundamente arraigado en su territorio.
Atravesada por la memoria familiar y la historia minera de su región, la práctica de Vitra explora las resonancias afectivas, espirituales y políticas de los minerales como cuerpos vivos. Entre la escultura, el dibujo, la instalación y la performance, construye un lenguaje visual y conceptual en el que la materia deja de ser mero soporte o recurso para convertirse en testigo y agente de memorias insondables: la violencia del extractivismo, las heridas de la esclavitud y las posibilidades de regeneración.
Formada en Artes Plásticas con especialidad en escultura en la Escola Guignard (2018) y con estudios en danza, Vitra posee una conciencia profunda del racismo ambiental vinculada a la historia minera de su territorio natal, donde la extracción intensiva de hierro y otros minerales ha dejado cicatrices en el paisaje y en las comunidades. La silicosis que afectó a su bisabuelo, las huellas de hollín en la tierra y la presencia tangible del hierro en sus múltiples formas —mineral, metal trabajado, herramienta o desecho— son experiencias que transitan de su historia personal a la memoria colectiva.
Hija de un carpintero y de una escritora, Vitra hereda tanto la precisión del trabajo manual como la capacidad de elaborar narrativas. Este cruce le permite construir objetos e instalaciones que reconfiguran símbolos universales y generan otros nuevos, con atención minuciosa a las cualidades físicas y a los contornos emocionales de la materia, anticipando la fuerza poética y conceptual de sus exposiciones recientes.





AMULETS
En Amulets, presentada entre mayo y julio de este año en el SculptureCenter (Nueva York), Vitra prolonga y expande su investigación sobre la fuerza energética y el simbolismo de la materia natural —piedra, arcilla, arena— entendida como mediadora entre los mundos secular y espiritual. Para la artista, los minerales son capaces de “recibir, almacenar, transformar y asentar energías”, cualidad que aquí se materializa en una instalación concebida como espacio de ofrenda y conjuro.
Contra los muros de ladrillo, como murales, o colgando del techo a modo de estandartes, una serie de fondos de plumas blancas o azul ultramar —color vinculado históricamente al lapislázuli y a rituales espirituales— envolvía con calidez las esculturas distribuidas por el espacio. Vasijas de arcilla, elaboradas por artesanos mayores de Minas Gerais, se presentaban envueltas en telas blancas y aseguradas con lazos y clavos de hierro. Inspiradas en los nkisi nkonde del Congo, objetos rituales que sellan votos y acuerdos, estas piezas condensan la energía del amuleto, fijando un deseo o protegiendo una intención.
Esculturas de hierro de pie, surgidas de los sueños de la artista, aparecen como encarnaciones de lo que ella denomina la “forma corporal del espíritu mineral”. Rodeadas de un anillo de arena que preserva el flujo de su movimiento, estas estructuras están adornadas con cuentas que remiten al intrincado lenguaje simbólico de los abalorios zulúes, estudiado por Vitra durante una residencia en Durban, Sudáfrica. Allí desarrolló un código de cuentas que actúa como un sistema de escritura silenciosa sobre el metal, creando un lenguaje propio que dialoga con la historia y el simbolismo transatlántico.
El hierro, conductor de calor y energía, establece una conversación con el vidrio de las cuentas, que aísla y contiene. En esta tensión material se inscribe una relación recíproca: así como el hierro ha moldeado la historia y el cuerpo de la artista, ella lo moldea en formas escultóricas que expanden su significado. Grandes péndulos colgantes, instrumentos tradicionales para medir tiempo, gravedad o variaciones energéticas, funcionan en este contexto como termómetros espirituales.
Todos los materiales de la instalación provienen de Minas Gerais, elegidos por Vitra por la carga histórica y emocional que poseen; su disposición evoca una geometría sagrada de contornos indeterminados, reflejando la conexión entre la artista y la tierra que los originó. De este modo, la obra establece un cruce entre Nueva York y la memoria de Minas Gerais con la del Reino del Congo, evocando la historia de los africanos esclavizados llevados a Brasil y la persistencia de prácticas como los congados, rituales procesionales que recrean simbólicamente la coronación del rey del Congo. En este escenario, las formas creadas por Vitra funcionan como oraciones visuales, sellos protectores y manifestaciones de deseo, invitando a mirar más allá del valor material de los minerales y a imaginar su dimensión espiritual y energética.




LAS CUENTAS DE MI ROSARIO SON BALAS DE ARTILLERÍA
Entre septiembre de 2024 y abril de 2025, Luana Vitra presentó en el Kunstinstituut Melly (Róterdam) su exposición The beads of my rosary are artillery bullets, proyecto nacido de su residencia de seis meses en Durban. Allí se sumergió en el aprendizaje de técnicas tradicionales de tejido con alambre y confección de abalorios, prácticas ligadas a sistemas de comunicación visual y afectiva. Los patrones geométricos de las cuentas, utilizados en las llamadas “cartas de amor” zulúes, le revelaron cómo la materia puede transmitir afecto y significados codificados, estableciendo vínculos entre el gesto manual, la repetición y la espiritualidad.
El título proviene de un aforismo popular en Minas Gerais —“Las cuentas de mi rosario son balas de artillería”— que condensa un espíritu de resistencia y fuerza colectiva presente en el congado. En Sudáfrica, el contacto con esculturas congoleñas amplió la comprensión de Vitra sobre estas celebraciones, conectando la memoria de Minas Gerais con la herencia africana transatlántica. La exposición reflexionaba sobre la relación entre el trabajo manual y la oración: para Vitra, la espiritualidad se asemeja a un viaje que realizan las manos sobre las cuentas del rosario, guiando el cuerpo hacia lo invisible y generando protección.
Las instalaciones combinaban metales, cuentas y formas geométricas, con flechas y lanzas que funcionan como vectores de energía, asociados a la caza, el bosque, la abundancia y la fuerza de los metales en la mitología de los orixás. Con su diversidad de materiales y su lenguaje cargado de simbolismo, la muestra abordó cuestiones políticas vinculadas a la persistente guerra espiritual e histórica, operando como un puente entre territorios y temporalidades y mostrando cómo la materia puede ser portadora de memoria, afecto y resistencia.


A LOS ESPÍRITUS MINERALES
En A los Espíritus Minerales, presentada en el Museo Paranaense (Curitiba, Brasil) entre octubre de 2024 y marzo de 2025, Vitra profundizó en la dimensión espiritual y afectiva del hierro, el cobre y el plomo, metales cargados de siglos de historia, violencia y transformación. Dibujos y esculturas inéditas trazaban un vínculo íntimo entre su herencia minera y un territorio marcado por la esclavitud y el extractivismo, proponiendo un diálogo entre cuerpo, afectividad y materia.
El mineral de hierro se erige como eje central, convocando nociones de gravedad, atracción y repulsión, y reconfigurando símbolos y subjetividades a través de la interacción con lo tangible y lo etéreo. Las lanzas de hierro, cobre, plomo, latón y acero proyectan futuros deseables y, al mismo tiempo, narran laceraciones históricas, físicas y espirituales. El hierro oxidado es testimonio de una esencia viva y mutable; el cobre fundido irradia ante la contemplación; el plomo denso sostiene estructuras invisibles que solo la materia puede revelar.




GIRO
Giro, inaugurada en 2023 en la Galeria Marcenaria del Instituto Inhotim (Brumadinho, Brasil), explora la rotación como gesto que conduce la materia a un estado de trance. La instalación combina piezas de cobre —producidas por Aitam Camilo (ArteTude)—, hierro, cerámica —en colaboración con Benedikt Wiertz (Ateliê Xakra) y Alex Santana (Cerâmica Santana)—, piedra, arcilla y pigmentos índigo y blanco. Entre los materiales emergen clavos y flechas, elementos recurrentes en su práctica, que dialogan con la tierra ferrosa de Minas Gerais, anclando la obra en la memoria material de la región.
El proyecto nació del deseo de trabajar con el torno como herramienta generadora de forma y sentido. Inicialmente concebida para ser desarrollada junto a su padre, Jorge da Costa —carpintero y tornero—, la pieza toma como punto de partida la experiencia de Vitra al observar desde niña cómo la madera adquiría volumen y ritmo bajo la rotación. Este gesto mecánico se convierte en metáfora de la espiritualidad de la materia, en un proceso donde el hierro, el cobre o la arcilla no son solo materiales, sino cuerpos con voz y morada propia. Cada instalación de Vitra nace de lo que ella describe como una “ecuación”, no matemática, sino metafórica: un cálculo sensible que articula la arquitectura emocional de la obra a partir de combinaciones específicas de materiales, como si se tratara de una “tabla periódica de sentimientos conectados a minerales”.
Giro es la primera de una serie de instalaciones dedicadas a investigar la relación entre torno y materia, seguida por proyectos con madera y metal. Para Vitra, comprender una obra implica conectar con la historia geológica y política de los materiales —cómo nació el hierro, cómo se extrajo el oro— antes que con los relatos consagrados por la historia del arte.
Sus metales son portadores de memorias silenciadas que restituyen la complejidad de un espacio narrativo vaciado por siglos de explotación. La elección del cobre responde a su capacidad de conducción energética, reforzando el carácter vibratorio de la obra. Todas las flechas apuntan hacia arriba, canalizando energía y dirección, en contraste con obras anteriores donde también evocaban la muerte.



PULMÓN DE LA MINA
En la 35ª Bienal de São Paulo (2023), Luana Vitra presentó Pulmón de la Mina, una instalación que condensa su interés por las narrativas silenciadas, la memoria de los cuerpos negros y la voz casi inaudible del reino mineral. La artista concibe sus obras como coreografías: cada elemento dirige la mirada del espectador como un movimiento escénico, y en esta pieza, los materiales actúan como signos, rutas y resonancias.
El núcleo de la instalación lo conforman las “flechas mágicas” de hierro, dispuestas en diagonal, algunas agrupadas, que Vitra describe como guías hacia lugares de prosperidad y posibilidad. Cada composición espacializa significados y potencialidades, convirtiendo el recorrido en un mapa de energía y dirección. La obra se completa con calabazas de cobre, pájaros bañados en plata y cobre —metales altamente conductores— y polvo de índigo, utilizado por la artista como elemento de limpieza energética.
Pulmón de la Mina introduce la figura del canario, llevado por los africanos esclavizados a las minas de oro brasileñas como centinela ante gases tóxicos. El ave, de pulmones sensibles, alertaba a los mineros de la presencia de metano o monóxido de carbono: cuando dejaba de cantar, era señal de peligro y la necesidad de evacuar. Así, la vida del canario se transformaba en un mecanismo de supervivencia colectiva, un acto de resistencia silenciosa que salvó innumerables vidas.
El aire, la respiración y el metal se entrelazan como conductores de energía, libertad y escape. La plata y el cobre, por su alta conductividad, se convierten en vectores materiales de esta memoria. En la cosmología china, el metal se asocia con los pulmones, reforzando simbólicamente la relación entre respiración y supervivencia. Vitra se concibe a sí misma como traductora de “voces minerales”: aquellas que, en las entrañas de la mina, adquirieron conductividad a través de los cuerpos que las trabajaban y que, al ser escuchadas hoy, reactivan la historia de resistencia y cuidado en medio de la violencia.


– +
En su participación en la Bienal de Sharjah, Vitra presentó – +, instalación que profundiza en su exploración crítica y poética de la materia mineral y sus potencias afectivas. Compuesta enteramente de hierro —placas, barras, gránulos, imanes y hematita—, la obra parte de una pregunta que subvierte la lógica extractivista: ¿y si la materia también desea?
En lugar de soldar, la artista ensambló las piezas con imanes, generando vínculos efímeros y reversibles, sostenidos por la atracción o repulsión de los campos magnéticos, como si las piezas decidieran por sí mismas cuándo unirse o separarse. Para Vitra, esta elección no es solo técnica, sino ética y simbólica: crear estructuras a partir del deseo mineral implica reconocer agencia a la materia, desplazarla del estatuto de mercancía y atenderla como testigo geológico, residuo con memoria y fuerza que atraviesa mundos visibles e invisibles.
El hierro, históricamente asociado a la industria y a la guerra, se resignificó aquí como objeto ritual y portal hacia otras temporalidades, recordando que la tecnología no es necesariamente moderna, sino también ancestral, inscrita en la relación continua entre los cuerpos y la tierra.
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