MARILÁ DARDOT: BIENVENIDOS
Por Tatiana Cuevas
La de la migración, es una ruta marcada por signos, términos y procedimientos perversos. La señal de acogida que todo paso fronterizo eleva a sus visitantes, no está destinada para todos. Sea desde Honduras, El Salvador, Guatemala o México, sea a bordo de La Bestia o de las precarias embarcaciones utilizadas como transporte alterno, los que logran llegar a “la hielera” –“ice-box”-, como se les conoce a los inhóspitos centros de detención fronterizos de la U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE, por sus siglas en inglés), y tienen la “suerte” de ser trasladados a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, inician los trámites correspondientes en espera de calificar para un juicio –las historias más trágicas son las que tienen más probabilidades de éxito– que les permita conseguir una visa especial o asilo político. En el peor de los casos, permanecer como indocumentado es mejor que regresar a su lugar de origen, asediado por la violencia generada por las pandillas y las guerras del narco.
Entre esa plétora de signos, emergió uno particularmente banal. Cuando en 2014 Estados Unidos declaró una crisis migratoria ante el incremento repentino de menores detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos, y tuvo lugar la primera deportación de un grupo de niños a San Pedro Sula, Honduras, la prestigiada agencia Reuters reportó el hecho con desconcertante ingenuidad: “Luciendo contentos, los niños deportados salieron del aeropuerto bajo un cielo nublado y una tarde abrasadora. Uno por uno, se subieron a un autobús, jugando con globos que les habían sido obsequiados”.
Para Marilá Dardot, una artista cuya atención se concentra en la frágil intersección entre el lenguaje y sus soportes (la palabra, la página, el libro, el muro) y que ha explorado los términos de esa relación en el discurso político y sus disidencias, esa endeble y muda señal de retorno a la inocencia expresaba la tragedia de un viaje sin esperanza. Al reproducir esos globos con el peso ominoso del plomo, Dardot alude tanto a la resistencia transnacional a reconocer la responsabilidad compartida de este éxodo, como a las amenazas físicas que persiguen a los migrantes más allá de sus lugares de origen.
Ese permanente amago de violencia, reforzado día con día por imágenes de muerte y desamparo, se concreta en una antología de fotografías periodísticas que han dado cuenta de las atrocidades acontecidas a lo largo de la ruta migratoria. Reunidas a manera de cuaderno de dibujo para niños, se reconoce la normalización de esas imágenes y la necesidad de expresarse sobre ellas ante la inocencia irremediablemente perdida. Esa pérdida atraviesa también, para Dardot, el uso mismo del lenguaje, la autoridad de la palabra impresa y su equivalente digital, el impacto real de los testimonios y el valor de los millones de toneladas de papel impresas cada año. Los encabezados de prensa que la artista escribe con agua sobre una pared de cemento atestiguan con vociferante certeza la crisis de su significado, descompuesto apenas salido de la prensa por mil voces discordantes.
MARILÁ DARDOT: BIENVENIDOS
Arredondo / Arozarena, Ciudad de México
Hasta el 18 de noviembre de 2017
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