CHILE: AMNESIA DE LA VERDAD, DE CARLOS ARIAS VICUÑA, LLEGA A MADRID
La Fundación Marso abre una nueva sede en Madrid con la exposición Chile: Amnesia de la verdad, del artista chileno Carlos Arias Vicuña (1964), bajo la curaduría de Cuauhtémoc Medina. La presentación es una adaptación de sus dos itinerancias previas en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Chile, en 2023 y la Fundación Marso de la Ciudad de México, en 2024. En esta oportunidad, compartimos una versión del texto curatorial de Medina, escrito originalmente para la inauguración de la muestra en Chile.
Por Cuauhtémoc Medina | Curador
El poder ha decidido que todos nosotros seamos iguales
Pier Paolo Pasolini
Hace medio siglo, sintiéndose “desesperadamente pesimista”, Pier Paolo Pasolini acusaba a sus contemporáneos de haber sucumbido a “un nuevo fascismo que basa su poder precisamente en la promesa de ‘comodidad y bienestar’.” Su percepción era que todas las clases habían sucumbido a una “homologación cultural”, donde psicológica y físicamente los individuos eran ya “intercambiables”, incluso en sus gestos más involuntarios. En un momento en que la televisión había exterminado los dialectos, todo parecía que había sido capturado por el consumismo que Pasolini calificaba como “el anhelo de obedecer una orden no pronunciada”. Hasta la libertad sexual se envolvía como “una característica irrenunciable de la calidad de vida del consumidor.” [1]
No es casual que esa observación de Pasolini coincide, en el tiempo, con el golpe que derrocó el experimento de socialismo democrático de Salvador Allende en Chile. Es bien conocido que la dictadura chilena ofreció el tubo de ensayo del neoliberalismo y el retroceso de las barreras que los movimientos sociales, y el consenso de la posguerra, planteaban al capitalismo en crisis de mediados de los años 70.
La combinación de una ideología aspiracionista y consumista, con el quiebre de los movimientos sociales, coincidieron en la transformación de la ciudadanía en masa consumidora. La violencia de la represión pinochetista abrió la puerta a la utopía de comodidad individualista que Pasolini denunciaba en lo que implicaría la homogenización cultural total. En muchos sentidos, a pesar de ampararse en la defensa del individualismo contra la colectividad, el neoliberalismo ha sido una fábrica de anonimato y banalidad personal.

Carlos Arias Vicuña, exiliado con su familia desde hace medio siglo en México, ha arribado a un malestar comparable al de Pasolini: la angustia por la homologación antropológica y cultural que es perceptible en la condición de una subjetividad cada vez más anodina. Es posible que su sensibilidad por el extendido anonimato de la existencia derive de la perspectiva de haber encarnado una práctica heterodoxa.
Desde inicios de la década de los 1990, este pintor optó por una afortunadísima excentricidad: derivar de la pintura occidental normativa hacia el bordado como campo de producción visual y material. La experiencia de usar la aguja y el hilo como medio pictórico tuvo como efecto, y uno de sus motivos, combatir la velocidad del pincel [2].
Este artista exilado en México encontró así un camino felizmente anacrónico, en tanto recusaba la jerarquía entre pintura y bordado que fue uno de los ejes de la invención de las bellas artes en el siglo XVIII, pero también en tanto rechazaba la temporalidad acelerada de los medios de “lo contemporáneo”.



Por supuesto, uno de los datos que más se ha enfatizado en relación a Arias es la forma en que su uso del hilo como un medio artístico conceptual supuso la transgresión de la división sexual del trabajo de la modernidad, que condenó al bordado a una categoría de artesanía y a la degradación del rol cultural de las mujeres como artistas. Pero todo ello no debe hacernos olvidar que bordar es la apertura hacia un modo de pensar y experimentar el tiempo.
Tanto en su espacio doméstico como en sus usos prestigiosos en el pasado, bordar es una prolongada y solitaria meditación, un ensueño en el material, que no se fabrica tanto con vista al resultado, sino en el extravío del fragmento. Ese paso del tiempo se convirtió para Arias en un medio conceptualmente cargado, que le permitió explorar las tensiones entre bajo y alto, femenino y masculino, artesanía y arte, kitsch y escritura. Por sobre todo, permitió a Arias crearse un espacio diferenciado para su relato.
Bordar ha significado para Arias rechazar la lógica factográfica de un arte de información, lo mismo que los juegos ontológicos herederos del readymade, dos de las vías más transitadas del arte de hoy. Sumergirse en una meditación material con el hilo y la aguja abrió la puerta a una meditación tanto íntima como histórica.
El hilo ha devenido materia y medio de una consignación de la historia de convulsiones nacionales, personales, sexuales y políticas que ha tocado a Carlos Arias como artista chileno expatriado. Es en esa función, la testificación de la crónica, que el bordado hereda del arquetipo que representa el Tapiz de Bayeux medieval.


La muestra con que Arias presenta las múltiples facetas de su trabajo en la Fundación Marso (Madrid) es la oportunidad para que este artista expatriado explore con sutileza, pero energía, su compleja relación tanto con Chile, su patria originaria, como con el tiempo del presente. La selección de bordados y una pintura decanta la forma en que, desde la distancia, Arias ha venido performando la inocencia y amnesia colectiva, para traer a colación una crítica poliédrica no sólo de la violación de los derechos humanos y políticos de los chilenos, sino del decidido cambio cultural que acompañó a esa violencia.
La muestra tiene como foco una obra que deliberadamente hace un guiño a la función del arte público, y la pintura mural: el bordado del Lienzo de los anónimos (2020-2023). Mientras que los bordados exploran de modo explícito la visión de Arias sobre la experiencia de Chile como nación, y de las tensiones y potenciales de la cultura del “tercer mundo”, los murales bordados de Arias hacen constantes alusiones a la historia personal, familiar y política nómada de su país, así como a las tomas de posesión tanto artísticas como sexuales y políticas que han cruzado su obra.
Esta es una muestra donde se borda una experiencia marcada por el último medio siglo que, quizá, no pretende combatir la amnesia social misma, como poner el dedo en las llagas que ha provocado.

[1] Pier Paolo Pasolini, Textos corsarios, p.46, 56, 60, 69, 72, 106.
[2] Sobre la decisión de Arias de bordar, ver: Cuauhtémoc Medina (ed.), El hilo de la vida. The Thread of Life, Cholula, Puebla, Fundación Universidad de las Américas Puebla-UDLAP, 2016, p. 9-10.
La exposición se podrá visitar hasta el 20 de mayo de 2025 en Fundación Marso, San Mateo 17, Madrid.
También te puede interesar
GGM BECARÁ A DOS ARTISTAS CHILENOS PARA ESCUELA FLORA
La Galería Gabriela Mistral del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile otorga dos (2) becas para participar en Escuela FLORA 2016 a dos artistas de nacionalidad chilena de hasta 35…
ABRE CONVOCATORIA AL CONCURSO GALERÍA GABRIELA MISTRAL 2018
Serán seleccionados cinco proyectos inéditos para el espacio de la GGM, que recibirán un monto máximo de ocho millones de pesos. Pueden participar artistas y curadores chilenos, chilenos residentes en el extranjero, extranjeros con...
