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EL CARNAVALITO DE IVÁN NAVARRO

NO SOY DE AQUI

La escena se abre con la imagen de un hombre merodeando por una calle desierta, probando una a una las tapas de los estanques de los automóviles estacionados. Al encontrar una abierta, desde su chaqueta extrae una manguera que conecta al vehículo, extrae combustible y lo carga a un generador eléctrico. Los acordes melancólicos de una guitarra musicalizan la tarea, que termina pronto. Acto seguido, el personaje aparece con una carretilla construida con tubos fluorescentes. Sobre ella coloca el generador, lo enciende y los tubos se iluminan. Entonces, una voz en off recita un poema que comienza con la frase: “Me pongo el sol al hombro / y el mundo es amarillo”.

Con esfuerzo, el hombre desplaza el objeto hasta una zona abandonada, atravesada por vías y vagones de ferrocarril. Allí, comienza a retirar los tubos fluorescentes y a cambiarles la funda. Ahora, su recorrido está acompañado por No soy de aquí, ni soy de allá, de Facundo Cabral, en la interpretación de Nutria. Mientras avanza empujando la carretilla, se detiene a intervalos para repetir la acción. Con la llegada de la noche, el cambio de color en los tubos se vuelve más perceptible y la luz que emanan se intensifica. En un momento, la canción se apaga y el hombre sigue su camino hacia la oscuridad, envuelto en una luminiscencia que evoca la estela de una estrella.

No soy de aquí es el título de esta pieza de video, y el objeto contundente que el personaje empuja y manipula es la escultura lumínica Flashlight. Ambas obras, creadas por Iván Navarro (Chile 1972), formaron parte de la muestra individual No soy de aquí, ni soy de allá, presentada en 2007 en Union Gallery, Nueva York. Dieciocho años después, Navarro se ha consolidado como una de las figuras más relevantes del arte contemporáneo a nivel global: sus obras se exhiben en prestigiosas galerías, museos y bienales internacionales, y forman parte de destacadas colecciones.

Radicado en Nueva York desde 1997, Iván Navarro construye imágenes que oscilan entre la ferocidad de lo real y la poética de lo posible. En su obra, la electricidad puede ser tanto una herramienta de apoyo como un arma letal, y a veces ambas a la vez. Sus exploraciones en torno a la precariedad, la represión y el olvido no solo plantean la voluntad de sobrevivir en contextos adversos, sino también la necesidad de elaborar estrategias propias para revertir el destino.

Este próximo 8 de febrero se celebrará Carnavalito, un encuentro artístico producido por Lupa, MapaComún y FAST, bajo la coordinación de Se Imprime, en torno a la trayectoria de Iván Navarro como artista y gestor cultural. A través de la exhibición de videos, presentaciones de discos, música en vivo, DJ sets y publicaciones de arte, el evento destacará “el gran impacto e influencia de una obra que no reconoce límites en su manifestación, transitando con naturalidad entre la escultura, la luz, la música, la performance, el arte gráfico y, recientemente, la pintura, reflejando el genuino interés de un artista por diversas expresiones y soportes”, según señala el colectivo FAST.

Pablo Castro, creador y director del proyecto Se Imprime, explica que la iniciativa de trabajar con Iván Navarro surgió de los organizadores de FAST, con quienes ha colaborado en diversas ocasiones. Dado su vínculo cercano con el artista —diseña las carátulas de su sello, Hueso Records, y lo apoya en la producción artística—, fue invitado a idear un proyecto en conjunto. Así nació la posibilidad de replicar en Santiago Carnavalito, un proyecto creado por Navarro y presentado por primera vez el año pasado en la Miriam Gallery de Brooklyn, Nueva York, donde hasta el 15 de febrero de este año se exhibe también su muestra individual titulada Small Talk.

La inauguración de esta muestra, el pasado 14 de noviembre, incluyó una conversación entre Navarro, la artista Courtney Smith y el curador Dan Cameron, acompañada de una sesión de vinilos a cargo de Hueso Records y una lectura de poesía de la poeta chilena Cristalina Parra. La conversación abordó la historia de La Capilla Azul, un espacio de arte y naturocultura en el sur de Chile, donde en 2024 Konantü —un proyecto de colaboración entre Navarro y Smith— produjo el poema sonoro colectivo Vid Vida Vidajena, junto al músico y artista local Enrique Millán, y que culminó en un disco que estuvo disponible para su venta.

Iván Navarro, Monumento desaparecido para Washington, D.C. o una propuesta para un monumento a Víctor Jara, 2008. Video, 4 min, 3 seg. Cortesía del artista.
Iván Navarro, Monumento desaparecido para Washington, D.C. o una propuesta para un monumento a Víctor Jara, 2008. Video, 4 min, 3 seg. Cortesía del artista.

Carnavalito se realizará en Unclub Café del Espacio Bustamante, en la calle Ramón Carnicer 65 de Santiago, y tendrá lugar por un solo día. El evento busca acercar al público a la obra de Iván Navarro, quien, en conversación con Artishock, reflexiona sobre el formato elegido:

“A mí me gusta mucho el formato de un día. Es intenso, pero funciona muy bien en Santiago tanto como evento como por la urgencia que genera en la audiencia. No es lo mismo decir ‘esto estará abierto durante un mes’, porque al final las cosas se olvidan un poco. Por eso me interesa que Carnavalito se desarrolle en este contexto, a medio camino entre lo festivo, la exposición y la librería. Es una forma más accesible de acercar el arte a la gente, especialmente en Santiago, donde suele estar restringido a un grupo muy reducido”, comenta Navarro.

Esta naturaleza casi portátil, que muchos eventos artísticos adoptan hoy en día, no es ajena a la práctica de Iván Navarro. Desde sus primeros trabajos, cuando era asistente en el mítico Taller de Puesta en Escena de Eugenio Dittborn, el artista desarrolló ejercicios de exhibición transitorios, entendiendo la producción de obra como un proceso multivalente a nivel conceptual y preciso en su emplazamiento público.

Enfrentar lo cotidiano dentro del espacio del arte implica considerar ciertas condiciones de contexto, tanto sociales como políticas. “En los años 90, cuando terminé la Escuela o estaba en mis últimos años, había varios de estos eventos de arte que duraban un solo día, y así era nomás. Tenía que ver, por un lado, con la falta de público, pero también con la escasa repercusión de las artes visuales en Santiago. En lugar de apostar por algo masivo, todo se restringía a lo opuesto. Quizá esa limitación generaba más impacto del que uno imaginaba”, recuerda Navarro.

Iván Navarro, Homeless Lamp, the Juice Sucker, 2004-05. Lámparas fluorescentes, ruedas y video en color, con sonido, 4 min, 31 seg. Cortesía: Colección Museo CA2M, Madrid

El videoarte tendrá un rol central en Carnavalito, con la proyección de siete piezas de Iván Navarro realizadas desde 2005. Sobre la importancia de este lenguaje dentro de su producción, el artista comenta:

“La conexión más directa con mi obra es a través de los videos. No son un elemento secundario, sino una parte fundamental de mi trabajo. Uno de los videos que se proyectarán es el primero que hice, el registro de la acción Homeless Lamp, the Juice Sucker (2004-05), una de mis obras clave, que hoy forma parte de importantes colecciones museales. No es algo que considere ‘lista B’, es realmente esencial.

Para esta exposición quiero que los videos tengan la mejor visibilidad posible. Por eso, la idea es crear un espacio que funcione como un rotativo de cine: una sala dedicada exclusivamente a la proyección, con sillas, donde las piezas se exhiban una tras otra. Un poco latero, un poco aburrido (bromea), pero estará funcionando en paralelo con el resto del evento”.

El artista menciona como referencia la reciente retrospectiva de Carlos Leppe en el Museo de Bellas Artes de Santiago:

“Me pareció un montaje muy bien logrado. De alguna manera, la instalación de Carnavalito está inspirada en esa idea: tener los videos en rotación, permitir que la gente entre y salga libremente, y generar una contaminación sonora entre las obras. Queremos mantener ese espíritu. En todos los videos hay un contexto y una narrativa bien política”.

Vista de la exposición Small Talk, de Iván Navarro, en Miriam Gallery, NY, 2025. Cortesía de la galería
Iván Navarro, Descomposición I, 2013. Tocadiscos, disco de vinilo, c-print montado sobre tablero de archivo, plástico, piezas de ajedrez de madera, acero inoxidable y energía eléctrica, 18,4 x 43,2 x 31,1 cm. Edición de 3 + 1AP. Cortesía: Hueso Records y Miriam Gallery, NY

La realización audiovisual llevó a Iván Navarro a expandir los horizontes de su obra, incorporando la música como un elemento determinante. En paralelo a la creación de sus primeras piezas de video, fundó Hueso Records, un sello discográfico con sede en Nueva York en el que convergen diversas aproximaciones musicales, desde la recuperación de material olvidado de épocas recientes, hasta el trabajo con artistas contemporáneos. Lo colaborativo es uno de los rasgos distintivos del proyecto, que durante Carnavalito estará presente con una selección de sus ediciones.

“Lo que se mantuvo desde el principio fue darle un enfoque a las producciones de Hueso Records, a los discos, e incluso hacer presentaciones con artistas del sello. Luego me di cuenta de que podía ser interesante, porque el sello nació cuando empecé a trabajar con video. Para esos videos, necesitaba permisos para usar música, y al final, crear el sello me permitió obtener esos permisos de manera legal, sin tanta burocracia ni explicaciones. No tenía que decir ‘necesito esta canción para un video arte’. Cuando dices eso, ya no hay permiso, porque en el mundo de la música no entienden lo que significa ‘video arte’. No está dentro de sus criterios estándar, y de hecho existe un vacío legal respecto a los derechos de autor. Al hacer una obra de video arte, no estoy obligado a pagar por usar una canción, y por eso a los músicos no les interesa mucho. Las alianzas se hacen, generalmente, con amigos. Hubo canciones, sin embargo, en las que sí necesité un permiso y ahí sí se presentó burocracia, como con una canción de Violeta Parra. Y en una ocasión, pedí una canción de los Beatles para una instalación y me la negaron”, relata Iván.

Parte de la colección de Hueso Records, sello musical de Iván Navarro. Cortesía del artista

Este año, Hueso Records celebra 20 años de producción. Hasta la fecha, el sello ha publicado cerca de 70 grabaciones, distribuidas en puntos clave como Berlín, Bogotá, Santiago, Nueva York y París. La estructura interna de Hueso se construye en torno a tres ejes principales:

“El primero consiste en encontrar, restaurar y publicar material que nunca había sido publicado, especialmente aquel relacionado con el período de la dictadura en Chile. Se trata de música ‘under’, nacida en los tiempos de la contracultura, vinculada a ciertas fiestas y a momentos de resistencia durante el toque de queda. No se refiere a la música folklórica de la época, sino a una propuesta más globalizada, una mezcla de rock, new wave y electrónica, géneros que se gestaron en los años 80.

La música de esa etapa es la que me he dedicado a buscar. Luego, hay otro aspecto: muchos artistas visuales también hacen música, pero no con la intención de publicarla profesionalmente, sino como una extensión de su práctica artística, un trabajo en sonido. Esa sería la segunda pata del sello. La tercera, en cambio, es trabajar directamente con músicos profesionales, lo que me ha llevado a colaborar con Jorge González, Electrodomésticos, Atom, entre otros. Juntando estos tres ejes se ha ido consolidando el sello. Si encuentro algo que encaje dentro de esta lógica, me involucro y trabajo con esas personas”, explica el artista.

La labor de registro y preservación de material olvidado o nunca distribuido en Chile busca demostrar que la convicción revolucionaria, que marcó parte importante de la producción de muchos músicos durante la dictadura, sigue latente. Hueso Records se plantea como un vehículo para rescatar y difundir estos proyectos. En Francia, el artista ha encontrado una gran cantidad de material:

“Si te das cuenta, muchos músicos exiliados se establecieron en Francia y fue allí donde lograron editar sus discos. Ese material rara vez se publicó en Latinoamérica. Hay mucha música que solo se encuentra en Francia, especialmente en disquerías que venden lo que llaman ‘música del mundo’. Se encuentran versiones poco conocidas de Inti-Illimani y Quilapayún, pero más ligadas a la música folklórica, así como artistas que alcanzaron cierto reconocimiento durante la dictadura, aunque fuera de Chile”, reflexiona Navarro. Mientras conversamos, busca en su taller y nos muestra un vinilo original de 45 RPM del grupo chileno Licanantay interpretando Amo la vida.

“Se encuentran cosas muy interesantes. Por ejemplo, había un sello que se llamaba ‘JJ’… aquí tiene el símbolo (lo señala), el de las Juventudes Comunistas… Estos discos se producían para recaudar fondos, y todo el dinero iba a la resistencia anti-Pinochet. Eran una forma de subvencionar la resistencia chilena durante la dictadura. Por eso estas grabaciones solo se encuentran en Francia; nunca llegaron a Chile. Si estos discos entraban al país, a la gente que los tenía la mataban. Por eso estos materiales, extremadamente subversivos en su momento, siguen siendo difíciles de encontrar y, justamente por eso, son tan importantes”, asegura Navarro.

A través de Hueso Records, el artista se ha asociado con ISLAA (Instituto de Estudios de Arte Latinoamericano) de Nueva York para iniciar una investigación sobre la música producida durante las dictaduras en América Latina en el contexto del Plan Cóndor. El proyecto abarcará las escenas de Argentina, Brasil y otros países, con un enfoque en la recuperación y estudio de estos materiales.

“El primer disco de este proceso será una reedición del álbum de Las Cleopatras, que corresponde al período justo al final de la dictadura. Y para la inauguración de Carnavalito tenemos una sorpresa”, adelanta Navarro.

Asimismo, durante la jornada se presentará un conjunto de proyectos musicales en diversos formatos, que incluirán DJ sets, podcasts y presentaciones en vivo. Además, se realizará una charla con Iván Navarro y Minimal Technology, colectivo sonoro y de arte trans medial establecido en Santiago en 1991, quienes presentarán una reedición en formato editorial de Power On.

Iván Navarro, The Earth, 2022. Escultura, Neón, aluminio y energía eléctrica, 157 x 157 cm. Cortesía del artista
Iván Navarro, The Earth, 2022. Escultura, Neón, aluminio y energía eléctrica, 157 x 157 cm. Cortesía del artista

EXPANDIR LA OBRA

Realizada en 2022, The Earth es una escultura a muro realizada en neón y aluminio en la que podemos ver los nombres de los cinco continentes dispuestos como en un crucigrama de periódico. No hay un orden jerárquico en la composición, las coordenadas son inexistentes, la imagen de cada continente es mental. Tanto la modulación de los materiales como la narrativa conceptual de la obra desplazan sutilmente un tema reconocible, invitando a reflexionar sobre la historia, la función de la geopolítica o incluso la idea de una Tierra plana. Durante el evento, la obra será reconstruida en formato mural, insertándose en un nuevo espacio de significación y ampliando su perspectiva.

“Esta es la obra creada específicamente para este evento. He buscado maneras de trabajar en las que ciertas piezas puedan presentarse como pinturas murales. De hecho, la serie Carta Visual se exhibió en la Poli/Gráfica de Puerto Rico: América Latina y el Caribe, en gran formato, pintada directamente en el muro. La idea es que algunas obras puedan adaptarse a este formato mural, lo que también responde a una necesidad práctica: en Chile, la infraestructura para transportar y montar obras de neón es limitada y costosa, a menos que se obtenga financiamiento a través de becas, un Fondart, lo que puede ser un proceso engorroso. Si no consigues ese apoyo, muchas veces la exposición simplemente no ocurre. Por eso, siempre intento encontrar estrategias que me permitan sortear esas limitaciones, evitando depender de fondos o marcas y buscando alternativas más accesibles y viables para que las obras realmente se concreten.

Este tipo de contingencias, que desplazan la obra al espacio público, también amplían su alcance. No se trata solo de la audiencia habitual de una galería, que ya llega con ciertas expectativas, sino de un público más diverso e inesperado.

Iván Navarro, Fight for your land, 2021. Vista de la instalación en la Poli/Gráfica, PR, 2024. Foto: Poli/Gráfica
Iván Navarro. Maqueta para Carta Visual, 2025, a exhibierse en Carnavalito, Santiago, 8 de febrero de 2025. Cortesía del artista
Iván Navarro. Maqueta para Carta Visual, 2025, a exhibirse en Carnavalito, Santiago, 8 de febrero de 2025. Cortesía del artista

Los dispositivos gráficos tendrán una presencia importante en Carnavalito. En este contexto, se presentará una edición especial de Carta Visual (2019), compuesta por cuatro láminas impresas con tipos móviles, numeradas y firmadas por el artista. Los originales de esta serie estaban inspirados en el estallido social y en las personas que perdieron la vista durante las protestas, y esta reedición se basa en temas similares.

“Vamos a hacer una versión más pequeña y con una composición distinta, diseñada específicamente para ser más accesible al público. Este gesto permite acercar el arte contemporáneo de una manera más asequible, ofreciendo obras a un precio mucho menor que el de los artistas con los que trabajo”, señala el artista, cuya obra gráfica refleja su formación en grabado en la Universidad Católica. “Piensa que el proceso de grabar un disco es, conceptualmente, un grabado”, añade.

Carnavalito también presentará una sección denominada Mercado Editorial, que reunirá a una selección de artistas, editores, gestores y creadores locales que, en los últimos años, han desarrollado un destacado trabajo como editores independientes.

“A mí lo que más me interesa es, de alguna forma, mostrar la constancia en un trabajo que he desarrollado durante tanto tiempo. Finalmente, uno cree en lo que hace, y algo que me gusta transmitir a los artistas más jóvenes es que eso es lo más importante: ser constante, creer en lo que se hace y en las decisiones que uno toma respecto a los materiales con los que decide trabajar. También, no creer tanto en los temas del momento, porque esas cosas son modas. Como en la música, la ropa o en el arte, las modas van y vienen. Me interesa mucho que los artistas jóvenes se inspiren en esa idea, en la constancia, y que, si se me ocurre trabajar con barro, barro será”, manifiesta Iván Navarro.


La cualidad transgeneracional de un evento como Carnavalito abre a todos sus participantes la posibilidad de iniciar diálogos y procesos de reflexión sobre la función y proyección de las artes contemporáneas en el fracturado panorama socio-político actual. Ante todo, se trata de una experiencia colectiva. “Lo musical y lo impreso se potencian desde una perspectiva política. El espacio se abrirá para que otras voces también sean escuchadas. Este es un evento sin fines de lucro, abierto a todo tipo de audiencias y fuertemente vinculado a la vía pública”, reflexiona Pablo Castro.

La obra de Iván Navarro nos invita a repensar la relación entre lo individual y lo colectivo, y los múltiples pliegues que surgen en ese intersticio. Para el equipo de FAST, este aspecto resuena con el objetivo del proyecto: “acercar las artes contemporáneas al público general, democratizar su acceso y fomentar la mediación, además de agregar valor a las obras de los artistas, estableciendo un puente entre ellos y el mercado nacional e internacional”.

Leonardo Casas

Chile, 1974. Es artista visual y profesor del curso "Discursos Artísticos y Formas Políticas en Latinoamérica" en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile desde el año 2006. Escribe para la revista Artishock y ha curado muestras colectivas en Santiago de Chile y Nueva York. Editor de los fanzines "Estrellita Mia" y "Tiny Star".

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