LA CAPILLA AZUL. NATUROCULTURA AL SUR DE CHILE
Supe por primera vez de La Capilla Azul, ese insólito espacio artístico y cultural en las tierras de Chiloé, a través Dan Cameron y Ramón Castillo, curadores que vislumbraron un destino inesperado para esta antigua iglesia. Tras más de cincuenta años enclavada en la comunidad de Contuy y a punto de ser convertida en leña, la construcción resurgió como un vibrante proyecto de creación colectiva, que hermana arte contemporáneo y artesanía chilota con un pulso delicado.
Levantada por las manos hábiles de carpinteros de ribera, La Capilla Azul encarna el acto de resistencia de una comunidad que se rehusó a dejar morir su patrimonio. Fue el fotógrafo Pablo Carvacho, presidente de la Corporación Comarca Contuy y habitante del terreno donde hoy se alza la construcción, quien unió fuerzas con los vecinos para lograr su rescate.
Con la guía del maestro carpintero René Aguilar, experto en la tradición chilota, la capilla pasó por un minucioso proceso de restauración antes de ser trasladada a la comarca, a unos 600 metros de su emplazamiento original. Las vigas fueron reforzadas y el suelo de maderas nativas recibió un tratamiento especial. La fachada de tejuelas azules, típica de las iglesias de la región, recuperó su carácter y aún conserva su cruz.

Desde su apertura al público en mayo de 2023, La Capilla Azul ha albergado cinco exposiciones concebidas en duetos por Cameron y Castillo. En cada presentación, un artista visual dialoga con un artesano local, generando resultados inesperados y profundamente genuinos. No es casualidad que cada muestra dure cuatro meses: en un lugar donde la vida sigue el ritmo de las mareas, el tiempo fluye distinto y la cultura se saborea lentamente.
La comarca se cimienta en valores de creatividad, cooperación y solidaridad, guiada por la convicción de que el arte es una herramienta vital para la comunicación y la transformación social. La minga —esa práctica de trabajo colectivo tan arraigada en Chiloé— ha sido fundamental para mantener a la comarca como un ente vivo que, durante las grandes celebraciones, se nutre de las delicias culinarias que salen de los fogones de Marcela Contreras Iturrieta, artista de la lana y compañera de vida Pablo Carvacho. En este entorno rural, los residentes aportan sus manos y conocimientos, según sus talentos e intereses, levantando juntos un proyecto cuyo financiamiento depende, en buena parte, de donaciones.
La Capilla Azul amplía el horizonte de la oferta artística en un país tan centralizado como Chile, donde la actividad cultural gravita principalmente en torno a Santiago. Su visión se enriquece con una programación que invita a artistas y gestores culturales de la capital, fomentando un intercambio mutuo de saberes. En estos encuentros, las relaciones se tejen de manera transversal, inclusiva y colaborativa, desdibujando las diferencias profesionales, de género y de origen.

Además de las exposiciones en La Capilla, la Corporación Comarca Contuy ha impulsado diversas actividades dirigidas a los habitantes de la zona, como festivales de fotografía, residencias artísticas, colaboraciones con otros espacios, visitas guiadas para escolares y talleres de educación artística y curaduría en las escuelas rurales de Queilen.
El primer taller de curaduría estuvo a cargo de Dan Cameron, quien quedó cautivado desde su llegada a Contuy por la cotidianidad y las creencias que definen este lugar. La esencia de los artistas locales con quienes ha trabajado le mostró que en Chiloé el misticismo es una realidad palpable. Pintores, fotógrafos y grabadores mantienen una conexión profunda con las historias y energías de la isla, incorporando, cada uno a su manera, las tradiciones chilotas y mapuches en sus creaciones.
Pronto, este reconocido curador neoyorquino entendió que su mayor contribución no sería traer arte internacional a Chiloé, como inicialmente había planeado, sino crear un espacio donde los artistas locales pudieran exhibir su obra y construir redes. Su propósito se reencaminó hacia la construcción de un lugar donde lo contemporáneo y lo tradicional pudieran coexistir naturalmente. Como extranjero en este rincón austral, Cameron comprendió que el verdadero reto era integrar el espacio en la vida de la comunidad artística local, respetando sus tradiciones y permitiendo que fueran ellos quienes definieran su esencia.


MAR INTERIOR
La exposición inaugural de La Capilla Azul tuvo lugar el 13 de mayo de 2023, coincidiendo con el Día del Patrimonio. Bajo el título Mar Interior, la muestra presentó obras recientes y anteriores de Clara Yáñez—madre de Pablo Carvacho— y Guillermo Grez, dos artistas que, a lo largo de sus carreras, han trabajado en gran medida en solitario.
Clara mantiene un taller al aire libre en la casa de la comarca que comparte con la familia de su hijo. Ahí trabaja la madera, y ni la humedad ni sus 87 años la detienen. Su vitalidad es realmente admirable. Se mueve de un lado a otro, ágil y constantemente, tanto como fuma y conversa con quienes la visitan.
Hija del escritor chileno y pionero de la vanguardia Juan Emar, Clara ha desarrollado una obra profundamente personal, reacia a cualquier tipo de adhesión a estilos o fórmulas académicas tradicionales. No se considera una artista en el sentido convencional y rechaza esa etiqueta, convencida de que su labor poco tiene que ver con lo que habitualmente se entiende como arte. A pesar de ello, o quizás por esa misma convicción, persiste en crear figuras de madera que parecen habitar un universo fantástico, impregnadas de una intensa expresividad y cargadas de todas las imperfecciones y fragilidades inherentes a lo humano.
Guillermo Grez ha cultivado, en la soledad bucólica de Chiloé, una práctica artística multifacética, que brota de un proceso de autotransformación iniciado hace décadas con su llegada a la isla. Su enfoque autodidacta, más una expresión de su temperamento que una decisión consciente, lo ha llevado a cultivar una obra nacida de la necesidad de capturar e interpretar los matices de un viaje metafísico que recorre toda su vida. Mediante una práctica diaria de contemplación, Grez ha forjado un vasto alfabeto de personajes simbólicos y estructuras icónicas, articulando una narrativa compleja que explora el deseo, el asombro y la dicha.


ENTRETEJER LA ISLA
La segunda exposición en La Capilla Azul, Entretejer la Isla, propició un diálogo significativo entre Ismenia Duamante, artesana cestera huilliche de Queilen, y Silvia Rivera Barrientos, artista de Castro. Un intercambio que revela cómo, en Chiloé, las tradiciones son una conversación continua entre pasado y presente, un hilo que se teje a través de generaciones y que, gracias a este espacio, puede ser compartido con el mundo.
Silvia ha sentido desde niña que su destino es crear narrativas visuales de su propia historia y la de su familia. Su obra entrelaza mitología e historia con escenas cotidianas: el embarcadero, la feria, los palafitos y los momentos frente al fogón chilote, donde la comunidad encuentra unidad y fortaleza en medio de la adversidad.
El arte de la cestería llegó a Ismenia Duamante en su niñez, cuando observaba a su madre y abuela trabajar con fibras naturales del campo, como el junquillo y la totora. En sus manos, estos materiales se convierten en objetos funcionales y decorativos. La fibra tejida cobra nueva vida en pilguas, canastas y lámparas que devuelven al mundo la belleza de lo cotidiano.


VID VIDA VIDAJENA
La colaboración entre los artistas Iván Navarro y Courtney Smith (Konantü), junto al músico autodidacta y no vidente local Enrique Millán, marca un punto de inflexión en la programación de La Capilla Azul, por su audaz desafío. El proyecto Vid Vida Vidajena logró establecer un vínculo genuino entre los artistas neoyorquinos, la comunidad local y Millán, maestro en la tradición del acordeón chileno.
Vid Vida Vidajena es un poema sonoro colectivo interpretado en círculo por ocho voluntarios. Las secuencias de palabras, basadas en sonidos y letras, se revelan al grupo mientras se van pronunciando en voz alta, con cada palabra conectada a la anterior. El poema evoluciona a medida que los participantes enlazan cada ciclo con el siguiente, y el contenido se va descubriendo gradualmente, guiado por un orden fonético. Con el tiempo, al familiarizarse con el material, los participantes combinan intuitivamente sonido, lógica y significado, creando un juego dinámico entre lo lógico, lo absurdo y lo significativo.

El proyecto Vid Vida Vidajena orienta la programación de La Capilla Azul hacia el sonido, invitando a repensar la cultura auditiva de este remoto lugar. La poesía sonora, tal como se entiende en los circuitos artísticos más establecidos, adquiere en Contuy una nueva dimensión y resonancia. El resultado de esta colaboración fue registrado en un vinilo de Hueso Records, el sello internacional de Iván Navarro.


Despiece y descanso, proceso (izq) e intervención (der) de Sebastián Preece en la Comarca Contuy, Chiloé, Chile, 2024. Cortesía del artista
SALVAR EL TIEMPO
La cuarta exposición de La Capilla Azul reunió pinturas de la artista local Anelys Wolf y una intervención al aire libre del artista santiaguino Sebastián Preece. Más que un diálogo directo, la muestra dejó entrever los mundos y aspiraciones particulares de cada artista, incluso en la disposición de sus obras. Dentro de la capilla, Anelys presentó una serie de pinturas de taller, mientras que afuera, en el estero Paildad, Preece erigió una suerte de monumento a los imprevistos y las transformaciones impuestas por los fenómenos naturales, rescatando y reconfigurando lo que el paisaje altera y deja atrás.
Su obra, Despiece y descanso, tiene como punto de partida un bote de madera abandonado, propiedad de la familia Carvacho Contreras. El artista desmantela sus tablas multicolores, desvelando capas de pintura que narran la historia de su desgaste a lo largo del tiempo. Estos fragmentos son reorganizados y dispuestos contra uno de los árboles caídos tras un fuerte temporal en la Comarca de Contuy. El desastre natural no solo alteró la fisonomía del entorno, sino que también modificó los planes del artista. Preece responde a aquello que se desvanece (el bosque, la barcaza), pero que aún conserva un significado profundo.
La obra otorga un nuevo significado a lo destinado a desaparecer, estableciendo una dinámica compleja y hermosa entre cultura y naturaleza, memoria e impermanencia. El árbol centenario sobre el que se apoya la pieza pertenece al nuevo “bosque caído” de la comarca (como lo llaman), un rincón mágico creado por la propia naturaleza, cuyo destino es tema de debate entre los dueños del terreno y los visitantes. ¿Debe este espacio permanecer como testimonio, un altar a los imprevistos de la naturaleza, o debe convertirse en leña, como se había planeado originalmente para la capilla? ¿Cómo se salva un árbol ya sacrificado?

La obra de Anelys Wolf, una talentosa pintora arraigada en Chiloé, está marcadamente arraigada en la interculturalidad que define la región norte del archipiélago. Su trabajo explora la identidad local y el sentido de pertenencia a una comunidad pequeña, donde los anhelos de autenticidad y diversidad se enfrentan a las dinámicas de homogenización propias de las sociedades contemporáneas.
En sus pinturas se entrelazan dos realidades: la convivencia diaria con los paisajes y la gente del campo, y la circulación de las imágenes por el mundo, que son transformadas y despojadas de su carga original a través de sucesivos procesos de transposición. Sus composiciones, de tonos oscuros, lavados y difusos, con una pincelada ligera y desapegada, y líneas y contornos apenas definidos, representan situaciones cotidianas, a veces anodinas, en las que personajes casi espectrales evocan la fugacidad de los recuerdos.
La pintura de Wolf no se limita a la reproducción de escenas o situaciones; más bien, recrea y reinterpreta fragmentos de la memoria colectiva. En su muestra en La Capilla Azul, puso la pintura al servicio de una celebración y un acercamiento auténticos a la vida de los chilotes de Contuy y la península de Lacuy.

SOMOS RAÍCES
La actual exposición Somos Raíces ha sido una de las más ricas y efectivas en reunir arte y artesanía dentro de la programación de La Capilla Azul. En esta ocasión, Raquel Aguilar Colivoro, especialista en el trenzado de quilineja, y Voluspa Jarpa, reconocida internacionalmente por su trabajo artístico, tejen un intercambio visual y de saberes, en el que la naturaleza y los seres míticos de Chiloé son elementos centrales. Mediante el uso de materiales orgánicos, el bosque y la cordillera se dan cita en piezas que se extienden tanto dentro como fuera de La Capilla.
La quilineja, una raíz delgada que crece en los bosques de Chiloé, es recolectada por Raquel durante sus excursiones al bosque de Incopulli. Tras ser tratada, se transforma en una cuerda resistente pero maleable. Con ella, tejió una imponente figura femenina, una mujer-bosque que simboliza el origen de la vida. Adornada con hojas y golondrinas, sus extremidades se ramifican por el espacio hasta desaparecer en el bosque, como una extensión viva.
Este recurso de la artista es especialmente hermoso, pues la quilineja crece alrededor de otros árboles, trepando y envolviéndose en ellos, alcanzando alturas que superan los trece metros. Tras una pausa prolongada, invierte lentamente su movimiento, regresando gradualmente a donde apareció, para finalmente desvanecerse en la tierra.



Igualmente, en suspensión, las raíces y el tronco fragmentado de un canelo caído tras las últimas tormentas en Contuy sirven a Voluspa Jarpa para abrazar la sabiduría milenaria que encierran estos guardianes del bosque. En las ventanas, la artista adhiere imágenes translúcidas y coloridas que, con un aire psicodélico, evocan los anillos internos del tronco del árbol, o bien el contorno de la Cordillera de Los Andes, como si se mordiera la cola. A las circularidades concéntricas, que recuerdan estratos geológicos, se superponen patrones de malestar social en la región, continuidad de la investigación de Voluspa sobre la relación entre las fuerzas de la naturaleza y las fuerzas sociales.
La exposición también incluye la participación de la artista Violeta Molineux, quien, a invitación de Jarpa, presenta un video realizado en Chiloé en 2022. Esta pieza, una mezcla performance y ficción, representa su primer acercamiento a una trilogía sobre la crucifixión de María.

MUSEO INTERACTIVO DE LA LUZ
Otra de las gratas sorpresas durante mi visita a la Comarca de Contuy fue descubrir el proyecto Museo Interactivo de la Luz, del fotógrafo español asentado en Chile Fernando Aceña. Esta cámara oscura rueda por Chile desde el 2015, en una furgoneta que es tanto vivienda como espacio de trabajo.
Fernando nos hizo una demostración a los visitantes de cómo funciona la magia, mientras narraba -ejemplos en mano- un recorrido histórico sobre los orígenes y las evoluciones de la Cámara Oscura, abarcando diversas disciplinas hasta llegar a la fotografía contemporánea. Nos mostró algunos de sus trabajos, el más reciente (y de largo aliento) una serie que captura los volcanes del sur de Chile. Además de las sesiones en la furgoneta, Fernando organiza talleres y demostraciones en escuelas y colegios, donde no solo presenta su Cámara Oscura, sino también métodos de fotografía tradicional.
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