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PATRICIA BELLI: OSARIO, MUGRE Y MITO

Entre el colapso ecológico, las tensiones de género y los traumas colectivos, Patricia Belli articula un lenguaje artístico que desafía las narrativas del progreso humano. A través de pinturas, instalaciones y videos, las exposiciones Osario en Oaxaca y Dirt and Myth en Berlín trazan un recorrido por las obsesiones centrales de la artista: la memoria, la precariedad y la resistencia.

Belli convierte el duelo, la fragmentación y la violencia en dispositivos poéticos que abren paso a la transformación y la reconfiguración de los cuerpos y los territorios, revelando en cada obra una profunda conexión entre los desechos materiales y las cicatrices emocionales que nos definen.

Patricia Belli, Golpes, 2024. Huesos, alambre de acero, resortes, madera, cuerda y resina 175 x 125 x 100 cm. Cortesía: Parallel Oaxaca, México

Patricia Belli (Managua, 1964), una de las artistas contemporáneas más significativas de Centroamérica, explora la fragilidad de la experiencia humana desde perspectivas materiales, simbólicas y fenomenológicas. Su práctica artística abarca una variedad de disciplinas y materiales —fibras, objetos encontrados, mecanismos físicos y textiles hechos a mano— con los que construye un lenguaje estructural que entrelaza los desequilibrios emocionales, sociales y físicos que marcan nuestra existencia.

Criada en un entorno definido por la inestabilidad política, social y natural de Nicaragua, la obra de Belli se alimenta de la experiencia directa de los terremotos, las guerras y las formas de violencia personal y colectiva que moldearon su infancia y juventud. Esta sensibilidad, amplificada por su identidad como mujer y su condición de otredad, se traduce en obras donde la precariedad y el trauma se convierten en dispositivos para reflexionar sobre el poder, la resistencia y la capacidad de transformación.

En el núcleo de su trabajo, Belli articula una unión de contrarios: opresor y oprimido, placer y dolor, naturaleza y civilización. Estas dualidades no solo reflejan tensiones históricas y sociales, sino también dilemas existenciales que encuentra en los fenómenos físicos y las leyes naturales, como los péndulos, las poleas y los resortes que utiliza para explorar conceptos como el equilibrio precario, el punto de fractura o la energía liberada.

Un punto de inflexión en su práctica está marcado por el contexto de represión y violencia política en Nicaragua a partir del 2018. Este periodo ha llevado a Belli a indagar en la fragmentación, la muerte y las posibilidades de renovación, desplegando un vocabulario simbólico que incluye cabezas dobles, mudas de piel y referencias a fenómenos naturales que evocan tormentas o diluvios. Su obra se convierte así en un testimonio de resistencia, donde la dimensión de lo inestable refleja tanto el trauma colectivo como la capacidad de los cuerpos y los territorios para reconfigurarse frente a la adversidad.

Patricia Belli, El Camino, 2024. Huesos, alambre de acero, resina, madera, cuerda, ropa usada, focos eléctricos,175 x 425 x 179 cm. Cortesía: Parallel Oaxaca, México
Patricia Belli, El Camino, 2024. Huesos, alambre de acero, resina, madera, cuerda, ropa usada, focos eléctricos,175 x 425 x 179 cm. Cortesía: Parallel Oaxaca, México
Patricia Belli, El Camino, 2024. Huesos, alambre de acero, resina, madera, cuerda, ropa usada, focos eléctricos,175 x 425 x 179 cm. Cortesía: Parallel Oaxaca, México
Patricia Belli, El Camino, 2024. Huesos, alambre de acero, resina, madera, cuerda, ropa usada, focos eléctricos,175 x 425 x 179 cm. Cortesía: Parallel Oaxaca, México

En Osario, su actual exposición en Parallel Oaxaca (México), Patricia Belli retoma estas preocupaciones centrales de su trayectoria, como la memoria, la corporalidad y el duelo, para articular un comentario agudo sobre la fragilidad contemporánea. A través del ensamblaje de materiales reciclados y orgánicos, Belli configura una poética de lo residual que cuestiona las narrativas del progreso y señala el colapso ecológico como síntoma de nuestra desconexión con el impacto material del llamado progreso humano.

Osario presenta dos nuevas esculturas que reflexionan sobre la inquietante familiaridad de los desastres medioambientales e históricos, los efectos del cambio climático, las guerras y la corporalidad de los residuos. Las piezas están construidas con materiales encontrados —huesos, madera, plásticos y ropa usada— que, ensamblados entre sí, conforman personajes concebidos como «entidades postorgánicas».

Estos organismos surgen de un proceso de desidentificación, reconfigurándose a partir de cuerpos fragmentados o desubicados, y de desechos orgánicos e industriales propios de nuestro tiempo. En ellos resuenan debates contemporáneos sobre el posthumanismo, que cuestionan la centralidad del ser humano y subrayan la interdependencia de todas las formas de vida. Las esculturas de Osario evocan múltiples significados en torno a la muerte, concebida aquí como una confluencia que persiste más allá del dolor, la tristeza y la rabia; como una presencia continua y transformadora.

Patricia Belli, Golpes, 2024. Huesos, alambre de acero, resortes, madera, cuerda y resina 175 x 125 x 100 cm. Cortesía: Parallel Oaxaca, México

La obra El Camino (2024) se configura como una cartografía de presencias desoladas, entrelazadas con narrativas y pulsiones históricas sobre el agotamiento de cuerpos y territorios. La instalación incluye figuras no humanas colapsadas, resultado de un perpetuo deambular, junto a un personaje que proyecta sobre sí mismo imágenes yuxtapuestas de desastres naturales, incendios forestales, fenómenos atmosféricos y documentación sobre la acumulación de desechos en el Lago de Managua. Belli entrelaza referencias al cambio climático y a los efectos de la guerra, vinculando el deterioro ambiental con el desgaste físico y emocional de las comunidades.

Desde la misma carga emocional, la escultura Golpes (2024) apunta a posibles representaciones de la muerte, el duelo colectivo y la pérdida individual. La pieza presenta a una madre y un niño, que es simultáneamente presa y bebé. Los visitantes pueden activar la obra mediante una polea para provocar una colisión que resuena en la galería cuando el niño choca con una superficie metálica. Esta activación produce un escenario performativo donde el golpe repetido resuena como un eco de trauma colectivo. La teatralidad de la obra, que involucra el cuerpo del espectador, invita a reflexionar sobre cómo la violencia histórica y contemporánea se inscribe en los cuerpos individuales y sociales.

Patricia Belli: Dirt and Myth (Suciedad y mito). Vista de exposición en la daadgalerie, Berlín, 2024. Foto: Thomas Bruns.
Patricia Belli: Dirt and Myth (Mugre y mito). Vista de exposición en la daadgalerie, Berlín, 2024. Foto: Thomas Bruns.

La reflexión sobre la inscripción de la violencia en los cuerpos, presente en Golpes, encuentra ecos y antecedentes en obras de períodos anteriores de Belli. En su primera exposición individual en Berlín, en la daadgalerie (12 de septiembre – 17 de noviembre de 2024), la artista presentó alrededor de 25 piezas creadas desde mediados de los años 90 hasta la actualidad. Entre estas, instalaciones y objetos parcialmente participativos, como Pesadilla (2019), profundizan en los ciclos de violencia y la precaria relación entre cuerpos y objetos.

Dirt and Myth (Mugre y mito), curada por Melanie Roumiguière, puso en primer plano los materiales con los que Belli examina cómo las estructuras de violencia y los sistemas automatizados se transfieren a los mecanismos del cuerpo y la naturaleza en un sentido más amplio. Este es también el caso de Cielo de Leche (Milk Heaven, 2019), donde un fino manto blanco con protuberancias en forma de ubre cuelga sobre el espectador, como “una gran ubre mitológica, como la madre-cielo que nos cobija, nos consuela y amamanta, colectivamente”. Ubicada justo fuera de su alcance, la obra evoca una sensación delicada pero amenazante, ilustrando cuán tenue es el velo que separa la educación de la violencia estructural.

Patricia Belli: Dirt and Myth (Mugre y mito). Vista de exposición en la daadgalerie, Berlín, 2024. Foto: Thomas Bruns.

Dirt and Myth: lo que parece el título de un álbum de una banda de música metálica describe un cosmos subjetivo de reflexión sobre el mundo: una exploración de afinidades y contrastes, unida a una investigación sobre la naturaleza arcaica de la existencia, los aspectos rudimentarios de la condición humana, la comunicación de las experiencias personales y la variación de las narrativas.

Melanie Roumiguière, curadora

Anclados en un espíritu de autoexploración combinado con la investigación de materiales específicos, los primeros trabajos de Belli examinan la fisicalidad con connotaciones femeninas, utilizando atribuciones de género presentes en los objetos cotidianos. En obras como Herida y Novia (ambas de 1995), la artista cuestiona las construcciones de feminidad basadas en la naturaleza sensual de la ropa femenina. Las prendas de segunda mano, importadas de Estados Unidos y usadas por la artista, cargan con residuos afectivos en los que perduran los cuerpos que alguna vez las vistieron, llevando consigo su historia.

En Triángulo (2000), Belli continúa sus investigaciones somáticas recurriendo a objetos domésticos para crear estructuras antropomórficas en las que se revelan las condiciones sistémicas de las limitaciones. La exposición también incluyó objetos escultóricos, obras en video y una nueva versión de la instalación El Circo (2001), que representa un punto de anclaje fundamental en toda su obra. En palabras de la artista, esta obra aborda el “riesgo del espectáculo circense y la melancolía de la vida circense”, evocando el machismo.

Finalmente, la serie de serigrafías Tierra Quemada (2024) y el trabajo en video Recuerdos (2022) revelan, como en la exposición Osario, las crisis sociales actuales, como el cambio climático y la guerra. Recuerdos aborda de manera poética y simbólica la relación entre la vida, la muerte y la introspección. En él, dos esqueletos de cormoranes —aves buceadoras que simbolizan tanto la libertad como la necesidad de sumergirse en el mundo de las emociones— cobran vida, tejiendo una narrativa visual que explora la fragilidad, la melancolía y la tensión entre la existencia y la destrucción.

Patricia Belli, Recuerdos, 2022. Still de video. Cortesía: daadgalerie, Berlín, 2024

“Su relación con la nimiedad, lo insignificante, lo abyecto, lo que desentona en su fealdad, adquiere valor y desafía los parámetros de referencia: lo que vemos, puede ser diferente. Existe la realidad y nuestras versiones de la realidad”.

Nora Habed, Managua, 17 de julio de 2024


Más sobre la artista

Patricia Belli completó sus estudios en los Estados Unidos durante la Guerra de la Contra (1981-1990) en Nicaragua, un conflicto respaldado por Estados Unidos. Tras obtener su licenciatura en Bellas Artes de la Universidad Loyola, regresó a Managua en 1987. En 1990, se unió al colectivo de artistas ArteFacto. Aunque el grupo fue breve en duración, su enfoque interdisciplinario, combinado con la performance como método y una estética experimental, desafió conscientemente el statu quo.

Con el apoyo de una beca Fulbright, Patricia Belli obtuvo su Maestría en Bellas Artes del San Francisco Art Institute en 2001. Ese mismo año regresó a Nicaragua, donde fundó EspIRA (Espacio de Investigación y Reflexión Artística), un proyecto pedagógico experimental que se desarrolló continuamente sobre la base del diálogo y el aprendizaje colectivo.

Desde mediados de los años ochenta, Belli fue una de las principales impulsoras del arte experimental y las prácticas de arte crítico en Nicaragua y Centroamérica, buscando redefinir el papel del arte en la esfera pública. La artista reivindica el poder del cuerpo vulnerable, pero también su rabia y energía libidinal, como formas auténticas de resistencia.

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