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IMPRESIONES DESDE QUERÉTARO: LO QUE TRÁMITE 008 NOS REVELA

Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, que se celebró del 10 al 20 de octubre de 2024 en la ciudad de Querétaro, se encuentra en un momento decisivo: necesita consolidarse como una feria económicamente viable, tanto para sus organizadores como para los artistas participantes. De lo contrario, podría correr la misma suerte que muchas otras ferias que no lograron trascender como proyectos independientes.

En su edición más reciente, Trámite demostró haber capitalizado el interés de la comunidad artística local, presentando un evento profesional con un montaje que replica a la perfección la estética estandarizada del arte contemporáneo: dos galerones abiertos, casi en obra negra, con un despliegue de piezas que no necesariamente van a muro, sino que se muestran en andamios, en el piso o colgadas del techo, con una organización que apuesta más al caos que a un discurso curatorial definido.

Trámite también se ha convertido en un evento que cada año recibe a un grupo de coleccionistas que, si bien aún no es tan nutrido ni internacional como el que convocan otras ferias, tiene la virtud de compartir un interés genuino por el arte que se produce en el Bajío.

Además, el acompañamiento curatorial responde a la misma vocación de apuntalar el arte de la región. En Querétaro, esta labor se enmarca en un complejo entramado de museos y recintos estatales que tienen la virtud de mezclar el trabajo de artistas locales con el de otras ciudades del país, comenzando por la Ciudad de México.

Obra de Marcela Armas en Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto: Edgar Hernández

La feria tiene el prestigio necesario para convocar a artistas de trayectoria, como Marcela Armas, quien presentó un estruendoso performance en el que infló un neumático de tráiler hasta hacerlo estallar, manteniendo a los espectadores en tensión durante casi media hora. En mi caso, la experiencia detonó cierta añoranza por aquellas obras de los noventa que hoy están en peligro de extinción.

Trámite organizó un nutrido programa de charlas y debates con personalidades destacadas y emergentes del ámbito artístico que, en algunos casos, se convirtieron en el centro de atención y animaron el encuentro. Sin embargo, en muchas otras ocasiones, su presencia fue tan dominante que opacó los recorridos con curadores, programados de manera simultánea. Esta situación es grave para una feria, ya que su enfoque principal es la venta de las obras, no su programa de charlas.

Trámite me recordó el inicio de las dos ferias que dominan la escena en la Ciudad de México, Zona Maco y Material, pero también otros proyectos olvidados que, de manera satelital, surgieron para presentar el trabajo de artistas jóvenes o consolidados que no contaban con representación en galerías.

Recuerdo, sólo por dar un par de ejemplos, proyectos como Chachamaco (2005) y EstacionARTE (2007), que en su momento atrajeron la atención mediática y del ámbito artístico por lo divertido o novedoso de sus instalaciones. Ambas iniciativas eran una parada obligada para quienes asistían a la también emergente feria Maco (2004); sin embargo, hoy son ferias olvidadas.

Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto: Trámite
Artistxs: Karmina Lx Diablx, Ninx Lx Diablx y Caro Floyd (artista tatuadora) en el performance ‘Abrazo de Hermanas’.
Curaduría: Lechedevirgen.
Al fondo: Obra de Celeste en Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto: Trámite

Suena muy bien la idea de mostrar el arte como una experimentación en continua efervescencia, más que como una actividad guiada por intereses comerciales, tal como se promocionaba en aquel entonces Chachamaco. Pero la realidad es que, a la larga, estas iniciativas no prosperan y terminan afectando tanto a los organizadores como a los artistas, quienes hacen un esfuerzo por estar presentes con la esperanza de que su obra se venderá.

El modelo adoptado por Trámite, que implica trabajar directamente con artistas en lugar de vender stands a galerías establecidas, ha demostrado funcionar en ciertos casos, a pesar de su carácter arriesgado. Pienso en Salón ACME, que no sólo ha crecido en su sede de la Ciudad de México, sino que también ha extendido su presencia al Museo de Arte de Zapopan, con Estudio ACME. (Aquí la pregunta interesante es si un museo público puede recibir una feria comercial, pero eso es otro tema).

Sin entrar en una lógica determinista, una de las variables que ha permitido el desarrollo de Salón ACME, a diferencia de Trámite, es su diseño, que cada vez se parece más al de una feria convencional, aunque su esquema de venta sea alternativo. Trámite lleva ocho ediciones, ha logrado profesionalizar su infraestructura, pero hasta el día de hoy no ofrece la experiencia de una feria.

Para empezar, continúa con esta lógica romántica (que agradezco) de presentar obras que, en su mayoría, son invendibles. Es decir, videos, instalaciones, performances y piezas cuya materialidad difícilmente logrará seducir a un coleccionista promedio. También ofrece obras de artistas muy jóvenes o amateur, que en muchos casos no serán artistas a largo plazo. Este tipo de obras puede, sin duda, sumarse a una feria y contribuir a la legitimación del proyecto, pero no pueden convertirse en el núcleo central de su oferta.

Obra de Valerio Gámez en Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto cortesía del artista

Al desplegarse en dos pisos de un complejo comercial, ubicado estratégicamente entre la zona privilegiada de la ciudad y el Centro Histórico, las piezas quedaron muy separadas, generando una sensación de vacío. Incluso cuando había suficiente público, el espacio se percibía sin movimiento. Me ocurrió que, tras dar un par de vueltas, no me percaté de Cristo de los espejos (2023), una pieza de gran formato de Valerio Gámez que colgaba del techo como una bola de discoteca, iluminada por cuatro reflectores de colores. En cualquier otro contexto, habría sido imposible pasarla por alto, pero aquí se diluía en el exceso de espacio.

Como ya se mencionó, las charlas y conferencias tenían demasiado protagonismo en el diseño de la feria. No recuerdo otro proyecto comercial que hubiera dado un protagonismo tan central —aunque sea en forma de tarimas— al espacio destinado a las pláticas.

Al revisar el catálogo impreso para este Tomo 008, se percibe claramente el trabajo de investigación realizado, así como una convocatoria importante de agentes y la información sobre cada uno de ellos. Sin embargo, todo este esfuerzo aún no se traduce plenamente en el espacio expositivo. A pesar de que todo está bien montado, la presentación queda a medio camino entre una feria y la exposición de un espacio independiente.

Reitero que Trámite sí presentó obras que, para mí, resultaron interesantes y vendibles en el contexto del mercado del arte, pero hallarlas fue complejo, y en algunos casos, su montaje no fue del todo afortunado.

Al frente: Obra de Bruno Viruta en Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto: Trámite
Obra de Cristina Umaña en Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto: Trámite
Obra de Hiram Constantino en Trámite Buró de Coleccionistas Tomo 008, Querétaro, México. Foto cortesía del artista

Ya mencioné el caso de Valerio Gámez, pero lo mismo me ocurrió con el trabajo de Bruno Viruta, quien presentó piezas de su proyecto El ideal variable del patrimonio, que tiene como leitmotiv la preservación del Museo Cabañas de Guadalajara. Ver una de las obras, que consistía en una camioneta miniatura cargando una columna, como un simple salero en un pedestal, sin mayor referencia, me pareció que no hacía justicia a la pieza. Cuando me encontré con el artista, le pregunté sobre la solitaria obra y me contó que, en realidad, había dos piezas de dicho proyecto, pero por alguna razón poco afortunada se estaban presentando de manera separada.

En algunos casos, el vacío ayudaba a apreciar las obras. Pienso, concretamente, en la pieza del colectivo Celeste, una pintura que operaba como telón y que planteaba en la feria el productivo dilema de la pintura como instalación. También el inflable de Cristina Umaña se exhibía de manera óptima, libre en el galerón de la feria. Sin embargo, su presencia a veces se ofuscaba ante la necesidad de apagar el ventilador que le daba cuerpo y consistencia.

Los dibujos de Cynthia Yee también me robaron la mirada, al igual que el sol negro de Hiram Constantino. Sin embargo, esperaba una presencia más destacada de Jalisco en la feria. Y podría seguir con otros casos aislados, pero es más productivo señalar que el conjunto ha mejorado notablemente respecto a ediciones anteriores, si bien el concepto y el diseño no logran dar el golpe que se espera de una feria.

Edgar Alejandro Hernández

Ciudad de México, 1977. Es editor, investigador, curador y crítico de arte. Maestro en Historia del Arte por la UNAM.

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