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Edgar Alejandro Hernández

Ciudad de México, 1977. Es periodista y crítico de arte. Co-dirige la Promotora Cultural Cubo Blanco.

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CHAPULTEPEC, OTRO MILLONARIO ELEFANTE BLANCO

Mientras se pide recortes o redireccionamiento del presupuesto cultural a los estados para resolver la crisis del COVID y se cancelan becas y programas a creadores de toda la República mexicana, en la capital del país se mantiene una millonaria obra que concentrará aún más la oferta artística y cultural en una reducida zona de la Ciudad de México. Estas dos realidades dibujan la política centralista del actual gobierno de México.

Diego Rivera, Man, Controller of the Universe, 1934, fresco, 4.8 × 11.4 m. Palacio de Bellas Artes, INBAL, Ciudad de México © 2020, Banco de México. Diego Rivera Frida Kahlo Museums Trust, México, D.F. / Artists Rights Society (ARS), New York. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2020

Rehacer el Canon Estadounidense

«Vida americana: Los muralistas mexicanos rehacen el arte estadounidense, 1925-1945», exposición que abre al público el 17 de febrero en el Whitney Museum of American Art, en Nueva York, reescribe la historia canónica del arte estadounidense al poner el foco en la profunda influencia que tuvieron los artistas mexicanos en los principales exponentes del arte norteamericano durante la primera mitad del siglo XX. Es de notar que sea el Whitney Museum el recinto que produce esta exposición, ya que en Nueva York es el espacio que históricamente se ha especializado en mostrar de forma casi exclusiva el arte estadounidense. Si bien esta línea se ha modificado en los últimos años, no es menor el peso específico que representa que este museo abra este tipo de debates en Estados Unidos.

El público se aglomera en una de las salas del Palacio de Bellas Artes donde se encuentra la polémica pintura de Zapata del artista Fabián Cháirez. Foto: Edgar Alejandro Hernández

Zapata Gay o del Elogio a las Diferencias

A la luz de esta problemática, es un verdadero juego de cuchillos valorar formalmente la obra «La Revolución», de Cháirez, ya que tenemos encima el escándalo mediático. Pero sí se puede decir que su factura no ofrece grandes aportes en términos plásticos, aún cuando tiene los suficientes atributos para conectarse genealógicamente con una corriente muy exitosa en México a finales del siglo XX, la cual fue desplazada por el arte conceptual de los años 90. Me refiero a la pintura neomexicanista, que no sólo fue muy prolífica y exitosa económicamente, sino que varios de sus exponentes más importantes desarrollaron una producción que hoy podría definirse como queer.