Skip to content

LUCIANA LAMOTHE. ARGENTINA EN LA BIENAL DE VENECIA

Ojalá se derrumben las puertas, la instalación de Luciana Lamothe que representa a Argentina en la 60ª Bienal de Venecia, cuestiona las formas hegemónicas de habitar el planeta, confrontando las crisis climáticas, migratorias, económicas, sociales y territoriales actuales. Curada por Sofía Dourron, la obra redefine el concepto de «habitar» mediante estructuras de andamios de hierro, fenólico curvado y esculturas de materiales descartados, como madera quemada y fragmentos metálicos.

Estos elementos entrelazados crean espacios envolventes que desafían los arquetipos occidentales de la arquitectura, buscando transformar nuestras nociones de entorno construido y nuestras relaciones con el mundo. Lamothe adopta un enfoque «monomaterial», explorando los estados de la madera y su interacción con los cuerpos, posicionando la materia como fuerza activa que erosiona la visión antropocéntrica moderna.

La obra invita a un vínculo afectivo con los materiales, integrándonos en una ecología que trasciende las divisiones entre cultura y naturaleza, humano y no humano. Propone espacios que fomentan nuevas formas de habitar, solidarias, queer y simbióticas.

En sintonía con la condición de «extranjería» definida por el curador Adriano Pedrosa en la bienal, que reconoce las diferencias y desigualdades basadas en la identidad, nacionalidad, raza, género, sexualidad, riqueza y libertad de las personas en el mundo, Lamothe crea entornos materiales donde la diversidad no es vista como una debilidad, sino como la mayor fortaleza.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

 

Desde la frontera. Una introducción a Ojalá se derrumben las puertas.

Por Sofía Dourron | Curadora

Esperamos conocer lo desconocido [1].

Hélène Cixous

 

En sus reflexiones sobre el acto de escribir, Hélène Cixous nos exhorta a oír lo inaudible, ver lo invisible, comprender lo incomprensible, a pensar lo impensable. Parece argumentar que todo esfuerzo artístico es algo así como un salto hacia ese vacío que deja en nuestras mentes lo desconocido, ese lugar donde saber y no saber se chocan y se destruyen mutuamente.

Ojalá se derrumben las puertas, la exposición y el libro que conforman el envío argentino a la Biennale di Venezia y que presentan la obra de Luciana Lamothe, ocupa ese espacio extraño de lo indeterminado que describe Cixous. Habita las fronteras (visibles e invisibles) que separan lo humano de lo no humano, lo natural de lo construido, lo conocido de lo desconocido. En Ojalá…, Lamothe entrelaza maderas y caños, cuerpos y estructuras, mutabilidad y permanencia, y crea espacios dentro de espacios que modulan formas de violencia y hospitalidad en un tenso equilibrio de formas interdependientes.

Si los trabajos anteriores de Lamothe fueron progresivamente tensionando los materiales hasta llevarlos a desdibujar las distancias entre flexibilidad y rigidez, suavidad y dureza, lo industrial y lo natural, las cuatro esculturas que forman Ojalá… radicalizan estos aspectos. Establecen ahora una relación afectiva con el mundo material para configurar una forma singular de vivir, pensar y sentir. La obra postula la materia como principio de lo real y horizonte común de todo lo que hay para provocar una serie de desplazamientos en los sistemas constructivos y en las relaciones que establecemos con nuestro entorno y entre nosotrxs.

En busca de estas nuevas formas y sensibilidades, la artista expande sus investigaciones previas sobre las funciones, los límites y la potencialidad de los materiales y sus interacciones con la arquitectura para subvertir algunos de sus imperativos y usos tradicionales. Una maraña de acero y maderas nos posiciona así en un entorno cuyas fuerzas materiales manifiestan su propia agencia y erosionan la ontología antropocentrada de la modernidad.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

El trabajo de Lamothe comenzó a tomar su forma actual en medio del turbulento contexto provocado por la crisis económica, política, social e institucional que azotó a la Argentina a comienzos de los años 2000.Una convulsión que transformó las formas en que lxs argentinxs nos relacionábamos con la ciudad, con las personas y con los objetos que nos rodeaban y nos obligó, entre otras cosas, a repensar y desnaturalizar las lógicas de nuestras interacciones sociales y materiales. Atacó los cimientos de la vida cotidiana y nos forzó a rediseñar las arquitecturas e infraestructuras que nos contenían y a crear otras nuevas, más flexibles y solidarias. El de Lamothe es, desde sus inicios, un proyecto que nace del derrumbe.

En sus primeras obras, Lamothe abrazó el vandalismo como su motor, lenguaje y metodología. Hizo un uso absurdo de las herramientas y del ejercicio de cierta violencia sobre los materiales en el espacio público. Con el tiempo, sin embargo, su práctica asumió el espacio como material y la acción se desplazó hacia la arquitectura como objeto y como regente de las disposiciones (la agencia o potencial) de los cuerpos —humanos y no humanos—y de sus interacciones.

Lamothe se abocó, entonces, a desafiar los límites de sus materiales/herramientas esenciales —la madera y los andamios— llevándolos al extremo de la indefinición. Encontró en lo indeterminado el espacio necesario para articular la violencia de la crisis, borrando los límites del binomio construcción-destrucción y abriendo líneas de fuga respecto del ahogo económico y afectivo que marcó a su generación.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

En la introducción a Extrastatecraft. The Power of Infrastructure Space (2014), la arquitecta Keller Easterling argumenta que la infraestructura es un “sustrato oculto” [2] que contiene las reglas que gobiernan el espacio de la vida cotidiana. Como una “espesa matriz de detalles y fórmulas repetibles que generan la mayor parte del espacio del mundo” [3], la infraestructura y la arquitectura como una de sus expresiones primordiales permiten que nuestros cuerpos circulen, interactúen, produzcan y, en general, existan dentro de los límites del espacio. En su forma más extrema, determina lo que vive o muere dentro del sistema. En su faceta menos radical, se limita a establecer las reglas del juego, definiendo un universo limitado de relaciones posibles para la vida en la Tierra.

En sus obras, Lamothe se dedica a reorganizar ese conjunto de relaciones. Sus esculturas abordan los objetos (humanos, infraestructurales, industriales y “naturales”), sus potenciales latentes y el campo espacial en el que existen para ensayar alternativas a sus formas conocidas de interacción. Para ello, nos ofrece un conjunto particular de herramientas y perspectivas que nos permiten observar, representar y analizar el entorno construido y las estructuras que lxs humanxs hemos diseñado u ocupado a lo largo del tiempo.

Sus sistemas de andamios y placas de madera fenólica infiltran la arquitectura y las formas infraestructurales para revelar las capas de tecno-texturas, información, historia y relaciones que componen sus cuerpos cuasi-industriales, cuasi-naturales. Al exhibir las entrañas desguazadas de nuestras construcciones y recomponerlas en nuevas e inesperadas formulaciones espaciales, Ojalá se derrumben las puertas insiste en la posibilidad de operar cambios sobre nuestro entorno construido y, en consecuencia, también sobre las tramas de relaciones e interacciones que conforman el mundo.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

Lamothe desplaza los elementos de sus lugares habituales en el sistema: el andamio deviene estructural en vez de asistencial, su temporalidad efímera, su rol de herramienta y su capacidad de mutabilidad reemplazan la permanencia del hierro y el concreto; la madera abandona su rigidez para abrazar la blandura, se pudre, se transforma en carbón, se vuelve polvo, muta. Lamothe vuelve la mirada sobre la forma en que nuestros cuerpos y subjetividades interactúan con su entorno y sobre las formas en las que operan esos procesos de transformación. Construye una ecología desbordada que se constituye una y otra vez a fuerza de ensayos.

Cuerpos, ramas, troncos, maderas curvadas, quemadas, perforadas y tajeadas, caños de acero y abrazaderas se entrelazan para crear formas mutables y vibrantes que se abrazan unas a otras. Crea, así, un medio en el que las reglas del juego no están determinadas por las lógicas de la infraestructura o de la arquitectura moderna, sino por soluciones imperfectas, impuras y escurridizas.

Sus estructuras son lábiles, vibran con el roce de los cuerpos y, con su propia energía, parecen querer derrumbarse. No hay en ellas garantía de éxito, ni siquiera de supervivencia; sus formas responden a las necesidades y posibilidades reales de los cuerpos-objetos que las componen, explorando combinaciones que encarnan un potencial siempre latente, agazapado en el espacio y la materia. Ensamblan objetos, fuerzas y subjetividades en un devenir constante.

Esta manipulación minuciosa de Lamothe sobre el mundo material combina elementos y secuencias de reacciones, pesos y contrapesos, invoca alianzas más que humanas y una alquimia espacial que generan nuevas posibilidades formales, estéticas y afectivas para los cuerpos y objetos que contienen. Crea espacios indisciplinados que se oponen no solamente a las formas constructivas de la modernidad, también se rebelan contra lo que Malcom Ferdinand llama una “forma colonial de habitar”, cuya violencia somete territorios y cuerpos humanos y no humanos a un sistema de explotación extractivista.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

Cada una de las cuatro esculturas que componen Ojalá se derrumben las puertas funciona como un espacio envolvente y habitable que desorganiza el sistema constructivo hegemónico a la vez que sugiere otro modo de concebir nuestra relación con el mundo material que nos rodea. Contienen, al mismo tiempo, formas de cuidado y de violencia —ineludiblemente entrelazadas por el disenso necesario para la construcción sensible de la inteligencia colectiva [4]— que se manifiestan en los tajos, cortes, ensamblajes y torsiones necesarios para que la obra mantenga su forma: una serie de heridas y suturas que reconocen el peso de siglos de condicionamiento social, espacial y material ejercido sobre cuerpos humanos y no humanos.

Construida a partir de andamios de hierro y placas de fenólico manipuladas para formar curvas y contracurvas, la obra aloja en sus intersticios una serie de objetos que encarnan diferentes etapas en la vida de la madera: desde su origen, pasando por su extracción como recurso comodificado, su industrialización y hasta su descarte como desechos orgánicos o industriales.

Esta forma de abordar los materiales que Lamothe llama “monomaterialidad” y una metodología constructiva que enlaza objetos, materiales, cuerpos humanos y no humanos mediante caños y nudos, encastres y ensamblajes, nos obliga a sentir el olor de la madera, rozar sus texturas con la punta de los dedos, testear su resistencia con nuestro peso, percibir en el cuerpo sus movimientos y vibraciones. Nos fuerza a prestarles una atención inusual para sentirlos parte de un sistema solidario de subsistencias encadenadas.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

Ojalá se derrumben las puertas nos invita a escapar de la percepción y la imaginación moderno-coloniales para entablar un vínculo afectivo y sensual con los materiales. El recorrido nos sumerge en sus curvas suaves y cálidas, pero también nos enfrenta a sus extremos agudos, a los encastres tensos, a las maderas calcinadas y a las uniones asfixiantes. Nos enfrenta a las contradicciones y discrepancias que, como dice Easterling, “la mente moderna aborrece” [5].

La obra nos propone, en todo caso, una forma de relacionarnos con los materiales (y con el mundo) que no está libre de tensiones, pero que habilita un equilibrio generativo de intercambios y solidaridad. Genera unas formas basadas en la prueba y el error y a medida de los cuerpos y las formas en las que los cuerpos interactúan. Formas indeterminadas que, de acuerdo con el imaginario de la arquitectura moderna, no deberían funcionar, pero que en su indeterminación desbordan brevemente las categorías ordenadoras que separan nuestros cuerpos para reparar un vínculo quebrado. Para imaginar otra forma posible de habitar.

Luciana Lamothe: Ojalá se derrumben las puertas. Pabellón Argentino en la 60° Bienal de Venecia, 2024. Foto: Matteo Losurdo

Ojalá se derrumben las puertas, el libro —un objeto con autonomía propia ideado por la diseñadora Laura Escobar— forma parte del mismo ecosistema que la obra que acompaña, sin ser su reflejo. Su forma desarma los modos habituales en los que usamos un libro para proponer una lectura que comienza de forma tradicional y se enrarece al llegar a su centro, a partir del cual las páginas duplican su tamaño y despliegan entrelazamientos visuales y textuales.

Textos, imágenes y dibujos se acumulan uno tras otro, armando capas de manos/herramientas que manipulan estructuras y marañas de ramas que atraviesan las maderas. Los principios constructivos y afectivos de la obra se desparraman en el papel en un ensayo visual que enuncia, así como la obra, otra forma de mirar y concebir estas materialidades, no como herramientas y objetos desvinculados, cada uno habitando su propio universo material, sino como un continuo de relaciones y reacciones que se alimentan las unas a las otras.

Los dibujos presentan las manos y las diferentes combinaciones posibles de sus posiciones como herramientas y en su interacción con los materiales, ya no a partir de la ejecución de una acción, sino de la forma, el potencial y lo performático. A partir de la observación de los materiales que componen la obra y su disposición, el ensayo de las filósofas Guadalupe Lucero y Noelia Billi, La imaginación ecotectónica de Luciana Lamothe, propone medir los materiales no únicamente por su escala, sino por el modo performático en el que se relacionan con las espectadoras, la forma conjunta que tienen de accionar midiendo sus fuerzas. Abordan la apuesta de Lamothe por hacer manifiesta la faz “energética” del material, es decir, aquello que se construye a partir de las fuerzas en tensión.

Así como los dibujos manifiestan la energía de los materiales, una serie de fotografías nos hace testigxs voyeuristas en la intimidad de los vínculos posibles entre un cuerpo y su entorno. En medio de una escena de destrucción y abandono de temperatura postapocalíptica, un cuerpo se enreda con una placa de madera, la dobla, la levanta, la estira, ejerce presión sobre ella, se distiende y finalmente se somete a su peso y a su forma, desaparece en su interior. El cuerpo manipula y es manipulado, se entrega al mundo físico, se funde con él, reimagina sus vínculos y sus límites.

Historia natural, el texto de la escritora Ana Llurba presenta a la ciudad no como un escenario de fondo, sino como un organismo vivo. De la misma manera que el cuerpo de las fotografías, la protagonista de Llurba descubre y experimenta con la materialidad de un entorno vibrante, equilibrado y desequilibrado, frágil y duro a la vez de una ciudad en ruinas. Una ontología de lo material se enreda con un escenario distópico para traer al presente una crítica a la catástrofe social y climática que nos acecha.

En un contexto de violencias extremas que buscan aplanar las diferencias y arrasar con el disenso, Ojalá se derrumben las puertas ofrece una forma de resistencia basada en la indeterminación y la discrepancia para desbordar los parámetros culturales dominantes. Enuncia una ecología en la cual cuerpos, objetos y estructuras fracturan las fronteras que separan cultura y naturaleza, humano y no humano para imaginar alianzas materiales para otras formas de vida posibles, vidas simbióticas, queer y solidarias.


[1] Hélène Cixous, Three Steps on the Ladder of Writing (Nueva York: Columbia University Press, 1994), p. 38.
[2] Keller Easterling, The Power of Infrastructure Space (Londres y Nueva York: Verso Books, 2014), p. 3.
[3] Ibidem.
[4] Jacques Rancière, The Politics of Aesthetics (Londres: Continuum, 2004), p. 85.
[5] Keller Easterling, Diseño del medio. Saber cómo trabajar el mundo (Madrid: Bartlebooth, 2021), p. 52.

Luciana Lamothe y Sofía Dourron. Foto: Lucia Bonells

LUCIANA LAMOTHE: OJALÁ SE DERRUMBEN LAS PUERTAS

60ª Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia

Pabellón Argentino | Sede Arsenale

Curaduría: Sofía Dourron

Producción general: Silvia Badariotti

Del 20 abril al 24 de noviembre de 2024

También te puede interesar

OÍR-RÍO. RE-EXISTIR DESDE LA MEMORIA

“Oír-Río", instalación site-specific de Máximo Corvalán-Pincheira ubicada en el hall del Museo Nacional de Bellas Artes, transita por una memoria colectiva, historias de resistencias, compromiso y muerte. Este trabajo es, por tanto, metáfora y...

Vista de la exposición “Mañana es mejor”, Benjamín Ossa, en Galería Artespacio, Santiago de Chile, 2023. Foto: Sebastián Mejía

BENJAMÍN OSSA: MAÑANA ES MEJOR

En “Mañana es mejor”, Benjamín Ossa se abre a la incertidumbre como su material predilecto. Lo persigue materialidad tras materialidad, tornando retículas en juegos. Exponiendo la vulnerabilidad de su sistema creativo, permitiendo que emerja...