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FERNANDO PALMA RODRÍGUEZ: ĀMANTĒCAYŌTL

Pionero de la robótica indígena, el nuevo proyecto de Fernando Palma Rodríguez (México, 1957), titulado Āmantēcayōtl, consiste en una instalación que emula un campo de maíz en las faldas del volcán Teuhtli, en la región agrícola de Milpa Alta, México, donde reside del artista nahua.

Palma Rodríguez combina su formación como artista e ingeniero mecánico para crear esculturas robóticas que utilizan un software personalizado basado en datos climáticos obtenidos de Internet. Un aspecto central de su práctica es el énfasis en el conocimiento ancestral indígena, integrándolo como parte integral de la vida contemporánea y como una vía para moldear el futuro.

En Milpa Alta, dirige Calpulli Tecalco, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la conservación de la cultura náhuatl y nahua. En este contexto, sus obras abordan los desafíos que enfrentan las comunidades indígenas de México, destacando cómo la protección del territorio es inseparable de la recuperación de las formas de vida tradicionales.

Curada por Sara Garzón, la exposición en Canal Projects, presenta tres entidades robóticas que encarnan diferentes deidades del panteón mesoamericano. Una serpiente Cincoatl a gran escala está suspendida sobre el maizal, acompañada por otros dos agentes robóticos: El Huehuecoyotl (Coyote Viejo) y Tezactipocla (Señor Jaguar).

Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects

Tradicionalmente, los agricultores han invitado a la serpiente Cincoatl a merodear por sus cultivos, por lo que su nombre suele traducirse como «serpiente amiga del maíz». Huehuecoyotl es el dios de la música, la danza, la travesura y el canto. Como embaucador, el coyote tiene la capacidad de navegar por diferentes mundos, vagando por la tierra y el subsuelo.

Por otro lado, Tezcatlipoca, que se traduce literalmente como «espejo humeante», es conocido como el dios de la constelación de la Osa Mayor y del cielo nocturno. Tezcatlipoca, conocido como un prolífico transfigurador, a menudo se manifestaba como un gran jaguar, también llamado «Corazón de la Montaña».

En su conjunto, las entidades mecanizadas hacen evidente la relación sagrada que existe entre las cosmologías Nahuas y sus lazos con el cultivo del maíz, el frijol y la calabaza, que se siembran juntos en la Milpa. En el centro de la exposición, la serpiente Cincoatl se desliza a través de un campo de maíz, mientras que el Huehuecoyotl (Coyote Viejo) y Tezcatlipoca (Señor Jaguar) interactúan con los espectadores, encarnando las complejas relaciones entre cosmología, tecnología y la tierra.

La invocación que hace el artista del panteón sagrado no es simplemente una personificación de estas deidades, sino más bien una práctica del devenir, que le permite redefinir la noción misma de robot como un conducto para la recuperación de la lengua náhuatl, las tecnologías de la tierra y el posicionamiento de las cosmologías aztecas. Estas esculturas robóticas transforman la concepción tradicional de la máquina al convertirse en redes vivas de relaciones entre humanos y no humanos.

Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects

Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects

El enfoque de Palma Rodríguez hacia el arte robótico propone una definición totalmente diferente de la tecnología, basada en la capacidad de las personas para cultivar la vida. Según la curadora Sara Garzón en su texto Āmantēcayōtl: Las tecnologías indígenas y el cultivo de la vida, “su interés por el comportamiento máquina-humano se amplía con una interrogación sobre las ideologías, usos y diseños de las tecnologías occidentales. A través de una investigación crítica sobre la definición de tecnología, el artista se basa en lo que el filósofo hongkonés Yuk Hui denomina ‘cosmotecnias’, refiriéndose a cómo lo tecnológico incorpora recetas cosmológicas propias de distintas sociedades alrededor del mundo».

Reconociendo el papel que desempeña la cosmovisión náhuatl en la definición de las tecnologías indígenas, la exposición ofrece un punto de entrada a las prácticas de cultivo de la tierra que ayudan a sostener y alimentar la vida en comunidad. Según Garzón, “con la modernización y la expansión del capitalismo, el ethos del desarrollo tecnológico occidental defendía intrínsecamente la desigualdad, la opresión y la subyugación que impedían a los pueblos indígenas mantener sus propias formas de vida. Las obras robóticas de Palma Rodríguez no sólo cuestionan la destrucción del medio ambiente, sino también la creencia de que la tecnología occidental es garante de la sostenibilidad medioambiental”.

Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects
Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects
Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects

Según el artista, las tecnologías indígenas se basan en lecciones aprendidas de la tierra y de la cosecha, como la reciprocidad, el cuidado y la interdependencia. «Al trabajar la tierra», dice Palma Rodríguez, «la vida se funde en la creación, la naturaleza en la cultura y, en última instancia, el arte en la tecnología». Las máquinas del artista, por tanto, hablan de la agencia y la intencionalidad de las figuras sagradas que ayudan al cultivo de la vida y a la construcción de mundos habitables.

A diferencia de la tecnología occidental, las tecnologías indígenas se centran en la recuperación de conocimientos, prácticas y cosmovisiones ancestrales.

“Trabajando en las intersecciones entre la tierra y la cosmología, el antropólogo chileno Luis Razeto Migliaro define las tecnologías indígenas como portadoras de la capacidad de cultivar la vida”, apunta Garzón en su texto. “Aquí las ideas en red del conocimiento tecnológico son el producto de ‘saber criar la vida y dejarse criar por la vida’. Esta noción capta con precisión una definición particular de lo tecnológico que no sólo socava la universalidad autoproclamada de las ideas occidentales de creación, fabricación de herramientas y diseño, sino que reposiciona las lógicas del conocimiento tecnológico hacia paradigmas basados en la tierra y capaces de cultivar la vida” [1].

Las nociones indígenas de tecnología reivindican el mundo más-que-humano, en marcado contraste con las ideas occidentales de tecnología definidas por la instrumentalidad, la acumulación y el control. Esto implica considerar principios sociales indígenas como el animismo, la relacionalidad y la reciprocidad, que presuponen una forma de ver el mundo que no solo sitúa a las personas dentro de la naturaleza, sino que también abre la posibilidad de establecer relaciones intersubjetivas con el entorno, los antepasados e incluso la temporalidad.

«La tecnología nos ha llevado a un desastre ecológico, pero también puede salvarnos si no la mantenemos separada de la percepción. Cuando se comprende que la serpiente es una red de energía, se entiende que de lo que estamos hablando es de la tierra, porque la tierra está revestida de energía. Un árbol es energía, el cielo es energía, el sol es energía, y entonces la existencia es una red de energías. Y esto es física cuántica, donde no hay división entre mi carne, el aire, la mesa. Todos somos un mar energético» [2].

Canal Projects invitó al artista a realizar Āmantēcayōtl, su mayor instalación site specific hasta la fecha, en el contexto del trigésimo aniversario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor el 1 de enero de 1994. Este año también marca un momento simbólico en la carrera artística de Palma Rodríguez, ya que fue en 1994 cuando expuso su primera escultura robótica, titulada Greeting Zapata Moles, en respuesta a la industrialización de su ciudad natal, un proceso que conduciría al despojo sistemático de recursos y tierras de su comunidad.

Conectando México y Estados Unidos a través de la invocación de máquinas sagradas cuyos movimientos son una encarnación de fenómenos naturales, la exposición busca promulgar un futuro de justicia y cuidado tecnológicos frente a décadas de violencia medioambiental hacia las comunidades indígenas provocada por el TLCAN.

Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects
Fernando Palma Rodríguez, Āmantēcayōtl, Canal Projects, Nueva York, NY, 2024. Foto cortesía de Canal Projects

Fernando Palma Rodríguez comenzó sus estudios en ingeniería eléctrica a principios de los años ochenta en el Instituto Politécnico Nacional de México. Más tarde, continuó su formación artística en Londres, donde obtuvo una doble licenciatura en Arte de Estudio e Historia del Arte de la Universidad Goldsmiths (1988-1992). En 1994, expuso por primera vez sus obras de arte robótico en la Rijksakademie van beeldende kunsten de Ámsterdam, donde completó un máster en escultura programada entre 1994 y 1996.

Sara Garzón, curadora y escritora colombiana, reside en Nueva York y se especializa en arte latinoamericano contemporáneo. Su trabajo se enfoca en temas de decolonialidad, tecnologías indígenas, ecocrítica y políticas de solidaridad con el Sur Global.

Fernando Palma Rodríguez. Foto: Jean Picon


[1] Juan van Kessel Browers, «La tecnología simbólica en la producción agropecuaria andina,» en Manos sabias para criar la vida-Tecnología Andina, eds. Juan van Kessel y Horacio Larraín Barros (Quito: 49th International Congress of Americanists, 1997).

[2] Angélica Abelleyra, «Fernando Palma: Mecatrónica con una cosmovisión indígena», PasoLibre (20 de enero de 2020). https://pasolibre.grecu.mx/fernando-palma-mecatronica-con-una-cosmovision-indigena/.


Fernando Palma Rodríguez. Āmantēcayōtl: And When it Disappears, it is Said, the Moon has Died [Y cuando desaparece, se dice, la Luna ha muerto] se presenta hasta el 27 de julio de 2024 en Canal Projects, 351 Canal Street, Nueva York, NY.

Puedes revisar el catálogo digital (en inglés) aquí

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