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ARTURO KAMEYA: ESPÍRITUS OPACOS

El reconocido dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas (1935-1995) ilustró de manera memorable la condición de Nación comparándola con un hotel, un espacio transitorio que, si bien es utilizado por sus habitantes, no les pertenece realmente y, por ende, carece de los recursos adecuados para su bienestar.

En esta analogía, el Estado asume el papel de un administrador que, en lugar de garantizar las condiciones necesarias para una convivencia digna, impone una serie de restricciones y prohibiciones que limitan la libertad de sus habitantes. Cabrujas cuestionaba con agudeza el propósito mismo de un Estado que, con frecuencia, se revela como una mera simulación, un teatro de engaños y artimañas en lugar de cumplir con su verdadero cometido.

Tomando como punto de partida esta invención de Cabrujas, el artista peruano Arturo Kameya (1984), en colaboración con la artista Claudia Martínez Garay (Perú, 1983), transforma la Casa de Cultura Contemporánea Marres en un enigmático hotel que alberga a los espíritus que han llegado para saldar cuentas pendientes con el fallido Estado peruano.

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij
Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij
Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Kameya tomó prestado el título de la exposición, Espíritus opacos, del libro Poéticas de la relación (1990) del escritor y filósofo caribeño Édouard Glissant (1928-2011). En esta obra, Glissant defiende la opacidad como un derecho fundamental, una forma de proteger la diversidad humana y cultural y de aprender a valorar aquello que no se puede comprender plenamente.

La noción de que el derecho a la opacidad es también el derecho a la diferencia se presenta como una forma de resistencia contra la comprensión homogénea de la cultura, una defensa de la diversidad y la singularidad de cada individuo y comunidad. Kameya también aplica este concepto en su propia práctica y en la manera de concebir y montar esta exposición en Maastricht, reconociendo que no toda obra tiene que ser transparente o explicada en detalle.

Inspirado en sus experiencias personales y en el contexto social de su país, Kameya hace de cada habitación de este hotel un escenario simbólico donde se vierten asuntos no resueltos. Con una atmósfera de extrañeza, estas instalaciones inmersivas ofrecen pistas sobre la compleja cotidianidad socioeconómica de sus huéspedes marginados.

En un rincón, vemos dos figuras-fantasmas de cartón ensimismadas en sus celulares. El cuarto de baño de Marres fue convertido en restaurante, una fuente de cerveza es a la vez una suerte de altar, y en sala de estar en miniatura varias cucarachas ven un partido de fútbol. Cascos para motorizados, rines y llantas usados de vehículos yacen en otras habitaciones oscuras y caóticas.

La experiencia del público en estos ambientes variará según su bagaje cultural; un visitante de América Latina se identificará con la mayoría de los códigos y elementos presentes en estas composiciones, mientras que un holandés probablemente tenga una experiencia y una interpretación distintas.

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Arturo Kameya y Claudia Martínez Garay llegaron hace poco más de seis años a Ámsterdam para realizar una residencia en la Rijksakademie. Esta experiencia en los Países Bajos ha estrechado los vínculos de Kameya con el Perú y le ha permitido reflexionar críticamente sobre su país y América Latina.

La realidad social y económica del Perú está marcada por una profunda centralización en Lima y la exclusión de las comunidades indígenas debido a barreras lingüísticas y la corrupción gubernamental. Estas comunidades, que mayoritariamente hablan quechua, enfrentan una falta de representación y apoyo, lo que agrava su marginación.

La imposición del libre mercado y una cultura de mirada eurocéntrica exacerban las divisiones de clase y color. La brecha es evidente: mientras la élite urbana ostenta su éxito con bienes materiales, los indígenas rurales luchan por una educación adecuada y por ser reconocidos.

La historia reciente de Perú también está teñida por el violento conflicto con Sendero Luminoso, que obligó a muchos a abandonar sus tierras y a ocultar su identidad, alejándolos de sus tradiciones. A pesar de la disminución de la pobreza en la última década del siglo XX y el auge del neoliberalismo, Perú sigue siendo uno de los mayores exportadores de cocaína de Sudamérica, con una corrupción gubernamental que prioriza el libre comercio sobre el bienestar de su población rural, dejándola desprotegida y empobrecida.

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Durante sus estudios en Ámsterdam, Kameya tuvo su primer encuentro con el discurso decolonial, inmediatamente percibiéndolo como muy académico. Y es que, si bien estos debates claramente son necesarios, la realidad en países latinoamericanos como Perú aún dista de ser verdaderamente inclusiva.

Sus habitantes están más preocupados por llegar a fin de mes que por las discusiones de las altas esferas de la política y el conocimiento. Para el “otro”, resulta ajeno concebir la cotidianidad desde un discurso intelectual. Esta mentalidad aterrizada también está presente en el trabajo de Kameya, quien a través del bricolaje de materiales desgastados y efímeros crea instalaciones que conversan con las ingeniosas estrategias de reciclaje propias de las condiciones de pobreza.

La espiritualidad y la religión están profundamente arraigadas en la cultura peruana, y esto se refleja en los objetos comprados o expresamente creados alusivos al catolicismo que se encuentran en varias habitaciones del hotel ficticio de Kameya. Por ejemplo, la instalación Rosario (en referencia al rosario de cuentas católico) consiste en un cuadro con un par de manos pintadas de las que sale un grifo que vierte cerveza (o un líquido parecido). El líquido cae en una pileta a través de una hilera de jarras, configurando una especie de fuente de cerveza para lavar nuestros pecados.

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij
Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Después de Rosario, los visitantes se sumergen en una sala de baños que es al mismo tiempo un comedor social. En este espacio comunitario se encuentra el par de figuras humanas con sus teléfonos, junto con otros elementos que resaltan las características arquitectónicas de la Casa Marres, como las molduras en el techo y su estética del abandono.

En otra habitación hay una estantería animada, un producto chino que se puede encargar por Alibaba o Aliexpress, ubicada en el centro de una habitación iluminada con una luz roja tipo burdel. Suena una lista de reproducción creada por Claudia, con temas de salsa y otros ritmos tropicales, similar a los que se escuchan en cualquier emisora de radio peruana y que ella oía de sus padres cuando era niña.

Hacia el final del recorrido, en una sala con iluminación tenue y ventanas tapiadas con paneles pintados, se mueven dos grandes peces robotizados. El artista creó estas esculturas móviles a partir de un modelo 3D, en colaboración con el técnico Hans Janssen. Estos peces están parcialmente inspirados en la obra de Juan Javier Salazar (1955-2016), un escritor y artista peruano que describía la existencia de los habitantes de su país como la de los peces de la costa, que nadan felices sin saber que ya han sido vendidos a la industria de la harina de pescado. Por esta razón, Kameya coloca estos peces como la pieza final de la exposición, sugiriendo la incertidumbre sobre lo que vendrá a continuación.

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij
Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, en la Casa de Cultura Contemporánea Marres, Maastricht, Países Bajos, 2024. Foto © Gert Jan van Rooij

Espíritus opacos, de Arturo Kameya con la colaboración de Claudia Martínez Garay, se presentó del 7 de marzo al 26 de mayo de 2024 en la Casa de Cultura Contemporánea Marres (Marres, Huis voor Hedendaagse Cultuur), Maastricht, Países Bajos.

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