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QUISQUEYA HENRÍQUEZ (1966-2024): “EL TRÁNSITO SIEMPRE ES MÁS PROVECHOSO QUE EL DESTINO”

En la narrativa histórica, Quisqueya se inscribe como el nombre autóctono de la República Dominicana, una palabra taína que evoca la ancestralidad de ser la «madre de todas las tierras». Fue aquí, en esta isla antillana, donde la artista Quisqueya Henríquez (La Habana, 1966) construyó su hogar hasta el día de su muerte, el pasado 30 de marzo.

El fallecimiento de Quisqueya conmovió profundamente a la comunidad internacional del arte, especialmente en el Caribe, donde desarrolló gran parte de su carrera. Reconocida como una de las artistas más destacadas de la región, su legado trasciende su obra para perdurar en el recuerdo de su calidez, su rigurosidad y su espíritu colaborativo; en una palabra, de su humanidad.

A través de su prolífica obra, la artista examinó las diversas facetas de la compleja identidad del Caribe, revelando sus múltiples dimensiones y matices. Quisqueya abordaba con humor y una inteligencia muy fina aspectos relacionados con estereotipos culturales y de género, las condiciones de la insularidad y la migración, los contrastes sociales y la estética popular.

Desde una práctica interdisciplinaria, que abarca el collage, el video, la acción y la gráfica, insinuó los enredos de su entorno sociocultural con la historia del arte occidental y otros relatos globalizados. Adoptando un lenguaje visual distintivo, a menudo extraño, tenía la capacidad de convertir lo cotidiano en una completa experiencia estética. Su destreza radicaba en transformar tropos familiares en imágenes inesperadas y lúdicas.

Quisqueya Henríquez, Sun-Kissed Hues, de la serie Obsession, 2021, pintura automotriz, cartón, madera y plexiglás, 127 x 127 cm. Cortesía: David Castillo Gallery
Quisqueya Henríquez, Serie Superficie Activada #2, 2020. Acrílico sobre tela, piel, metal, e impresiones fotográficas inkjet
Quisqueya Henríquez, Serie Superficie Activada #1, 2020. Acrílico sobre tela, piel, metal, e impresiones fotográficas inkjet

El vocabulario diverso e inquieto de Quisqueya, una suerte de conceptualismo antillano, comunica el goce y la vitalidad inherentes a sus experimentaciones: “El proceso en sí es la parte que más disfruto. La relación entre la idea y las rutas que tomo para llegar a ella”.  Quisqueya no era una artista de rutinas. Su taller tenía distintas áreas, en las cuales desarrollaba simultáneamente varios cuerpos de obra.

En sus dominios físicos y mentales, la artista cuestionó la permanencia de categorías absolutas y obsoletas, así como las fronteras innecesarias, no solo durante el proceso creativo, sino también en la dimensión social de la obra, aquella que proviene de la descontextualización y recontextualización de materiales, objetos y experiencias.

El trabajo de Quisqueya se caracteriza por la confluencia de la alta y la baja cultura, de lo cotidiano y lo histórico, de los movimientos artísticos occidentales y lo popular caribeño, así como por nociones preconcebidas que operan en el imaginario universal sobre la región del Caribe.

Sara Hermann, historiadora del arte y curadora en jefe del Centro León, fue una amiga entrañable de Quisqueya. Las dos comparten el vínculo de ser cubanas que han encontrado su hogar en la República Dominicana. Sobre su obra, escribe:

Quisqueya alude a la insularidad desde lenguajes diversos; reflexiona críticamente sobre la construcción de ficciones desde los espacios de poder; desarrolla una obra abiertamente cuestionadora de los nacionalismos; plantea, desde los escenarios arquetípicos que crea, la ambigüedad, los antagonismos y hasta sus cuestionamientos sobre la lógica del pensamiento estético del momento.

Quisqueya Henríquez, Lygia Clark/Helio Oiticica, 2014, Impresión Ink Jet sobre Dibond y marco dentro de bastidor, 142 x 91 cm.
Quisqueya Henríquez, «August Macke, Dorothea Rockburne», 2014, impresión a tinta de chorro en papel Dibond y marco dentro de marco. Cortesía: David Castillo Gallery
Quisqueya Henríquez, Carmen Herrera Inside Popova, 2013, Impresión Ink Jet sobre Dibond y marco dentro de bastidor, 142 x 91 cm.

EL CAMPO DE LO POSIBLE: OTROS CÁNONES ARTÍSTICOS

Una de las series más conocidas de Quisqueya Henríquez es Frame inside a Frame (2013-2015), la cual consiste en composiciones elaboradas a partir de collage, construcciones de papel, fotografías, patrones geométricos e imágenes de obras de arte moderno.

En Carmen Herrera Inside Popova (2013), adquirida en el 2023 por el Tampa Museum of Art, Quisqueya yuxtapone la reproducción arrugada de una obra de la artista cubano-estadounidense Carmen Herrera (1915-2022) con un diseño abstracto inspirado en la pintora y diseñadora vanguardista rusa Lyubov Sergeyevna Popova. Formalmente, establece un ritmo visual entre ambas representaciones; conceptualmente, produce un encuentro entre dos artistas mujeres destacadas que enfrentaron los desafíos de un modernismo predominantemente masculino.

La obra también tensiona la tradición modernista con expresiones abstractas locales mediante la intersección y apropiación de imágenes, desmitificando así la noción de autoría. Para Quisqueya, era importante rebatir la suposición de que el modernismo en América Latina era una mera sombra del modernismo europeo.

La historia del arte occidental es una inspiración estructural en mi trayectoria que enmarca mi práctica en la necesidad constante que tengo de insinuármele, sobre todo con sus momentos más radicales. No son pocas las obras que he hecho en complicidad con otra obra, que ha cambiado el relato dominante o que apostaron a la alteración del canon artístico.

Quisqueya Henríquez en su texto para la muestra El campo de lo posible, conformada por trabajos realizados entre 2018 y 2020, en el Museo Fernando Peña Defilló, Santo Domingo.

Su última exposición individual, que bajo el título Un índice de historias (2023) se presentó en la Galería David Castillo de Miami, destacó los continuos experimentos formales de la artista en su intento por dar forma a un lenguaje visual auténtico que incorporara las periferias de América Latina y el Caribe. En esta búsqueda, cuestionó y a la vez integró en su obra las influencias predominantes de los históricos epicentros del mundo del arte.

Vista de la exposición “Tierra y sombras”, de Quisqueya Henríquez, en FORO.SPACE, Bogotá, 2022. Foto cortesía de la galería

CREAR CON Y DESDE LA NATURALEZA. EL JARDÍN DE QUISQUEYA

El trabajo de Quisqueya Henríquez siempre ha estado imbuido de una profunda reflexión sobre los estereotipos relacionados con el Caribe y la dinámica de la región con otras partes del mundo. Sin embargo, lo caribeño en su obra cobra otra dimensión en 2020, a raíz de la pandemia, cuando junto a su esposo, el senador Pedro Catrain, deciden establecerse en La Loma, en Las Terrenas, provincia de Samaná.

Durante los siguientes nueve meses de confinamiento, Quisqueya se dedicó a observar y pintar el territorio. En compañía de la naturaleza, reinventó su jardín como una especie de microecosistema, donde estudiaba y recreaba meticulosamente las texturas de los árboles y plantas de la propiedad: yagrumos (yarumo), pandanos, mangos y framboyanes. Este proceso formó parte de una residencia virtual con la plataforma Tropical Papers.

Las pequeñas pinturas resultantes representan con detalle los pliegues en el tronco del framboyán, la sobreposición de tonos de verdes grisáceos de las hojas del yarumo, la composición fractal de la fruta del pandano y sus caleidoscópicas raíces.

Vista de la exposición “Tierra y sombras”, de Quisqueya Henríquez, en FORO.SPACE, Bogotá, 2022. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición “Tierra y sombras”, de Quisqueya Henríquez, en FORO.SPACE, Bogotá, 2022. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición “Tierra y sombras”, de Quisqueya Henríquez, en FORO.SPACE, Bogotá, 2022. Foto cortesía de la galería
Quisqueya Henriquez, Fruit Meeting, 2002, acrílico sobre lienzo y poliuretano sobre madera. Cortesía: David Castillo Gallery

Estas composiciones, descritas por la artista como un «diseño evolutivo de las plantas”, se exhibieron a finales de 2022 en FORO.SPACE, en Bogotá. La muestra, titulada Tierra y sombras, parte de una exploración de los límites de la pintura y las estructuras de exhibición y representación. En este contexto, la artista “asume el amor por lo vivo como una postura posible e incluso necesaria en la producción artística”, como destaca el curador guatemalteco residente en Colombia, Emiliano Valdés, en el texto de la exposición.

Sobre estas obras, compartió la artista en su cuenta de Instagram:

Un árbol pandano se convirtió en una estructura soporte donde acomodaba de vez en cuando las pinturas para intentar verlas como un todo, como una exposición. Una vez colgadas todas, los cuadros parecían tener independencia. Cada una se sostenía a su manera en un equilibrio precario, pero funcional.

Podían asociarse a frutos producto de un injerto entre un árbol y una galería de arte. Con el paso de varios meses se siguieron sumando pinturas, que cada vez eran más difíciles de colocar en las ramas, sin que alguna no cayera y rodara un buen tramo loma abajo.

¿Cómo llevar esta experiencia a la galería, a las paredes lisas y los planos blancos?

Las pinturas estacas son el resultado de la experiencia que significó sustituir el espacio tradicional de exhibición por un espacio a cielo abierto, sin paredes ni pisos.

Las pinturas estacas convierten a la obra en parte de la planta; son como tallos derechos con una copa de árbol cuadrada. Son pinturas que quieren ser plantas. La tierra las sostiene de la misma manera que sostiene a cada mata. Casi se vuelven una sola cosa.

Las pinturas estacas no necesitan paredes. Están clavadas en la tierra compartiendo alimento con las raíces.

Quisqueya Henríquez, Colorama, exhibición virtual parte del proyecto New Viewings, de la Galería Barbara Thumm, 2020. Cortesía de la galería

Quisqueya Henríquez (República Dominicana), de la serie «Las Terrenas», 2020, dibujo digital. Cortesía de la artista

El entorno natural de Las Terrenas llevó a Quisqueya a profundizar en su observación y fascinación por los insectos, un interés que nace en 2002 a raíz de una serie de lecturas sobre la naturaleza tropical. Durante su residencia virtual en Tropical Papers, realizada entre junio y julio de 2020, compartió una serie de dibujos digitales de insectos que frecuentemente habitan dentro y fuera de las plantas de su jardín.

En estas “ilustraciones”, la artista identifica y clasifica la paleta de colores de la Dracaena Colorama, una planta común que se encuentra en toda la América Latina tropical. De este modo, hace suyos algunos de los estereotipos preconcebidos sobre el Caribe que había criticado previamente, con el fin de cuestionar aún más la manera de comprender su entorno inmediato.

En esa ocasión, la curadora colombiana María Inés Rodríguez, fundadora de Tropical Papers y mentora de la artista durante su residencia, expresó:

Su conceptualismo lúdico, fenomenológico y a menudo participativo busca involucrar a la audiencia en una forma de pensar crítica. La obra de Henríquez derrumba experimentalmente las jerarquías establecidas para imaginar una realidad más allá de las estructuras dominantes en la sociedad.

Quisqueya Henríquez, Helado de agua de Mar Caribe. De la serie Burlas, 2002. Fotografía digital, 101 x 101 cm. Premio XIX Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. Colección Eduardo León Jimenes de Artes Visuales, Centro León, RRDD

¿A QUÉ SABE EL CARIBE? UN HELADO FAMOSO

En 2021, el MALBA presentó el proyecto La historia como rumor, una serie de exhibiciones online concebida en medio de la pandemia por la entonces directora del museo Gabriela Rangel, con el objetivo documentar y contextualizar un conjunto de performances que ocurrieron durante el siglo XX en distintos momentos y lugares de América y el Caribe.

La quinta exposición del programa estuvo dedicada a la acción Helado de agua de mar Caribe (2002), obra emblemática de Quisqueya Henríquez, presentada recientemente en la feria ARCOmadrid 2024 como parte de la sección La orilla, la marea, la corriente: un Caribe oceánico, curada por Sara Hermann y Carla Acevedo-Yates (Puerto Rico). 

La obra forma parte de la serie Burlas, la cual se centra en los relatos que se han creado sobre el trópico, especialmente relacionados con el Caribe y, más específicamente, con los estereotipos asociados al mar y la insularidad.

Pero ¿a qué sabe El Caribe?

Quisqueya Henríquez, Helado de agua de mar Caribe. De la serie Burlas, 2002-2024. Feria ARCOmadrid, 2024. Fotos cortesía de la artista

Quisqueya recolectó las principales materias primas – algas y agua de mar – con las que ingenieros químicos y fabricantes especializados elaboraron este helado perfectamente comestible en un formato inesperado. Un helado que desafía las expectativas convencionales de lo que es un helado y, a la vez, de lo que es caribeño. Al probarlo, nos sorprende su salinidad. Al mirarlo, parece congelar por un instante las cálidas playas turquesas del Caribe.

El helado tenía un sabor complejo, y eso era importante para comunicar una serie de ideas. Y una de las ideas era una crítica a la idea turística del mar Caribe, que hace eco con el colonialismo, y también incluía la peligrosidad de la migración sobre esas aguas.

Amy Rosenblum-Martín en la presentación de esta obra para la quinta edición de La historia como rumor.

En el 2008, Rosenblum-Martín había organizado en el Bronx Museum de Nueva York la primera retrospectiva de Quisqueya en Estados Unidos, bajo el título The World Outside, A Survey Exhibition 1991 – 2007. Esta panorámica reunió una selección de fotografías, videos, objetos e instalaciones, incluida la pieza Helado de agua de mar Caribe.

En esa oportunidad, la curadora comentó:

Aunque Quisqueya ha sido descrita como neodadaísta, su verdadera fascinación parece centrarse en cómo un proceso o actividad puede convertirse en una obra de arte y cómo la participación del público puede dar sentido al trabajo. Ella convierte los clichés en nuevos paradigmas.

Quisqueya Henríquez, serie Puestos, 2019, fotografía a color
Quisqueya Henríquez, de la serie Puestos, 2019, fotografía a color
Quisqueya Henríquez en colaboración con Fico (Federico Gómez Polonio). Vista de la muestra «Infinitamente maleable», Santo Domingo, 2019.

COMO UNA COMPARSA. LA AUTORÍA EN EL CONTEXTO DEL ARTE COLABORATIVO

Varios proyectos de Quisqueya Henríquez tienen un componente colaborativo medular. Un ejemplo claro es la serie Formal/Informal, que consta de varias esculturas dinámicas y coloridas hechas con armazones de metal cubiertos con tiras largas y delgadas de plástico de diversos colores. Para estas obras, Quisqueya colaboró con Fico (Federico Gómez Polonio), un artesano que trabaja en las calles de Santo Domingo, especializado en tejer y cubrir muebles, volantes, espejos y otros objetos domésticos con esta técnica.

De algunas obras de Formal/Informal penden fotografías de mercados callejeros, donde la carpa azul aparece como un elemento visual muy característico de las actividades de la economía informal. Estos objetos combinan el lenguaje de la cultura vernácula con referentes de la historia del arte y la estética, al tiempo que exploran las similitudes y diferencias entre la economía informal de la calle y la economía formal del ámbito artístico.

Otro proyecto de la artista que va por esta misma línea consiste en diversos diseños para papel de regalo en los que combina la estética modernista (patrones geométricos) con el contexto autóctono (imágenes de basura encontrada en las playas de la República Dominicana). Aunque estos papeles de regalo son objetos artísticos en sí mismos, inicialmente fueron concebidos para formar parte de un proyecto participativo. Henríquez se acercó a los propietarios de tiendas en Santo Domingo y los alentó a envolver las compras de los clientes con este papel, pero solo unos pocos aceptaron su propuesta.

Quisqueya Henríquez y Lowell Whipple Girbes, El ruido de otros, 2010. Vista del performance de El Hombrecito en el Centro Cultural de España de Santo Domingo.

Quisqueya Henríquez y , El ruido de otros, 2010. Vista de la instalación en el Centro Cultural de España de Santo Domingo.

Al invitar a otros a participar en sus proyectos, Quisqueya crea un espacio para el intercambio de perspectivas y la interacción entre diferentes comunidades. En su proyecto El ruido de otros (2010), presentado en el Centro Cultural de España en Santo Domingo, su objetivo era cuestionar la noción de autoría en las exposiciones. Para este fin, invitó a otros artistas a exponer junto a ella o en su lugar. Creó dos estructuras para presentaciones performativas, una de ellas una plataforma con un amplio agujero (un guiño a las perforaciones arquitectónicas de Matta-Clark), diseñada en colaboración con el arquitecto Lowell Whipple Girbes. Por el gran hoyo se podía ver a El hombrecito interpretando una fusión entre poesía, música y performance.

La otra estructura, Túnel mágico, sirvió de escenario para que el diseñador gráfico y fotógrafo Máximo Del Castillo invitara al público a posar para una serie de fotografías divertidas. Estas imágenes eran proyectadas instantáneamente en una pared cercana, creando así un momento de interacción y entretenimiento para los espectadores.

Quisqueya Henríquez, Laura Castro, Engel Leonardo (Sindicato), Comparsa, participación en el Desfile Nacional de Carnaval de Santo Domingo, 2016. Cortesía: Sindicato

Sin embargo, entre sus colaboraciones, una destacó como una iniciativa de larga duración: Sindicato. Dirigido por Quisqueya y la artista dominicana Laura Castro, este proyecto artístico híbrido estuvo activo en Santo Domingo desde 2015 hasta 2020, transitando entre lo curatorial y lo comercial. Por sus espacios y actividades pasaron Engel Leonardo, Elisa Bergel Melo, Natalia Ortega Gámez y Ernesto Paredano, entre otros artistas.

En marzo de 2016, Quisqueya, Laura y Engel concibieron una comparsa conformada por amigos y artistas con el propósito de participar en uno de los eventos tradicionales más emblemáticos del país: el Desfile Nacional de Carnaval de Santo Domingo. Comparsa fue concebido como un espacio de encuentro en los márgenes de la alta cultura y las instituciones artísticas tradicionales, fomentando interacciones con nuevos participantes y adaptándose a un formato de exhibición poco convencional, donde las obras colgaban y se activaban en los cuerpos de sus participantes.

Este proyecto de Sindicato también pone a prueba los límites de la autoría al involucrar la apropiación, la colaboración y la participación pública, lo que lleva a los espectadores a replantearse la distribución del capital cultural.

Quisqueya Henríquez, Sensibilidad Moderna, 2017. Mobiliario y archivo con documentación del padre de la artista, el historiador dominicano Francisco Henríquez Vásquez.
Quisqueya Henríquez, Sensibilidad Moderna, 2017. Mobiliario y archivo con documentación del padre de la artista, el historiador dominicano Francisco Henríquez Vásquez.

LA DETERMINACIÓN DE UNA FAMILIA

La vocación artística de Quisqueya se manifestó desde su infancia, cuando a los cinco años ganó un concurso de pintura auspiciado por la UNESCO. Desde entonces, supo que era artista y nunca dejó de serlo, incluso en medio de las hostilidades e ingratitudes que a menudo acompañan esta profesión. 

A pesar de lo que implica llevar una carrera de artista profesional, han sido muy pocos los momentos en que no he querido serlo.

Quisqueya Henríquez en una entrevista reciente con Diario Libre.

Quisqueya era hija de la cubana Angélica Cruz y el historiador dominicano Francisco Henríquez Vásquez, ambos ya fallecidos.Su padre, un incansable luchador contra la dictadura trujillista, sufrió persecución y exilio en varias ocasiones. Quisqueya solía recordarlo con orgullo en sus conversaciones públicas.

En 2017, le dedicó una obra, Sensibilidad Moderna, parte de su serie Réplicas Desobedientes. Se trata de una banca con una doble función: sirve como asiento y como archivo. Su estructura atesora una selección de documentos que pertenecían al padre de la artista, los cuales pueden ser consultados por los visitantes cuando la obra está en exhibición.

El archivo de Henríquez Vásquez contiene epistolarios, registros de controversias políticas, recuentos de disputas ideológicas, fotografías y documentos de gran importancia para la historia de las luchas políticas, sobre todo de Cuba y República Dominicana, los dos países de origen de Quisqueya.

Otro componente de Sensibilidad Moderna es el audio en el que el padre de la artista narra parte de su vida, desde su nacimiento en 1916 hasta 1946. Este componente sonoro fue editado e intervenido musicalmente por Ernesto Paredano.

Recuerdo que la primera intención de adentrarme en los papeles de mi padre fue la posibilidad de encontrar alguna carta o telegrama que probara el rumor de que él estaba en Bogotá durante los disturbios conocidos como el Bogotazo.

Quisqueya Henríquez. 
Quisqueya Henríquez en su estudio en República Dominicana, 2016.

Quisqueya hoy se reúne con su padre y con su madre. A ellos, a Pedro, a sus hermanos, familiares, amigos y colegas les dedicamos este texto en honor a su memoria y legado.

Mi agradecimiento a Sara Hermann, Carla Acevedo-Yates, María Inés Rodríguez, Amy Rosenblum-Martín, Gabriela Rangel y Emiliano Valdés, cuyos textos han sido fundamentales para narrar esta breve historia de una artista formidable.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es directora y fundadora de Artishock, revista online especializada en arte contemporáneo. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en Hunter College, School of Visual Arts y The Art Students League, Nueva York. Es editora y traductora inglés/español de contenidos sobre arte, trabaja en campañas de difusión y escribe regularmente para publicaciones, galerías y artistas de América Latina y El Caribe.

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