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NEWTON, UN INDECENTE JOVEN ESCULTOR

Detrás de los lentes de Newton está la mirada de Rosa, escultora de fálicas aficiones y sempiterno cubacha. Es la primera parada al cruzar la puerta de su departamento en Ciudad de México, una barrita donde al visitante no se le niega el vidrio con qué brindar. En su taller, trabaja la talla entre los archivos de su esposo Juan José Gurrola, artista y dramaturgo mexicano, su pareja durante décadas de sociedad amorosa, intelectual y creativa.

Cuando Rosa talla la madera o el metal prefiere que la conozcan como Newton, un joven escultor que admite alegremente no pertenecer al planeta de la gente decente. Desde hace unos años, luego de la muerte de Gurrola, Rosa vive un renacimiento de su práctica artística, con una vitalidad que ha convertido su casa en el centro de un universo que, entre trago y trago, ella bautizó como el continente accidental, tierra habitada por un heterogéneo grupo de náufragos desvelados.

Esta conversación se da en una tarde, a días de la inauguración de la muestra El Muerto en la Galería Lodos de Ciudad de México, un homenaje a George Bataille que Rosa tenía años guardado en el pecho. La exhibición consiste en una lectura del cuento de Bataille, hecha en dibujos y esculturas de bronce. Esta lectura escultórica, espacial, teatral, más que competir con las ilustraciones que hiciera Hans Bellmer del cuento, es una adaptación que, con la ayuda de su curador, Pepx Romero, se asemeja más a una puesta en escena.

Quienes se encuentren con la obra de Rosa deben convertirse en voyeuristas sensibles para asomarse a piezas en cuya impronta está una mano veterana con la curiosidad intacta por el placer, la belleza y el horror. La exhibición incluye una selección musical a cargo de Andrea Ferreyra y un libro en el que se publica por primera vez la traducción que el mexicano Raúl Falcó hiciera de El Muerto de Bataille, ilustrado por Newton, editado por Mauricio Marcín y diseñado por Proyectos Ninguém.

En su sofá, detrás de los lentes de Newton, Rosa recuerda su vida, habla de Bataille como de un viejo amigo y abraza, entre bocanadas de humo, una conversación que tiene siempre el semblante cómplice de la madrugada.

Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos

A los 24 años era virgen y me salí de casa a putear, a conocer. ¡Estaba viva! Me daba vergüenza ser virgen. Ser virgen es sinónimo de pendeja, desde luego. Cuando eres virgen no dejas fluir tu ser. Hasta ese momento no se me ocurría, el sexo no pasaba por mi cabeza, pero mi mamá me dio la idea. Cuando me quise ir de la casa ella me dijo: “¡Por puta! Te vas de tu casa por puta, porque quieres ir a fornicar, seguramente”. Qué buena idea, órale. Así que me fui a coger con el novio con quien andaba. Me fui a vivir con mi primo escultor Enrique Hernández y su entonces novio, pero no me di cuenta de que eran pareja sino a los seis meses de estar con ellos. Gracias a una sesión de alta mota fue que se me iluminó que eran novios. Estaba retrasadita, bastante.

Me educaron en una burbuja, una burbuja creada por gente ignorante, con mucho ánimo de protegerme de la realidad. ¿Quién lo logra?  Los que están aislados en su castillo, en su torre de marfil, pero esa no es la vida. Cuando te enfrentas a la realidad es apabullante… la maldad, los vicios… Esa es la realidad, pero hasta que la miras, la vives, es bien difícil reaccionar. Te deben preparar para enfrentar la vida, aceptar y gozar la realidad. Esa negación se mantiene todavía en las buenas conciencias, en la buena educación, en la gente decente.

Cuando Gurrola era mi pretendiente, me regaló El Muerto de Bataille, en traducción de Raúl Falcó. Eso fue en 1978 y desde entonces se me hizo una especie de obsesión. ¿Por? Por hacer de manera material mi interpretación del cuento. Sucedió unos años después gracias a Pepx Romero. Quise homenajear a Bataille, un filósofo estudioso del erotismo, un pornógrafo. Quiero poner al erotismo en el lugar divino que corresponde, un lugar muy elevado; no un defecto, sino todo lo contrario.

Cuando Gurrola me regaló El Muerto lo único que se me ocurrió fue copiarlo en manuscrito para que más se me clavara, letra por letra. Sentía una imposibilidad de expresarlo. Cómo hacer con algo que te parece brutal y que no sabes traducirlo a tu lenguaje, manifestarlo desde ti. Ha sido muy difícil. Pero sospecho que se multiplicó mi dificultad por mi inactividad anterior. No tenía las herramientas de muñeca, aunque estaba cargada de intención.

Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos

Retomar mi producción artística ha sido un reto inmenso, un salto al vacío con las manos vacías. Ahí vamos, ahí vamos aterrizando, me gusta mucho. Ni siquiera se me aparece la imagen de Gurrola. Ha sido mi vida, mi destino, mis oportunidades. Ni bien ni mal, así es. ¿Quién soy yo en este momento?

Ha sido vertiginoso para mí. Pasé por una angustia infame que no me dejaba pensar. Me ponía enfrente de mi mesa de trabajo, engarrotada. Esa angustia proviene del propio trabajo. Gracias a que soy miope, observo muy poco la mirada ajena. Me ponía nerviosa el propio trabajo, hacerlo a mi satisfacción, hacerlo bien. Traducir lo que está en mi alma, traducir materialmente el cuento de George Bataille, que está entre mis favoritos personajes de la vida. Ese proceso fue muy angustiante. Sufrí mucho, una sufridera… eso sí, debo decirlo, placentera.

Estuve en psicoanálisis para ayudarme a salir del parche creativo donde estaba. El analista le echaba la culpa a Gurrola. Me decía que era el padre que yo buscaba. Cierto, también, pero al analista nunca se le ocurrió que el origen de mi tragedia estaba en la falta de papá. En la ausencia de mi padre. A un astrólogo sí se le ocurrió, entonces fue un gran apoyo cambiar el punto de vista.

Sigo admirando a Gurrola. Lo admiré desde los 12 años, cuando lo vi en una entrevista en televisión. Para mí Gurrola es un gigante, mi gigante. Nunca competimos. Él fue un escorpión muy absorbente, me envolvía en sus proyectos, pero no abandonaba el mío. Juan José me admiraba muchísimo, le parecía yo genial. Hice cosillas eventuales, un poco de minimal art. Se le escurría la baba por mí, pero a un escorpión, un Gurrola, pues se le puede escurrir la baba, pero primero está él.

Nunca nos aficionamos a Newton, a Rosa. Era Gurrola el eje central, el ombligo. Un día Juan José hizo un librero de mesa, llegó a mi taller y me dijo: “Qué padre, creo que voy a hacer escultura”. Le pedí por todos los cielos que me dejara ese rincón creativo y lo respetó, así que siempre pude hacer mis experimentillos. Si me hubiera impuesto, si me la hubiera creído, hubiera logrado quizás más.

Menos tiempo a Gurrola, más tiempo a Newton. No, no fue así, no hubo esa necesidad, ese anhelo. La base fue la inmensa admiración hacia él. Pudo haber sido un depravado, lo que fuera, pero así lo amé. Cada faceta de él me parecía lógica y casi motivo de veneración. Se trataba de empatías intelectuales. Había empatía, no había juicio, ni tampoco me lanzaba yo a pensar lo que él pensaba. Había bastante comprensión, eso no quiere decir disculparlo, lo que yo hice fue aceptarlo.

La búsqueda de papá, la admiración a lo masculino me hizo muy macha. Ser mujercita me cuesta mucho trabajo. Un novio me puso Newton porque no entendía mi inteligencia. Era un polvorín, fantástico, fui muy feliz los años de relación que tuve con él. Le asombraban mis reacciones, mi pensamiento, mi modo de vida.

Estaba yo firmando una de mis esculturas, la primera, y le decía: Rosa Vivanco no me gusta. No me gusta mi nombre, Rosa Gurrola, porque no soy Gurrola. Ni Rosa, ni Gurrola, ni Vivanco me van. Ese novio en ese momento era mi cuate, no de amor, ni de pasión, sino de amistad que coge. Él fue quien me dijo: “¡Pero si eres Newton!”. Ah, le dije, perfecto. Me cayó como anillo al dedo porque además es el apellido de un hombre famoso.

Newton era un sobrenombre que ya era mío. Luego llegó lo de joven escultor. Nos moríamos de carcajadas con eso. Me lo puso Teresa del Conde, una maestra, una crítica muy concreta, muy precisa. En una colectiva, cuando menciona mi pieza, dice que es del “joven escultor Newton”. Le pareció bien mi pieza, que ya ni me acuerdo cuál. No podíamos con las carcajadas de que doña perfecta se haya imaginado a un joven escultor que firma Newton. Fue como moverle el piso al otro, desconcertarlo; eso me gusta mucho, es parte de mis escondites.

Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos

En mi primera etapa de tallista, de talladora de madera, hice muchos falos. Chiquitos, más grandes, chuequecines, para arriba, de cualquier forma. Me concentré en lo masculino muchos años. He sido falocéntrica, me encanta. Sí, soy muy fálica. Lo que hacía era el símbolo de la creación. A partir de ahí nací. Es algo más filosófico. Crecí rodeada de muchas, muchas, mujeres. Los tíos, mandilones todos, muy decentes.

Siempre fueron las mujeres de mi familia las fuertes, se hacía lo que ellas querían, con todo y que estaban llenas de ignorancia y no quisieron zafarse de ella. Tengo un profundo desprecio a lo femenino por mi experiencia personal. A mi difunto padre lo sigo buscando, lo construyo desde el arquetipo para hacerme su amiga. Es una necesidad de salvarme, porque esa ausencia es un hoyo negro dentro de mí. Lo estoy haciendo presente, lo atraigo hacia mí y nos hacemos amigos.

Lo conocí a los 19 años. Era guapo, muy guapo, pero me decepcionó. Hice toda una búsqueda detectivesca para dar con él. Cuando lo logré, no tenía elaborado para qué chingados lo quería conocer. Nos vimos en el café La Habana de Bucareli. Fue una inmensa decepción. No esperaba nada, pero creo que lo esperaba todo.

Mis padres se separan por intrigas de mi abuela, cuando mi mamá se embaraza de mí. Me pareció muy comodín de él aceptar los chismes, que yo no era hija de él, sino que de mi mamá quién sabe con quién. Mi abuela idolatraba a mi papá, estaba enamorada de mi papá, entonces siempre hizo la lucha de tal manera que mi papá nunca tuvo una relación. ¿La reacción de él? Decir ‘yo creo que me pusiste el cuerno’ y a la chingada. Es la única información que tuve. Solo ahora he empezado a construir a mi papá, hablar con él, pedirle ayuda para inspirarme. Estoy sanando ese hoyo negro que está en mi ser.

En esta individual se publica, por primera vez, la traducción hecha por Raúl Falcó de El Muerto. Nadie tiene que acercarse a Bataille, no soy catequista de Bataille, pero si veo que tienes esa inclinación me gusta alimentar esa sensación tuya, porque somos empáticos en nuestros conceptos eróticos. No le doy El Muerto de Bataille a cualquier persona que entre, pero sí suelo regalar esa historia. Si coincidimos, ahí está, como hice con María Perkances, a quien le presté El Muerto.

He encontrado a varios jóvenes que conocen a Bataille. Se está retomando al autor, se está dimensionado, apreciando. Cuando retomé mi producción, diez años después de la muerte de Gurrola, lo hice en La Retaguardia del arte, el espacio de exhibición en el ano de María Perkances. Elaboré un proyecto que sometí a concurso en una convocatoria de diseño de joyería y nunca se dio. Se me ocurrió hacer el ADN, la escalerita… me pareció muy bueno retomarlo y Manu Toledo me lo fabricó. Ese día llegué temprano a Casa Gomorra, subiendito hay una barra y una banca donde me senté a chelear. Llegaban jóvenes y más jóvenes, puros jóvenes. Ellos volteaban y se les hacía raro que esta abuelita estuviera ahí empujándose.

Cuando María abrió su galería, casi me sacan como a los toreros en hombros. ¡Oh! Todos querían conmigo. A todos les caí bien. Fue fantástico el recibimiento de mi público. Por eso me siento tan joven.

Mis amigos Billy González y Pepx Romero me han ayudado a echar a andar otros proyectos. Me aventaron; con ellos me cuesta mucho trabajo decir que no. Luego me digo, ¿cómo se te ocurre, Rosa? ¿Por dónde salgo? Rosa, eres una inconsciente. En fin, así ya vamos a inaugurar El Muerto. Es un regocijo, un placer que se me ha aparecido sin proponérmelo. Todo es tan armónico, tan amoroso. Excepto mis telarañas que aparecieron. Todo lo demás es fantástico.

Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos

El placer no es una búsqueda, es un encuentro. Sucede en las artes plásticas, en cómo responde tu espíritu estimulado a ciertas imágenes o técnicas, formas, sobre todo en la pintura y en la escultura. Encuentro muchísimo placer en la literatura: Lolita, Ada o el Ardor de Nabokov. Lo siento al terminar un día de trabajo: ese inmenso placer se te aparece, no andas en su búsqueda. Con el hombre que me llega a gustar, hasta el roce de brazos es un placer sin nombre. Con algunas pinturas siento una reacción total, intelectual, espiritual y física.

Hoy se ha hecho a un lado el erotismo. Los feminismos y movimientos LGBTQ+ han hecho a un lado el erotismo. Van por sus derechos, no sexuales, sino de existencia, de reconocimiento, de aceptación. El erotismo está puesto de lado. A muchas activistas ni por acá les ha pasado el deseo, el placer.

Esta visión del placer puede que no sea el tema de conversación principal en este momento, pero gravita esa información y nos la pasamos del uno al otro. Me siento en casa entre inconformes, hablamos el mismo lenguaje, perfectamente entendido, sin paranoias. El Me Too nos ha hecho retroceder en relación con el placer y el deseo, a cien kilómetros por hora en reversa.

Yo le puse a mi hija Eduarda por el cuento de Bataille. Madame Eduarda es una diosa, todo su placer lo vive sin una pizca de culpa, jamás se siente ni se lee culpa. Yo quería ese placer para mi hija. El placer es un estado ideal donde desaparece todo lo material. ¡El paraíso! Ese momento en que te pierdes, no existes, y sin embargo existes de la manera más importante, profunda y real: ¡la petit mort! Que nos cause placer dejar de ser, dejar de sentir nuestro yo, nuestro ser. Lo dice una mujer que nunca ha estado obsesionada con el sexo, más bien he estado abierta al encuentro con el placer en los diversos lugares de la vida.

Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos
Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos

A quien quisiera censurar a Bataille no le diría nada; esa persona pertenece a otro planeta. No hablamos lo mismo, serían palabras al aire, margaritas a los puercos. Que siga con sus creencias, que yo me pongo de perfil. Contra la necedad no hay posibilidad, sigue, disfrútala, gózala, muere con ella.

Mi primer ejemplo fue mi madre. No gastes saliva, no te esfuerces, no vas a lograr nada. Quizá enemistarte más, ese puede ser el único resultado. Desde la adolescencia se fue gestando mi inconformidad, cuando comparaba lo que sucedía en mi casa con los hechos reales. No estaba a gusto, no cuadraba con ese sistema, con ese modo de pensar, actuar y juzgar que no me iba.

Cuando salí de casa, ¡la libertad! Uy, no sabes qué maravilla. Estar sin ese juez perpetuo, eterno, que es el hogar y los miembros que ahí viven en una censura continuada. De que si se te asoma el fondo, que si se te fue la media, que si no grites, no te rías, esto no es chiste. Cuidando las formas, el qué dirán.

El qué dirán es tan importante para el grupo de personas decentes. Yo defiendo la libertad y el disfrute. No creo en el sacrificio católico de quitarme el pan de la boca para alimentar a mis hijos. El sacrificio es un término que Bataille eleva, una cosa mística, gozosa. Yo no pertenezco al planeta de la gente decente. Porque sacrificio, ¡a la chingada! No, no. Sufrir lo evito. Empieza a dolerme la cabeza y ya me estoy tomando algo. El sufrimiento físico no me va.

Entiendo el término sacrificio en otros niveles, pero es que no soy del planeta de la gente decente, me perdieron. Somos artistas inteligentes, pensantes, caemos en cuenta de que esto existe y lo amamos. El que no le entre a nuestro planeta, pues es que pertenece a otro; todos tenemos derecho a elegir nuestro planeta.

El placer es un territorio donde no hay respuestas absolutas. Es fuerte adentrarse en ese territorio, no es fácil, pero es tan divertido. El desarmarte de tu fusil, de tu arco, de tus herramientas de lucha, por eso da miedo: no entras con una seguridad absoluta, todo lo contrario, entras desarmado y lo que cuesta desarmarse a sí mismo es un sacrificio que sí vale la pena, el sacrificio en mayúscula… desarmarse por amor, por curiosidad, por valentía.

Newton, de la serie ‘El Muerto’, 2023. Bronce, tinta sobre papel de algodón, vidrio. Cortesía de Galería Lodos

Tengo en común con El Muerto de Bataille que la muerte la siento aquí junto a mí, la tenemos desde que nacemos, pero a mi edad tengo la conciencia profunda de que va a pasar. Aprecio muchísimo la vida, pero me vale una chingada. Ya me he desarmado y vuelto a armar, he abrazado este vertiginoso destino que me ha puesto a producir otra vez.

No creas que soy un libro abierto: no me gusta quedarme sin ropa interior en el alma. ¿Por qué hacerlo si hace frío? ¿Por qué despojarte de tu intimidad, que es un pilar de ti mismo? Debes protegerte, respetar tu presencia, lo que te conforma. En tu interior hay imágenes, verdades que no tienes por qué compartir con el ser más amado. Si te despojas de eso, ¿qué te queda? Puedes quedarte sin nada. No es amoroso, ni sacrificial, ni nada.

Desde hace algún tiempo estoy lista para morir. Trato de organizar mis documentos, que todo vaya quedando en un orden. Creo estar lista para despedirme. Espero. Firmé mi voluntad anticipada: quiero que me desconecten. Si estoy muy malita, quiero morir en mi cama. Adelantar las circunstancias para tu gente alrededor… que sea de la mejor manera y no una sufridera. Está firmado ante notario, me costó 3,700 pesos. Incluye la donación de todos mis órganos útiles. ¿Los ojos?, con todo y anteojos.


Newton: El Muerto se presenta del 5 de febrero al 23 de marzo de 2024 en Lodos, Turín 38b, Col. Juárez, Ciudad de México

Torrivilla

Es escritor multidisciplinario especializado en arte contemporáneo y estudios críticos de la cultura en América Latina. Es director académico de Profoundation, plataforma de proyectos artísticos en torno al performance, cuerpo y escritura. Fue curador de Callar la protesta en La Fortaleza en la Ciudad de México en 2018, entre otros proyectos. Tiene más de diez años de experiencia en medios como editor, cronista y ensayista en publicaciones internacionales y es coautor de El bravo tuky (2015), libro sobre la escena de música electrónica en los barrios de Caracas. Es profesor en la Maestría en Estudios Curatoriales de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudia el doctorado en Historia del Arte.

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