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EL CAPÍTULO CHILENO DE ALFREDO JAAR

Alfredo Jaar recuerda claramente cómo, a los 17 años, su padre le anunció de manera abrupta que no iría al colegio, sin ofrecer explicaciones claras. Estaba terminando la secundaria y había decidido estudiar arquitectura. Más tarde, descubrió que algo grave había sucedido: era el año 1973 y Chile había sido víctima de un Golpe de Estado. Este traumático evento marcaría el inicio de su participación en el ámbito político y cultural de la dictadura chilena.

Unos meses antes del golpe se había lanzado “El lado oscuro de la luna», el emblemático álbum de Pink Floyd. Consternado por el horror que apenas comenzaba a instalarse en Chile, Jaar se refugia en la música, en particular en este disco y sus letras, que reflexionan sobre el tiempo, la muerte, la locura, el conflicto, la avaricia y la alienación.

El título de su exposición actual en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Santiago, El lado oscuro de la luna, es un homenaje a este álbum fundamental en su historia personal y al líder de la banda, Roger Waters, a quien Jaar elogia como un destacado activista político.

La muestra, parte de la programación del MNBA que conmemora los 50 años del golpe de Estado, presenta una selección de obras realizadas por Jaar en Chile y sobre Chile entre 1974 y 1981, a partir de su vivencia del golpe y su consecuente proceso. El curador Pablo Chiuminatto denomina este período como «El capítulo chileno de Alfredo Jaar», un hito en la exhibición de su obra en general que rara vez ha sido presentado, salvo algunas piezas, en museos de todo el mundo.

¿Es usted feliz?, de la serie «Estudios sobre la felicidad», de Alfredo Jaar. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

La exposición sigue un orden cronológico que comienza con la obra Septiembre 11, 1973 (1974), en la que Jaar simplemente coloca la fecha y hora del bombardeo a La Moneda (12:10). Con tan solo esos elementos, el artista nos anima a recordar no solo ese trágico día, sino también a tener presente que, hasta la llegada de la democracia, cada día era el 11 para los millones de chilenos que vivieron bajo la dictadura militar.

Septiembre 11, 1973 es parte de las primerísimas obras de un Alfredo Jaar que no se sentía necesariamente artista, sino que, de manera muy intuitiva, buscaba expresar cómo actuar en un momento crucial de la historia que le fue impuesto de manera violenta, y del cual fue testigo.

«Desde entonces, todos los días después del 11/09/73 se convirtieron en 11, en esta pesadilla que acababa de comenzar y que nadie sabía cuánto iba a durar», explica Jaar. «Mis primeros calendarios y dibujos estaban impregnados por el contexto del golpe. Terminaron siendo obras de arte y el comienzo de una carrera de 50 años. Por lo tanto, es una experiencia y una emoción impresionante presentar esta obra en la sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes».

El 11 de septiembre de 1973 marcó un punto de inflexión en la vida de Alfredo Jaar y se considera la fecha de inicio de su trabajo artístico. La presencia recurrente del número 11 se reflejará en muchas de sus obras posteriores, realizadas tanto en Chile como después de establecerse en Estados Unidos, como se evidencia en el calendario September 11, 1973 (Coke) (1982), que forma parte de la exposición.

Obras tempranas de Alfredo Jaar en la exposición «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
Alfredo Jaar, September 11, 1973 (Coke) (1982). Cortesía del artista

Ese mismo año, Jaar comienza a trabajar en una serie de obras que exploran la implicación de Estados Unidos en el golpe militar en Chile, centrándose especialmente en el papel de Nixon y Kissinger. Este tema continuó siendo objeto de estudio a lo largo de los años, como se ve en la sección de la muestra dedicada al recién fallecido ex secretario de Estado, también conocido como uno de los arquitectos de la Realpolitik.

«En 1982, descubrí el papel que desempeñaron los Estados Unidos, el presidente Nixon y Kissinger en el golpe militar. Yo no tenía idea de eso. Había rumores, por supuesto, pero debido a la censura en Chile, no tenía la menor idea», explica Jaar. «Fue un descubrimiento y un shock. Entonces, quise recrear el calendario, esta vez, inspirado en una empresa emblemática como Coca-Cola, que representa a Estados Unidos».

La serie de obras en torno a la figura de Kissinger, que marca el inicio del reconocimiento internacional de Jaar, implica la intervención de archivos desclasificados y fotografías con el objetivo de cuestionar directamente al ex secretario de Estado por su participación y responsabilidad en la ejecución del golpe y la subsecuente destrucción de la democracia en Chile.

Alfredo Jaar, Proyecto Kissinger, 2012. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
Alfredo Jaar, Proyecto Kissinger, 2012. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
Alfredo Jaar, Proyecto Kissinger, 2012. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
Alfredo Jaar, Buscando a Kissinger, 1983. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
Alfredo Jaar, Proyecto Kissinger, 2012. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

Proyecto Kissinger, obra que es parte de la serie, fue creada en 2012 con motivo de una extensa retrospectiva de Jaar en tres museos de Berlín. El proyecto implicó la inserción de un cuadrado negro con la frase «Arresten a Kissinger», acompañada por la firma del artista, en tres periódicos de Berlín a modo de anuncios.

“Henry Kissinger tuvo un rol gravísimo en la historia de los últimos 60 años, particularmente en el intervencionismo de Estados Unidos en los golpes de estado ocurridos en el hemisferio sur del mundo. Es por eso que la frase ‘Arresten a Kissinger’ se tradujo a los distintos idiomas hablados en los países donde su influencia fue considerable, dado su involucramiento en los golpes de estado”, explica Chiuminatto.

Otras obras de la serie incluyen un conjunto de postales turísticas de Nueva York que llevan impresa la frase Buscando a Kissinger, así como Buscando a K, una estrategia de disección de las dos memorias escritas por el propio Kissinger sobre su vida. Jaar se enfoca en las fotografías de las publicaciones y encierra al personaje en un círculo rojo, al estilo de los carteles de «se busca».

“Aparece (en estas imágenes) con los grandes estadistas, con los príncipes, con los reyes… Kissinger viene a Chile en 1976 a hablar de derechos humanos y, por otra parte, a darle un espaldarazo a Pinochet. Y esa es la imagen con la que cierra el Proyecto Kissinger”, explica el curador.

Obras tempranas de Alfredo Jaar en la exposición «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

En 1979, Mario Fonseca, amigo de Alfredo Jaar, dirigía la revista Bravo y lo invita a intervenirla. Frustrado y desafiado por la idea de cómo transmitir y dar forma visualmente a una experiencia abrumadora, dolorosa e incomprensible, aborda el encargo con una imagen sencilla pero contundente: sobre un fondo negro, escribe ‘Esta página es la revelación de mi angustiosa imposibilidad como artista de ilustrar el tema’.

Para Chiuminatto, esta obra “no solo habla de la imposibilidad del artista de representar lo que está viviendo, sino también de la imposibilidad, podríamos decir, de quién es él en ese contexto”.

Es el momento en la carrera de Jaar que marca el surgimiento de cuestionamientos y reflexiones sobre asuntos existenciales, particularmente en relación con la frustración como una condición inherente a la experiencia humana frente a situaciones desgarradoras e inabarcables.

En ese contexto surge Estudios sobre la Felicidad (1979-1981), su primer proyecto concebido para el espacio público, o lo que la curadora estadounidense Mary Jane Jacob denomina el ámbito «comunal», destacándose como uno de los trabajos más emblemáticos de su obra temprana en Chile.

Como proyecto artístico y sociológico, Jaar empleó la encuesta callejera, el voto, la fotografía, la publicidad, los carteles y el video para explorar respuestas a la pregunta «¿Es usted feliz?». A través de estos medios, buscaba estimular a la ciudadanía a reflexionar sobre el impacto de la política represiva en su vida diaria. Para el artista, esto significaba tanto la posibilidad como la dificultad de representación en el espacio público en el contexto de una dictadura militar, así como un gesto irónico frente a la ilusión de abundancia económica prometida por el modelo neoliberal impuesto.

En la exposición se presentan obras representativas de las siete etapas de este proyecto, entre las cuales destaca una fotografía tomada durante la exposición Obra abierta y de registro continuo, curada por Adriana Valdés en 1981, en el mismo Museo Nacional de Bellas Artes. En la imagen, aparece un grupo de niños visitando la muestra hace 40 años. Según el curador, «Alfredo quiso hacer este gesto de mostrarnos cómo fue puesta in situ la obra en ese momento».

«Estudios sobre la felicidad», de Alfredo Jaar. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
«Estudios sobre la felicidad», de Alfredo Jaar. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
«Estudios sobre la felicidad», de Alfredo Jaar. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista
«Estudios sobre la felicidad», de Alfredo Jaar. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

Con la promesa pinochetista de un Chile ordenado y «feliz» como telón de fondo, Jaar incorpora el método de la encuesta a la serie Estudios sobre la Felicidad para plantear una serie de preguntas a la ciudadanía: ¿Es usted feliz? ¿Qué significa para usted ser feliz? ¿Cuál ha sido el peor momento de su vida?, entre otras.

La exposición presenta las respuestas de Mirna y Agustín (Retratos de Felices e Infelices, 1980), ofreciendo una contraposición que permite vislumbrar ambas caras de la moneda. ¿Qué significa para usted ser feliz? Mirna responde: “Un estado en el que estoy satisfecha de mí, cómoda en mi cuerpo, que me despierta a cualquier estímulo y me hace capaz de mucho”.

En sus diversos despliegues, Estudios sobre la Felicidad trasciende los límites del arte para convertirse en un laboratorio sociopolítico, que abarca tanto la libertad de expresión como el ejercicio del derecho al voto, e incluso proporciona un espacio para la reflexión personal y existencial. Al tomarse el espacio público, adquiere una dimensión social significativa y activa.

Las fotografías de los anuncios callejeros que cuestionan al transeúnte con la pregunta «¿Es usted feliz?», también parte del proyecto Estudios sobre la felicidad, se exhiben como papel mural dentro de una museografía excepcional. Esta es una obra que, en plena dictadura, se apropió del espacio público para instalar en la ciudadanía una pregunta aparentemente ingenua pero que, en ese contexto, encerraba una profunda dimensión política.

«Es una pregunta tan inocente, tan curiosa que incluso uno podría decir que recuerda a los slogans de comerciales como los de Coca-Cola, que va a problematizar el propio Alfredo Jaar en aquella obra posterior», comenta Chiuminatto. «Alfredo lanza, espeta sería la palabra, la pregunta de si eres feliz, y eso moviliza, obviamente, al espectador».

Alfredo Jaar, Retratos de Felices e Infelices, 1980. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

Antes de marcharse de Chile, atravesado por la desilusión y la impotencia en plena dictadura, Jaar crea en Ritoque, región de Valparaíso, su última acción, Chile, antes de partir (1981). En esta obra, el artista propone dividir al país por la mitad con una línea compuesta por mil banderitas de Chile, la cual se extiende desde la cordillera hacia el mar. Esta intervención surge en un contexto de extrema polarización durante la dictadura, donde una mitad de la población apoyaba al régimen y la otra buscaba el retorno de la democracia, con escaso diálogo entre ambas partes.

“Jaar quería ilustrar esta situación, considerando que el país estaba al borde de una guerra civil”, cuenta el curador. “Por otro lado, en ese momento circulaban rumores sobre entierros de personas en el desierto, los cuales tiempo después resultaron ser ciertos. La obra adquirió una connotación más sombría”.

Ese mismo año de 1981, Jaar crea una obra con materiales encontrados y de apariencia mínima para apuntar a la imposibilidad de manifestar disenso político durante la dictadura. Se trata de la acción callejera Telecomunicación (1981), inspirada en una foto que muestra a un grupo de mujeres de Irlanda del Norte golpeando la calle con tapas de tarros de basura para comunicar la muerte de un huelguista de hambre. Jaar se apropia de este gesto de protesta y lo recrea en las calles de Santiago para anunciar las muertes que estaban ocurriendo.

“Estaba un poco preocupado, por supuesto, pero yo tenía un plan”, recuerda Jaar. “Si me paraban, yo decía: ‘Mire, yo soy un fotógrafo y me gustan estas formas geométricas en el paisaje’. Y así fue, me pararon tres veces. No tenían la referencia, obviamente, de la foto original”.

Alfredo Jaar. A la izq: Telecomunicación (1981); a la der: Missing (1982). Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

Al llegar a Estados Unidos, Alfredo Jaar trabaja como arquitecto y se sumerge en la escena artística de Nueva York. Pronto, experimenta la insignificancia de Chile cultural, política y geopolíticamente en ese entorno. En respuesta, crea Missing (Desaparecido), otra obra que recurre a un gesto simple para comunicar un mensaje poderoso: borrar a Chile de un mapamundi para simbolizar aquella percepción de país irrelevante. Esta experiencia de frustración marca el inicio de sus obras centradas en Chile, realizadas desde Nueva York.

Años más tarde, el artista empieza a cuestionar la construcción del sentido de “identidad nacional”, como proyecto dictatorial y reduccionista, a través de mapas, banderas y emblemas. Una vez más, se pregunta cuál es el lugar de Chile, su imagen en el contexto mundial, así como su vínculo con Latinoamérica y Norteamérica.

En esta senda se inscribe la serie Un logo para América (1987), realizada a partir del registro de la instalación de una valla publicitaria luminosa en el concurrido y turístico Times Square de Nueva York. En la exposición se presenta parte del registro fotográfico de esta intervención, que luego Jaar reactivaría en Londres, Ciudad de México, Nueva York y Bogotá entre 2014 y 2017.

A través de una animación de 42 segundos, en la que aparen imágenes de la bandera y el mapa de Estados Unidos y las declaraciones “This is not America’s flag” (Esta no es la bandera de América) y “This is not America” (Esto no es América), Jaar buscaba desafiar el etnocentrismo de este país, que tiende a reclamar la identidad del continente americano entero como propia, así como recordar a los estadounidenses que América del Sur también es «América».

A lo largo de su extensa trayectoria, Alfredo Jaar ha venido realizando profundas reflexiones políticas y sociales sobre problemáticas de carácter humanitario, el poder de los medios de comunicación, el poder de la imagen, el sistema de información dominante y sus implicancias éticas en nuestra cultura. Sin utilizar imágenes explícitas, se vale de signos y significados que se pueden inscribir en una operación para desarticular la mirada colonial.

La exposición El lado oscuro de la luna “evidencia el desafío que enfrentan los artistas al probar el silencio que a veces impone la abrumadora realidad histórica, que no siempre se puede presentar directamente”, según Chiuminatto. «Como dijo José Zalaquet, destacado abogado de derechos humanos y crítico de arte chileno, lo que hace Alfredo Jaar es poner ese horror en un precioso marco, en una preciosa instalación que lo que hace es precisamente incomodarte como espectador”.

Alfredo Jaar, Un logo para América, 1987. Vista de la muestra «El lado oscuro de la luna», MNBA, Santiago, Chile, 2023-2024. Foto: Jorge Brantmayer. Cortesía del artista

¿CÓMO LEER UNA IMAGEN?

Por Alejandro Arturo Martínez

La exposición El lado oscuro de la luna, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, indaga en el periodo chileno del artista visual Alfredo Jaar. Esta esta muestra es parte de una serie de revisiones críticas sobre el rol político de las artes visuales en el marco de la conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado. Más que ser una retrospectiva, la exhibición nos interpela sobre la politicidad de las imágenes, su relación con la historia y cómo interpretamos y percibimos la realidad a través de ellas.

“¿Es usted feliz?” resuena como la pregunta central de la muestra, una cuestión que ha sido debatida en la ética y la filosofía política durante siglos. En la actualidad, la idea de felicidad se ha mercantilizado hasta tal punto que parece estar siempre al alcance de un click, a menudo mediada por imágenes en tecnologías visuales. Pero ¿qué significa ser feliz y cómo pueden las imágenes influir en ello?

Ya en los ochenta, Jaar anticipaba cómo un emergente mercado global, impulsado por la omnipresencia de las imágenes, tendría el poder de moldear tanto la construcción de la historia y la memoria colectiva como las percepciones y experiencias individuales. Desde otro ángulo, algo similar había reflexionado el filósofo Guy Debord en los sesenta, quien describió la modernidad como una sociedad del espectáculo en la cual las relaciones sociales están mediadas por imágenes.

Ante la activa participación de las imágenes en nuestra vida política, surge la pregunta: ¿Estamos preparados para interpretarlas? No es casualidad que filósofos contemporáneos como Jacques Rancière y Georges Didi-Huberman hayan indagado en las implicaciones políticas de las imágenes, tomando inspiración en el trabajo de Jaar.

Rancière sostiene que detrás de la masiva producción de imágenes se ocultan mecanismos de dominio capaces de banalizar o reescribir la realidad. Para Rancière, artistas como Jaar logran sumergirse en esta avalancha de imágenes para, mediante diversas operaciones visuales, revelarnos la realidad subyacente y, a menudo, urgentemente política que nos presentan, con el fin de frustrar el voyerismo anestesiante.

Por su parte, Didi-Huberman advierte sobre la dualidad de las imágenes contemporáneas: su ausencia total o su exceso abrumador. Estas tácticas de visibilidad y ocultamiento nos despojan de una relación genuina con la realidad, ya que la imagen puede servir como un velo que, a la vez que revela, también oculta, haciendo que parezca imposible penetrar más allá de lo aparente. No obstante, Didi-Huberman plantea que intervenciones artísticas como las de Jaar constituyen un arte de la contra-información que logra desafiar y desmontar los clichés de la visualidad.

En este contexto de manipulación y exceso visual, la obra de Jaar se erige como un desafío a las convenciones aceptadas sobre imágenes y política. Al hacernos preguntas sobre la felicidad, Jaar no solo aspira a que reflexionemos sobre nuestro rol en un tejido socio-político, sino también a que entendamos el papel activo y constructor de las imágenes en nuestra percepción de lo que es visible y cómo se interpreta. No son simplemente reflejos de la realidad, sino agentes que modelan, afectan y pueden distorsionar nuestra percepción. En este entorno, la felicidad no es solo un ideal a lograr, sino una herramienta que las imágenes emplean para captarnos, influenciarnos y, en muchos casos, alienarnos.

En un mundo saturado de imágenes, desde las redes sociales hasta los medios de comunicación, la capacidad de interpretar y cuestionar lo que vemos es más crucial que nunca. Frente a su omnipresencia y el peso histórico y político que llevan consigo, la pregunta persiste: ¿Cómo leer una imagen?

Aunque encontrar una respuesta es complejo, dada la amalgama de temporalidades, fuerzas y sensibilidades inherentes a cada imagen, es vital que asumamos una actitud crítica y reflexiva. Al igual que Alfredo Jaar, debemos explorar las confluencias entre la cultura visual y el entorno político e histórico en el que coexistimos, y comprometernos a desentrañar y cuestionar los significados y las representaciones que se nos presentan, para así hacer posible una comprensión más consciente y crítica de nuestro mundo visual y político.


Fuentes

  • Comunicado de prensa de la exposición El lado oscuro de la luna, de Alfredo Jaar, en el Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 14 de septiembre de 2023 al 17 de marzo de 2024.
  • Encuentro entre el artista y el curador. Alfredo Jaar: El lado oscuro de la Luna, MNBA, 2023. http://bit.ly/3OoZAlQ

Edición: Alejandra Villasmil

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