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PUEDES ABORDAR UN CAMINO NUEVO. UNA CONVERSACIÓN CON VICTORIA JOLLY

El Parque Cultural de Valparaíso exhibe la instalación realizada por Victoria Jolly sobre el proyecto de arquitectura y poesía de la Ciudad Abierta. Su enfoque, sin embargo, permite la aparición de un cuerpo jamás considerado hasta ahora: el de las mujeres.  


“Aquí era nada… pura duna” es la primera frase que oímos. Las voces femeninas se suceden sin rostro. Tejen un recuerdo que coincide en sus impresiones de una mitología territorial donde son nombradas algunas conquistas lejanas, mínimas, esenciales.

En otros tiempos ocurrieron cosas –nos dicen esas voces–, cosas que explican lo que hoy forma parte del presente. Así se levanta la historia, más allá del mito. Las conquistas del día a día no caen dentro de lo épico. Más bien, al escuchar el relato de estas mujeres en la sala principal del Parque Cultural de Valparaíso, tenemos la oportunidad de imaginar aquellos primeros pasos entre la carencia de luz y agua.

Sin mejores indicadores que la voluntad de sus participantes, este proyecto de vida iniciado en la década de los 70 se revela como un tour de force donde nadie sabía con exactitud qué es lo que iba a ocurrir, cómo se iba a resolver el desafío de vivir mano a mano con la poesía en una ciudad abierta.  

Han pasado más de cincuenta años y el proyecto de la Ciudad Abierta se ha consolidado como un espacio conquistado por el esfuerzo fundacional de más de una generación. Apelando al testimonio oral, Victoria Jolly ha regresado al viejo rito de la tribu que comparte junto al fuego sus sueños, recuerdos y enseñanzas.

Volver atrás en el tiempo, sin embargo, ha sido también la oportunidad de sacar a la luz una identidad sumergida, un cuerpo hasta ahora ausente. Este ejercicio lúcido e inquisitivo es el motivo principal de la exposición: recuperar la perspectiva femenina ausente y dar forma a una suerte de archivo alternativo; un conjunto de impresiones que hasta ahora habían permanecido apartadas.

Mezclando distintas obras de su propia producción, Victoria congrega aquí la ausencia de sus predecesoras para armar un montaje que no solo reconduce una larga tradición. Más importante, abre una nueva perspectiva para entender cabalmente esa persistente utopía americanista y moderna que quiso comprender de otro modo la manera de habitar el mundo. 

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Acción en Ciudad Abierta, Ritoque, Chile. Cortesía de la artista

La siguiente conversación con Victoria Jolly repasa sus propósitos y esfuerzos por congregar este material que reúne los afectos y las impresiones recibidas de las antiguas fundadoras, por una parte, y que, al mismo tiempo, discute el lugar que ocupa su propia obra dentro de ese proyecto. Partimos recordando su trabajo reciente con el artista Juan Castillo, de quien recoge un importante modo de hacer:

“Una de las cosas que compartí cuando trabajé con Juan fue el hecho de proponerse realizar algo, pero que en la realidad no tienes idea cómo lo vas a hacer. Me gusta imaginar y recoger en el camino, hay muchas cosas que aparecen cuando ya estás embarcada. Eso es algo que me distancia con la arquitectura, que es tan proyectada antes de ser. Bueno, me gusta también el tiempo de dibujar y hacer planimetría pero creo que la disfruto más cuando los planos los hacemos después, para dejar una huella, un registro de lo que se hizo. A mí me pasa eso en general, aunque tengamos una idea, obviamente, al final muchas cosas se deciden in situ”.

PD: ¿Y cómo fue este montaje en el Parque Cultural? Porque aquí son distintos los elementos que reúnes, desde elementos textiles hasta materiales sólidos.

VJ: Te diría que los trabajos de montaje son para mí como preparar una maleta que llenas de materiales. En este caso, llevaba los gajos de madera y totora, fotos de archivo y telas teñidas con cúrcuma. Pero en realidad, el emplazamiento y la relación de las cosas se decide allá.

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander
Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

Últimamente he insistido en algo que se recorre y que se completa con los otros, con el público. No hago objetos para ser admirados, sino que dispongo un lugar para ser recorrido. Pienso, en realidad, que lo que hago son solo arquitecturas inútiles. 


PD: Entiendo. De alguna manera esa maleta también es la que te ayuda a trasladar una herencia. Entonces quiero preguntarte antes cómo entiendes tu propia posición en este montaje. Hace un momento me hablaste de arquitectura, pero participas de las prácticas artísticas. Además, también echas mano a la poesía. Entonces ¿dónde te sitúas tú? ¿Cómo te ves a ti misma? ¿Eres arquitecta, artista, poeta?  

VJ: (Pausa) ¿Qué soy? Una mezcla, creo. Me da pudor denominarme artista porque no fue lo que estudié. Soy, en ese sentido, autodidacta. Pero, al mismo tiempo, creo que estudié en una muy buena escuela de arte, más que de arquitectura. A pesar de que estudié arquitectura no hago edificios, en los trabajos que hago, orbito alrededor de la arquitectura, ella está presente. Porque armo una obra que se atraviesa, que se vive, que se escucha, que se siente, que se habita. Tal vez, todas las exposiciones se habitan de alguna forma.

Últimamente he insistido en algo que se recorre y que se completa con los otros, con el público. No hago objetos para ser admirados, sino que dispongo un lugar para ser recorrido. Pienso, en realidad, que lo que hago son solo arquitecturas inútiles. 

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

PD: Perdón, pero mi pregunta fue un poco simple. Es obvio que el límite entre la arquitectura y el arte es algo permeable. Ni siquiera la funcionalidad podría ayudarnos a decidir en qué lado estamos.

VJ: En las conversaciones con Teresa Johansson, que escribe para la muestra y han sido una gran compañía y muy fructíferas, me he dado cuenta de que las cosas se pueden luego hilar hacia atrás. Lo que hacemos está atravesado por nuestras biografías. En ese sentido, elegí estudiar arquitectura en la UCV porque me interesaba también la poética y eso incluía la performance.

Me siento muy cercana a estas acciones que hacían parte de la Ciudad Abierta en un inicio; acciones a la intemperie. Teresa Johansson habla justamente de eso.  Por otra parte, no me siento como una continuadora de la phalene*, porque creo que son prácticas que ya tuvieron su propia época. Sí me siento cercana a las acciones en el territorio y a pasarlas por el cuerpo.  

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

Creo que no voy a dejar nunca de vivir la Ciudad Abierta como ese paisaje de la infancia, aunque me vaya. Es donde vivo, donde desarrollo mi práctica artística, pero también es un lugar de resistencia.


PD: A partir de ese cuerpo que está presente, quería preguntarte cuál es tu relación de vida con la Ciudad Abierta.

VJ: Qué bonito que me lo preguntes. La verdad es que este proyecto me hizo transitar eso. Muchas personas creen que mi vínculo es porque estudié arquitectura. En realidad, creo que la Ciudad Abierta es el paisaje de mi infancia. En el 2008 volví a ese lugar que alguna vez fue un refugio. Yo nací en 1982, durante la dictadura. Mis padres vivían acá en la Ciudad Abierta pero cuando tenía cuatro años se divorciaron. Entonces nos fuimos a Santiago. Tengo el recuerdo a partir de esa edad de ir y venir entre Santiago y Ritoque. A veces me venía en bus, a veces me venía a buscar mi papá. Para mí fue un lugar de escape, algo anacrónico, un parque donde el suelo nativo se mantiene a pesar de que han pasado 50 años. Creo que no voy a dejar nunca de vivir la Ciudad Abierta como ese paisaje de la infancia, aunque me vaya. Es donde vivo, donde desarrollo mi práctica artística, pero también es un lugar de resistencia.

A las mujeres no las veo solo relacionadas a las labores de cuidado o a la crianza de los niñxs, en lo cual también pusieron el cuerpo, sino que ellas eran, más que nada, las que estaban a cargo de la hospitalidad, que era lo que ordenaba y guiaba el proyecto.

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

PD: También es un paisaje que se construye desde lo femenino, al menos como lo muestras en El cuerpo ausente. Es decir, traes a la luz toda la colaboración de un importante número de mujeres que están detrás de lo que se materializó y que, sin embargo, no habían tenido vitrina hasta ahora. Ellas fueron las responsables de innumerables detalles que hicieron que la vida en la Ciudad Abierta fuese vivible.

VJ: Este es un proyecto absolutamente femenino: solo entrevisto a mujeres. Me concentré en los primeros veinte años, entre 1970 y 1990. En este primer acercamiento, quise conversar con las mujeres que habían puesto su vida acá. No niego que hay también muchas personas que tienen un vínculo con la Ciudad Abierta de distintas maneras.

Pero quería rescatar “la experiencia vivida” de estas mujeres que hasta ahora no ha tenido palabra, escritura, lenguaje. Ni siquiera ha tenido visualidad.

Ha permanecido por muchos años la idea moderna de que sería la arquitectura la que le va a dar cabida a este modo de vivir. Pero creo que, finalmente, fue un camino inverso, es decir, ha sido la praxis, la puesta en marcha y la vida la que ha modelado el proyecto.

Entonces, a las mujeres no las veo solo relacionadas a las labores de cuidado o a la crianza de los niñxs, en lo cual también pusieron el cuerpo, sino que ellas eran, más que nada, las que estaban a cargo de la hospitalidad, que era lo que ordenaba y guiaba el proyecto. Ellas ponían en práctica el vivir en una casa abierta donde había que recibir constantemente, y así se producía un cruce y una conversación.

Cecilia Morgado lo dice muy bien cuando menciona que no se trataba solo de acomodar lo doméstico, sino que había que “darle forma a la vida”, una bella forma y austera forma.

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

Si Amereida (el poema) buscaba abandonar el paisaje colonial –que era esa América habitada por los bordes–, tal vez fueron las mujeres las que hicieron posible que en la Ciudad Abierta existiera la permanencia y dejara de ser un laboratorio o lugar de paso.

Las mujeres no dejan una huella fácil de medir porque han sido más bien el contenedor.

En este punto, la conversación bordea una forma de reconocimiento de otros gestos que también sirvieron para crear y que, sin embargo, no tomaron la relevancia que la posteridad designó para los próceres de una epopeya.

En uno de los textos que acompaña la exposición, escrito de Constanza Cereza, leemos: “La huella es medida, registro de una acción, archivo, memoria. La huella solo permanece a través del relato. Pero ¿qué es digno de ser relatado? ¿Por qué algunas tareas se ritualizan y adquieren prestigio y otras se mantienen en las sombras?” El trabajo de Victoria Jolly se organiza, justamente, a partir del rescate, no solo de las voces no oídas, sino también a partir de los restos creados por una serie de operaciones.

VJ: Lo que contiene la pieza audiovisual son, en realidad, registros de acciones como “barrer la harina”, “escribir o teñir con cúrcuma”, “colgar sábanas sobre estructuras de hormigón” y, finalmente, “dibujar con té y tinta”. El gesto era intentar trasladar todos esos elementos de experiencias cotidianas propias de una casa y usar eso como justificación material. Y las huellas de esas acciones filmadas, es decir, lo que fue registrado, sirvieron para armar la museografía de la muestra. Entonces, no había nada hecho con anterioridad. La idea era desarrollar un proceso práctico que fuera acopiando material.

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander
Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

PD: Entonces fueron las acciones las que generaron un proceso y el montaje es la reunión de lo restante; como una música hecha de sonidos recogidos. Y eso de alguna forma, ayuda a la confirmación de una memoria compartida. Pero también noto que se trata de algo que depende de la relación con el territorio, de las dunas donde escribes el nombre de las mujeres involucradas en el proyecto. Hay ahí un intercambio sostenido entre el espacio, la tierra y una forma de situarse en/ante ella.   

VJ: Claro. Si pudiéramos descomponer la muestra, una primera parte se compone de un archivo oral, con las voces de cada una de las participantes. Conversé con cada una de las mujeres; fue un trabajo que se basó básicamente en escuchar. Al principio tenía la ansiedad de encontrar y también prejuicios, ¿no? Quería encontrar algo en estas figuras femeninas en reemplazo de las históricas masculinas. Pero ahí me di cuenta de que buscaba la repetición de un patrón que no iba a encontrar.

Más tarde, comprendí que se trataba de recoger la experiencia vivida de un coro de mujeres; las experiencias solo aparecían cuando me detenía realmente a escucharlas. Entonces decidí abandonar tener un guion o llegar con las preguntas pre-escritas… me fui encontrando con ellas.

Y luego en la pieza final (Espejismo), lo que intenté hacer, después de transcribir todas las entrevistas, fue armar un relato con sus voces corales y luego hacerme a la tarea de realizar acciones contemporáneas para acompañar esas voces. Acompañar ese espíritu frágil o ese sentido que deja el relato.

En ese momento, con la montajista [María José Viera-Gallo] pensamos que las imágenes que iban acompañar este texto no debían ser como un documental, es decir, las mujeres sentadas hablando, o dando una entrevista. Eso me dio la libertad de poder llevar a cabo acciones en el mismo suelo compartido con ellas en Punta de Piedra, en Ritoque, en la Ciudad Abierta no construida. Ahí se produce, para mí, el cruce de tiempos: las voces de ellas que relatan esta experiencia pasada pero que nos regalan también la posibilidad de escuchar e intentar abrir en la práctica, un futuro por venir.   

Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander
Victoria Jolly, El cuerpo ausente, 2023. Vista de la exposición en el PCDV, Chile. Foto: Benjamín Santander

La historia que cuentan estas voces es la relación de los comienzos que hace ya cincuenta años fundaron la mítica Ciudad Abierta junto al océano Pacífico. Base experimental por años de un nuevo modo de entender y practicar la arquitectura, la Ciudad Abierta no será, a partir de ahora, el trabajo de un grupo de arquitectos y poetas: la forma de vida de este proyecto es también la gesta silenciosa celebrada por estas mujeres que, al habitar día a día vida este territorio de dunas y arbustos, a pocos kilómetros de Concón, a pocos kilómetros de la refinería de Ventanas, dieron con una forma de encuentro asentado en el valor de la hospitalidad.

El esfuerzo de Victoria Jolly por registrar esos recuerdos produce una deriva hacia una etapa más inclusiva, más afectiva, más abierta. Pero más que “corregir políticamente” el proyecto o feminizarlo, su esfuerzo amplía la capacidad de continuación. Esta nueva perspectiva devuelve la vida a un legado que debía esplender. Lo dice una de las voces, la última que cierra el video Espejismo: “Habiendo tenido la experiencia artística de la Ciudad Abierta y considerándola importante… puedes abordar un camino nuevo”.  


*Phalène: Juego poético impulsado por el poeta argentino Godofredo Iommi durante los años 60, que consistía en realizar una acción en el espacio público que se distanciaba del texto escrito dejando lugar a la improvisación y a la intervención de poetas entre ellos o con el público. Llamado “phalène” en alusión a una mariposa que se dirige hacia la luz y arde en ella.


Victoria Jolly: El cuerpo ausente

Textos: María Teresa Johansson, Cazú Zegers, Catalina Mena, Constanza Cereza, Victoria Jolly, Francisca García, Ana María Yaconi, Catalina Porcio.

Parque Cultural de Valparaíso, Calle Cumming 590, C° Cárcel, Valparaíso, Chile

Del 10 de junio al 20 de julio de 2023

Pedro Donoso

Nace en Santiago, en 1970. Es editor, traductor y crítico. También colabora como docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. Acaba de editar el libro "Gordon Matta-Clark: Experience Becomes de Object". En 2013 estuvo a cargo del proyecto Of Bridges & Borders, en Valparaíso, Chile.

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