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KATI HORNA: IN MOTION

Ruiz-Healy Art presenta In Motion, primera muestra individual en una galería en Nueva York dedicada a la fotógrafa húngaro-mexicana Kati Horna (1912-2000). Nacida en Budapest, en el seno de una acomodada familia judía, Horna pasó toda su vida, viviendo y huyendo de Hungría, Alemania, Francia y España.

Hacia sus últimos años, diría: “Hui de Hungría, hui de Berlín, de París y dejé todo en Barcelona (…) Es para vagabundos como yo. Con mis ropas destrozadas en el camino, elegí la fotografía”.

La violencia, el peligro y las injusticias del periodo entreguerras influenciaron profundamente la ideología de Horna, y la fotografía le sirvió como un vehículo para la emancipación.

Kati Horna, S/T, México, 1962, gelatina de plata vintage (fotomontaje), 25 x 20.3 cm. Cortesía: Ruiz-Healy Art

A principios de los años treinta, abandonó su hogar en Budapest, primero para ir a Berlín y luego migrar a París, donde perfeccionó sus habilidades de la mano de otros artistas de vanguardia de su generación.

Las fotografías en blanco y negro de Horna se valen de una narrativa surrealista y técnicas experimentales, como fotomontajes inquietantes y superposiciones, para exaltar aún más la emoción.

“En París, Kati Horna se inspiró en los flâneurs franceses y comenzó a capturar el día a día en la ciudad: los cafés, sus clientes, las calles y vecindarios. Hubo un lugar en particular que se convirtió en una gran fuente de fotografías interesantes: los mercados de pulgas. Ella paseaba su lente por objetos abandonados o que simplemente no calzaban en los puestos de venta, y creaba escenas surreales y de ensueño», comenta Natalia Tiberio, historiadora del arte.

Sus obras de la serie Marchés aux puces, Paris de 1933 son un buen ejemplo de su ojo único y su espíritu travieso.

Kati Horna, S/T, de la serie Marchés aux Puces, París, 1933/1960, gelatina de plata vintage, 17.1 x 17.5 cm. Cortesía: Ruiz-Healy Art

Desde temprana edad, Horna se dedicó al activismo político de izquierda. Sus conexiones dentro del círculo político la llevaron a España, donde documentó la Guerra Civil española. Durante su estadía allí, fotografió los efectos de la guerra en las vidas de civiles, principalmente mujeres y niños.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 obligó a Horna a pasar el resto de sus días en México, su país adoptivo, junto a una comunidad bien cercana de artistas europeos exiliados, entre quienes estaban el poeta surrealista francés Benjamin Péret, la pintora inglesa Leonora Carrington, y la pintora española Remedios Varo.

En la obra de Horna se ejemplifica el comienzo de la época moderna marcada por la emancipación femenina y del movimiento surrealista que inspiraría al mundo de las artes durante todo el siglo 20.

Kati Horna, Subida a la Catedral, Barcelona, 1938/1960, Gelatina de plata vintage (fotomontaje), 22.9 x 16.8 cm. Cortesía: Ruiz-Healy Art

Mientras documentaba la Guerra Civil española de la mano de su amigo de la infancia Robert Capa, quien retrataba principalmente la primera línea, Horna registró las condiciones en las que vivían mujeres y niños en la guerra.

Las imágenes del conflicto capturadas por Horna, de inspiración surrealista, pueden apreciarse en Subida a la Catedral, Barcelona (1937).

La fotógrafa transformó la visión que el público tenía sobre la guerra a través del «testimonio con perspectiva de género», una estrategia que utilizó para retratar la visión femenina sobre la noción de guerra.

Sus fotografías fueron publicadas en revistas anarquistas españolas y, por primera vez en la historia, revelaron al público los efectos reales de la guerra en algunos de los grupos más vulnerables de la sociedad.

Kati Horna, Leonora, de la serie Oda a la necrofilia, 1962, gelatina de plata vintage, 25 x 20.3 cm. Cortesía: Ruiz-Healy Art

En su serie titulada Oda a la Necrofilia (1962), Horna captura a una mujer en duelo por la pérdida de un ser amado. En lo personal, este fue un tiempo complicado para ella, producto de la grave enfermedad que sufría su esposo, José Horna.

La serie Oda a la Necrofilia, publicada en la revista experimental S.nob, dirigida por el prominente escritor Salvador Elizondo, retrata también a la artista Leonora Carrington, amiga y colaboradora de Horna.

En una de las imágenes, Leonora aparece desnuda sobre una cama deshecha, sosteniendo una vela encendida junto a una almohada sobre la que se posa una máscara blanca. Esta obra recuerda al rito de la máscara mortuoria, en la que se realizaba una impresión del rostro del difunto a modo de recuerdo.

Kati Horna, Muñeca, 1962, gelatina de plata vintage (fotomontaje), 17.8 x 20.3 cm. Cortesía: Ruiz-Healy Art

La serie Muñecas, México revela las imágenes surrealistas de muñecas y maniquíes rotos o desechados, un recuerdo que Horna llevó con ella durante los años que dedicó a fotografiar la Guerra Civil española.

Michael Otayek, historiador del arte y curador, comparte que “las experiencias de Horna en la guerra de España dejaron una huella profunda en su trabajo posterior. Algunas de sus series más personales exploran temas como la desilusión, el desplazamiento y la pérdida, algunas veces con un refinado sentido de ironía reconocible en los trabajos satíricos y antifascistas hechos en sus primeros años en Europa”.

Las fotografías como Portrait of Leonora Carrington (1960), Remedios Varo (1960), Beatriz Sheridan (1962), y Remedios Varo and Gunther Gerzo at the Wedding of Leonora Carrington and Chiki Weisz (1946) retratan a los amigos y colaboradores de Kati, artistas cuyas carreras florecieron en México, posando de manera relajada.

El arte vendría a ser el legado que dejaron estos artistas surrealistas que emigraron a México huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Traducido por Sofía Garrido

Kati Horna, Beatriz Sheridan, 1962, gelatina de plata vintage, 17.8 x 19.1 cm. Cortesía: Ruiz-Healy Art

La muestra se puede visitar hasta el 19 de mayo del 2023 en Ruiz-Healy Art, 74 East 79th Street, 2D, Nueva York.

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