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LOUTECK. LAS “BAJAS TECNOLOGÍAS” COMO DISCURSO ESTÉTICO-CRÍTICO

En una época de furor por el uso desmedido de las “nuevas tecnologías”, las obras de arte digital, los NFT, la producción y la hiperproducción de imágenes creadas con Inteligencia Artificial (IA), o el uso de la realidad aumentada en las obras de arte, era de esperarse que muchos artistas también respondieran frente a ello.

No solo frente a las configuraciones estéticas que esta clase de obras reconocen, sino también a las consideraciones políticas y sociales que estos actuales fenómenos implican tanto para el arte como para el desarrollo del mundo en general.

En ese sentido, el uso de las Low-Tech o “bajas tecnologías” está fundamentado, desde el terreno del arte, en indagar cómo se puede tener una postura estética y discursiva a partir de posiciones alternativas a la realidad que incita un mundo “hipertecnologizado” y sujeto a los discursos artísticos que se imponen.

Vista de la exposición LOUTEK. Cortesía Casa Hoffmann.
Alba Triana, Delirious Fields – Solo, 2019, esferas suspendidas en campos electromagnéticos variables y varillas de aluminio.
Alejandro Villegas, Mutante incubado en parlantes-útero, 2022-2023, bricolaje – circuit vending

LOUTECK es la exposición que ha presentado Casa Hoffmann el pasado 13 de abril, donde se reúne el trabajo de 23 artistas que se adentran en la exploración del Low-Tech a partir de preguntas desde las esferas de lo político, lo ambiental y lo histórico, así como la reivindicación de procesos artesanales, la reparación y el reciclaje, cuestionando así nuestra relación con los dispositivos electrónicos, las industrias tecnológicas y sus principales problemáticas, tales como la sobreproducción, la obsolescencia programada, la contaminación ambiental, entre otras.

La artificialidad o también la llamada “cultura del simulacro”, la inmediatez y el rápido acceso a la información, el debilitamiento de la historicidad tanto en nuestros relatos y relaciones con la historia oficial como en las nuevas formas de entender nuestra temporalidad, el uso de dispositivos tecnológicos de manera irresponsable, el impacto ambiental de toda esta revolución tecnológica, así como el interés por reciclar y recuperar objetos o fragmentos de máquinas desde un sentido mucho más formal, son parte de un discurso estético propiamente crítico que indica la adopción del uso del Low-Tech por parte de los artistas como una actitud necesariamente política.

Vista de la exposición LOUTEK. Cortesía: Casa Hoffmann.
Carlos Rojas Verona, Condorliecer Gaican, 2022, ensamblaje

Por lo mismo,  cualquiera de las propuestas basadas en su uso llevará implícita las tensiones entre el paradigma occidental de la necesidad siempre imperante por la “modernización” de las sociedades, forjada desde el fervor de la expansión tecnológica, o como bien lo describió Friedric Jameson en Lo Sublime Histérico, porque se cree que “la tecnología de la sociedad contemporánea parece brindarnos una forma rápida y fácil de comprender en nuestras mentes e imaginaciones toda la red global descentralizada de la tercera etapa del capital”, lo que entra en un evidente conflicto ideológico con los modos alternativos, manuales y ancestrales de vivir la realidad.  

Por otra parte, reflexiones sobre la escucha y la construcción de dispositivos que hacen parte de una línea de trabajo mucho más cercana al arte sonoro, y que han permitido a los artistas desligarse de los condicionamientos técnicos explorando nuevas formas de producción y de entendimiento de las obras de arte, las encontramos en los trabajos de artistas como Leonel Vásquez, Jorge Barco, Carlos Castro, Miguel Kuan y Catalina Mora, entre otros.

La muestra, como investigación y producción expositiva, es sin duda un devenir de lo que conocemos como “arqueología de los medios”, o arqueología mediática, que se presentó desde finales del siglo XX como un campo de investigación alrededor de la intersección entre el arte, la técnica, la historia y la teoría de la cultura.

En ese sentido, se trabaja aquí en los estratos materiales de las culturas mediáticas del pasado, recuperando aparatos, prácticas, modos de producción e innovaciones olvidadas, para analizar los regímenes de la memoria y de las prácticas creativas en la cultura medial, teórica, científica, tecnológica y artística.

Leonel Vásquez, Canto Rodado Polifónico, 2019, objeto sonoro.
Catalina Mora, Cantos Sordos, 2022, objetos sonoros
Jorge Barco, Satélite B1976. ArtSat, 2021, artefacto híbrido en forma de satélite, componentes y circuitos encontrados low-tech

LOUTEK se presenta entonces como una toma de postura implícita y, a veces, explícitamente política sobre la naturaleza de la revolución tecnológica actual, generando una reflexión sobre una ideología de los medios que pretende fundarse en una supuesta superioridad técnica.

Cierro este texto con una cita paradójica, pues consiste en la respuesta del ChatGPT sobre el uso del Low-Tech en el arte:  

“El arte Low-Tech se ha vuelto cada vez más popular en los últimos años debido a la preocupación por el impacto ambiental de la tecnología y la búsqueda de alternativas más sostenibles y accesibles. Además, este tipo de arte puede ser una forma de resistencia al consumo masivo de productos tecnológicos y una forma de promover la creatividad y la innovación utilizando materiales sencillos”.

Vista de la exposición LOUTEK. Cortesía: Casa Hoffmann.
Fernando Sierra, Chica Can Can, 2022, ensamblaje
Vista de la exposición LOUTEK. Cortesía: Casa Hoffmann.

Este proyecto formó parte de la programación de ARTBO Fin de Semana, del 22 al 24 de abril de 2023. La muestra estará abierta al público hasta el domingo 3 de junio de 2023 en Casa Hoffmann.

Artistas participantes: Jorge Barco, Carlos Bonil, Julia Bejarano, Mauricio Bejarano, Falon Cañón, Andrea Cárdenas, Carlos Castro, Arcángel Constantini, Miguel Kuan, Juan Melo, Hamilton Mestizo, Catalina Mora, Larry Muñoz, Andrés Felipe Ñáñez, Colectivo Paramédicos, Alberto Roa, Carlos Rojas Verona, Valentina Ruiz, Adriana Salazar, Fernando Sierra, Alba Triana, Leonel Vásquez, Alejandro Villegas.

Ursula Ochoa

Vive y trabaja en Medellín-Colombia. Magíster en Estética de la Universidad Nacional de Colombia, donde obtuvo la Beca de Facultad. Tiene un pregrado en Artes Plásticas, estudió Periodismo Cultural y Crítica de Arte, Estética y Teoría del Arte del siglo XVIII en la Universidad de Cádiz, y ha estudiado sobre el pensamiento Estético en Friedrich Nietzsche y Aby Warburg en la Universidad Nacional de Colombia. Recibió la Mención Honorífica en el concurso de Ensayo sobre las Bienales de Arte de Medellín organizado por el periódico El Mundo y la Fundación Ángel Gómez en el año 2018, y en el año 2020 recibió el premio al mejor libro de ensayo “Una crítica incipiente”, con la editorial independiente Fallidos Editores.
Fue crítica de arte para la sección Palabra y Obra del periódico El Mundo (2013-2020), y curadora editorial de la revista EXCLAMA durante la realización del libro sobre arte contemporáneo colombiano PUNTO en el año 2019, donde también se desempeña como escritora de manera habitual. Actualmente escribe para la sección de Cultura de El Espectador, y se desempeña como asesora de proyectos de arte, curadora independiente y es cofundadora del proyecto Korai Art, una plataforma para la visibilización y venta de obras realizadas por mujeres artistas en Colombia.

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