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JOSÉ BEDIA: VIAJE CIRCULAR

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) presenta Viaje circular, un recorrido retrospectivo por la producción del artista cubano José Bedia (1959) y las culturas ancestrales que le han influido. Curada por Taiyana Pimentel, directora del MARCO, y José Bedia Fuertes, director del estudio del artista, la muestra reúne 102 obras de arte, en su mayoría pinturas, dibujos e instalación.

El título de la muestra refiere a un viaje introspectivo en términos de cultura e identidad, pues el arte de Bedia desdibuja las fronteras entre los pueblos originarios de América Latina a partir de lo simbólico, lo primigenio y lo sagrado, haciendo actuar el pasado como valor activo en el presente. De esta manera, el artista genera una simbiosis entre las culturas primigenias y el arte contemporáneo.

En 1997, MARCO exhibió Crónicas americanas: Obras de José Bedia, enfocada en la influencia de las culturas ancestrales del continente americano, con obras en su mayoría creadas en esa década. Ahora, en la muestra Viaje circular, predominan sus trabajos realizados a partir del 2000 hasta la actualidad, así como algunas obras tempranas, la más antigua de 1978.

José Bedia, Mbwa Ndoki, 2016, instalación. Cortesía: MARCO

La gran mayoría de las obras se concentran en secciones que reflejan sus etapas de producción de distintas épocas y e intereses. La primera reúne dibujos realizados entre 1978 y 1990. Los más tempranos son ocho que pertenecen a la serie Crónicas americanas, no incluidos en la exhibición de 1997. En esa época, el artista recurría a libros de etnografía y antropología como referentes, y aun no tenía un contacto directo con las comunidades.

Estos trabajos incorporan fotografía etnográfica y pintura aplicada con huellas dactilares, como si fuera el cuaderno de un antropólogo encontrado por un indígena que lo intervino con pintura. Además, el artista agregó apuntes del diario de Cristóbal Colón copiando su caligrafía.

En la segunda sección se encuentran dibujos esquemáticos con un personaje que surgió luego de su iniciación -en 1983- en el Palo Monte Mayombé, una de las principales prácticas religiosas afrocubanas, junto a la Santería. Algunas piezas de la serie son Vivir para ver el gran día que amanece y la luz que inunda el mundo y Único testigo e Incorporarse el águila (una referencia indirecta a México), todas realizadas entre 1984 y 1990.

José Bedia, En el principio, el primer jaguar, 2021, acrílico sobre papel amate. Cortesía: MARCO
Vista de la exposición «José Bedia: Viaje Circular», en el MARCO, México, 2023. Cortesía: MARCO
José Bedia, Venadito de flores estás por ahí, 2021, ccrílico sobre papel amate. Cortesía: MARCO

En el tercer apartado se reúnen pinturas con influencia de las culturas ancestrales mexicanas, que el artista estudia desde 1986, cuando visitó México por primera vez. Entre estas comunidades están los grupos concentrados en el Norte de México, como los seris, los yaquis y los mayas del desierto sonorense, y los también asentados en diferentes regiones de la Sierra Madre Occidental: los tarahumaras, los coras y los huicholes.

Las obras fueron elaboradas sobre amate de manufactura otomí, papel vegetal que data de la época prehispánica. En la obra En el principio, el primer jaguar (2021), el artista aborda los arquetipos que refieren al origen en la mitología prehispánica de México: el jaguar y el maíz.

La cuarta sección consta de obras con formatos circulares y ovalados para, por un lado, desafiar el tradicional formato cuadrado, y por otro para referirse a la cosmovisión circular del universo. Una de las piezas es Progresión de la liebre (2009), acerca de la fábula de la liebre y la tortuga.

El quinto núcleo concentra obras en las que Bedia explora la representación de recuerdos en tonos grises, con personajes, monumentos o episodios históricos. La pintura Visión de la Dolorosa como mojada en el desierto (2012) plantea la clásica representación de la Virgen desde el drama de la crisis migratoria. Estas pinturas tienen elementos que se desbordan por el color o por artículos colocados junto a los lienzos.

José Bedia, Progresión de la liebre, 2009, acrílico sobre tela. Cortesía: MARCO

Su interés por las culturas ancestrales de África se ahonda en el sexto apartado de la muestra. Bedia fue reclutado para ser parte de las tropas militares enviadas a Angola por parte del Gobierno cubano durante su intervención. Esa experiencia fue clave porque inició un encuentro más cercano con las prácticas religiosas africanas, que siguió estudiando empíricamente a través de la antropología y la etnografía.

Un elemento presente en este grupo de obras es el nkisi, un tipo de escultura, generalmente con figura humana, que era de uso colectivo con el fin de albergar fuerzas místicas. Los nkisis se han convertido en figuras cotizadas, algunas están resguardadas en museos de todo el mundo y en colecciones privadas. El artista incorpora fotografías de los nkisis en sus obras de manera sutil, como si los activara dentro de un plano pictórico, recordando su función cultural arrebatada por el colonialismo.

En esta sección también se encuentra otro grupo de obras basadas en imágenes de ficción sobre los piratas de Somalia, que el artista retomó del video Somalian prey (God is good), realizado por su hijo, José Bedia Fuertes.

José Bedia, Somalian Prey (God is Good). Cortesía: MARCO

La simetría es un elemento de la representación que el artista retoma del arte tribal, y ese proceso se observa en el séptimo núcleo con obras como Mobile (Turtle) (2022) con composiciones que el artista trabajó especialmente inspirado por el pueblo seri de Sonora, como una forma de alejarse de las tradiciones académicas heredadas por el Renacimiento, como la Regla de Oro.

El octavo apartado es un espacio donde coinciden cinco obras en las que Bedia aborda el tema de la mujer en distintos aspectos: Lilith (2017), Tres diosas de primavera (2017), Visualization Exercises (2017), 7 filos con mujer ancestro (2022) y Lo que me dijo la Virgen (2017), esta última en relación con la aparición de la figura cristiana durante una alucinación.

Sus estudios acerca de las culturas religiosas tanto africanas como afrocubanas están reflejadas en las obras de la novena sección. La mayoría de las piezas son textiles Bògòlanfini que el artista adquirió a las comunidades de Malí, antes de que los artesanos los convirtieran en prenda. El artista las intervino con figuras, abordando temas como la cacería, la agricultura y los rituales ceremoniales y las deidades de cada cultura. Por ejemplo, en Bacheche Nsila Bundanga (2020) representa elementos como animales, herramientas, ofrendas y calderos, referentes a la deidad Oggun, una manifestación de los herreros y la tecnología.

José Bedia, Ex votos de los principios opuestos, 2018, instalación y producción in situ. Pintura: ocre rojo sobre tela, 1,45 x 5,5 m. Escultura: metal cortado a mano, 1,80 x 0,76 m. Cortesía: MARCO

En la décima sección, ubicada en las últimas dos salas, coinciden obras con una exploración pictórica influenciada por las tradiciones ancestrales que estudia el artista. En un grupo de pinturas de gran formato, Bedia propone una simbiosis entre la geometría, la figuración y la gestualidad, tres aspectos que raramente coinciden en una obra. Estas piezas son Acto de fe, Celebración, Crecer en la luz y Deidad de las casas, todas del 2022. En sus composiciones hay referencias al código Fibonacci, elementos religiosos que aparecen sutilmente, humor y reflexión, bajo una temática festiva.

Otro grupo de obras que destaca en esta sección es un políptico de nueve pinturas realizadas a manera de exvotos mexicanos, pero con peticiones u opiniones del artista, por un lado, cuestionando con humor al arte contemporáneo, y por el otro reflexionando sobre algunas tradiciones mexicanas de las comunidades indígenas que se han ido perdiendo.

A lo largo de la muestra, el acervo etnográfico del artista se intercala con su obra para mostrar su faceta como antropólogo y coleccionista. En su práctica artística, Bedia se ha dedicado a estudiar rigurosamente a comunidades indígenas de distintas partes del mundo, que han influido en su producción. La selección consta de 22 piezas, como vestimentas, máscaras, tambores y escudos, provenientes de África, Oceanía, Sudeste de Asia, América del Sur y distintas regiones de México.

José Bedia, La llegada del Cristo, 1989-2011, instalación. Cortesía: MARCO

Desde los años 80, José Bedia se vale de la antropología y la etnografía para su producción, y hoy pertenece a una generación de artistas cubanos que practicaban religiones afrocubanas o habían crecido en ese contexto, como Juan Francisco Elso, Ricardo Rodríguez Brey y Martha María Pérez Bravo.

En su trabajo de campo, el artista se compenetra con las comunidades, las estudia, realiza apuntes, dibujos, fotografías y recolecta algunos de los objetos etnográficos que producen. En ese sentido, su producción coincide con sus contemporáneos que también se introducen o están vinculados a esos contextos.

La búsqueda en las prácticas espirituales de cada cultura es de lo más contundente en la obra de Bedia, ahondando así en la religión, la mitología, la cosmovisión de lo etéreo, lo cual representa con motivos tribales. El historiador de arte Edward J. Sullivan considera que “la producción de Bedia constituye, en conjunto, un sistema cosmogónico, antropológico y ético que analiza las relaciones entre los seres humanos y el universo”.

Vista de la exposición «José Bedia: Viaje Circular», en el MARCO, México, 2023. Cortesía: MARCO

Bedia se asume como un “colector de arquetipos” al buscar similitudes en las representaciones de cada etnia. Su arte, como lo ha definido el artista y educador Luis Camnitzer, ha conformado un eclecticismo ceremonial. Entre esos arquetipos está la forma y la simetría de la cruz (+) con múltiples significados dependiendo de cada cultura. Por ejemplo, para los indios lakotas son los puntos cardinales, mientras que para Palo Monte es una encrucijada o cuatro caminos, y para el cristianismo es el madero del suplicio.

Otros tres símbolos recurrentes en la obra de Bedia son los de las religiones afrocubanas, como la escalera, que refiere al mito de la creación; la vara en forma de gancho conocida como lungowa, que en estas prácticas se considera una herramienta para que los espíritus puedan abrir su camino; y los pájaros, que representan el viaje en el cielo.

Bedia es considerado un precursor de la antropología empírica, al estudiar por cuenta propia las prácticas antropológicas de autores como Claude Lévi-Strauss, Victor Turner, Lydia Cabrera, Fernando Ortiz y Marvin Harris, entre otros.

Gracias a sus relecturas y a su apropiación, su producción se ha convertido en una de las más importantes y significativas al ser un notable compendio simbólico y una síntesis visual de las culturas afroamericanas e indias. A su vez, estas representaciones, que han destacado en el escenario artístico internacional, plantean una crítica a la colonización y a la opresión histórica que han padecido las comunidades que practican estas religiones.


JOSÉ BEDIA: VIAJE CIRCULAR

Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), Zuazua y Jardón S/N, Centro, Monterrey, N.L, México

Hasta el 7 de mayo de 2023

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