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MARÍA LAURA ROSA Y JULIA ANTIVILO: CURAR E HISTORIAR LAS TRAMAS FEMINISTAS

UNA ENTREVISTA A PROPÓSITO DE POLVO DE GALLINA NEGRA

Mediante acciones callejeras, piezas de arte correo, performance e intervenciones en medios de comunicación, Polvo de Gallina Negra (PGN) se convirtió en el primer colectivo de arte feminista mexicano, creado con el objetivo de impugnar la imagen tradicional de las mujeres, cuestionar su rol, denunciar la violencia ejercida contra ellas y criticar la sociedad y el machismo imperante en México y en América Latina. Formado en 1983 por Mónica Mayer, Maris Bustamante y Herminia Dosal (esta última deja el colectivo al poco tiempo), PGN se suma a otras agrupaciones artísticas mexicanas abordando estos temas desde la ironía y el humor.

Hasta el 7 de mayo, el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), en Santiago de Chile, presenta la primera muestra antológica realizada sobre el trabajo de PGN y sus vínculos con el artivismo feminista latinoamericano. Pensada como un lugar de interacción permanente con el público que la visita, Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas reúne obras, documentos, afiches, cartas y fotografías y piezas emblemáticas como El Tendedero (1978), en la que las participantes de un taller elaboraron tarjetas con las problemáticas que actualmente afectan a las mujeres en Chile, para luego colgarlas en un tendedero elaborado especialmente para la exhibición.

La historiadora del arte feminista Mariairis Flores entrevista a las curadoras de la exposición, María Laura Rosa y Julia Antivilo, acerca de las decisiones curatoriales, el trabajo de la colectiva y sobre cómo se construye una genealogía feminista, entre otros temas.

Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC

Mariairis Flores: ¿Cómo surgió la idea de hacer esta exposición? ¿Habían colaborado anteriormente o es su primer proyecto conjunto?

Julia Antivilo: Hemos colaborado de diferentes formas; ambas somos investigadoras que trabajamos en torno al arte feminista en América Latina, María Laura en Argentina principalmente, y yo en varios lugares, no solo en México. Somos colegas y hemos colaborado en ese sentido, porque compartimos nuestras investigaciones y también espacios, pero curar no lo habíamos hecho. Es la primera vez y eso nos tiene muy contentas, sobre todo porque trabajamos con Polvo de Gallina Negra, un grupo tan importante, porque es la primera colectiva feminista mexicana y también a nivel latinoamericano.

María Laura Rosa: El proyecto surge de la investigación de Julia de PGN, porque yo he trabajado más la obra de Mónica Mayer. Pero llevábamos harto tiempo trabajando este proyecto juntas, entonces lo presentamos al Centro Nacional de Arte Contemporáneo, lo que coincidió con la llegada de Soledad Novoa a la dirección. Esta exposición es una producción del CNAC y la investigación junto con la curaduría es nuestra, y surge por el interés de una directora que es feminista. Eso es importante de destacar también, el aspecto político que tiene la decisión de Soledad, quien se hace cargo de un proyecto de esta naturaleza que no es sencillo para nada, y además en un contexto como el de Chile.

JA: Sí, porque no es fácil encontrar aliadas y menos con el apellido feminista que tiene la muestra, pero tuvimos una muy buena acogida a la propuesta y ahí estamos. De ahí vendrá a México, y estamos viendo varias salidas. Esperamos que itinere.

MFL: Sí, eso sería muy bueno, porque es una muestra muy exhaustiva de lo que fue el recorrido de PGN. Sobre esto, hay una decisión curatorial que me parece importante que ustedes me comenten. Si bien la muestra es sobre el trabajo colectivo entre Maris Bustamante y Mónica Mayer, también abordaron sus obras y proyectos individuales tanto previos, como posteriores al colectivo. ¿Cuáles son las razones?

JA: Porque esos recorridos son muy importantes para la conformación de Polvo. En Polvo vamos a ver dos trayectorias que van a estar traducidas en ese trabajo colectivo, sus caminos independientes y colectivos también, porque recordemos que muchas piezas de Maris eran de cuando formaba parte del No-grupo, por ejemplo, El pene como instrumento de trabajo/Para quitarle a Freud lo macho (1982). Entonces, vamos a ver que hay muchos encuentros: en la maternidad, en la forma, en el performance… hay una gran sintonía entre los itinerarios de ellas. Polvo cierra sus actividades en 1993, pero posterior a eso hay muchas activaciones de sus piezas emblemáticas, como el concurso Cartas a mi madre (1987). Desde ahí era muy importante ver un antes y un después, por eso lo llamamos Pospolvo reactivaciones 1993-2020.

MLR: también hay elementos que tienen que ver con la estética de Polvo, que los traen cada una de las artistas de sus anteriores estudios, vinculaciones, trayectorias. Por ejemplo, Mónica toma varias estrategias que vienen de los activismos feministas, de su militancia y también estrategias que trae de su paso por Estados Unidos. Ella estudió en el Feminism Studio Workshop y eso no se considera para saber cómo llegó Polvo a lo que llegó. Hay elementos de Maris que vienen del humor, del sarcasmo. Estas herramientas que son de carácter estético, ciertas estrategias de la militancia feminista o elementos que tienen que ver la performance entendida en una dimensión social, todo eso que es fundamental para PGN lo trae Mónica de Estados Unidos.

Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC

“PGN busca estos espacios que son parte de la cultura visual y la cultura popular para subvertirlos. Además, les permite ganar mucho más público, que es parte de la idea de concienciación que lleva el grupo, porque trabajan un mensaje de cambio cultural importante, es revolucionario, porque es el feminismo y si pueden llegar a más personas, ahí están”.


MFL: Tomando lo que mencionó Julia sobre la importancia de que las obras se reactiven y a María Laura que destacó el humor, considero que esos son dos ejes fundamentales para comprender el trabajo de PGN. ¿Hay algún otro eje que ustedes consideren que falte y que sea clave para su obra?

JA: Un gran desafío que tuvimos con María Laura fue abordar temas que son difíciles, temas de violencia, y como estrategia ellas, y en general el arte feminista, ha tomado el humor como una herramienta crítica, porque cuando te posicionas desde ahí lo que dices al poder —sea patriarcal o cualquier tipo de poder que nos atraviesa— es que no es digno de tu respeto, entonces desde el humor se pueden dar vuelta las cosas.

Creo que otro eje muy importante para el trabajo de ellas es la presencia en medios de comunicación, buscar eso como un escenario diferente para llevar su performance. En la muestra hay dos eventos, uno es un video que relata un performance donde nombran madre por un día al conductor de un programa de conversación en los ochenta y también hay imágenes de otras apariciones en televisión. Entonces, buscan estos espacios que son parte de la cultura visual y la cultura popular para subvertirlos. Además, les permite ganar mucho más público, que es parte de la idea de concienciación que lleva el grupo, porque trabajan un mensaje de cambio cultural importante, es revolucionario, porque es el feminismo y si pueden llegar a más personas, ahí están.

MLR: Sumaría a lo que dice Julia —que estoy totalmente de acuerdo—, el papel que jugó Mónica como difusora a través de su columna en el periódico El Universal de México; su escritura allí durante años fue fundamental. También destacaría ciertos formatos, por ejemplo, el llamado a concurso Carta a mi madre, o ciertos elementos del arte correo, pero el formato del concurso es muy interesante porque llegaron 70 personas y después se entregaron premios, entonces es todo un lenguaje experimental del arte. Después aparece la cuestión del performance y asuntos de la vida cotidiana que le dan una carga política y de denuncia. Lo anterior me parece muy importante de destacar del grupo, y además porque forma parte de la exposición.

Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC

“Nos pareció muy importante también armar una genealogía, un relato alternativo a esos relatos que se construyen desde los centros, porque la misma construcción de los relatos feministas en el campo del arte replica esos centros de poder del arte, y en ese sentido me parece que es muy importante dar cuenta de estos grupos que son pioneros en el campo del arte y el arte feminista”.


MFL: Pensando en el feminismo —que es fundamental en PGN— y en la mayor presencia de este en el campo artístico en los últimos años, ¿cuál creen que es el vínculo que la producción de PGN mantiene con las generaciones más jóvenes de artistas o cómo sería la influencia del grupo? ¿Cuál ha sido la recepción de la muestra?

JA: Creo que eso está en el área de Pospolvo, en el cual vemos que hay una constante reactivación de estas piezas debido a su importancia. Como bien dices, hay un mayor visibilización de la producción de arte feminista. Sin embargo, no hay un conocimiento total, porque las narrativas del arte no lo han integrado en las escuelas, o sea, es un campo que estamos arando y hemos sembrado varias: María Laura, Karen Cordero, la misma Mónica y muchas otras que hemos estado ahí. Hay un camino pavimentado por estas artistas y que no han sido suficientemente visibilizadas en las narrativas del arte ni en las exposiciones. Recién el 2017 hay una exposición —y es en Estados Unidos— sobre artistas feministas latinoamericanas y que solamente va de los sesenta hasta los ochenta [se refiere a Radical Women, curada por Cecilia Fajardo-Hill y Andrea Giunta].

Creo que con esta exposición –y otras que hemos curado tanto María Laura como yo y la misma Soledad Novoa y otras colegas en otras partes de América Latina— hemos constatado que hay muchísimas artistas y no las conocemos, claro, porque no estaban en el canon, porque no entraban en esta historia del arte con mayúscula, ni siquiera eran tomadas como artistas políticas. Por eso creemos que es muy importante hacer esta genealogía con este grupo, que es el primer grupo de arte feminista mexicano y también en América Latina y ver que ha sido una continuidad tanto en las estrategias de las colectivas para hacer exposiciones grupales o para estar en las manifestaciones. Hay constantes que podemos ver como estudiosas del campo; podemos ver que existen muchas expresiones, o sea, el campo del arte feminista en América Latina es activo hace muchos años, son mucho más de cuarenta años, sin embargo, ahorita no más lo tenemos más presente, pero de que existen, existen.

MLR: A mí también me gustaría comentar que para nosotras es fundamental dentro del arte latinoamericano la presencia de Polvo, porque es un grupo que pertenece a la genealogía de los activismos artísticos de Latinoamérica. Está ahí presente y es muy importante porque a la hora de escribirse trabajos que se difunden de manera global, la presencia del arte latinoamericano siempre es oblicua, como tangencial, porque quienes tienen más poder para las publicaciones, y por tanto también para su difusión, es el mundo anglosajón o el europeo. Entonces circulan historias del arte desde los feminismos que básicamente son compilaciones de artistas europeas feministas o artistas anglosajonas feministas y de manera muy tangencial aparecen las latinoamericanas, y en general las de siempre.

Hace unos años, cuando fue la exposición Global Feminisms [curada por Maura Reilly en 2007], de Argentina aparecía Marta Minujín, y la verdad que a la hora de los feminismos no ha tenido una presencia para nada. Entonces, a Julia y a mí, que llevamos muchos años trabajando estos temas, nos pareció muy importante también armar una genealogía, un relato alternativo a esos relatos que se construyen desde los centros, porque la misma construcción de los relatos feministas en el campo del arte replica esos centros de poder del arte, y en ese sentido me parece que es muy importante dar cuenta de estos grupos que son pioneros en el campo del arte y el arte feminista. Por otro lado, también está el tema de la repercusión de la muestra… Julia está en México, yo en Argentina, pero sí nos hemos enterado de que se han hecho varios tendederos y que han tenido una presencia las actividades que se han organizado y los programas públicos han sido muy interesantes. También hemos sabido que ha tenido bastantes espectadores; me parece necesario destacar la acogida que le ha dado Chile también en el contexto en el que está, viendo los feminismos allá esta exposición es importante.

Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC
Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC

Para el arte feminista la construcción de genealogías es importante, porque eso viene a decir que las cosas no salen de la nada y que las que pavimentaron el camino aquí están y suman y siguen sumando y también son maestras, gente generosa que está ahí y sigue formando colectivas o están muy activas, otras retiradas, en fin, lo importante es que están ahí, existen”.


MFL: Quiero retomar algo que mencionó Julia, porque me parece muy importante y por ello quiero enfatizarlo: no hay narrativas masificadas que aborden el desarrollo del arte feminista. No obstante, cuando una está vinculada a otras investigadoras feministas, realizando proyectos y visitando exposiciones de este tipo vive la falsa ilusión de que ya se ha incorporado al campo artístico. Sabemos que eso no es así, y el mejor ejemplo es que recién en 2022 se realice la primera retrospectiva de PGN, cuando su trabajo finalizó hace casi tres décadas. Otra cuestión que me parece importante, a partir de lo que mencionó María Laura, es que, aunque se hable de mujeres o feminismo, muchas veces se repiten las narrativas; incluso si se trata de una historia del arte feminista, esta puede estar hegemonizada por las lógicas del centro metropolitano y también por las nociones tradicionales que articulan los relatos historiográficos. En este sentido, creo que la idea de pionerx, cuyo valor radica únicamente en ser el/la primerx, también reproduce una lógica patriarcal de entender la producción y de escribir la historia ¿Cómo lo ven ustedes?

MLR: Puede ser una forma tradicional, claro que sí, porque están estas marcas dentro de los relatos de la historia del arte, pero también hay una cuestión que tiene que ver con cómo se van desarrollando los discursos y las construcciones discursivas, y ahí Latinoamérica ocupa un lugar dentro de los feminismos que es bastante incómodo para las construcciones de los relatos de las artistas feministas. Por ejemplo, pensemos en Brasil; muchas de las artistas de los años sesenta, setenta y hasta los ochenta no salen de la militancia feminista y no son tenidas en cuenta como feministas hasta muy recientemente, o sea, lo que se construyó es que las artistas brasileñas no habían recibido los feminismos. Estoy hablando de la segunda ola, de los setenta… entonces estas construcciones hacen que respondamos con nuestras investigaciones y con las investigaciones que se han hecho más recientemente y vamos poniendo el énfasis en una cuestión de justicia.

Nosotras hicimos nuestra producción artística y también teórica y existe en esta cronología, existe dentro de este mismo relato cronológico que nos está invisibilizando, y que ya no podemos decir ¡ah, eso el canon! No, es el canon de las propias teóricas feministas que replican cosas de la historia del arte tradicional. Entonces yo entiendo lo que dices de la cosa del “pionerismo”, pero bueno, también es una cosa de justicia decir que en los años ochenta estaba activo PGN, y es posible —como siempre lo hemos dicho con Julia— que haya otras colectivas o artistas… tienen que surgir investigaciones.

Nosotras no nos cerramos en esta palabra “pionera”, solo que son las que comienzan a transitar esos caminos y en la medida en que haya otras investigaciones y salgan a relucir otras colectivas se irán sumando y esto se irá revisando también. Entonces entendemos lo pionero como eso: son las que inician un camino, pero no necesariamente las únicas, y por tanto no está cerrado, como todo concepto de arte feminista. Si tomamos el concepto de virtualidad de Griselda Pollock, siempre es un terreno a reformular y revisar, no queda congelado en estas que “son las primeras”, porque tampoco lo pensamos así.

JA: Aunque sí son las primeras (risas). Con respecto a la idea de lo pionero, concuerdo con María Laura, porque una cosa es repetir patrones, pero otra es hacer justicia. Además, las construcciones de las narrativas históricas, desde la historia cultural o desde cualquier enfoque, pasan por revisiones con los años. Para el feminismo la experiencia es un concepto central, entonces creo que desde ahí el tema de que sean las primeras y que sea la primera antológica de este grupo, imagínate, tantos años después, del 93 hasta el 2022, tiene un valor. Y a pesar de esos años sus obras siguen incidiendo, ello lo hemos visto en las reactivaciones. Otro punto es que para el arte feminista la construcción de genealogías es importante, porque eso viene a decir que las cosas no salen de la nada y que las que pavimentaron el camino aquí están y suman y siguen sumando y también son maestras, gente generosa que está ahí y sigue formando colectivas o están muy activas, otras retiradas, en fin, lo importante es que están ahí, existen. Por tanto, incorporarlas de la forma que sea es justicia.

Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC
Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC
Vista de la exposición «Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas», en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo (CNAC), Santiago de Chile, 2022. Foto cortesía del CNAC

MFL: Pensando en esta idea de justicia, hay una serie de iniciativas que apuntan en esa línea, como por ejemplo la Archiva. Obras feministas del arte feminista en México (2013) o el libro Mujeres en las artes visuales en Chile 2010-2020 (2021), en el que trabajamos varias mujeres… estás tú Julia como escritora, María Laura nos entrevistó a Varinia Brosdky y a mí. Este libro también tenía como objetivo levantar una propuesta, pero al mismo tiempo dejar abierto…

JA: Claro, en esa misma línea están las wikitones o editatones de mujeres artistas, ese es un proyecto abierto y que cada año ha ido in crescendo en diferentes lugares del mundo. Todas esas acciones suman y ahora podemos decir ¿qué artista hay en tal año? Y tenemos donde encontrar referencias. En 2017, hicimos en México una exposición —que era de cinco archivos de arte feminista mexicano— y dentro de las cosas que tenía armamos una mesa con la bibliografía que existía y para nuestra sorpresa había más de 30 libros y cuatro números de revistas [La muestra se tituló Re+acciones. Réplicas y fracturas en los archivos de arte feminista mexicanos y fue realizada con el Laboratorio Curatorial Feminista en México y Chile]. Si ahora hacemos eso, seguramente tendremos que tener varias mesas, o voy a poner un centro de documentación sobre arte feminista, porque ya la producción es más basta, lo mismo que pasa con las prácticas.

MLR: Aprecio mucho la producción. Tal cual lo que dice Julia, hubo un crecimiento muy grande; para esa mesa que armó Julia en 2017 hoy necesitaríamos mucho mobiliario, porque se han publicado muchas tesis, investigaciones, libros, que siempre se van reformulando. Acá en Argentina se hicieron publicaciones, sobre todo en relación con los activismos feministas y las mismas activistas/artistas llevaron a cabo sus propios libros; ese también es un material muy interesante que ha circulado por acá.

El problema que encuentro es que hay poca circulación de este material por todo el continente y fuera del continente, porque como muchas veces nosotras mismas financiamos nuestras investigaciones y publicaciones es algo complejo. A mí siempre me gusta enfatizar sobre esta cuestión de que el mundo anglosajón y el mundo europeo tienen editoriales muy fuertes que generan una distribución de sus materiales muy grande, en cambio nosotras trabajamos en situación de mucha fragilidad económica y todo lo que conlleva eso, entonces a veces se hace difícil para conocer los trabajos latinoamericanos por esta situación. Con la exposición de PGN estamos armando un catálogo que se va a difundir en México y esperamos que tenga una buena difusión por América Latina, porque da cuenta de lo que es la exposición y de nuestros propios trabajos de investigación.

Mariairis Flores

Marchigüe, Chile, 1990. Es Licenciada y Magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Actualmente desarrolla una investigación FONDART titulada “Bajo el signo mujer”, dedicada a las exposiciones de mujeres artistas chilenas (1973-1991), es investigadora de Fundación AMA para el proyecto de Documentos Chilenos del S.XX - XXI del ICAA – MFAH (https://icaa.mfah.org/) y colabora con las revistas Artforum y Artishock. Ha trabajado como coordinadora de la Galería BECH y productora del proyecto “Ojos que no ven” de Paz Errázuriz y Jorge Díaz. Se ha desempeñado en diversos proyectos de arte contemporáneo desde el feminismo, la curaduría, la escritura y la gestión. Es co-autora del libro “En Marcha. Ensayos sobre arte, violencia y cuerpo” y autora de “Desbordar el territorio” (2016), publicación desarrollada con el artista Sebastián Calfuqueo. Como investigadora fue parte del proyecto web www.carlosleppe.cl; del libro y video “Arte y política 2005-2015 (fragmentos)” y del proyecto “Mezza: Archivo liberado”.

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