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MARIANA BERSTEN: NIMBO

Por Tania Puente | Curadora

Entre las imágenes fuera de este tiempo que componen nuestra educación sentimental, recostarse bocarriba en la hierba a mirar las nubes pasar es casi la definición del idilio. Los cuerpos tibios, tendidos bajo el sol, elevan la mirada y señalan efusivos las formas que encuentran en los cúmulos. Osos, conejos, tazas, caballos, caras, grutas, hongos: la fantasía se cumple cuando avistamos nuestro deseo flotando por el cielo y podemos compartirlo como una certeza. A este fenómeno se le conoce como pareidolia, una «aparición parecida».

Vista de la exposición “Nimbo”, de Mariana Bersten, en El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto cortesía de El Mirador

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El ciclo hidrológico del planeta en el que vivimos dicta que la cantidad de agua existente es invariable; lo que cambia es su estado físico. Evaporación, condensación, precipitación, infiltración. Una y otra vez. El agua condensada que en forma de nubes cruza fronteras y anuncia tormentas fue y será escupitajo, arroyo cantarino, orina proteica, vertedero industrial, costras de sangre animal, lluvia ácida, resplandor fluorescente de una cálida brisa evaporándose una tarde de verano. Después de todo, este ciclo es un lixiviado, como el líquido que chorrea de la bolsa de basura sobre los dedos de tus pies luego de varios días de no sacarla, pero a escala planetaria.

Vista de la exposición “Nimbo”, de Mariana Bersten, en El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto cortesía de El Mirador

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Setenta y dos, noventa, setenta, y setenta y uno son los porcentajes de la cantidad de agua que hay en la piel, en los pulmones, en el cerebro y en el hígado, respectivamente. Los etruscos solían llevar a cabo ceremonias adivinatorias para vaticinar el futuro a través de los hígados de animales sacrificados a los dioses. Su prominencia capilar hacía del hígado el mejor órgano para poder leer los cauces del porvenir mediante las figuras del macrocosmos y el microcosmos: lo que sucede arriba, en los cielos, se replica abajo, en la tierra. A los sacerdotes que conocían las nobles artes de leer las entrañas se les conocía como arúspices, hurgadores de los secretos de un cuerpo viscoso que nunca pudo pronunciar palabra alguna.

Vista de la exposición “Nimbo”, de Mariana Bersten, en El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto cortesía de El Mirador

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Uno de los tropos más recurrentes de la literatura escrita durante el Romanticismo es la falacia patética, la cual consiste en hacer del clima un reflejo del estado emocional del personaje principal. Un día soleado podía augurar un desenlace feliz, mientras que una tormenta era señal de la calamidad en puerta. Podemos emparentar esta figura retórica con el recurso pictórico del rompimiento de gloria, ese fulgor que se abre paso entre las nubes y acerca lo divino a lo terrenal. La ecología de las manifestaciones y las emociones es tramposa y falaz, y nos seduce con un pacto de verosimilitud al cual nos cuesta negarnos.

Vista de la exposición “Nimbo”, de Mariana Bersten, en El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto cortesía de El Mirador

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Bañados por un brillo artificial, una serie de cuerpos efervescentes y coloridos se yergue en un habitáculo. Pareciera que han estado ahí una eternidad, en contemplación permanente, entre el desconcierto y la ternura, y reconoces que no sabes ni siquiera a qué te refieres cuando dices «ahí». Cercanas y juntas, las formas se enuncian desde la contradicción como apariciones parecidas: son formas que has visto en el prado, entre las flores, en el supermercado, en el bosque, en el volquete, en la cuna, en los riñones, en el parto, en la muerte y en las nubes. La memoria se les ha ido pegando en cada capa y en cada rugosidad, hasta darle forma a su carne sintética, cuya superficie podrá ser leída bajo los preceptos de un sistema adivinatorio. Resplandecen: una energía emana de su interior. Los cuerpos humanos se pegan a ellas; refregándose por sus curvas, las habitan, se dejan habitar, se vuelven extravíos de mortalidad, cantan. El ciclo sigue su curso y el agua llevará la palabra en susurro, en secreto, en lluvia.

Vista de la exposición “Nimbo”, de Mariana Bersten, en El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto cortesía de El Mirador

MARIANA BERSTEN: NIMBO

El Mirador, Brasil 301, esq. Balcarce, San Telmo, Buenos Aires

Del 10 de noviembre al 17 de diciembre de 2022

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