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UN LIBRO POSIBLE

A finales de 2019, sin imaginarme los años pandémicos que vendrían, viajé al Instituto Getty, en Los Angeles, California, a consultar diversos materiales para mi antiguo proyecto de tesis doctoral sobre el Duchampismo en América Latina. Entre los materiales que consulté estaba Found Poetry: Boundary for the blinds, un pequeño libro artesanal de Guillermo Deisler. El archivista me preguntó, bastante intrigado, qué esperaba hallar yo en ese libro. Su curiosidad no era meramente libresca sino, más bien, de desconcierto, al ver cómo este libro parecía ser, a primera vista, tan solo la encuadernación de una serie de recortes al azar de diversas publicaciones impresas. Le respondí que iba en busca de trazos de Duchamp. Sin embargo, llegué a Los Angeles esperando ver tan solo un readymade, pero mientras exploraba cada una de las láminas de este libro de artista, entre recortes de revistas rusas, publicidades de la Alemania del Este, telegramas de poetas brasileños, páginas de una publicación venezolana, grabados de su autoría, Deisler me hizo encontrar la poesía expandida.

Este inesperado giro de mi tesis doctoral fue producto de acercarme a Deisler. De manera parecida, Amalia Cross cuenta que llegó al archivo de Deisler buscando otras cosas y terminó encontrando a Julio Aciares. Esta serie de encuentros inesperados, este potencial a futuro, no solo es algo intrínseco de cualquier archivo, sino, en este caso, constituye una invitación de Deisler a participar, como lo había hecho ya en su poesía, no como lectores inocentemente pasivos, sino como cocreadores del hecho poético. En Deisler, más que nunca, el archivo debe entenderse, como apunta Javier Guerrero a propósito del concepto de archivo de autor, como ese “lugar sin límites para repensarlo todo” (Escribir después de morir 2022: 18) y no desde lógicas que lo comprendan como una entidad fija, institucionalizada y cerrada.

Si bien un archivo puede tener un sistema, una aparente disposición y jerarquía, un aparato racional, y muchas veces marcadamente estatal, que busque ordenarlo y determinarlo, está, más bien, lleno de sorpresas. Adelanto entonces que el archivo de Guillermo Deisler, como bien se ve en la intervención de Cross en su nuevo libro, nos abre la posibilidad de releer y volver a pensar la historia cultural no solo chilena, sino latinoamericana, de la segunda mitad del siglo XX. Partiendo del libro Entre la copa y la manzana. Monografía del pintor popular Julio Aciares (Ediciones JGV, 2022), bajo el cuidado y con texto introductorio de Amalia Cross, quisiera esbozar brevemente algunas ideas sobre el archivo de Deisler, así como también dar cuenta de, al menos, tres intervenciones clave que Cross realiza con esta publicación.

El Archivo de Guillermo Deisler, organizado y salvaguardado por su viuda Laura Coll y hoy bajo el cuidado del Centro de Documentación de las Artes Visuales (CEDOC), reúne la correspondencia, fotografías, publicaciones, recortes de prensa, cuadernos de anotaciones, entre otros documentos y objetos, de Guillermo Deisler, en un periodo que cubre prácticamente cuatro décadas de su labor en Chile, Francia, Bulgaria y Alemania. Este archivo, en su condición innata de archivo migrante, materializa diversas formas del exilio y hace del viaje y del movimiento uno de sus rasgos constitutivos. El Archivo de Deisler es un archivo que viaja, que cruza continentes y regiones, que pasa de una casa familiar a una institución cultural que parece estar dentro y fuera de Santiago.

Así, pues, el archivo Deisler es un archivo que ha ido cobrando y tomando forma en diversos espacios y que, a su vez, ha buscado modos de seguir en circulación, de continuar en su intrínseco movimiento, en proyectos como el de Amalia Cross. A mi juicio, el Archivo Deisler se ha constituido como un lugar de proyectos posibles, de proyectos por venir. Como si fuese una más de las proposiciones de su poesía visual que realizó en los setenta, aquellas en las que invitaba al lector a jugar, a realizar algún tipo de acción material, a participar en una red de correspondencias con el autor, Deisler hizo de su archivo un territorio a futuro para ser armado y desarmado por sus venideros lectores.

Deisler tuvo desde temprano una visión sobre el archivo que pocos de sus coetáneos tuvieron. En este sentido, queda por hacer justamente un trabajo que se aproxime a indagar en la excepcionalidad del caso Deisler y su interés por el archivo y la documentación, a diferencia de otros artistas y poetas de su época. Resalto que el archivo de Deisler apunta no solo a su propia obra como poeta, editor, escenógrafo, profesor y grabador, sino también a toda una historia cultural que abarca desde los poetas y artistas del norte de Chile —Julio Aciares, entre ellos— hasta las redes del arte correo y la poesía visual que unieron a América Latina con la Europa del Este durante el largo periodo de la Guerra Fría.

Si bien Deisler fue uno de los poetas latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX cuyo trabajo circuló de manera más profusa en buena parte de las revistas más emblemáticas de poesía en América Latina, Estados Unidos y Europa, solo en los últimos años ha empezado a contar en Chile con la recepción crítica que su fundamental trabajo ha merecido desde un principio. Mariana Deisler, Paulina Varas y Francisca García publicaron en 2014 el libro Archivo Deisler. Textos e imágenes en acción, que brinda un primer acceso al archivo, dando cuenta de la diversidad material del mismo, y que para aquellos que iniciamos nuestra investigación sobre Deisler estamos en deuda. Tras ello, otra intervención fundamental ha sido la de Sebastián Arancibia y Sebastián Barrante, mejor conocidos como “Los Sebastianes”, en Naranja Publicaciones, quienes desde 2019 han reeditado varios de los libros de artista de Deisler, incluyendo Grrr (1969), considerado por el poeta Ariel Santibáñez como el inicio de la “actividad visual en Chile” y sobre el que el poeta uruguayo Clemente Padín afirma que se trata de “una de las obras capitales en la nueva poesía latinoamericana”.

A pesar de esto último, tendrían que pasar 50 años hasta que Los Sebastianes reeditaron, con un detallado cuidado material, este libro y lo pusieran a circular nuevamente. Finalmente, resalto también el trabajo de Claudio Galeno, Paulina Varas y Jorge Wittwer, quienes en su libro Guillermo Deisler, los años antofagastisnos (2014), como anuncia el título, reconstruyen el periodo de Deisler en el norte de Chile, lugar donde desarrolló Ediciones Mimbre y, entre otras cosas, dio a conocer el trabajo de decenas de poetas hasta ese momento inéditos. En esta línea de intervenciones debemos ahora celebrar el libro de Amalia Cross, quien viene a ofrecernos otra cara hasta ahora poco o prácticamente desconocida de Deisler: la del investigador e historiador del arte.

Entre la Copa y la manzana, monografía del pintor popular Julio Aciares consiste en el montaje de una serie de documentos y materiales heterogéneos en torno a la obra de este pintor popular. Desde una tarjeta de visita, hasta recortes de prensa, pasando por cuestionarios que Deisler le hizo a artistas y críticos de arte, hasta fotografías de sus pinturas, como lectores tenemos en nuestras manos las reproducciones de aquellos materiales sobre los cuales Deisler pensaba trabajar en su futura monografía. Es decir, estamos ante la materia prima, aquellas “larvas que esperan la evocación del creador”, como diría el ensayista mexicano Alfonso Reyes, que hacen posible un libro. Sin embargo, como bien hace Cross en su investigación, solo podemos especular la forma posible que este libro hubiera tenido de haber sido terminado. Sin embargo, pienso que esta carpeta, suerte de microarchivo deisleriano que Cross ha hecho portable en su libro, se vincula con otro artefacto visual sobre el cual Deisler estuvo trabajando en 1973.

Me refiero, claro está, a Poesía Visual: Proyecto para hacer un libro, recientemente editado por Naranja Publicaciones a partir de una maqueta de Deisler que los Sebastianes encontraron en el archivo. En este artefacto, Deisler propuso darle una serie de instrucciones al lector por medio de varias láminas sueltas contenidas en una carpeta. Estas instrucciones invitan al lector a tomar acciones materiales sobre un libro que se contraponen a aquellas para las cuales hemos sido entrenados culturalmente, tal como leer, subrayar, pasar de una página a otra cuidando de no romperla. Deisler nos invita, más bien, a hacer de su libro, nuestro libro, indicándonos llevar a cabo acciones que van desde rasgar una de las láminas, hasta, literalmente, jugar con una que parece un avión de papel a medio hacer. Y es que justamente esta idea del medio hacer, del proyecto, del artefacto por venir, parece constituir un rasgo que bien podríamos denominar como Deisleriano.

Tarjeta de presentación de Julio Aciares Nuñez. Fondo Guillermo Deisler – CEDOC/CNAC
Carta de Guillermo Deisler a Julio Aciares, Antofagasta, 23 de julio de 1972. Fondo Guillermo Deisler – CEDOC/CNAC

Y en este sentido, considero que justamente Cross lleva a cabo en Entre la copa y la manzana un procedimiento deisleriano al no querer completar o cerrar el proyecto de Deisler sino, más bien, darle al lector los materiales para que él mismo construya su libro. Cross nos comparte las reproducciones de los materiales de Deisler, nos da algunas pistas en su texto introductorio, pero no busca con ello poner un punto final a este proyecto. Este archivo portable, viajante, que Amalia Cross ha curado como libro, es, en todo sentido, un artefacto deisleriano.

Finalmente, quiero dar cuenta de, al menos, tres intervenciones clave que Amalia Cross realiza con esta publicación. Primero que todo, la más clara y la que, además, se vincula con el lugar donde hoy nos encontramos para esta presentación, el CEDOC, consiste en la activación del archivo Deisler. Una activación en varios niveles, pues no solo Amalia ha investigado en el archivo, sino que ahora lo pone a circular en formato libro, enfatizando, como ya he dicho, la condición migrante constitutiva del Archivo Deisler. Así como Mariana Deisler, Francisca García y Paulina Varas nos dieron un primer atisbo, nos invitaron a soñar y a imaginar la inmensidad documental, material y visual de este archivo, ahora Amalia nos acerca y nos otorga reproducciones de uno de los varios proyectos que Deisler quiso realizar y que hoy queda a manos de sus lectores, de sus lectoras, para hacerle cobrar forma. Darle vida al archivo, activarlo, implica una labor colectiva. De este modo, Cross nos invita a pensar y a trabajar con ella sobre esta carpeta de Deisler en torno a la obra de Julio Aciares.

Una segunda intervención, que da cuenta también de la vocación docente de Amalia, quien es profesora de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, consiste en ofrecer una metodología de trabajo, un modelo pedagógico para que otras y otros investigadores se abran preguntas sobre cómo abordar los archivos de artistas. Cross se interesa por los pintores populares, pero decide aproximarse a la obra de Aciares a partir de la investigación inconclusa de otro artista. A su vez, Deisler elabora su propia metodología para aproximarse a un pintor de su tiempo, a quien, además, le arma un archivo. Y llama la atención que en ese periodo de los setenta, donde por un lado tenemos un auge del arte conceptual en Chile, donde el informalismo tiene tiempo asentado, donde las brigadas muralistas cumplen un rol fundamental, donde además circulan exposiciones itinerantes del MoMA, donde Deisler establece correspondencia y colaboración con poetas de todo el mundo, también le presta atención a otro relato, a otra vertiente artística, a otras formas de creación con poca visibilidad pública: la del pintor popular. En este sentido, Cross otorga un modo de trabajo, a todas luces atractivo para fomentar proyectos de investigación que pongan en diálogo las formas en que los artistas se leen entre sí y cómo podemos leer desde sus propios archivos otras historias culturales hoy desplazadas.

Finalmente, una tercera intervención, muy en línea con la anterior y que además considero que es la apuesta académica hacia la que deberíamos apuntar hoy, es revisar de nuevo la historia del arte o, en otros términos, la historia cultural chilena, para descentrar los relatos santiaguinos e indagar en otros artistas, escritores y creadores que, por tan diversos hechos, pasaron desapercibidos por la crítica. En este sentido, nuevamente, Amalia logra esto de manera doble al trabajar tanto a Aciares, pintor de Copiapó, sobre quien queda investigación crítica por hacer, como a Deisler, quien, como he dicho, es posiblemente uno de los poetas latinoamericanos más fundamentales de la segunda mitad del siglo XX, pero que, por diversas razones, no entró en los relatos críticos sobre poesía y las artes visuales de la disidencia chilena.

Cierro tan solo no solo celebrando esta publicación, sino a la expectativa de que esta apuesta de Cross motive a otras investigadoras e investigadores a aproximarse a los archivos, y en especial, al archivo Deisler para hacer otros libros posibles.

Portada del libro Entre la copa y la manzana. Monografía del pintor popular Julio Aciares, de Guillermo Deisler (Ediciones JGV, 2022)

*Texto presentado en el marco del lanzamiento del libro en el CEDOC, octubre 2022.

Alejandro Martínez Rodríguez

Caracas, 1989. Candidato doctoral en Spanish and Portuguese por la Universidad de Princeton. Investiga sobre artes visuales, cine y literatura del cono sur, especialmente a partir de la década de los sesenta. Su tesis doctoral estudia las relaciones entre arte conceptual, ensamblaje y archivo en diversas manifestaciones de las neovanguardias latinoamericanas. También trabaja en un libro sobre el giro documental en América Latina y la relevancia de objetos menores, tales como metraje encontrado y archivos personales. Alejandro posee una maestría en Ética (Universidad Alberto Hurtado, Chile) y una licenciatura en Letras (Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela).

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