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¡TRAGEDIA! 

[VERSÃO EM PORTUGUÊS ABAIXO]

Por Raphael Fonseca | Curador de la exposición

 «Una vasta región del territorio nacional sacudida por un fuerte terremoto», dice una página en el diario O Paiz, publicada el 28 de enero de 1922. La noticia continúa: «El extraño ruido, similar al estremecimiento de un tren muy pesado al pasar cerca, duró unos segundos». Mientras tanto, un titular de Correio Paulistano gritaba en letras grandes: «Un sensible terremoto que duró cuatro segundos se sintió en esta capital». Mientras hojeamos el periódico, encontramos un párrafo entusiasta de un escritor que firmaba como Helios: «¡Un terremoto en S. Paulo! Hay ahí una cosa sensacional. Teníamos de todo: autos, tranvías, aviones, adulterios con disparos y otras cosas interesantes y europeas. Nos faltaba, naturalmente, un terremoto».

***

En la madrugada del 27 de enero de 1922, un terremoto sacudió la ciudad de Mogi Guaçu, en el estado de São Paulo. Este fue, hasta entonces, el mayor terremoto que había afectado el territorio brasileño, con 5,1 grados en la escala de Richter. El episodio, supuestamente, no tuvo víctimas mortales y el sismo se sintió en un radio de aproximadamente trescientos kilómetros. Como se ejemplificó anteriormente, los periódicos informaron sobre la tragedia y comentaron la caída de una escultura presente en la fachada de una agencia del Bancdo Comércio e Indústria de São Paulo. Aproximadamente dos semanas después de estos eventos, en el Teatro Municipal de São Paulo, se inauguró la Semana de Arte Moderno. Uno de los organizadores del evento fue, precisamente, Menotti del Picchia, autor de la columna «Crónica Social», bajo el seudónimo de Helios.

¿Y si este terremoto hubiera devastado São Paulo? ¿Y si su epicentro no hubiera sido la ciudad cuyo nombre significa «gran río que serpentea», sino la fatídica Paulicéia Desvairada? ¿Y si no hubiese quedado un solo fragmento del Teatro Municipal? ¿Y si esta turbulencia hubiera llevado a la población a cuestionar el sentido de celebrar el centenario de la Independencia de Brasil? ¿Independientes de quién y a costa de qué? ¿Cómo releer estos hechos en vísperas de las ansiadas y temidas celebraciones de un bicentenario de la Independencia que tienen lugar a menos de un mes de las elecciones presidenciales? ¿Cuál es el grado, en la escala de Richter, de las ficciones en torno a los gritos y susurros que sucedieron en el Riacho do Ipiranga?

Tragédia! Vista de la exposición en Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo, 2022. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo/Rio de Janeiro, Brasil.
Mateus Moreira, Sufoco, del Projeto Tragédia, 2022, óleo sobre tela, 100 x 100 x 4.5 cm. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo/Rio de Janeiro, Brasil.
Mateus Moreira, Frenesi, del Projeto Tragédia, 2022, óleo sobre tela, 100 x 100 x 4.5 cm. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo/Rio de Janeiro, Brasil.

¡Tragedia! es una exposición que juega de manera no lineal con algunos de los elementos que componen la tesitura de estos hechos históricos: un terremoto, São Paulo, la ansiedad por el modernismo y la tensión en torno a las elecciones.  El conjunto de obras aquí reunidas, en su mayoría encargadas para esta muestra, versa sobre un mundo que, cuando se mira en detalle, nos invita a observar sus grietas y disfrutar de su carácter trágico en tono exclamatorio. Esta exposición está interesada en el diálogo entre diferentes generaciones de artistas: es en esta conversación intergeneracional que percibimos los ecos que constituyen una cierta historia reciente del arte contemporáneo y las artes visuales en Brasil.

En los trabajos de Anderson Borba, Carla Chaim, Gilson Plano, Ivens Machado y Mayana Redin, vemos el uso de materiales como hierro, concreto, madera, yeso, cuero, carbón y minerales. Interesados en la noción de escultura desde diferentes puntos de partida formales y conceptuales, las investigaciones de estos artistas están más pautadas por sugerir de manera indicial que en afirmar categóricamente. De igual modo, pero invitando de manera estática al cuerpo del público, Gabriela Mureb y Rivane Neuenschwander presentan proposiciones que emanan calor y exudan olor a gasolina. Fragmento y ruina conforman el campo semántico de estas artistas.

Por su parte, las obras pictóricas de Lucas Emanuel y Mateus Moreira nos invitan a contemplar imágenes en las que el cuerpo humano es protagonista, pero sus acciones establecen narrativas con múltiples capas de lectura en las que la noción de confusión es esencial. El carácter desorientador de las grietas interesa a Adriana Varejão y Felipe Abdala. Ya sea por las relaciones históricas entre la pintura, la superficie y la noción de corte, o por la articulación entre dibujo, fisicalidad y repetición, ambos artistas proponen pequeños laberintos para que el público se pierda.

En el campo del sonido, de vez en cuando, escuchamos la voz de la artista Sonia Andrade repitiendo la frase: «Apaga la televisión». A casi cincuenta años de la primera exhibición de este video, nos preguntamos: ¿hay como afirmar algo diferente ante la hiperestimulación de los monitores portátiles que llevamos en nuestras manos? En diálogo con esta obra, hay un fin de fiesta -en tono absurdo- realizado en papel mural por Renato Pera – ¿dónde están las personas que deberían estar aquí celebrando?

Ivens Machado, Sin título, 1983, concreto, óxido de Hierro, 165 x 130 x 110 cm. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo/Rio de Janeiro, Brasil.

Como diría el famoso meme, «esta fiesta se convirtió en un funeral»; en un momento en que las pinturas históricas (y millonarias) de Tarsila do Amaral son encontradas escondidas debajo de una cama, todo indica que este centenario o bicentenario se representa mejor con una reunión de escombros. Más próximos a los absurdos pop que a las literalidades catastróficas, no olvidemos el tema homónimo de los Bee Gees de 1979: «tragedia / cuando el sentimiento acaba y no puedes continuar / tragedia / cuando la mañana llora y no sabes por qué / es difícil de soportar / sin nadie que te ame, no vas a ninguna parte».

Dejemos las independencias y las semanas modernistas de lado, y vibremos melancólicamente a partir de los cien años de aquellos cuatro segundos catastróficos que da un terremoto. Nos quedamos con el deseo de que, en unos meses, este acto festivo y de disfrute colectivo se vacíe de ironía y se impregne de esperanza.

Lucas Emanuel, Compasso, 2021, still de video, 26’47». Cortesía del artista

TRAGÉDIA!

Raphael Fonseca

“Uma vasta região do território nacional abalada por forte tremor de terra”, diz uma página do jornal O Paiz, publicada em 28 de janeiro de 1922. A chamada prossegue: “O estranho ruído, semelhante à trepidação de um pesadíssimo comboio a passar nas proximidades, teve a duração de alguns segundos”. Enquanto isso, uma manchete do Correio Paulistano gritava em letras garrafais: “Foi sentido nesta capital um sensível terremoto que durou quatro segundos”. Ao folhearmos o periódico encontramos um entusiasmado parágrafo de autoria de um escritor que assinava por Helios: “Um terremoto em S. Paulo! Aí está uma coisa sensacional. Tínhamos tudo: autos, bondes, aeroplanos, adultérios com tiros e outras coisas interessantes e europeias. Faltava-nos, naturalmente, um terremoto”.

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Na madrugada de 27 de janeiro de 1922, um terremoto fez tremer a cidade de Mogi Guaçu, no estado de São Paulo. Este era, até então, o maior tremor de terra que já havia afetado o território brasileiro, com 5,1 graus na escala Richter. O episódio, supostamente, não contou com fatalidades e o sismo foi sentido num raio de aproximadamente trezentos quilômetros. Como exemplificado acima, os jornais noticiaram a tragédia e comentaram a respeito da queda de uma escultura presente na fachada de uma agência do Banco do Comércio e Indústria de São Paulo. Aproximadamente duas semanas depois desses acontecimentos, no Teatro Municipal da capital paulistana, foi aberta a Semana de Arte Moderna. Um dos organizadores do evento foi, justamente, Menotti del Picchia, autor da coluna “Chronica Social”, sob o pseudônimo Helios.

E se este terremoto tivesse devastado São Paulo? E se o seu epicentro não houvesse sido a cidade cujo nome significa “grande rio que serpenteia”, mas sim a fatídica Paulicéia Desvairada? E se não houvesse sobrado um fragmento sequer do Teatro Municipal? E se essa turbulência tivesse levado a população a questionar o sentido de celebrar o centenário da Independência do Brasil? Independentes de quem e a custo de quê? Como reler estes fatos às vésperas das ansiadas e temidas celebrações de um bicentenário da Independência a ocorrer a menos de um mês das eleições presidenciais? Qual o grau, na Escala Richter, das ficções em torno dos gritos e sussurros que se sucederam no Riacho do Ipiranga?

Adriana Varejão, Homenagem a Zé Celso, 2022, óleo y yeso sobre tela, 180 x 180 cm. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo/Rio de Janeiro, Brasil.

Tragédia! é uma exposição que joga de forma não-linear com alguns dos elementos que compõem a tessitura desses fatos históricos – um terremoto, São Paulo, a ansiedade pelo modernismo e a tensão em torno das eleições. Em grande parte comissionados para esta mostra, o conjunto de trabalhos aqui reunidos versa sobre um mundo que, quando olhado em detalhe, nos convida a observar suas rachaduras e gozar de seu caráter trágico em tom exclamativo. Esta exposição se interessa pelo diálogo entre diferentes gerações de artistas – é nessa conversa intergeracional que percebemos os ecos que constituem uma certa história recente da arte contemporânea e das artes visuais no Brasil.

Nos trabalhos de Anderson Borba, Carla Chaim, Gilson Plano, Ivens Machado e Mayana Redin, vemos a utilização de materiais como ferro, concreto, madeira, gesso, couro, carbono e minérios. Interessados pela noção de escultura a partir de pontos de partida formais e conceituais diversos, as pesquisas destes artistas estão mais pautadas em sugerir de maneira indicial do que afirmar de forma categórica. De forma semelhante, mas convidando de maneira estésica o corpo do público, Gabriela Mureb e Rivane Neuenschwander apresentam proposições que emanam calor e exalam o cheiro de gasolina. Fragmento e ruína compõem o campo semântico destes artistas.

Enquanto isso, os trabalhos pictóricos de Lucas Emanuel e Mateus Moreira nos convidam a contemplar imagens nas quais o corpo humano é protagonista, mas suas ações estabelecem narrativas com múltiplas camadas de leitura em que a noção de confusão é essencial. O caráter desorientador das fendas interessa a Adriana Varejão e a Felipe Abdala. Seja pelas relações históricas entre pintura, superfície e a noção de corte, seja pela articulação entre desenho, fisicalidade e repetição, ambos os artistas propõem pequenos labirintos para que o público se perca. No campo do som, de tempos em tempos, ouvimos a voz da artista Sonia Andrade repetindo a frase: “Desliguem a televisão”. Quase cinquenta anos depois da primeira exibição deste vídeo, nos perguntemos: há como afirmar algo diferente perante o hiperestímulo dos monitores portáteis que levamos em nossas mãos? Em diálogo com este trabalho, há um fim de festa – em tom absurdo – feito em papel de parede por Renato Pera – onde estão as pessoas que deveriam estar aqui celebrando?

Como diria o famoso meme, “essa festa virou um enterro”; em um momento em que pinturas históricas (e milionárias) de Tarsila do Amaral são encontradas sob o esconderijo do estrado de uma cama, tudo nos indica que este centenário ou bicentenário é mais bem representado por uma reunião de escombros. Mais próximos dos absurdos pop que das literalidades catastróficas, não esqueçamos do single homônimo dos Bee Gees, de 1979: “tragédia / quando o sentimento acaba e você não pode continuar / tragédia / quando a manhã chora e você não sabe porque / é difícil aguentar / com ninguém para te amar, você não vai a nenhum lugar”.

Deixemos as independências e as semanas modernistas de lado, e vibremos melancolicamente a partir dos cem anos daqueles quatro segundos catastróficos dados por um tremor de terra. Resta-nos o desejo de que, em alguns meses, este ato celebratório e coletivo do gozo seja esvaziado de ironia e embebido de esperança.

Sonia Andrade, Sin Título, 1977, still de video, 16’38». Cortesía de la artista y Fortes D’Aloia & Gabriel, São Paulo/Rio de Janeiro, Brasil.

TRAGÉDIA!

Adriana Varejão, Anderson Borba, Carla Chain, Felipe Abdala, Gabriela Mureb, Gilson Plano, Ivens Machado, Lucas Emmanuel, Mateus Moreira, Mayana Redin, Renato Pera, Rivane Neuenschwander, Sonia Andrade

Curaduría: Raphael Fonseca

Fortes D’Aloia & Gabriel, espacio Galpão, Rua James Holland 71, Barra Funda, São Paulo, Brasil

Del 20 de agosto al 15 de octubre de 2022


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