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MANO PENALVA: CAMA DE GATO

[PORTUGUÊS ABAIXO]

Mano Penalva es un artista que recorre las calles. Si bien su estudio localizado en la región central de São Paulo es el laboratorio que le permite fusionar y reordenar cosas y enunciados que nunca antes se habían sometido a diálogo, es justo en el espacio entre su estudio y el mundo donde yace el corazón de su producción. Un viaje en taxi puede ser el detonante de una nueva serie al igual que un paseo al mercado popular, una conversación con un vendedor ambulante o una observación reflexiva de las envolturas o los botes de basura. Caminar es su forma de volcarse a la escucha de lo que dicen las cosas. Volver al estudio es su manera de hacerlas hablar.

En esta nueva exposición que presenta los despliegues más frescos de su investigación, el juego, el trabajo y la imaginación política establecen acuerdos variados, entremezclados con un sinfín de significados simbólicos y mediaciones materiales. El artista dialoga sobre todo con las cuentas de madera que cubren, en diferentes composiciones, los asientos de los vehículos que conducen los choferes profesionales en Brasil y en varias partes del mundo. Además del atractivo estético explícito, los respaldos de cuentas de madera ayudan a mantener una buena postura, al tiempo que activan la circulación sanguínea por el masaje que brindan y favorecen la ventilación entre el cuerpo y el asiento en aras de la comodidad. Es, en síntesis, una tecnología del conocimiento popular que responde a la precariedad de estos trabajadores desprovistos de toda regulación jurídica, sometidos a jornadas de trabajo exhaustivas que condicionan sus cuerpos a coreografías viciadas. Irónicamente, estos respaldos alivian el daño de dichos excesos y maximizan su productividad, algo que los convierte en ayuda y en obstáculo a la vez.

Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: White Balance

Mientras que, en producciones anteriores, como las series Ventana, Alpendre y Tudo Passa, el material era tratado en un diálogo más directo con los léxicos de la casa y de la arquitectura, ahora las cuentas de madera adquieren nuevas configuraciones en interacción con tejidos utilizados para tapizar autos de diferentes estilos, lo que marca un nuevo momento en el trabajo del artista. Además del primer contraste entre el aspecto artesanal y duro de la madera y el carácter sintético y blando de las telas, Penalva explora composiciones con los contornos gráficos y la geometría lírica acentuada, los que dialogan con una serie de signos de diversos imaginarios culturales. Frente a ellos, podemos identificar símbolos de naturaleza afrodiaspórica vinculados a los orixás del Candomblé, ojos griegos, yin-yangs, caracoles, flechas y vectores que a veces nos recuerdan a colguijes y amuletos que brindan no sólo protección y dimensión ritual, sino también identidad a estos vehículos y a sus propietarios. La presencia de ojales y anillas (que permiten al público intervenir y reconfigurar estas composiciones al recordar el baile de líneas presente en una cama de gato, como se llama al juego del cordel en Brasil), afirma el rasgo ornamental de estas obras y su interés por el adorno como recurso para producir singularidad. Sus hilos son como rosarios y collares, telas de araña entre lo sagrado y lo profano, mientras que sus títulos cosmológicos buscan suspender y superar la cotidianidad del trabajo, la banalidad de lo tapizado, para proyectarnos hacia arriba, la esfera misma de los sueños y las utopías, al territorio del futuro.

Sin embargo, como es habitual en la producción del artista, estas discusiones se insinúan de forma dialéctica o, mejor dicho, polifónica. Penalva prescinde de las enunciaciones totalitarias y unívocas que podrían apuntar a efectos de conclusión moral y, en su lugar, aborda el problema produciendo una intervención prismática, un trenzado de relaciones de diferentes escalas, desde lo macro a lo micro; y es en este contexto donde las cuentas de madera adquieren connotaciones distintas.

Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: White Balance

En A Caça (La Caza), la sustitución de la piel de caza por el respaldo de cuentas teje un elogio del trabajo y lo coloca como trofeo —como en la máxima weberiana, «el trabajo dignifica al hombre»— o, en una perspectiva más perversa, coloca al propio trabajador como presa. En Camas, por el contrario, las bolitas que servirían para maximizar la producción de un cuerpo hábil en la repetición de gestos hacen las veces de una invitación para que los espectadores descondicionen su postura en el espacio expositivo, cambien la posición vertical por la horizontal y experimenten, ellos mismos, una lúdica cama de gato.

El imperativo de la visión da paso al deseo de explorar el mundo con todo el cuerpo y afirmar valores reacios a la productividad conmensurable. Creo que son obras oportunas para reflexionar sobre el modo en que el arte se ha consumido como capital cognitivo, engullido por un consumo rápido y excesivo de datos y narrativas y, simultáneamente, atravesado por la dificultad de proyectar significados simbólicos más colectivos para el presente (después de todo, ¿por qué nuestro tiempo ––marcado por la profusión y la eficacia técnica de las imágenes–– es también el tiempo de una crisis de la imaginación?).

Las Camas no dicotomizan la relación entre experiencia e información, porque su episteme es epidérmica. Si bien están constituidas por las discusiones socioculturales señaladas anteriormente, también nos llaman a conjugar la dimensión simbólica con la dimensión real, la representación con la experiencia, algo vinculado a cierta tradición del arte brasileño interesado —sobre todo desde sus programas constructivos de los años cuarenta y cincuenta— en explorar el potencial político de propuestas más abiertas y experimentales destinadas a producir una conciencia corporal capaz de negociar entre lo individual y lo social.

Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: Bruno Leão
Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: White Balance

También hay camas de gato que refuerzan el interés del artista por lo lúdico como forma de poner a prueba las relaciones sociales, el juego como operación a la vez política y poética, recurso de experimentación y oxigenación del lenguaje. En el caso concreto del juego en cuestión, dos personas manipulan un cordel para explorar formas y tramas secuenciales, cada una a partir de la anterior, lo que aumenta su nivel de complejidad. Es una dinámica que implica tanto cooperación como competencia, una especie de metáfora del juego social. En cada etapa, la línea trazada sugiere principios de figurabilidad que reciben nombres variados, según su contexto cultural (cuna, vela, camino, entre tantos otros…) y funcionan como diseños espaciales provisionales, ejercicios de imaginación a punto de reconfigurarse.

Lo que hace Penalva, a su vez, es recomponer, con cuentas de madera, algunas de estas figuras a escala agigantada y sustituir la dimensión doméstica de la mano por la confrontación del cuerpo con el espacio. Para quienes conocen el juego, estas composiciones suelen desencadenar recuerdos infantiles y afectivos y hacer referencia al propio acto físico. En cierta medida, hablamos aquí de un elogio de la mano que especula y forja realidades, mide el espacio y llena la naturaleza de fuerzas propositivas. El juego, al igual que la práctica artística, es capaz de transformar las cosas simples en experiencias dotadas de potencialidad simbólica al proponer nuevas perspectivas sobre el mundo y sus tensiones.

En conjunto, Cama de gato explora las disputas simbólicas contenidas en los materiales y ejercicios estéticos cotidianos y la construcción del conocimiento formal en contextos no eruditos. Entre la dimensión técnica y la discusión sociocultural, cabe decir que Mano Penalva apuesta por la aireación de los sentidos para permitirnos estirar, quizás, los horizontes negociables de lo posible.

Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: Bruno Leão

CAMA DE GATO

Mano Penalva é um artista que percorre as ruas. Se seu ateliê, na região central de São Paulo, é o laboratório que permite fundir e rearranjar coisas e enunciados que nunca antes haviam sido postos em diálogo, é precisamente no espaço entre o ateliê e o mundo que reside o coração de sua produção. Uma viagem de táxi pode ser o gatilho para uma nova série, assim como uma ida ao mercado popular, uma conversa com um camelô, ou uma mirada mais atenciosa às embalagens ou caçambas de lixo. Andar é seu modo de produzir uma escuta ao que as coisas dizem. Voltar ao ateliê é seu modo de colocá-las para conversar.

Nessa nova exposição, que apresenta os desdobramentos mais frescos de sua pesquisa, jogo, trabalho e imaginação política assumem acordos variados, entremeados por uma miríade de sentidos simbólicos e mediações materiais. O artista dialoga sobretudo com as miçangas de madeira que revestem, em diferentes composições, os bancos dos automóveis conduzidos por motoristas profissionais no Brasil e em diversas partes do mundo. Além do explícito apelo estético, os encostos de miçanga auxiliam na manutenção de uma boa postura, na ativação da circulação sanguínea através de certa competência massageadora e na ventilação entre o corpo e o banco, em busca de bem-estar. Trata-se, em síntese, de uma tecnologia de saber popular que responde à precarização desses profissionais destituídos de regulamentação legal, submetidos a jornadas exaustivas de trabalho que condicionam seu corpo a coreografias viciadas. Ironicamente, ao aliviar os danos desse excesso, esses encostos garantem que sua produtividade seja ainda mais maximizada, convertendo-se a um só tempo em auxílio e empecilho.

Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: White Balance

Se em produções anteriores, como nas séries Ventana, Alpendre e Tudo Passa, o material era tratado em diálogo mais direto com os léxicos da casa e da arquitetura, agora as miçangas assumem novas configurações, em interação com tecidos utilizados para estofar carros de diferentes estilos, demarcando um novo momento na obra do artista. Além do primeiro contraste entre o aspecto artesanal e duro da madeira e o caráter sintético e macio dos tecidos, Penalva explora composições de contorno gráfico e acentuada geometria lírica, e que dialogam com uma série de signos de diferentes imaginários culturais. Diante deles, somos capazes de identificar símbolos de cunho afro diaspórico ligados aos orixás do candomblé, olhos gregos, yin-yangs e caracóis, setas e vetores, por vezes fazendo lembrar penduricalhos e amuletos que fornecem não apenas proteção e dimensão ritual, mas também identidade para esses carros e seus proprietários. A presença de ilhoses e argolas (que permitem ao público intervir e reconfigurar tais composições, rememorando a dança de linhas presente no jogo cama-de-gato), afirma o traço ornamental dessas obras, seu interesse pelo adorno como recurso de produção de singularidade. Suas cordas são como terços e colares, teias entre o sagrado e o profano, enquanto seus títulos cosmológicos buscam suspender e superar a cotidianidade do trabalho, a banalidade do estofado, para nos projetar para cima – esfera própria dos sonhos e utopias, território do porvir.

Porém, como de costume na produção do artista, tais discussões se insinuam de maneira dialética, ou melhor, polifônica. Penalva dispensa enunciados totalitários e unívocos que possam almejar efeitos de conclusão moral, antes se acerca do problema produzindo uma intervenção prismática; uma trança de relações de diferentes escalas, do macro ao micro, e é nesse contexto que as miçangas de madeira ganham conotações distintas. Em Caça, a substituição da pele de caça pelo encosto de bolinhas tece um elogio da labuta, situando-a como troféu (como na máxima weberiana, «o trabalho dignifica o homem») ou, numa perspectiva mais perversa, figurando o próprio trabalhador enquanto presa. Nas Camas, ao contrário, as bolinhas que serviriam para maximizar a produção de um corpo hábil em repetir gestos assumem o lugar de convite para que o espectador descondicione sua postura no espaço expositivo, trocando a posição vertical pela horizontal e experimentando, ele próprio, uma lúdica cama de gato. O imperativo da visão dá lugar ao desejo de explorar o mundo com o corpo inteiro, afirmando valores avessos à produtividade mensurável. Creio que sejam trabalhos oportunos para refletir sobre o modo como a arte tem sido consumida enquanto capital cognitivo, tragada por um consumo rápido e excessivo de dados e narrativas e, simultaneamente, atravessada pela dificuldade em projetar sentidos simbólicos mais coletivos para o presente (afinal, por que o nosso tempo, marcado pela profusão e eficiência técnica das imagens, é também o tempo de crise de imaginação?). As Camas não dicotomizam a relação entre experiência e informação, pois sua episteme é epidérmica. Se estão constituídas pelas discussões sócio-culturais pontuadas acima, elas também nos convocam a conjugar a dimensão simbólica com a dimensão real; a representação com a vivência, algo vinculado à certa tradição da arte brasileira, interessada, sobretudo desde os seus programas construtivos dos anos 1940 e 1950, em explorar o potencial político de proposições mais abertas e experimentais, voltadas a produzir uma consciência corporal capaz de negociar entre o individual e o social.

Vista de la exposición Cama de gato, de Mano Penalva, en Llano, Ciudad de México, 2022. Foto: Bruno Leão

Há ainda as Camas-de-gato, que vem reforçar o interesse do artista pelo jogo como modalidade de ensaio das relações sociais, o lúdico como operação simultaneamente política e poética, recurso de experimentação e oxigenação da linguagem. No caso específico das camas-de-gato, duas pessoas manipulam uma linha de barbante para explorar formas e armações sequenciais, cada uma partindo da anterior, elevando seu nível de complexidade. Trata-se de uma dinâmica que envolve, a um só tempo, cooperação e competição, espécie de metáfora do jogo social. A cada etapa, a linha tramada sugere princípios de figurabilidade que recebem nomes variados, a depender de seu contexto cultural (berço, vela, estrada, entre tantos outros…), e funcionam como desenhos espaciais provisórios, exercícios de imaginação prestes a se reconfigurar. O que Penalva faz, por sua vez, é recompor, com miçangas de madeira, algumas dessas figuras em escala agigantada, substituindo a dimensão doméstica da mão pelo confronto do corpo com o espaço. Para quem conhece o jogo, essas composições tendem a acionar memórias infantis e afetivas, fazendo referência ao próprio ato físico. Em alguma medida, falamos aqui de um elogio da mão que especula e forja realidades, mede o espaço e preenche a natureza de forças propositivas. O brincar, assim como a prática artística, é capaz de transformar coisas simples em experiências dotadas de potencialidade simbólica, ao propor novas perspectivas sobre o mundo e suas tensões.

Em conjunto, Cama de Gato explora as disputas simbólicas contidas em materiais e exercícios estéticos cotidianos e a construção de saberes formais em contextos não eruditos. Entre a dimensão técnica e a discussão sócio-cultural, cabe dizer que Mano Penalva aposta no arejamento dos sentidos para nos permitir esticar, quem sabe, os horizontes negociáveis do possível.


Cama de Gato, de Mano Penalva, se presenta del 24 de septiembre al 29 de octubre de 2022 en LLANO, Dr. Erazo 172 Col. Doctores, Ciudad de México.

Texto escrito por Pollyana Quintella para acompañar la exposición.

Pollyana Quintella

Rio de Janeiro, 1992. Es curadora, escritora e investigadora independiente. Actualmente es curadora de la Pinacoteca de São Paulo. Licenciada en Historia del Arte por la UFRJ (2015), tiene una maestría en Arte y Cultura Contemporánea por la UERJ (2018), con investigación sobre el crítico Mário Pedrosa, y es doctoranda en la misma institución. Su práctica se mueve entre la curaduría institucional y la acción independiente y experimental, buscando aproximar artes visuales, poesía y literatura. En la práctica extrainstitucional, experimenta juegos curatoriales, exposiciones portátiles, encargo de nuevas obras y prácticas que instiguen diálogos con artistas más jóvenes, con propuestas que ponen a prueba los límites institucionales. Enseña historia del arte brasileño en cursos libres en Río de Janeiro y São Paulo, principalmente dirigidos a la crítica de arte y al arte moderno y contemporáneo brasileño. También colabora con varias publicaciones periódicas, como Revista Select, Revista ZUM, Revista Continente, ArteBrasileiros!, Revista Pessoa, el periódico Folha de São Paulo, el periódico Agulha, Revista USINA, Revista A Palavra Solta, Hysteria, Revista Philos, entre otras. En el campo de la crítica y el ensayo, se interesa por relacionar el arte contemporáneo, la cultura visual y la política.

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