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LA PRÁCTICA ARTÍSTICA COMO PROYECTO FORMATIVO

Desde hace casi meses, La Escuela comenzó a instalar la discusión y el repensar de las prácticas situadas en torno al arte y la educación en el espacio virtual y en el mapa físico de América Latina, un corto periodo de tiempo pero en el que, sin duda, ha sembrado una idea transformadora: la indisoluble relación entre arte y educación -o el arte como educación y la educación como arte-, a través de una serie de programas experimentales con énfasis en el intercambio interregional e intergeneracional.

Co-fundada por el artista, arquitecto y educador venezolano Miguel Braceli y la fundación internacional Siemens Stiftung, La Escuela despliega intervenciones artísticas en el espacio público en alianza con universidades de la región, acompañadas de una plataforma digital dinámica para la consulta de ensayos, reflexiones y entrevistas de artistas, educadores, pensadores, gestores culturales y otros actores que se identifican con sus modos de accionar y de pensamiento: acercar la educación a las realidades sociales de contextos específicos, para aprender y actuar sobre ellos. En este primer semestre, Mônica Hoff y Renata Cervetto fungieron como invitadas académicas que contribuyeron a construir los ejes curatoriales.

La Escuela se presenta como “una arquitectura de espacios abiertos”, orgánica y expansiva, de libre acceso a la educación. Una arquitectura que se apropia de la estructura organizacional de una escuela tradicional, pero que expande sus límites y subvierte sus lógicas y dinámicas. El sitio web es un rico y creciente repositorio de contenidos editoriales, elaborados por artistas e investigadores de distintas generaciones, sensibilidades y procedencias. En este cruce convergen la investigación histórica y la creación contemporánea para trazar genealogías, puntos de contacto y también de desencuentro.

Show de cierre de la exposición «Queermuseu». EAV Parque Lage (2018). Foto: Diana Sandes. Cortesía: Acervo da Memória Lage.

Es además en la virtualidad donde tienen lugar la creación de redes, la retroalimentación de conocimientos y la educación a distancia. Los talleres de formación -o Laboratorios, abocados a prácticas sociales, políticas y ambientales, han tenido entre sus guías a artistas latinoamericanos como Patricia Domínguez (Chile) junto a Andrés Pereira Paz (Bolivia), Felipe Rivas San Martín (Chile) y Nicolás Paris (Colombia). En esta instancia, la educación se plantea como un medio artístico donde priman los procesos, la subjetividad y la experiencia colectiva.

El Auditorium es una sección del sitio web donde se van archivando conferencias y encuentros en línea con personalidades de las artes, la educación y otras áreas de investigación, como Mónica Mayer (México) y Ricardo Basbaum (Brasil). Inauguró en marzo pasado con la presentación Escuela del Oír el IM pulso de lo POSIBLE, a cargo de Cecilia Vicuña, donde la reconocida artista y poeta chilena compartió sus reflexiones sobre los procesos de descolonización del pensamiento a través del lenguaje y la oralidad.

En este mismo espacio virtual, Luis Camnitzer enuncia los sistemas educativos en el arte actual para luego plantear preguntas que se abren hacia otros debates posibles e igualmente relevantes: ¿Qué debe saber un artista y cómo lo debe aprender? ¿Cuál es el sentido de una escuela de arte en el presente? En una conversación previa con Braceli, el artista y educador uruguayo nos seduce a la idea de que “arte y educación se enriquecen si asumen responsabilidades”. Para Camnitzer, “el arte debería asumir la responsabilidad como instrumento de cognición, y la educación debería asumir la responsabilidad de liberar al estudiante como individuo y entrenarlo para poder tener sus propias ideas”.

Cuestionamientos que ya venía instaurando la pedagogía de Paulo Freire como vehículo para la transformación social, atravesada por el afán político de reivindicación de los oprimidos y la autodeterminación. Esta reflexión, contextualizada en el presente por la investigadora y gestora educativa-cultural argentina Rosario García Martínez en su ensayo Contra un modelo ‘straight’ de enseñanza en artes, detona otras preguntas igualmente contingentes, como ¿qué tipo de conocimientos promueven las universidades y cuáles, en contrapartida, desincentivan? ¿Qué interacciones establecen la universidad y el mundo académico con el contexto social, político y cultural? ¿Cómo impacta el sistema universitario en las formas de regular las identidades, el cuerpo y el deseo?

Esvin Alarcón Lam, Trópico – Aula «La soberanía del Trópico», Venezuela (2022). Registro: Black Wall Photography. Cortesía: La Escuela
Laura Anderson Barbata, Aula «La experiencia de comun», 2022, comuna de Olmué, región de Valparaíso, Chile. Foto: Nelson Campos. Cortesía: La Escuela
Laura Anderson Barbata, Aula «La experiencia de comun», 2022, comuna de Olmué, región de Valparaíso, Chile. Foto: Nelson Campos. Cortesía: La Escuela

Fuera del metaverso, La Escuela ha puesto en práctica proyectos formativos in situ de arte participativo, desarrollados en colaboración con artistas y universidades en espacios públicos de ciudades latinoamericanas, como una forma de hacer del aprendizaje una práctica colectiva extra-académica, o extra-muros. Si bien estos programas se inscriben bajo la nomenclatura académica de Aulas, trastocan su especificidad y límites al aproximarse a retos sociales, políticos y ambientales locales desde la interacción creativa con las comunidades en sus entornos reales, esto es, desde una perspectiva situada.

Acá me gustaría destacar dos proyectos: La experiencia de lo común, de la artista mexicana Laura Anderson Barbata, en colaboración con estudiantes y profesores de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (e[ad]-PUCV), una acción/procesión de cuatro días realizada en el contexto de la celebración ancestral del We Tripantu, o año nuevo mapuche, que tiene lugar en el solsticio de invierno austral; y La soberanía del mango, de Esvin Alarcón Lam (Guatemala), quien viajó a Venezuela para su desarrollo. En este, su primer acercamiento al país, el artista decide centrarse en dos de sus elementos identitarios: el mango como fruto salvaje y commodity de las zonas cálidas, y el ‘trópico’ como constructo cultural basado en el estereotipo de lo exótico. Lam busca descolonizar lo llamado tropical y sus riquezas naturales, rompiendo con nomenclaturas que por siglos han demostrado nuestra originaria relación y sentido de pertenencia.

Es lógico o da gusto pensar que, como equipo constituido por venezolanos (Braceli, Manuel Vásquez-Ortega y Marianela Díaz Cardozo), La Escuela brinda especial atención a las prácticas enfocadas en arte-educación de su país, erigiendo puentes para su necesaria interrelación con otras geografías y culturas. Sin ánimo de trazar cartografías cerradas, afiliativas o filiales, también mira a Chile, un país en el que, si bien ha desarrollado algunos de sus proyectos como artista, intuyo que cierra el círculo que La Escuela va dibujando de norte a Sudamérica.

Inevitablemente, como venezolana que vive en Chile -y salvando diferencias espaciotemporales-, no puedo dejar de entrelazar cómo ambos países guardan relatos artísticos que han sido borrados de la historiografía o directamente censurados, a lo que se suma una cultura compartida del autoexilio y de migraciones forzadas. Atraída por esta conjetura, me gustaría rescatar lo que La Escuela viene desarrollando desde y hacia esos lugares.

Diego Barboza, «30 muchachas con redes» (1970). Cortesía: Fundación Diego Barboza.
Asdrúbal Colmenárez. Galería de Arte Nacional, Caracas (1980).Foto: Carina Rojas Luna. Cortesía: La Escuela

Marialejandra Maza, investigadora, gestora cultural y docente venezolana que vive en Perú, ha escrito un ensayo atravesado por los afectos sobre Diego Barboza (1945—2003), artista venezolano pionero del arte de acción en su país, conocido por sus expresiones en espacios públicos de varias ciudades del mundo en los años setenta. Anclada en un imaginario tanto propio como construido desde la colectividad, su obra, diversa y prolífica, ahonda en temas como lo festivo, lo folclórico y lo lúdico, con giros entre lo pictórico y el arte acción.

El profesor, crítico de arte, investigador y curador Félix Suazo (Cuba/Venezuela, vive en Miami) elabora un cuidadoso ensayo sobre arte y educación en las Américas en el que, poniendo como contexto las transformaciones institucionales que en esta materia se han desarrollado en el continente, resalta algunas iniciativas excepcionales, llevadas a cabo por artistas que, más allá de los espacios y programas convencionales, proponen un enlace entre arte y pedagogía desde su propia práctica como creadores.

Daniela Ricciardi, artista y educadora chilena, hace una relectura en tiempo presente de los escritos de Gabriela Mistral, basada en el rol de las mujeres, la posición ética y política de profesoras y profesores, la implicancia del valor por la tierra, lo local e indígena, la inmigración y la importancia de la infancia, entre otras temáticas. Considerando que la amplitud de temas que Gabriela Mistral trató hace más de un siglo siguen vigentes, la investigadora establece un diálogo con algunas de las imágenes surgidas durante el estallido social en Chile de octubre de 2019.

Francisco Toledo con papalotes. Foto: Jorge Luis Plata. Fuente: Reuters.
Primera Bienal Marginal celebrada en el barrio de Santa Bárbara, Santo Domingo (1992). Cortesía: Fundación Taller Público Silvano Lora.

La Biblioteca alojada en el sitio web de La Escuela alberga recursos artísticos y pedagógicos producidos en colaboración con diferentes investigadores, artistas y educadores para conectar conocimientos y experiencias en Latinoamérica. Es un repositorio prolijo para extraviarse y luego encontrarse con otres y con una misma. Parafraseando al curador y gestor cultural ecuatoriano Edu Carrera en su contribución para el sitio web sobre los activismos LGBTIQ+ y su relación con las prácticas artísticas contemporáneas y las pedagogías, explorar y mapear es también salirse del camino y perderse.

De este estimulante archivo me atraparon textos como Francisco Toledo. Tras las huellas de Toledo en las Escuelas del A’cani, por Mónica Amieva; una semblanza y rescate del legado de Silvano Lora (Santo Domingo, 1931-2003), pintor, escultor, gestor cultural, pionero del performance y del arte social en República Dominicana, escrito por su propia hija, Quisqueya Lora; y el recuento del arte participativo del venezolano Asdrúbal Colmenárez que hace su compatriota Gerardo Zavarce desde República Dominicana.

La Escuela también aprecia el legado de figuras claves del mundo del arte y/o de la educación en América Latina para revisar, cuestionar y dialogar con sus metodologías. En la sección Emeritus del sitio web podemos encontrar a grandes referentes, como Antonieta Sosa, Antonio Caro, Asdrúbal Colmenárez, Felipe Ehrenberg, Frantz Fanon, Lina Bo Bardi, Lygia Clark, Lygia Pape, Roberto Valcárcel, Rubens Gerchman y Simón Rodríguez, entre otros.

Sus prácticas del ‘pasado’ nos sumergen sin embargo en un tiempo circular, donde no sabemos exactamente dónde comienza y termina la historia de la noción arte-educación. Es más, estas visiones anticipadas al momento actual nos invitan a recordar la importancia de cómo se construye el conocimiento desde nuestras propias geografías, y cómo contrastarlas, ponerlas en valor y en práctica en el presente, y hacia futuro.

Cecilia Vicuña en un taller para niños, en la exposición «Homenaje a Vietnam» (1977). Cortesía: Cecilia Vicuña.
Manuel Casanueva, Torneos: ‘Cristalizaciones’ (1976). Cortesía: Archivo Histórico José Vial, PUCV, Valparaíso.

A lo largo de este texto he mencionado las nacionalidades de una parte de quienes conforman esta amplia red que es La Escuela, no como para abanderarme a un discurso nacionalista o porque lo políticamente correcto es responder a cuotas geográficas, sino porque creo en la potencia de lo latinoamericano como fuerza colectiva, una que celebra sus propios rasgos, saberes y autodeterminación, más allá de asumir como métrica validadora lo que se discute, escribe y teoriza desde los grandes centros del poder.

La cuestión de lo latinoamericano -o latinoamericanista- es por cierto abordada por Sofía Olascoaga (México) en una iluminadora  conversación con Miguel Braceli, y que recomiendo leer para aproximarse a lo que es La Escuela más allá de este texto. En ella, Braceli propone una “escuela sin paredes”, cuya genealogía residiría en las prácticas vanguardistas de arte y educación en Latinoamérica. Esta escuela sin paredes, dice, “pudiera ser un edificio en Ciudad Abierta, un performance en el Instituto Di Tella, una fiesta en la Escola de Artes Visuais do Parque Lage, una escuela fundada por Francisco Toledo, una clase impartida por Lygia Clark, o cualquiera de los numerosos proyectos artísticos situados en el territorio tras la búsqueda de nuevos espacios experimentales para la educación”.

La Escuela se plantea como una plataforma de escuelas y un proyecto de colaboración para crear escuelas posibles. Para nuestros países, donde la reflexión, la información y las prácticas en arte y educación suelen tener al Eje del Norte como referente, el que exista La Escuela es algo así como un derecho ganado. Construida desde Latinoamérica para el mundo, y con el apoyo de una fundación que desde ese mismo Norte global apuesta al potencial de nuestra región, esta iniciativa nos recuerda que la voluntad, el deseo, el trabajo y la convicción colectivos son nuestras únicas herramientas para construir pedagogías críticas y radicales y meditar sobre el rol político de la educación.


Nota de la editora: Alejandra Villasmil es “archivista” de La Escuela. Selecciona y comenta el contenido publicado en su sitio web y lo comparte en artishockrevista.com y sus redes sociales. Con esta alianza comunicacional, se busca potenciar la diseminación de contenidos sobre arte-educación que consideramos son relevantes para los lectores de ambas plataformas.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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