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MEMORIAS DEL III FESTIVAL DE PERFORMANCE RÉUNION-HONDURAS

Por José Cáceres | Co-curador

El Festival de Performance Réunion en Honduras se ha posicionado desde sus comienzos como un espacio de interacción entre artistes locales e internacionales y distintas comunidades y paisajes, a las afueras de los centros urbanos. De carácter bienal, la tercera edición, que ha continuado esta línea curatorial -incluso social y política-, tuvo lugar en febrero de este año en las montañas del Departamento de La Paz.

Entre cafetales, cultivos de bananos y bosques de pinos se reunieron un grupo de artistes, curadores y gestores culturales de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. No solo fue un encuentro con el paisaje característico de las montanas centrooccidentales de Honduras, sino que también con dos comunidades que se destacan por sus diversas luchas colectivas y alto grado de organización política: la agrupación regional del Centro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Campo (CNTC), ubicada en la municipio de San José, y la aldea de Simpinula, que se organiza localmente dentro del Movimiento Independiente Indígena Lenca de La Paz Honduras (MILPAH).

La yuxtaposición del arte contemporáneo con prácticas activistas y comunitarias posee ya una larga tradición en Latinoamérica. Actualmente, la discusión de la descolonización o del posthumanismo puesto de relieve nuevamente la necesidad de reflexionar desde otros conocimientos y prácticas ligadas a diferentes luchas políticas, constelaciones que Boaventura de Sousa Santos ha caracterizado como las epistemologías del Sur.

La tercera edición del Festival de Perfomance Réunion podría perfectamente incluirse en estos nuevos posicionamientos discursivos y teóricos, pero este no es el caso. Por el contrario, la teoría quedó en las librerías personales, en las habitaciones del hotel, en los dispositivos portátiles de lectura, pues en San José y Simpinula fueron el diálogo y la práctica los que movilizaron las distintas intervenciones y acciones artísticas durante la última semana de febrero del 2022.

Participantes del III Festival de Performance Réunion en la comunidad de San José. Foto: Jersson Ramírez

Composta de saberes

El inicio de aquella trayectoria fue la “composta de saberes”, una actividad que generó el intercambio introductorio entre las comunidades y les participantes del festival. Al primer encuentro, que tuvo lugar en la sede regional de CNTC, acudieron miembros de distintas poblaciones cercanas. Les organizadores del festival explicaron la intención de articular un encuentro para aprender y desaprender colaborativamente. Asimismo, la politización de aquellas comunidades, sus vivencias y formas de pensamiento se transformaron en un motor de la colectivización de les participantes del festival con las mismas comunidades, creando así una nueva comunidad, si bien temporal, pero que aún tiene repercusiones en las vidas de todes. La “composta” en la CNTC tomó como directriz distintos temas relacionados a los grupos de trabajo que poseen les mismes trabajadores. Ya que los participantes del festival provienen de distintos contextos políticos, sociales y económicos, el objetivo era escuchar a los miembros de la comunidad y comprender sus propios posicionamientos en estas materias, y desde ahí dialogar sobre las necesidades existentes en la actualidad.

La lucha política de esta organización se centra en estructuras de dominación presentes en toda Latinoamérica: extractivismo, patriarcado y colonialismo. El diálogo resaltaba una vez más la necesidad de combatir las distintas formas hegemónicas y de control desde la tranversalidad de la lucha feminista, ambientalista y descolonial. Esta conversación fue continuada en la comunidad de Simpinula, pero desde otra perspectiva. Ante la desigualdad, discriminación y marginalización, discutimos cuáles son las prácticas comunitarias que apelan a una forma distinta de entender el mundo en que vivimos: ¿Qué historias de resistencia, de celebración y de sanación hay en la comunidad?

La historias de la resistencia que fueron compartidas permitieron a les artistes comprender las causas y circunstancias de la lucha política de Simpinula y conocer cómo la comunidad articula esta resistencia en su propia organización política. A través de la historias de sanación fue posible interiorizar la profundidad del pensamiento lenca que se encuentra intrínsecamente unido a la naturaleza. También, mujeres y hombres de la comunidad explicaron diversas facetas de la medicina natural en la comunidad. Finalmente, las historias de celebración permitieron profundizar sobre la cosmovisión lenca y sus distintas prácticas cotidianas y festivas.

Luego del intercambio, los grupos comenzaron un mapeo de aquellas diversas formas de historia dibujando colectiva y colaborativamente. En ambas “compostas”, los resultados de las discusiones fueron presentados y discutidos con todes les participantes. Estas primeras jornadas permitieron a les artistes contextualizar con mayor claridad la lucha política de estas comunidades, y también entender las circunstancias, saberes, prácticas e influencias en la vida cotidiana comunitaria.

Además, estas discusiones posibilitaron la formación de lazos con las comunidades basados en el intercambio de conocimientos y experiencias. Posteriormente, les artistes participantes en el festival se enfocaron en distintos aspectos y lugares de las comunidades, formando así un archipiélago de ideas, prácticas y encuentros. La metodología de colaboración continuó en las distintas investigaciones, trabajos e intervenciones de les artistes. Durante los siguientes días se crearon lazos de solidaridad y ayuda entre artistes y las comunidades, entre les artistes participantes, entre les artistes y el paisaje. Así creció paulatinamente una cotidianidad dentro de esta comunidad recién formada.

Fanzine “Libro de los bienes comunes». Foto: Jersson Ramírez

Bienes Comunes

Una de las primeras actividades que cimentó esta nueva colectivización fue el taller de dibujo realizado por las artistas Sofía de Grenade (Chile) y Mónica Naranjo Uribe (Colombia) a niñas, niños y jóvenes de la comunidad de Simpinula en la Casa de la Juventud. A través de ejercicios de movimiento corporal, las artistas motivaron a las niñas y los niños a pensar sobre la naturaleza y a jugar con sus cuerpos para replicar los ríos, bosques y animales que son parte de su territorio. Estos ejercicios introductorios permitieron a las artistas generar vínculos con los participantes a través del juego colectivo y presentar los temas del taller, cuyo objetivo era crear una fanzine sobre su comunidad. La inclusión de jóvenes tenía la intención de tender puentes y generar redes de apoyo entre los más grandes y los pequeños. Las artistas motivaron a los participantes a pensar sobre las características de Simpinula y su vida cotidiana. En estas asociaciones surgió el título del Libro de los Bienes Comunes, producido al final del festival.

La discusión sobre la naturaleza y los bienes comunes demostraba la exitosa transmisión de una nueva forma de entender y pensar el medio ambiente dentro de la comunidad. Simpinula que, como muchas otras comunidades lenca, se esfuerza por una valorización de la naturaleza desde su pensamiento indígena y lo articula a través de su lucha por los derechos del medio ambiente.

Luego de los ejercicios de asociación temática, las artistas guiaron a las y los participantes hacia el campo para que dibujasen directamente el entorno. Niñas, niños y jóvenes lograron expresar individualmente su visión de su comunidad, concentrándose en hitos como la oficina, la escuela o la iglesia. También continuaron focalizándose en la naturaleza, a través de lo cual manifestaban su gran conocimiento sobre la flora y fauna de la comunidad. Una gran cantidad de dibujos fue producida durante el taller. Les participantes obtuvieron un pequeño cuaderno de dibujo para continuar sus exploraciones y Sofía recolectó diversos dibujos para ensamblar el libro. El producto editorial final fue entregado a los miembros de la comunidad durante el último día del festival. Además, los distintos dibujos fueron presentados en una pequeña exposición en el Centro de la Juventud.

Presentación del Mapa de Simpinula. Foto: Adán Vallecillo

Territorio

La artista Mónica Naranjo Uribe continuó explorando el territorio de Simpinula con el resto de la comunidad. Tomando como punto de partida un mapa creado por un miembro de la comunidad, comenzó a recopilar historias de distintos lugares. La historia de Simpinula está marcada por el postulado del territorio como bien común colectivo; así, la representación de sus dimensiones judiciales, económicas, sociales y culturales tienen un sinnúmero de características que se entremezclan. Quebradas, cerros, ríos, fincas y caminos son posibles fronteras territoriales, pero también están relacionadas con espíritus de la cosmovisión lenca.

A través de sus conversaciones, Mónica pudo constatar cómo las sensibilidades y significados hacia aquellos lugares cambian de un grupo a otro. Estos diálogos fueron materializados en un primer mapa de trabajo. Los lugares, animales y plantas que fueron mencionados en las discusiones fueron dibujados por las niñas, los niños y jóvenes de la comunidad, incluso también se sumaron algunes adultes a cooperar. La artista generó una enciclopedia de los animales, las plantas y las construcciones que existen en Simpinula. Luego, a través de un fácil método de estampado, estos dibujos fueron traspasados a una tela, en la cual se dibujaron todos los elementos cartográficos que surgieron de las conversaciones. Finalmente, la artista recolectó antiguos y nuevos nombres para estos distintos lugares, los cuales fueron escritos en el mapa final por uno de los niños de Simpinula. El mapa fue presentado en la oficina de la comunidad, en la cual también se concentra su historia documentada. Tanto la discusión durante el trabajo cartográfico como la presentación del mapa generó una renovada consolidación del lazo de la comunidad con su territorio.

Intervención artística “La Microcumbia”, de Alessandro Valerio, en el río Cañas. Foto: Jersson Ramírez

Microcumbia

Mientras que Mónica documentaba una nueva topografía sociocultural y política del territorio de Simpinula, Alessandro Valerio (Costa Rica) investigó los conocimientos relacionados con aquella formulación del territorio. El artista desarrolló varias entrevistas con actores de la comunidad de Simpinula y San José. Estas conversaciones se centraron en el rol del agua en el pensamiento lenca y en el uso de formas agrícolas alternativas en la región, especialmente los microorganismos. De cierta forma, estos diálogos podrían destacar las esperanzas occidentales de que formas “alternativas” de pensamiento puedan generar soluciones para los problemas que la modernidad y el capitalismo han generado.

Nuevamente, las conversaciones manifestaban más bien un posicionamiento basado en la práctica, quizás micropráctica, que se encuentra fuera del circuito capitalista e intenta desde su propia localidad generar procesos sustentables, ambiental y culturalmente. Además, Alessandro notaba que de los entrevistados emanaban una alegría particular en su trabajo agrícola. Aquella dimensión festiva fue profundizada a través de un performance colectivo que integró a hombres de la comunidad de Simpinula.

Después de identificar uno de los remansos de las aguas del río Cañas, el grupo integrado por danzantes y músicos se ubicó a ambos lados del río. A partir de las instrucciones dadas por el artista, dos hombres sostenían un dispositivo que consistía de cuerdas con cascabeles orgánicos con un tubo de bambú en su parte central. Este dispositivo fue construído por Alessandro para dar una ofrenda al río Cañas. En el bambú, el artista depositaba los microorganismos de montaña y, mientras realizaba esta acción, las personas que sostenían el dispositivo comenzaban a moverse, lo cual era acompañado por músicos que hacían sonar el acordeón y el güiro acorde a sus movimientos y los sonidos del agua. Así nació la cumbia del río y los microorganismos.

Marcela Quintanilla realizando el mural “El Río” en Simpinula. Foto: Jersson Ramírez

El Río

Mientras otres artistes se mantenían en movimiento dentro de la comunidad de Simpinula, su Centro Comunitario se transformó en el lugar de trabajo de la artista Marcela Quintanilla (Honduras). Aquí realizó su mural El Río. Durante las conversaciones en la «composta de saberes», y como el trabajo de Alessandro Valerio destacó también, el río Cañas surgió como un hito topográfico y cultural relevante dentro la comunidad. El río también representa su lucha política y medioambiental, especialmente contra las empresas hidroeléctricas. Además, la artista comenzó un diálogo espontáneo con niñas y niños, en el cual intercambiaron ideas sobre los distintos animales y plantas que viven en su territorio. Así, ilustraron los lugares y animales que viven en las cercanías del río, lo cual fue utilizado posteriormente como modelo. Asimismo, la artista conversó con los dirigentes de la comunidad sobre la importancia del centro comunitario por ser el lugar donde se reúnen para sus distintas actividades sociales y culturales.

La comunidad le expresó a Marcela sus deseos de contar con este trabajo en este espacio de reunión. Así, la ubicación del lugar y su significación creció en aquel diálogo constante con la comunidad. Finalmente, la comunidad junto con Marcela manifestaron la importancia de incluir nombres de los líderes políticos que les representan, y que han perdido sus vidas en la resistencia política, como Berta Cáceres, Félix Vásquez, Víctor Vásquez López, Felipe Benítez Vásquez, María Felicita López, Joel Antonio Vásquez, Pastor López Cabrera y María Santos Vásquez.

Claudia Sevilla ordenando el archivo fotográfico con les habitantes de Simpinula. Foto: Adán Vallecillo

Archivo y Memoria

Así como el mural se transformó en un instrumento de memoria, la comunidad de Simpinula tiene también un sinnúmero de otras prácticas de conservación de su propia historia. Cada acontecimiento es documentado en una bitácora. Tanto visitas como reuniones se encuentran descritas y tienen un listado de las personas que participaron de aquellos hechos. La organización de su vida cotidiana tiene el fin de sustentar su lucha política por su territorio. Así, cada lucha, problema o discusión dentro de la comunidad se encuentra documentado. Esta politización de la memoria ha marginalizado, de cierta forma, el lado simbólico de la misma, la celebración de su propia historia.

La artista Claudia Sevilla (Honduras) se embarcó en la tarea de recolectar fuentes, testimonios y documentación de aquellas historias, familiarizándose con los distintos sistemas de registro y archivo que existen en la comunidad. Esto también significó trabajar con las distintas personas encargadas de aquellos sistemas. La artista se valió de una alta sensibilidad en sus exploraciones, ya que estos documentos tienen un importante rol en la lucha política de Simpinula.

La comunidad tiene distintos lugares de almacenamiento y muchas veces el conocimiento de los documentos está íntimamente ligado a las personas que los utilizan frecuentemente. Un aspecto que la artista pudo notar rápidamente fue su grado de objetividad. De esta forma, Claudia comenzó a explorar otras formas de memoria existentes y constató que uno de los líderes comunitarios tiene un archivo de fotos que recolecta a través de las páginas de Facebook de los distintos miembros de la comunidad. Asimismo, la artista consultó a distintas personas si poseían fotos de sus familias o antepasados.

Claudia comenzó a generar un pequeño archivo de fragmentos de las bitácoras de Simpinula y de fotografías de distintos acontecimientos y actores. La artista también documentó mucho de los intercambios entre la comunidad y les participantes del festival. Con todo este material, creó un pequeño archivo fotográfico y una presentación de la memoria reciente de la comunidad en el interior de la oficina de Simpinula. Emocionades con la conformación del archivo, les habitantes de Simpinula revivían muchas de las historias que han marcado el devenir comunitario. Además, Claudia instaló una caja de memoria que motivaba a la comunidad a escribir y depositar sus memorias sobre Simpinula. A través de estás prácticas muy simples de presentación y conservación de la memoria, la artista fortaleció los lazos de esta comunidad. Al mismo tiempo, la artista permitió recordar a los miembros de la comunidad que la memoria es tanto lucha como celebración de la propia historia.

Performance “La historia sin fin” de Lulu V. Molinares y Sofía Villena con habitantes de Simpinula. Foto: Alessandro Valerio

La Historia Sin Fin

Igualmente, la colaboración de les artistes Lulu V. Molinares (Panamá) y Sofía Villena (Costa Rica) se basó en el diálogo. Desarrollaron una serie de ejercicios de sanación y autocuidado, en los cuales se estrecharon lazos de feminismo comunitario y sororidad. Les artistes discutieron primeramente con Francisca Vásquez, lideresa en materia de género de la comunidad, sobre las circunstancias y necesidades de las mujeres en la comunidad de Simpinula.

Esta conversación dió inicio a la conceptualización de ejercicios de meditación, conversación y movimiento para desarrollar un espacio de sanación y autocuidado con las mujeres de Simpinula. Posteriormente, estos ejercicios fueron llevados a cabo con dos grupos de mujeres en lugares con significación simbólica importante, como el naciente de agua de la comunidad, el cual es considerado un lugar sagrado por su vínculo con el mundo espiritual del pensamiento lenca y en el cual tienen lugar también rituales de sanación.

Otro lugar fue el campo de Simpinula, el cual tiene un rol social importante dentro de las dinámicas de la comunidad. Los ejercicios concluían con un círculo de diálogo e intercambio, en el cual se manifestaron vínculos entre las corporalidades y la naturaleza, pero que también surgió como espacio íntimo para la reflexión, la emotividad, la denuncia y, sobre todo, para la articulación de prácticas comunitarias feministas y de autoapoyo entre mujeres.

Una jornada de ejercicios contó con la presencia de María Felicita López, coordinadora de las mujeres de MILPAH, quien compartió sus conocimientos sobre el pensamiento ancestral lenca y sus experiencias en la resistencia política como lideresa indígena. Durante el resto de las jornadas, Lulu y Sofía elaboraron una ‘historia infinita‘ como una acción de poesía colectiva. Les artistes crearon una banda de möbius con una cartulina, en la cual transcribieron distintas frases, memorias, derechos, sueños, experiencias y episodios que formaron parte de aquellas jornadas de meditación y reflexión. En el día final del festival, les artistes y miembros de la comunidad realizaron la lectura colectiva en el centro comunitario, la fuente de agua y el campo de la comunidades.

Kathy Munguía realizando una de sus intervenciones artísticas en el río Cañas. Foto: Jersson Ramírez
Intervención de Kathy Munguía en el río Cañas, a manera de un petroglífo. Cortesía: Réunion

Petroglifos

La escultora Kathy Munguía (Honduras), por su parte, trabajó en relación a las fuentes de agua de la comunidad de Simpinula, abordando su dimensión ancestral y política a partir de la iconografía local. Tomando como base los primeros intercambios realizados en la “composta de saberes” y posteriores caminatas de reconocimiento y conversaciones con las mujeres, hombres, niñas y niños, Kathy también destacó la relevancia de dos lugares dentro de Simpinula: el río Cañas y el naciente de agua cercano al pueblo.

La relevancia de estos lugares en varias acciones artísticas del festival destaca la interrelación entre la lucha política, el pensamiento lenca y el rol de la naturaleza. La idea de territorio consiste en la igualdad de todos los seres que habitan en Simpinula, es por su defensa que la lucha colectiva se ha movilizado. Así, en una pequeña playa del río Cañas, Kathy trabajó junto a Adriana Malespín (Centro Cultural de España en Tegucigalpa) recolectando piedras de distintas tonalidades, con las que posteriormente formaron el contorno de un puño izquierdo en representación de la fuerza política que les acompaña.

Por su parte, el naciente de agua tiene papel relevante dentro del pensamiento lenca. Tanto en las conversaciones de la “composta de saberes” como en las investigaciones de les otres artistes, el naciente de agua siempre fue mencionada como un hito cultural del territorio de Simpinula. Además, la comunidad explicó que siempre han tenido la intención de conmemorar la importancia de este lugar.

Kathy conversó con las lideresas y líderes de la comunidad y les planteó la posibilidad de realizar unos petroglifos en la piedra de la cual el agua nace. Así, la artista escogió tres figuras representativas de distintas dimensiones de la aldea de Simpinula: un ojo como ícono de la vigilancia, una hoja de árbol representando la vida y el puño de la lucha ancestral.

El ojo como signo de la vigilancia se localiza en lugares estratégicos dentro de la comunidad. Kathy acompañó a Alessandro Valerio en sus entrevistas con actores de las comunidades de San José y Simpinula, en las cuales se destacaba el valor de una hoja de árbol y su interacción con distintos microorganismos de la tierra como agente de vida y vitalidad en el territorio. Finalmente, el puño de la resistencia conectaba a las fuentes hidrológicas. También vinculaba a la comunidad con el naciente, ya que las casas, oficinas y centros de la comunidad poseen estampados con los símbolos de la organización MILPAH y con arengas políticas como “Arreciemos la lucha en contra del extractivismo”, o “Catastro minería es una porquería”, entre otras. Simpinula es una aldea en resistencia, en constante defensa de su territorio ancestral. La lucha política ha significado una recuperación de su territorio y de su identidad como pueblo indígena. Los petroglifos recuerdan y fortalecen esta lucha de la comunidad lenca de Simpinula.

Presentación de las pancartas en la comunidad de Simpinula. Foto: Adán Vallecillo

Tierra y Género

Las artistas puertorriqueñas Zuania Minier y Rosenda Álvarez-Faro abordaron esta lucha colectiva en la sede regional de la CNTC. Tomando como punto de partida las conclusiones de la “composta de saberes”, realizaron un taller de consignas y esténcil. De allí salieron frases como «La Tierra no se vende, se cuida, se defiende», «El río es vida, salud y alegría», «Berta vive, la lucha sigue», las cuales fueron estampadas en distintos soportes. Así como en la comunidad de Simpinula, la constelación extractivista surgió como dimensión principal en la que se concentra la lucha política de esta organización desde un posicionamiento propio indígena-campesino, a pesar de todas diferenciaciones estatales que dividen ambas características identitarias.

Zuania y Rosenda deseaban al mismo tiempo profundizar otra dimensión que fue discutida en la “composta de saberes”: los desafíos de género dentro de esta lucha política. De esta forma, continuaron trabajando con un grupo de mujeres integrantes de la CNTC y provenientes de distintas comunidades. Junto a ellas, se discutió sobre las necesidades históricas y actuales de la lucha por el respeto a los derechos de las mujeres, los alarmantes y múltiples feminicidios ocurridos recientemente en el departamento de La Paz, así como las estrategias de organización y solidaridad.

Luego se fueron dividiendo por secciones a partir de las distintas consignas y las tipografías que cada una iba preparando para los esténciles. La actividad fue un éxito y se extendió por varios días debido a la gran motivación de las mujeres convocadas a este taller, quienes usaron las pancartas y telas pintadas para una marcha a favor del medio ambiente en la ciudad de Marcala, así como para la marcha feminista del 8 de marzo. «Si tocan a una, nos tocan a todas», «Ninguna decisión sobre nosotras, sin nosotras», «Si de novio te maltrata de esposo te mata» fueron algunas de las muchas consignas que quedaron en plantillas para ser usadas en el futuro, así como sobre las telas y las cartulinas.

Altar Lenca. Foto Adán Vallecillo

Celebración comunitaria

El último día del festival tuvo lugar en la comunidad de Simpinula. Para esta jornada, las distintas intervenciones y actividades del festival fueron presentadas en un circuito artístico que se concentró en la naciente de agua, el río, el centro comunal, la oficina y el campo de la comunidad. Esta presentación fue preparada, ya que la comunidad había informado que deseaban realizar una actividad especial para presentar el festival a la comunidad y a invitades de otras comunidades del departamento de La Paz.

A nuestra llegada a Simpinula, fuimos recibides con un bello y abundante altar Lenca, rodeado de la gente de la comunidad y les invitades especiales convocades para la celebración de la nueva comunidad formada entre Simpinula y les participantes del festival.

El Altar Lenca consiste en un círculo en el cual se presentan los productos de la comunidad en relación a los puntos cardinales y las energías relacionadas con estos puntos dentro de la cosmovisión lenca. Una vez que fueron bendecidos estos alimentos, distintas personas compartieron sus historias de lucha política en sus comunidades en el departamento de La Paz. De este modo, nuestras intenciones de aprendizaje y desaprendizaje continuaron hasta el último día del festival; la procesualidad y la colaboración que caracterizaron las jornadas de conversaciones, caminatas, acciones y celebración daban cuenta de que no puede existir un “discurso de la descolonización, una teoría de la descolonización, sin una práctica descolonizadora”[1]. Quizás luego de volver a nuestros países, ciudades y hogares comenzará una nueva reflexión. La colaboración continua desde distintos territorios. Como la lideresa María Felicita López ha pronunciado: “El primer cuerpo es el territorio”,[2] desde ahí nacerán y continuarán nuestras reflexiones, recordando el chilate y dulce de cacao de aquella jornada tan especial.

Claudia Sevilla. Parte del archivo fotográfico construido con les habitantes de Simpinula. Foto: Adán Vallecillo

[1] Silvia Rivera Cusicanqui, Ch’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores, Buenos Aires, 2010.

[2] Simpinula: 6 años de resistencia en defensa del territorio ancestral, Radio Progreso Honduras, 17 de Abril de 2019. (https://wp.radioprogresohn.net/simpinula-la-paz-6-anos-de-resistencia-en-defensa-del-territorio-ancestral/)


Réunion, III Festival de Performance, San José / Simpinula, Honduras, 21 al 26 de febrero de 2022.

Curadores: Adán Vallecillo (Honduras), Karen Corrales (Honduras) y José Cáceres (Chile)

Coordinación Réunion Honduras: Adán Vallecillo

Producción y Logística: Mirjam Geiser (Honduras/Suiza)

Con el apoyo de: Oficina de Cooperación Suiza en Honduras, Centro Hondureño Promoción para el Desarrollo Comunitario, Centro Cultural de España Tegucigalpa.

Exposición Tierra y Territorio, espacio solamente, Tegucigalpa, 5 de agosto al 24 de septiembre de 2022


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