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REGINA JOSÉ GALINDO: NO TE CREO

ADN Galería presenta la segunda exposición individual de la artista Regina José Galindo (Guatemala, 1974). Curada por Fernando Gómez de la Cuesta, No te creo aborda cuestiones que apelan de manera directa a la lucha feminista a partir de una selección de piezas que abarcan un periodo cronológico amplio (1999-2022), y que incluye la presentación de un nuevo performance. Género, exclusión, minorías, colonialismo, militarismo, capitalismo, caciquismo, xenofobia, racismo, inmigración y explotación, comparecen de manera recurrente en una obra sin concesiones.


Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

SIN NINGÚN GÉNERO DE DUDA

Por Fernando Gómez de la Cuesta | Curador

Regina José Galindo es una artista extraordinaria por muchas y muy diferentes cuestiones. Lo es por esa notable capacidad, por esa descomunal inteligencia, sensibilidad e intuición que consigue dejar en evidencia, con apenas una acción concreta, con un gesto fuerte y elocuente, todas esas estructuras de poder que nos someten y que nos violentan hasta acabar con nuestra libertad, que nos presionan hasta la extenuación, hasta la extinción de nuestras propias vidas. Esas estructuras operan, en muchas ocasiones, desde la impunidad que les otorga el poder sin medida, desde la flagrancia de esa obscena posición de fuerza y de riqueza que les permite hacer (casi) cualquier cosa. Sin embargo, estas ancestrales organizaciones coactivas también se desarrollan mediante la sutileza sibilina de aquellas consignas larvadas que llevan, desde tiempos inmemoriales, filtrándose en nuestros cerebros, en nuestra manera de ser, de estar y de proceder, modificando nuestra cultura y nuestra sociedad mientras generan patrones y estereotipos, costumbres y normas que les sirven para controlar el curso de una historia que se dicta al ritmo y en la dirección que ellos mismos marcan. Echar la vista atrás solo sirve para confirmar que esta situación lleva demasiado tiempo siendo así.

Desde la certeza de este contexto asfixiante es desde donde el trabajo de visibilización, acción y detonación de Regina José Galindo se manifiesta con la fuerza propia de la artista y de su obra. No viene de ahora. Galindo lleva años activando su creación con el objetivo de demoler lo establecido y lo corrupto, de impedir la manipulación y el sometimiento, de censurar, denunciar y erradicar todas las violencias posibles, con un lenguaje tan frontal, directo y vehemente como aquello que pretende combatir. Género, exclusión, minorías, colonialismo, militarismo, capitalismo, caciquismo, xenofobia, racismo, inmigración y explotación, comparecen de manera recurrente en una obra sin concesiones que no practica los tópicos del arte actual como agente transformador, como espacio de libertad y de reivindicación, sino que, en realidad y aunque sea a dentelladas, trata de seccionar la yugular que alimenta a todos esos poderes heteropatriarcales, imperialistas, hegemónicos, clasistas, etnocentristas, políticos, financieros y económicos, con ideologías y conductas que maniatan la libre determinación, amputan la diferencia y acaban con todas nuestras fuerzas.

Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz
Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

La obra de Regina José Galindo nunca deja indiferente porque siempre mete el dedo en alguna de esas yagas purulentas que la humanidad no ha sabido curar. Un dedo que señala directamente al poder y a quienes nos dirigen -seamos conscientes de ello o no- por caminos alejados de la libertad. Una de las cualidades más significativas de los proyectos críticos de Galindo es que no se empeña en poner su foco principal sobre el ejecutor, ni mucho menos sobre la víctima, sino que lo sitúa sobre aquellos individuos y organizaciones que tienen el código de dominio y la jerarquía suficiente como para gobernar el contenido y la dirección de esas superestructuras diabólicas, anacrónicas, interesadas, perversas y absolutamente premeditadas que controlan el mundo. Regina José Galindo es una artista valiente que se atreve con los verdaderos culpables, por muy poderosos que estos sean, mientras alude también a esos colaboradores necesarios que no cuestionan -por ignorancia, por maldad, por alienación o por sometimiento- ni sus actos, ni tampoco el sistema que los ampara, que los manipula y que los alienta.

Desde este posicionamiento crítico es desde donde comenzamos a elaborar para ADN Galería de Barcelona un proyecto expositivo que comprende una horquilla extensa del trabajo de Regina José Galindo. Años de acción y de investigación que adoptan la forma de una propuesta titulada No te creo para abordar cuestiones que apelan de manera directa a la lucha feminista, al empoderamiento de la mujer y a la igualdad de género. Una selección de piezas (de combate) que abarcan un periodo cronológico amplio (1999-2022) para dejar en evidencia que, aunque el poder lo disfrace de mil formas, se ha avanzado muy poco en muchos aspectos que deberían ser trascendentales. Prueba de ello es El dolor en un pañuelo (1999)1 un antiguo video donde Galindo comparece amarrada a una cama vertical, sobre su cuerpo desnudo se proyectan noticias de violaciones y de abusos cometidos contra la mujer en Guatemala. Al margen del poder icónico e histórico de esta obra, que recoge la primera performance de la artista, también se manifiesta en ella una reivindicación que ha sido recurrente en estos 24 años de trayectoria: la denuncia de una violencia estructural, manifiesta y permanente en contra de las mujeres.

Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz
Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

Esperando al príncipe azul es otra pieza de 19992en la que la artista permanece acostada sobre una cama mientras su cuerpo desnudo aparece oculto tras una sábana nupcial, un tipo de velo que cubre completamente a la mujer a excepción de un pequeño agujero en la tela que deja visible su vagina, un extraño elemento ritual que pretende asegurar que el acto sexual se va a llevar a cabo, única y exclusivamente, con fines reproductivos. Apelando a cuestiones similares, uno de sus videos más reconocido y reconocible, Himenoplastia (2004)3, da forma a un crudo alegato sobre esos férreos condicionantes ideológicos, muchas veces de origen religioso, que permanecen tan arraigados en nuestra sociedad y que tanto daño hacen a la situación y a las posibilidades de la mujer: un video que refleja cómo Galindo se somete a una intervención quirúrgica para reconstruirse el himen y así volver a ser virgen. Ambas obras se refieren de manera directa a esos lastres anquilosantes provenientes de todas esas religiones que, desde hace siglos, producen normas, consignas, idearios, imágenes y símbolos represivos, denigrantes y abusivos que limitan de una forma castrante y violenta la posición social y vital de la mujer.

Desde estas piezas iniciales, Regina José Galindo se vale de uno de los recursos más habituales y efectivos en su discurso: el uso de su propio cuerpo como protagonista de la acción crítica. El cuerpo de la artista es un cuerpo de mujer, frágil en apariencia, menudo, racializado, colonizado, poseído, violado y permanentemente amenazado, pero también es un cuerpo vivo, activo, resistente, poderoso, magnético y posicionado. Un cuerpo político y social, un medio y un sujeto que combate las representaciones clásicas, estereotipadas, deliberadamente reductoras y condicionantes de la mujer. Un cuerpo que sangra, que recoge la violencia que le inflige la estructura patriarcal para convertirla en visibilidad, en denuncia, en reivindicación y en lucha, transformando su obra en un espacio donde el propio cuerpo y su performance comparecen como una eficaz estrategia estético-política.

Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

Dentro de esos recursos visuales y conceptuales que buscan detonar las estructuras del poder, la artista también hace aparecer su cuerpo, y el de otras mujeres, como un residuo, como el resto desechado por un sistema económico, político y social que usa y abusa de él, sin ningún tipo de escrúpulo y hasta convertirlo en un auténtico despojo. Eso es lo que representa la serie fotográfica No perdemos nada con nacer (2000)4 en la que Regina José Galindo es abandonada en el Basurero Municipal de Guatemala completamente desnuda y metida en una bolsa de plástico transparente. Aquí aparece otra característica recurrente en su obra: una deliberada estética de la violencia que conecta con la representación del feminicidio y de la violación.

Así ocurre también en Estrías, una acción de 20095 donde un hombre toma la pierna de la artista y la arrastra por el suelo a la vez que Galindo se aferra al piso de madera con sus uñas, dejando un dramático surco visual, pero también una huella sonora que es amplificada hacia el público mediante unos micrófonos que la creadora lleva pegados a sus manos. O en La manada (2018)6, un performance donde siete hombres se masturban en círculo alrededor de la artista, cosificando su cuerpo como un mero y pasivo contenedor de semen. O, por último, en Extensión (2008)7, donde Galindo nos muestra la situación de todas esas mujeres muertas cuyos cuerpos, de nuevo simples despojos, nunca fueron reconocidos ni reclamados por nadie; la artista consigue para esta pieza algunos mechones de pelo de las fallecidas que ella misma y otras voluntarias llevan incorporados a su propio cuerpo, a su propio cabello, en forma de extensiones que funcionan como una llamada de atención, como una prolongación para la memoria y el recuerdo de esas vidas devastadas.

Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz
Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

De hecho, el núcleo fundamental de las obras seleccionadas para esta exposición reflexiona sobre dos conceptos principales: la necesaria y permanente visibilización de los feminicidios por violencia de género y la constante duda estructural, la falta de credibilidad que padecen todas aquellas mujeres que han sufrido cualquier tipo de agresión por parte de un hombre y se atreven a denunciarlo. Ya en Sirena de guerra (2018)8 el grito de aviso por parte de la artista es frontal y directo: en el centro de Montevideo se instalaron unas potentes alarmas que sonaban de manera estridente cada 14 minutos, el mismo tiempo en el que se recibe una nueva denuncia por violencia de género en Uruguay.

Sin embargo, es a partir de su serie de acciones titulada Aparición (2021-2022)9 cuando la artista encuentra la vía más efectiva para hablar de la dialéctica con la que se viven este tipo de situaciones. Visibilización e invisibilización, fantasmagoría y realidad descarnada, ocultación y complejo de culpa, afloran en unas acciones tan poéticas como duras, donde la estética se convierte en un demoledor recurso ético. Estas piezas hacen referencia, de diferentes formas, a los dolorosos cómputos de mujeres asesinadas por violencia de género, una lacra que afecta a todas las sociedades del mundo. En estas obras, como si se tratara de ánimas que vagan, las participantes comparecen completamente cubiertas por una larga tela que las convierte en extraños e inquietantes espectros.

Precisamente la performance titulada Nuestra mayor venganza es estar vivas10 (2021) sigue el esquema de estas apariciones de Galindo. Llevada a cabo en el pueblo de Artà (Mallorca) por 37 mujeres pertenecientes a las collas deun baile regional mallorquín llamado ball de bot, el número de participantes coincidió con la cruel contabilidad de mujeres asesinadas por violencia de género en Baleares desde que existe este funesto recuento oficial. Activada en la principal plaza del pueblo, las performers hacían sonar sus castañuelas bajo las enormes telas que las tapaban, que las limitaban, que ahogaban su repiqueteo como metáfora de esas estructuras sociales que tratan de ocultar situaciones terribles, pero que, en esta ocasión, no podían impedir que la percusión acumulada de todas ellas se convirtiera en un potente y audible grito de rabia. Como se puede apreciar por la descripción de alguna de las piezas seleccionadas, el sonido como forma de expresión directa y emocional es otro de esos recursos habituales que emplea de manera recurrente Regina José Galindo.

Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz
Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

La intención (2016)11es, sin embargo, la obra que resulta un antecedente más directo de No te creo (2022)12, performance que da título a todo este proyecto y que se realiza por primera vez en el marco de la presente exposición. La intención pone su foco en cómo la historia, las diferentes sociedades y culturas, han reaccionado de manera acusatoria -de forma colectiva y coactiva- ante individuos que les infundían algún tipo de temor poco o nada justificado, provocado, en muchos casos, por la mera diferencia o el simple desconocimiento. A partir de imágenes de elevado carácter narrativo, Galindo construye una historia que tiene su origen en aquellos relatos de la Santa Inquisición, en aquella caza de brujas que viene a representar esa duda genérica que los tiempos sucesivos han ido consolidando alrededor de la mujer a partir de estereotipos arcaicos que todavía perviven y que tienen que ver con cuestiones tan perversas y absurdas como esa elucubrada y diabólica capacidad de seducción perniciosa que se les imputaba por parte de aquellos estamentos, un prejuicio aberrante que fue calando en el ideario social.

No te creo parte de ese mismo prejuicio criminalizador que emana de una justicia patriarcal que tiende a poner enduda la veracidad de los testimonios y de los hechos declarados por las mujeres en beneficio de sus agresores hombres. Este performance tiene su origen en lo que Galindo llama la doble violación, una situación que se refiere a ese examen forense invasivo al que debe someterse cualquier víctima tras haber sufrido una agresión sexual y que también apela a la obligatoriedad de contar su historia ante extraños, una y otra vez, reviviendo el trauma en cada nueva ocasión. No te creo convierte la sala de exposiciones en un espacio clínico dotado de una antigua silla de reconocimiento obstétrico y, ante ella, varios médicos examinarán a la artista por turnos, durante un tiempo extenso, siguiendo los protocolos habilitados a tal efecto. Tras la performance, aquella silla quedará como el exvoto de lo sucedido, como una prueba de que todo lo declarado no ofrece ningún género de duda, ninguna duda de género.

Vista de la exposición «No te creo», de Regina José Galindo, en ADN Galería, Barcelona, 2022. Cortesía de la artista y ADN Galería. Foto: Roberto Ruiz

[1] El dolor en un pañuelo, performance llevada a cabo para la exposición realizada por el colectivo de artistas PAI y titulada Sin pelos en la lengua, Plaza G&T, Ciudad de Guatemala, Guatemala, 1999. Video de la performance.

[2] Esperando al príncipe azul, Edificio de Correos, Ciudad de Guatemala, Guatemala, 1999. En la presente exposición se muestra una fotografíade 90 x 130 cm.

[3] Himenoplastia, video realizado para la exposición colectiva Cinismo, Espacio Contexto, Ciudad de Guatemala, Guatemala, 2004.

[4] No perdemos nada con nacer, II Festival del Centro Histórico, Basurero Municipal, Ciudad de Guatemala, Guatemala, 2000. Esta performancetambién se activó en el IX Festival de performance, Ex-Teresa Arte Actual, Zócalo, Ciudad de México, México, 2000. En la presente exposición se muestran dos fotografías de 100 x 70 cm cada una.

[5] Estrías, City of Woman, Liubliana, Eslovenia, 2009. Video de la performance.

[6] La manada, Black Balance, Madrid, España, 2018. Video de la performance.

[7] Extensión, TEOR/éTica, San José, Costa Rica, 2008. Video del proyecto.

[8] Sirena de guerra, SUBTE, Intendencia de Montevideo, Montevideo, Uruguay, 2018. Video de la acción.

[9] Aquí se muestran imágenes pertenecientes a la activación de esta acción en la Trienal del Ruhr, Valle del Ruhr, Alemania, 2021; y en Castellón, España, 2022. Dos fotografías en gran formato de 130 x 90 cm [una del Ruhr y otra de Castellón] y la edición de las dos series fotográficas completas: 15 fotografías en Din A4 [Ruhr] y 43 fotografías en Din A5 [Castellón] ambas presentadas en formato cofre.

[10] Nuestra mayor venganza es estar vivas, Cool Days Festival, Artà Centre de Creació Contemporània (ACCC), Artà, Mallorca, España, 2021.Video de la performance.

[11] La intención, Fondazione Fòcara di Novoli, Novoli, Lecce, Italia, 2016. En la presente exposición se muestran dos fotografías de 90 x 130 cm.

[12] No te creo, ADN Galeria, Barcelona, España, 2022. Performance realizada con motivo de la presente exposición y video que recoge la citada acción.


No te creo, de Regina José Galindo, se presenta del 18 de junio al 20 de agosto de 2022 en ADN Galería, c/ Mallorca, 205, Barcelona, España.

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