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HASTA QUE LOS CANTOS BROTEN. MÉXICO EN LA BIENAL DE VENECIA

Hasta que los cantos broten, la propuesta de los curadores Catalina Lozano y Mauricio Marcin para el Pabellón de México en la 59ª Bienal de Venecia, plantea una mirada a las maneras en que artistas de distintas generaciones –Mariana Castillo Deball, Naomi Rincón Gallardo, Fernando Palma Rodríguez y Santiago Borja (en colaboración con tejedoras de El Camino de los Altos) se aproximan a formas de conocimiento que no han sido colonizadas por la episteme moderna, existiendo en resistencia y actualizándose para afirmar modos de vida opuestos y alternos a la visión antropocéntrica modelada por el principio unívoco de progreso.

Se trata, entonces, de construir una realidad más democrática e igualitaria, orientada por diversas tecnologías que no participan del engranaje productivo del capitalismo, procurando el reencantamiento del mundo que la colonialidad/modernidad ha desacralizado.

Compartimos aquí un resumen del proyecto curatorial.  

Mariana Castillo Deball, Naomi Rincón Gallardo, Fernando Palma Rodríguez y Santiago Borja, «Hasta que los cantos broten», Pabellón de México en la 59° Bienal de Venecia, 2022. Foto: Andrea Avezzù. Cortesía: La Biennale di Venezia

HASTA QUE LOS CANTOS BROTEN

Por Catalina Lozano y Mauricio Marcin

Las obras de Mariana Castillo Deball, Naomi Rincón Gallardo, Fernando Palma Rodríguez y Santiago Borja (en colaboración con tejedoras de El Camino de los Altos) reunidas en esta exposición abordan las tensiones inherentes a la existencia de formas de vida diversas dentro de una construcción política moderna, la del Estado-Nación.

Esta convivencia compleja de diferentes formas de entender un territorio y las relaciones que lo hacen emerger crea conflictos muchas veces violentos y, por lo mismo, formas de resistencia diversas en las que se expresa la ambición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional de ‘crear un mundo en el que quepan muchos mundos’: el pluriverso.

Hasta que los cantos broten no es una hipótesis ni una manifestación de alineación política, sino un esfuerzo de apertura a favor de lo que surge en el ‘ser con’, en lugar de simplemente ‘ser’, para romper la naturalización de la opresión patriarcal y colonial que se manifiesta en la violencia, el extractivismo y el racismo.

La modernidad ha negado históricamente las posibilidades discursivas a todas aquellas ideas que le resultan contrarias o incomprensibles para someterlas a la racionalidad colonial hegemónica, que colonizó también nuestras subjetividades. Por ello, esta muestra indaga en las formas heterogéneas de existencia, alternativas al canon dominante, de tal modo que se abran espacios para mirar, escuchar y aprender.

Hasta que los cantos broten es una intervención, humilde y limitada, que propone la pluralidad de la vida, las simbiosis y los mutualismos, las solidaridades, los caminos que se hacen en el andar común.

Mariana Castillo Deball, Calendar Fall Away, 2022, suelo de madera grabado con CNC, dimensiones variables. Pabellón de México en la 59° Bienal de Venecia, 2022. Foto: Andrea Avezzù. Cortesía: La Biennale di Venezia
Mariana Castillo Deball, Calendar Fall Away, 2022, xilografías en papel Kozo y Abaca hecho a mano, 124 × 181 cm c/u. Pabellón de México en la 59° Bienal de Venecia, 2022. Cortesía: Pabellón de México

Calendar Fall Away, de Mariana Castillo Deball, es una gran matriz de impresión que ocupa todo el suelo del Pabellón de México. Reproduce un gran dibujo que invoca una serie de referencias, provenientes de experiencias y documentos producidos por diversas formas de ver y estar en el mundo. De alguna forma, captura y actualiza un momento histórico específico, el de la colonización temprana de lo que hoy conocemos como México.

El dibujo explora la influencia de las imágenes producidas en América en la época de la colonización temprana y, al mismo tiempo, produce una nueva imagen híbrida en la que se reúnen diferentes formas de entender el tiempo y de lidiar con la diferencia y el encuentro de mundos disímiles en relaciones asimétricas: una rueda calendárica abierta cuyo elementos se desparramen fuera de la lógica que aseguraba una serpiente; las ilustraciones del alfabeto de Diego de Valadés, un fraile mitad tlaxcalteca, mitad español que buscó formas de evangelizar y alfabetizar a los pueblos nativos mezclando todo tipo de referencias y creando un lenguaje posiblemente absurdo para ellos; las pinturas de los techos de las Galerías Uffizi, en donde las imágenes que llegaban del mal llamado ‘Nuevo Mundo’ ejercían una influencia visible, pero también sutil.

Junto a todos estos entrecruzamientos y enredos, Mariana incluye referencias personales en las que estos imaginarios también aparecen en la constelación afectiva de la artista, elementos arquitectónicos, ornamentales y vegetales de la casa de sus abuelos.

Naomi Rincón Gallardo, Soneto de alimañas, 2022, instalación de video monocanal y utilería, 19 min. Pabellón de México en la 59° Bienal de Venecia, 2022. Foto: Andrea Avezzù. Cortesía: La Biennale di Venezia

La chocante colección de personajes—Bulto Mortuorio, Murciélaga, Escorpión, Serpiente, Coro de Ranas—en Soneto de alimañas, de Naomi Rincón Gallardo, puebla un mundo en ruinas: detritus de la civilización posmoderna, yermos páramos como restos de un cadáver hediento que, aún ya muerto, se niega a morir. Todxs ellxs—seres híbridos, mezclas de deidades, animales y “humanxs”—tejen una trama simple y vital: con antenas radiofónicas se sintonizan mutuamente, se procuran para crear solidaridades, comunidades de resistencia y resiliencia “en medio de la región más espeluznante”.

Los manifiestos y las invocaciones de lxs personajes se enuncian geográficamente desde el estado de Oaxaca, en México, y al mismo tiempo resuenan con otros territorios que han sido y continúan siendo devastados por las imprudencias extractivistas de un capitalismo que reduce a los seres a objetos de usufructo. Si bien Soneto de alimañas recurre a la forma culta del soneto y sus endecasílabos, la estructura narrativa no se ciñe a las convenciones de la linealidad; Naomi responde con una estructura delirante, surreal y cuir.

Las criaturas que protagonizan Soneto se nutren de diversos mitos mesoamericanos, una constante en los últimos años de trabajo de la artista. En ellas encuentra restos de memorias, tepalcates semióticos que “bastardiza” para sacudirlos de posibles esencialismos.

Arriba: Fernando Palma Rodríguez, Tetzahuitl, 2019 – 2022, instalación mecatrónica, dimensiones variables. Pabellón de México en la 59° Bienal de Venecia, 2022. Foto: Andrea Avezzù. Cortesía: La Biennale di Venezia
Fernando Palma Rodríguez, Tetzahuitl, 2019 – 2022, instalación mecatrónica, dimensiones variables. Pabellón de México en la 59° Bienal de Venecia, 2022. Foto cortesía Pabellón de México

Tetzahuitl, de Fernando Palma Rodríguez, presenta una danza mecatrónica compuesta por 43 vestidos de niñas que se mueven mediante patrones inspirados en los chamanes mesoamericanos cuando se convierten en aves nocturnas. Los vestidos se encuentran unidos, por medio de cables, a una estructura que pende de lo alto en el espacio y que destina su tránsito repetitivo, entre el cielo y la tierra. Esta estructura que los sujeta simboliza la figura del coyote viejo que ha acompañado a Fernando Palma, sugiriéndose como su nahual. La pieza se integra, además, por dos círculos-máscaras de agua cuya superficie refleja los vestidos y hace aparecer la imagen de la dualidad. Tetzahuitl alude y toma su nombre del vocablo náhuatl—se ha traducido como presagio, agüero, pronóstico, señal, maravilla—que se refiere a las manifestaciones de divinidades nahuas que anuncian acontecimientos futuros en el ámbito de lo humano.

Los 43 nahuales cyborg que danzan en Tetzahuitl son los espectros de los 43 estudiantes desaparecidos la noche del 26 de septiembre de 2014 en Ayotzinapa, Guerrero, México. Tetzahuitl, además, se expande simbólicamente en su representación y se instaura como ejercicio necropolítico del poder y memorial de las violencias complejas que han destruido, durante décadas ya, el tejido social de un país en permanente guerra. Por ello, Tetzahuitl es al mismo tiempo un mensaje, una ofrenda y una invocación que pretende desanimar la devastación ecológica, la migración forzada, los feminicidios y las diversas formas de precarización que la violencia política ejerce de formas brutales y sutiles sobre las subjetividades.

Santiago Borja en colaboración con tejedoras de El Camino de Los Altos, Talel, 2022, 23 piezas tejidas en telar de cintura, materia orgánica y objetos industriales, 430 × 27 cm c/u. Foto: Andrea Avezzù. Cortesía: La Biennale di Venezia

La obra de Santiago Borja, Talel (2022), es una instalación conformada por 23 textiles hechos por once tejedoras tsotsiles (batsiI winik’otik) que viven en la comunidad de Bautista Chico, muy cerca de la cabecera municipal de San Juan Chamula, en los Altos de Chiapas, y forman parte, junto con mujeres tejedoras de otras comunidades, de El Camino de los Altos, una asociación enfocada en la revaloración de la tecnología textil que entabla diálogos interculturales.

La palabra talel en las lenguas tsotsil y tseltal (bats’i k’op) se traduce al español como “modo de ser, carácter, personalidad, inclinación, genio, costumbre” y como “alma”. Cada uno de los 23 textiles que conforman Talel toma como estructura básica la representación de cada uno de los pares de cromosomas que componen la secuencia del ADN humano. Esta convención científica es el punto de partida para que cada tejedora intervenga en el tejido de forma directa, imprimiendo una singularidad que se ve reflejada en sus formas de hacer, en el ritmo, la tensión y sensibilidad que le “imprimen”, más allá de lo que normalmente realizarían de manera tradicional y que ahora es considerado y vendido como artesanía. Esta operación funciona de forma análoga a la epigenética, es decir, a lo que está por encima de la genética y determina lo que somos más allá de la representación abstracta.

Enfrentando las complejidades implícitas en esta colaboración, y sin intentar minimizar las tensiones inherentes a este esfuerzo, Talel convocó procesos de traducción, aproximación e incluso invención, que crearon un territorio afectivo para el aprendizaje en común.


Hasta que los cantos broten

Artistas: Mariana Castillo Deball, Naomi Rincón Gallardo, Fernando Palma Rodríguez y Santiago Borja Charles
Comisario: Diego Sapién
Curadores: Catalina Lozano y Mauricio Marcin
Sede: Arsenale

Hasta el 27 de noviembre de 2022

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