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RUBÉN ULISES RODRÍGUEZ MONTOYA: EN LAS ENTRAÑAS DE LA BESTIA CON PEZUÑAS

Rubén Ulises Rodríguez Montoya (Chihuahua, México, 1989) imagina mundos alejados de las nociones occidentales de realidad, configurando a través de sus obras un futurismo decolonial que bebe tanto del realismo mágico como de la ciencia ficción. Un futuro donde la hibridación, la creación de mitos y lo fantástico habitan lo mundano en un tiempo no lineal. También es un futuro preñado de oscuras revelaciones: las injusticias no resueltas de un estado corrupto y las corporaciones incestuosas que nutre en secreto.

El dispositivo narrativo que impulsa su trabajo es una extraña bruja morena que emigró a Estados Unidos. Su trabajo consiste en mudarse a un pequeño pueblo de inmigrantes en Nuevo México, en la frontera con El Paso, donde el alquiler es más barato y los impuestos son más bajos que en Texas. Pero también se trata de vivir a unos metros de Juárez, en México, donde se puede cruzar la frontera para comprar un taco, visitar a la familia y recolectar ingredientes para pociones: copal, patas de cabra y piedra lumbre.

Rubén Ulises Rodríguez Montoya, 44R, 2020. Cortesía: Sargent’s Daughters, NY

Por Christal Pérez

Las esculturas de Rubén Ulises Rodríguez Montoya parecen estar poseídas. Hechizan a cualquiera que las vea. En ellas urgen las preguntas sobre el origen y la familiaridad, y paralizadas por una inusual extrañeza, estas figuras suscitan tanto asombro como miedo.

Los seres sublimes de Montoya son reminiscentes de las estéticas del ‘rasquachismo’, de recoger de aquí y de allá, hechos carne desde los abyectos y olvidados detritos del desierto que rodea la frontera entre Estados Unidos y México. Estos gestos calculados se antropomorfizan y dan a luz a la cría fantasmal ilegítima, mientras que bridas, escobas, y cuerdas mantienen a esos seres atados a este mundo como vestigios de la labor de cuerpos morenos.

Como un curandero, Montoya altera las cosas que tiramos diariamente y hace que las formas desechadas se conviertan en bestias encantadoras, las cuales cambian y toman su propia forma como los fatídicos nahuales que se transforman en jaguares.

Sus esculturas parecen surgir de los residuos tóxicos como encantamientos, conjuros ahora reencarnados como guías espirituales. Los cuerpos de Montoya, por lo tanto, subsumen en sí mismos este paisaje lleno de desperdicio: bridas de neón y placas de circuito cibernético ayudan a sostener sus columnas vertebrales, la ropa se reutiliza para convertirla en órganos vitales y la silicona se transforma en piel. La fiera, lo humano, y lo artificial hechos uno.

Atadas, las esculturas de Montoya se retuercen y se reconfiguran de tal manera que se convierten en cadáveres exquisitos, invocando y a la vez excediendo nuestras formas tradicionales del cuerpo. En este espacio liminal, exigen una segunda mirada, no como mensajeros extraterrestres, sino como reflejos de nosotros mismos y de nuestro paisaje social fracturado.

Rubén Ulises Rodríguez Montoya, Sopa de Ostión, 2020. Cortesía: Sargent’s Daughters, NY
Rubén Ulises Rodríguez Montoya, Citlali Chimuela 2.0 y My Socks and Delfina Hang There (Trenza), 2020. Cortesía: Sargent’s Daughters, NY

RUBÉN ULISES RODRÍGUEZ MONTOYA: EN LAS ENTRAÑAS DE LA BESTIA CON PEZUÑAS

Sargent’s Daughters, 179 East Broadway, Nueva York, NY

Del 18 de septiembre al 25 de octubre de 2020

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