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CARELYN MEJÍAS. EL CUERPO QUE EVIDENCIA EL MIRAR. EL CUERPO QUE APRENDE A MIRAR

Por Costanza De Rogatis

El trabajo de Carelyn Mejías, reunido en su primera exposición individual Estado de alojamiento. Archivo, presenta formalmente un grupo de obras determinadas medialmente por la fotografía y el video, que se ha valido del accionar para la cámara como estrategia del decir. De allí que se desprendan observaciones interesantes desde este accionar, del lugar desde donde Carelyn enuncia este vincular su mundo íntimo, privado, hacia el afuera, para hablar nítida y emotivamente sobre la transformación de su rol de mujer y artista en el de mujer-madre-artista; sobre los desafíos que implica esta tríada simultánea y polivalente; y sobre el registro que va construyendo el archivo que documenta este proceso. Un archivo que es, por veces, sin distinción, arte y vida misma.

Cuerpo y medio aquí establecen un statement, pues las decisiones con las que la artista ha decidido corporeizar su obra, materializarla, no son azarosas, no se corresponden con un “dejarse mirar” sin más, abandonándose a la cámara, aunque en ellas surja también la espontaneidad introducida por lo imprevisible, propio de un performance, propio del diálogo con el otro. 

Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA
Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA

La decisión de autorretratarse como madre, como la cuidadora de su hijo –y de construir con este registro un archivo– sea quizás, por encima de cualquier otra decisión de tipo formal, la toma de postura más importante de este trabajo. El ganar poder sobre el modo como desea representarse y mostrarse al otro, y la revelación de su propia intimidad a través del video y la fotografía –que adelantaba ya en trabajos anteriores a través del relato de los vínculos con su abuela, y de las madres de su hogar mediante el archivo familiar– cobran la determinante postura de quien establece que en su cuerpo se ha verificado una transformación, consigo misma y con el mundo. Transformación que reclama, a su vez, un espacio desde el cual decir, un espacio que evite la edulcoración con la que de modo totalizador se pretende minimizar la complejidad de la maternidad, y asimismo la dureza con la que, de igual modo, hombres y mujeres, condenamos a quienes deciden ser madres desde los prejuicios de nuestros roles de género, relegándolas a los márgenes de la sociedad.

El autorretratarse como madre es también un preguntarse por la representación de esa madre en el mundo del arte, es la búsqueda por cuestionar la construcción de un modelo, de un imaginario, en el que difícilmente se le ha dado espacio al decir y sentir materno, castigándosele por ser considerado pura sensiblería. Si difícilmente, y sólo en épocas recientes, el arte hecho por mujeres ha encontrado un impulso a través de la revalorización de las investigaciones de temática feminista, las menciones al cuerpo de la madre que cuida, lacta, materna en la historiografía del arte contemporáneo, son casi inexistentes.

Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA
Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA

El autorretrato en el trabajo de Carelyn Mejías, sin embargo, no se estructura sólo desde el decir «soy madre», sino desde el cómo dice «soy madre». Las decisiones formales del manejo de la imagen son también una intencionada toma de posición a través y frente al dispositivo. En esto, están intrínsecamente vinculados la preferencia del registro en blanco y negro por sobre la imagen a color; la unificación visual de la indumentaria de la madre y el hijo –distinguiéndose así como par materno-filial que acciona frente a la cámara–; la utilización de tres monitores para mostrar simultáneamente tres momentos diversos y contemporáneos de la tarea de cuidado en Asignaciones para maternar–; así como la introducción del texto como vinculación afectiva con el archivo, pero también como evidencia de la profunda dificultad –real y simbólica– de aprender y aprehender el significado de palabras como claudicar o migrar –captadas en el balbuceo infantil de Noa, hijo de la artista, en el video Anotaciones.

El cuerpo enunciado en estas imágenes es, pues, el cuerpo individuo que cuida y vela, como en el libro de artista y en el video Asignaciones para maternar; es el cuerpo-alimento, cuerpo-arropo, cuerpo-cobijo, de la serie Registro de contacto; es el cuerpo extensión del hijo, para quien el cuerpo de la madre es, en los inicios, indisolublemente parte del suyo. Es el cuerpo que también –y más patentemente en las imágenes de la serie Relación cuerpo madre-cuerpo hijo y del video Anotaciones– ha establecido un espacio paralelo a la realidad cotidiana, en el que el performance para la cámara se hace espejo de la relación fuera de ella, pero en el que es transparente para el espectador que lo que allí ocurre es la escenificación de una representación. Es cuerpo que se autorretrata en su desnudez para testimoniar la huella física que esa transformación de la maternidad ha dejado en él, y cuyo diálogo solitario frente a la cámara revela, sin embargo, el regreso a sí mismo, como atestiguan las polaroids de Tautología.

Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA
Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA

En Estado de alojamiento. Archivo, cuerpo y medio, mirada y medio, se evidencian, se fusionan. Se evidencia la mirada de Carelyn Mejías, ciertamente, pues de ella han sido las decisiones autorales que han determinado que su cuerpo y el de su hijo se muestren de este modo en que se han materializado en obra, y no de otro. Pero también, y aún más sorprendentemente, se evidencia la mirada de Noa, su hijo. Se devela ante nosotros que, ya a sus dos años, ha aprendido a mirar al dispositivo –en ese registro del tiempo de su vida de infante, cifrado en los videos y en las fotografías de este archivo-monumento–, y que en la relación natural de interacción con la madre, devenida sin saberlo acción performática, se constata su progresiva independencia del cuerpo materno para interactuar como cuerpo propio en ese espacio de representación delimitado claramente por el telón floreado que les sirve de fondo para sus acciones.

Los niños desarrollan con el tiempo la visión. En sus primeros meses, su mundo se engloba en los veinte centímetros que separan su rostro de sus propias manos, y del rostro y seno de su madre: el neonato percibe a su madre como parte de un mismo sujeto. Son uno. Paulatinamente, el campo visual se amplía, a partir de los estímulos que reciben. Aprendemos a ver, a pesar de nacer con el sentido de la vista. Este hecho elemental, revela, sin embargo, cómo nuestra vinculación con el mundo, determinada poderosamente por la vista y que consideramos inmediata, fue parte de un proceso paulatino de aprendizaje.  Noa nos interpela, observando a la cámara. Y en este gesto sutil en el que se comprueba el desplazamiento de la mirada de un niño que ha aprendido a mirar interactuando con el dispositivo, se condensa en una nuez nuestro propio mirar, mediado constantemente por las imágenes.

Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA
Vista de la exposición «Estado de alojamiento. Archivo», de Carelyn Mejías, en ABRA Caracas, 2022. Cortesía de ABRA

Estado de alojamiento. Archivo, de Carelyn Mejías, se presenta del 20 marzo al 5 de junio de 2022 en ABRA Caracas, G6+G9 Centro de Arte Los Galpones, Av. Ávila con 8va Transversal, Los Chorros, Caracas, Venezuela

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