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MIGUEL ANDRADE VALDEZ: LA BLANCURA DE LA BALLENA

La Blancura de la Ballena, primera individual del artista peruano Miguel Andrade Valdez en Ginsberg Galería, introduce al visitante dentro de una suerte de espacio transicional, un lugar trasversal donde el presente, el futuro y el pasado conviven con fluidez. Un universo utópico, a la vez que demuestra claras señales de un presente apocalíptico, donde elementos del pasado aglomerados por el artista se descomponen orgánicamente.

La Blancura de la Ballena es también la luz blanca de Lima. En la novela Moby Dick, de Herman Melville, el capitán Ahab finalmente pierde su batalla, o deberíamos decir vendetta personal, contra la ballena mítica. Uno no puede vengar a la naturaleza, pero como sabemos, podemos herirla más allá de la redención.

Vista de la exposición «La Blancura de la Ballena», de Miguel Andrade Valdez, en Ginsberg Galería, Lima, 2022. Foto: Juan Pablo Murrugarra
Vista de la exposición «La Blancura de la Ballena», de Miguel Andrade Valdez, en Ginsberg Galería, Lima, 2022. Foto: Juan Pablo Murrugarra

La pieza central de la exposición, El Padre y la Madre. El Hermano Mayor. El Hermano Menor, fue instalada por Andrade Valdez en el ingreso a la sala, interrumpiendo la vista. Permite al espectador comprender desde un primer momento que se dispone a entrar en un espacio contenido a la vez que exige un movimiento contra-intuitivo en un espacio de arte: manipular la pieza. Apoyado en la amplitud que preserva el cubo blanco al que ingresa el público, cada pieza se encuentra dispuesta por el artista como un hito, un insight.

El Padre y la Madre. El Hermano Mayor. El Hermano Menor está compuesta por tres bloques sólidos y, a la vez, espacios de vacío y penumbra. Pedazos de tela, aluminio dorado, fierro, triplay y madera permiten que la luz la atraviese y por momentos quede atrapada. O se trasluzca. Como si el artista no hubiera decidido finalmente si desea o no mostrar con claridad aquello sobre lo que se encuentra reflexionando. La Blancura de la Ballena es finalmente una gran meditación sobre la vida, el estado de las cosas, y nuestra capacidad de crear una perspectiva propia para cada una de las preguntas del mundo.

Vista de la exposición «La Blancura de la Ballena», de Miguel Andrade Valdez, en Ginsberg Galería, Lima, 2022. Foto: Juan Pablo Murrugarra
Vista de la exposición «La Blancura de la Ballena», de Miguel Andrade Valdez, en Ginsberg Galería, Lima, 2022. Foto: Juan Pablo Murrugarra

Las puertas protegen y aprisionan, abrazan y sofocan como el amor y la familia. Una vez que entramos, el interior es exterior y viceversa. Rodeada por un extraño grupo de espectadores, se encuentra una escultura alta y agazapada, en parte criatura, en parte naufragio, cien por ciento antinatural, que nos recuerda tanto a un monstruo que ha surgido del remolino de plástico en los océanos como a algún arquetipo surrealista de nuestro subconsciente colectivo.

Parecería que el artista busca en este mundo efímero algo sólido de qué sostenerse, una columna vertebral (aunque sea solo una metáfora). Piezas como Paisaje Bucólico (Christopher, NY, 2007) y Old Nostalgia. Don’t Go, evocan en un lenguaje tecnológico referencias al estado emocional que experimenta el artista cuando se enfrenta al estado del mundo, la guerra, la pandemia, el cambio climático. Pero cada escultura es más compleja que el primer plano de acercamiento sugiere. Comprenden en sí mismas capas de capas de plantas vivas, material de reciclaje, recuerdos, ropa, un autoretrato creado por el artista a partir de lo que consume y deshecha al mundo.

La pieza más existencialmente brutal de toda la muestra es La Niña / Moby Dick II, alegoría a una ballena herida con un corazón de hielo. Interrumpe en la sala y con cada gota que retumba en su interior reclama nuestra atención. Es una pieza que debe descubrirse, que se revela a su tiempo, y que según la temperatura cambia gradualmente la velocidad del agua, la vibración del papel, la temperatura del vidrio sujeto por metales.

Vista de la exposición «La Blancura de la Ballena», de Miguel Andrade Valdez, en Ginsberg Galería, Lima, 2022. Foto: Juan Pablo Murrugarra

Existe una tensión entre el arpón que parece comandar la pieza y el cuerpo de la ballena que yace como en descanso. Una arbitrariedad consciente entre la superficialidad de clasificar el estado de ánimo como un emoji para luego presentar un corazón abierto entre un costillar de deshechos y aglomerados. Es un acto de desdén rellenar el cadáver con latas de cerveza vacía y bolsas de aluminio. Quizás ese maltrato es una crítica tajante a nuestra manera de tratar el medio ambiente, el planeta que habitamos. Es, finalmente, una obra cercana a la realidad.

En todo caso, La Niña / Moby Dick II se debate entre la vida y la muerte. Eventualmente, el sonido cesará, el papel volverá a estar quieto y el vidrio retornará a la temperatura de la sala. La Blancura de la Ballena es un ejercicio para Andrade Valdez, un intento de descifrar en qué creer, qué perseguir, cómo ser creador de sentido en un mundo de significado infinito, cómo ser artista. Nos invita a caminar su inconsciente, levantar capa a capa estratos de referencias y materiales descartados para, desde las entrañas, experimentar el mundo en su totalidad.


MIGUEL ANDRADE VALDEZ: LA BLANCURA DE LA BALLENA

Ginsberg Galería, Av. Sta. Cruz 1068, Miraflores, Lima, Perú

Hasta fines de abril 2022

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