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EL PASADO ADELANTE. ARTE Y ACTIVISMO CENTROAMERICANO

En el contexto del bicentenario de las independencias de los países centroamericanos, los Centros Culturales de España en Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y Panamá, junto con Casa de América en Madrid, presentan desde noviembre de 2021 y hasta febrero de este año El pasado adelante, un proyecto de integración intrarregional ideado y producido por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), bajo la coordinación de Tamara Díaz Bringas (Cuba, 1973-2022) y Ricardo Ramón Jarne (España).

Las muestras simultáneas, producto de un esfuerzo de cooperación inédito entre los CCE de América Central y Casa de América, ofrecieron un panorama del arte contemporáneo de la región, cada una curada por agentes relevantes en sus respectivos países: Illimani de los Andes (Nicaragua), Walterio Iraheta (El Salvador), Adrienne Samos (Panamá), Julio José Méndez Lanza (Honduras), Lucía Ixchíu y Gabriel Rodríguez Pellecer (Guatemala) y Daniela Morales Lisac, Paula Piedra y Lola Malavasi (Costa Rica).

La muestra en Casa América exhibió por primera vez en España las últimas adquisiciones de arte centroamericano contemporáneo del Museo Reina Sofía, así como obras prestadas por TBA21 | Thyssen-Bornemisza Art Contemporary y las colecciones José Artàiz, A2 y Galería Juana de Aizpuru. Su título está inspirado en la frase “El pasado está delante” con la que el artista maya Tz´utujil´ Benvenuto Chavajay (Guatemala) hace referencia a su cultura y a la manera de entender el pasado y la relación con los ancestros.

La propuesta de Tamara Díaz Bringas y Ricardo Ramón Jarne reconoce las diversas temporalidades que conforman el presente de la región e interroga la colonialidad y su persistencia en la desigual atribución de valor a ciertos saberes, formas de organización, espiritualidad o de relación. “Poner en valor conocimientos y prácticas no extractivas de relación con la naturaleza y otros seres vivos resignifica ese ‘pasado adelante’ al que mira este proyecto”, dicen los curadores.

En Casa de América se exhibieron obras de Adán Vallecillo, Ángel Poyón, Benvenuto Chavajay, Christian Salablanca, Donna Conlon, Guadalupe Maravilla, Héctor Burke, Lucía Madriz, Natalia Domínguez, Patricia Belli, Priscilla Monge, Rolando Castellón y Simón Vega. Se incluyó, además, documentación de las seis exposiciones paralelas de la red centroamericana de centros culturales de la Cooperación Española y conexiones virtuales a las mismas.

Vista de la exposición «El pasado adelante», en Casa de América, Madrid, 2021-2022. Con obras de Guadalupe Maravilla (al frente), Simón Vega (izq, fondo) y Natalia Domínguez (der, fondo). Foto: Casa de América
Donna Conlon, De las cenizas, 2019, video HD con sonido, 2’56’’. Cortesía de la artista. Foto: Casa de América
Benvenuto Chavajay, Ixtetelá, 2016, tela bordada, 15,24 x 25,4 cm c/u y papel libre de ácido, 29,7 x 42 cm. Cortesía del artista. Foto: Casa de América

“Todo esto constituye una novedad importante, ya que es una exposición que cruza el Atlántico y el Caribe de manera simultánea y en ambas direcciones. El océano se convierte en fluido espacio enmarcador del proyecto”, señala el texto curatorial. “Los límites económicos y ecológicos de lo accesible, en un lugar y un momento determinado, son parte del material con el que trabajamos en esta propuesta curatorial, que se articula desde la singularidad de las obras que reúne y no como un discurso previo a estas”.

Existe una enorme literatura política, histórica, social e incluso psicológica, antropológica y filosófica sobre lo colonial, cada una planteada a partir de lineamientos de todo tipo. Por ejemplo, José Carlos Mariátegui (Perú, 1894-1930), desde el marxismo, establecía para la América poscolonial una visión de la modernidad y avanzada europea desde el punto de vista indigenista y local, conformando un espacio propio, diferente del soñado por el sentimentalismo y su vuelta al “primitivismo”, o del abrazo inconsciente y no crítico de las fórmulas contemporáneas internacionales.

Según los curadores, mientras unos pretendían anular la herencia del colonialismo y su influencia en la contemporaneidad, otros plantean oposiciones entre lo periférico y lo central. Algunos, por otra parte, intentaban homologar y simplificar, convirtiendo la región en un espacio confluyente y uniforme, en tanto otros resaltan las líneas divisorias de un conjunto desconectado.

“En esta exposición entramos en estos debates como espacios que construyen una base interesante del asentamiento teórico primigenio de la misma, pero esencialmente buscamos una trascendencia, que es la que trasmiten las obras de arte seleccionadas principalmente por su enorme calidad, y no para ilustrar una teoría concreta previamente planteada. Las obras de esta exposición se constituyen en el medio y el mensaje, no componiendo un coro melódico, sino que se alternan, como grandes solistas, en sus propios registros tímbricos, creando una polifonía contrapuntística de enorme interés”.

La exposición también presentó obras específicamente creadas, de modo que el proyecto sirviese como detonante de nuevas ideas y formas desde el arte y, al mismo tiempo, colabore en la puesta en valor y sostenibilidad del trabajo artístico.

Compartimos los textos curatoriales de cada una de las exposiciones que componen este proyecto.

Adán Valecillo, Montículo, 2015, impresiones sobre papel algodón de 250 grs, 86 x 115 cm c/u. Cortesía del artista.
Lucía Madriz, Tres hermanas, 2021, maíz verde, maíz amarillo, frijoles rojos, frijoles negros, frijoles blancos, semillas de calabaza y tierra, 300 cm diámetro. Cortesía de la artista. Foto: Casa de América
Ángel Poyón, La encomienda, 2015. Impresiones sobre papel de algodón. Copia de exposición. 70 x 46,5 cm y 42 x 29,7 cm. Cortesía del artista

EL PASADO ADELANTE | Casa de España, Madrid | Artistas: Adán Vallecillo | Ángel Poyón | Benvenuto Chavajay | Christian Salablanca | Donna Conlon | Guadalupe Maravilla | Héctor Burke | Lucía Madriz | Natalia Domínguez | Patricia Belli | Priscilla Monge | Rolando Castellón | Simón Vega

Por Tamara Díaz Bringas y Ricardo Ramón Jarne.

“Así como en 1820 Atanasio Tzul y Lukas Akiral lucharon para defendernos y para que no pagáramos más impuestos, por estos mismos motivos mataron hoy a nuestros compañeros”. Se cuenta que la frase se escuchó una noche de octubre de 2012, durante el velorio de seis comunitarios de los 48 cantones de Totonicapán masacrados en una marcha en oposición al proyecto de reformas que pretendía desconocer formas de gobernabilidad y tierras comunales indígenas, y que se articuló con otras protestas nacionales como el aumento del costo de la energía eléctrica. La rebelión indígena -una de tantas- que se tornó presente esa noche de 2012, había ocurrido meses antes de las independencias centroamericanas cuyo bicentenario es conmemorado en 2021. En julio de este mismo año, el artista maya Tz´utujil´ Benvenuto Chavajay vino a reanudar aquel episodio en la acción El retorno de la silla, la silla de Atanasio Tzul que ha sido restituida a las autoridades indígenas de los 48 Cantones desde el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

“El pasado está delante”, insiste Chavajay, en referencia al modo en que él y su cultura entienden el pasado y la relación con los ancestros. La frase sirve de inspiración para el título de esta exposición centroamericana, y atenta contra las diversas temporalidades que conforman la región. Presentes no sincrónicos en los que el hip hop y lo maya pueden darse cita, como en el performance ritual de Guadalupe Maravilla y su experiencia de diáspora desde la guerra civil salvadoreña que arrasó los ochenta, o en los que tecnologías de la carrera espacial de la Guerra Fría pueden encontrarse con arquitecturas y técnicas de supervivencia en los trópicos, como en los dibujos de Simón Vega.

Ficciones, invención o imaginación política, pero también formas concretas de sostener la vida en común. De ahí la recurrencia de materiales (o sus representaciones) como la tierra, el agua, las semillas, o de fluidos como la sangre o la leche. Con barro trabaja Rolando Castellón desde 1981, según una ética y ecología que pone en relación con culturas amerindias, acompañando un así llamado Manifiesto post-colombino: “Barro es la materia que mejor ejemplifica la resistencia de las razas oprimidas en su lucha por la supervivencia”. Y en un poema de Rosa Chávez, se lee: “Sudo/ como una olla de barro/ no estoy curada/ me derramo”.

La tierra es materia con la que trabajan varios artistas y la base de prácticas ancestrales como la geofagia que Adán Vallecillo ha investigado en Haití. Otras formas o imaginarios de sanación se convocan en esta muestra, desde ciertos rituales, narraciones o palabras, hasta algunos silencios o fugas. En ausencia del término “arte” en su lengua, Benvenuto Chavajay entiende su hacer como una suerte de “sanador” de la herida colonial.

La tierra, como argumenta la investigadora maya k’iche’ Gladys Tzul Tzul, es la clave de la política comunal que hace posible la vida cotidiana. Para esas comunidades que siguen encarando extractivismo y despojo, el pasado no ha sido nunca algo fijo, inalterable, costumbrista. En las obras, y en sus tensiones, toman forma -o deseo- prácticas no extractivas de relación con la naturaleza y con otros seres vivos.

Vista de la exposición «Muchas Somos Todxs», en el CCE Guatemala, 2021-2022. Cortesía: CCE Guatemala
Vista de la exposición «Muchas Somos Todxs», en el CCE Guatemala, 2021-2022. Cortesía: CCE Guatemala
Samael Solórzano, Antes de abril, 2019-2021, posters impresos en papel bond, 42 x 59 cm c/u. Cortesía: CCE Guatemala
Rosina Cazali, De cómo se formó la idea del Maya Permitido, 2021, 15 dibujos, acrílico sobre papel algodón, dimensiones variables. Cortesía: CCE Guatemala

MUCHAS SOMOS TODXS | CCE Guatemala | Artistas y proyectos: CAP | Divergencia Colectiva | Estudio Torus | Manuel Tzoc | Murales de Chajul | Rosina Cazali | Samael Solórzano | Taller ACÁ | Senacri

Por Lucía Ixchiú y Gabriel Rodríguez Pellecer

Más que una conmemoración de los 200 años de Independencia de España y la creación del estado nación de lo que hoy conocemos como Guatemala, Muchas Somos Todxs plantea un cuestionamiento, que busca revertir todo lo que implica esa separación de los Reyes. En un sentido no podemos invertir del todo los procesos de colonización, como tampoco el proceso de Independencia, pero podríamos comenzar a emanciparnos de ciertas imposiciones. ¿Cómo repensarnos más allá de este idioma Castellano? ¿Podemos hablar, pensar, sentir a partir de otros idiomas? ¿Podemos sin la necesidad de entender, sentir?

El famoso ensayo de Ernesto Sábato se titula Uno y el Universo. Ambas nociones, Uno y Universo, son el resultado de estos procesos de pensamiento que, si bien vienen de la filosofía occidental grecorromana cartesiana, fueron impuestos e internalizados por Europa en las colonias. Esta idea enciclopédica de la formación o superación del ser hasta llegar a una cumbre, cuajó de distintas maneras en los lugares en donde fue trasladada. El individuo sustituyó al colectivo. ¿Que entendemos por “individuar”? De algunas de las letras de la misma palabra podríamos crear un anagrama: “dividir”.

La idea de esta exhibición es la de estar desprovista del Uno. El Individuo como invención occidental es quizás la manera de colonización más efectiva que hallamos internalizado como pueblos mestizos, ladinos e indígenas. Esta imposición de la individualidad como manera de cortar el tejido social es el mecanismo más efectivo utilizado por Europa para obligar a distanciarnos. Por eso, Muchas Somos Todxs es un ejercicio que buscar retomar las miradas y voces desde un enfoque comunal indígena, expresión vigente que ha estado frente a nosotras desde hace más de 500 años.

A manera de respuesta, esta exposición intenta romper el ego del autor, expositor, creador individual para presentar colectivos, coros, voces en conjunto.

Es tan capitalista la categoría de individuo, que por medio del Ego busca siempre una competencia que constantemente nos separa. Buscamos revertir la idea evolucionista de quien sobrevive es el más fuerte, hacia otro paradigma en donde las ecologías de saberes y sentires puedan tejer una nueva vida, desprovista del Uno.

“Pienso luego existo” puede ser sustituido por “Si tú estás bien, yo estoy bien”.

Vista de la exposición «El pasado adelante», en el CCE El Salvador, 2021-2022. Foto: CCE-SV
Vista de la exposición «El pasado adelante», en el CCE El Salvador, 2021-2022. Foto: CCE-SV
Vista de la exposición «El pasado adelante», en el CCE El Salvador, 2021-2022. Foto: CCE-SV
Vista de la exposición «El pasado adelante», en el CCE El Salvador, 2021-2022. Foto: CCE-SV

EL PASADO ADELANTE | CCE El Salvador | Artistas: Ángel Poyón | Carmen Elena Trigueros | Gerardo Gómez | Gabriel Granadino | Guillermo Maldonado | Nadie – Javier Ramírez | lía Vallejo | Mario Santizo | Melisa Guevara | Natalia Domínguez | Osvaldo Ramírez Castillo | Priscilla Monge | Rafael Díaz | Simón Vega | Víctor Hugo Rivas

Por Walterio Iraheta

Hablar de independencia en Centroamérica desde este título extraído de una idea indígena con la que el artista guatemalteco Benvenuto Chavajay nombra una de sus obras y, además, bajo la iniciativa de la Cooperación Española, en una exhibición de arte contemporáneo suena, cuando menos, irónico. Sin embargo, la ironía suele ser un instrumento para ver la realidad con un sentido crítico.

La idea de nuestros ancestros mayas de que el pasado es fundamental, que no se olvida ni se abandona, sino que se camina con él en el presente como si se tratara de varios presentes -porque el futuro hacia el que se camina también será presente-, no solo es poética, sino que es un pensamiento que debería guiar nuestras acciones. Para aprender del pasado, es importante tenerlo siempre presente, pero no en un sentido retórico y estático, sino dinámico y vinculante, como una guía de cambio: un elemento básico y fundamental para la construcción del presente y que debería tener una fuerte incidencia en el futuro.

Pero, al echar la mirada hacia atrás, la sensación es otra. Después de firmar la afamada Acta de Independencia (hace ya dos siglos) parece que los dinosaurios siguen ahí; dinosaurios de un futuro pluscuamperfecto. Inconscientes de una cultura y una sabiduría antigua, hemos ido de colonia en colonia, la economía sigue en manos de unos pocos criollos oligarcas, somos esclavos mentales de diferentes modelos políticos y las masas populares son mantenidas a raya a través del uso del ejército y la policía.

Entonces, hablar de independencia se vuelve ingenuo. La república es una idea abstracta. En la realidad, somos dependientes de muchísimas cosas: de nuestra ubicación geográfica, de las intenciones y objetivos de la potencia económica y militar que tenemos al lado, del medio ambiente, de nuestros sistemas políticos corruptos, de las remesas que envían los salvadoreños que viven en Estados Unidos y que sostienen la economía nacional. Dependemos, en este momento, del desarrollo de una pandemia y de un virus que nos ha recordado cuán lejos estamos de ser soberanos e independientes.

Cuando se quiere mirar este 2021 como una fecha especial y memorable, se busca la imagen de una república desarrollada con un sentido de identidad y de autonomía: un país autosuficiente. Pero lo que se encuentra es un panorama bastante sombrío. Las actuales condiciones sociopolíticas son casi tan abusivas y avasallantes como hace dos siglos; parece que la sociedad centroamericana no ha cambiado mucho en su escancia y se puede decir que no ha evolucionado sino en lo superficial, en las formas, pero se queda con las mismas taras del pasado. Da igual que pasen 200, 500 o más años.

En esta exhibición, partiendo del Bicentenario como un detonante más que como un tema central, un grupo de artistas hace una lectura del contexto local y nos comparte su particular visión de temas de actualidad como la migración, el deterioro del medio ambiente, la violencia, los efectos de la modernidad, la deshumanización de la tecnología, la pérdida de la memoria como una metáfora del olvido histórico, usando la gráfica como estrategia estética y revisando medios como el dibujo, la caricatura, la ilustración, el arte callejero y el muralismo, lenguajes que en el pasado han sido usados como panfletos e instrumentos de propaganda para construir y difundir un pensamiento político colonialista.

Vista de la exposición «Entramados de la memoria visual», en el CCE Honduras, 2021-2022. Foto: CCE Honduras
Brenda Raudales, Fantasy identity, 2021, azulejos sublimados y estructura de madera, 165 x 105 x 86 cm. Cortesía: CCE Honduras
Vista de la exposición «Entramados de la memoria visual», en el CCE Honduras, 2021-2022. Foto: CCE Honduras
Vista de la exposición «Entramados de la memoria visual», en el CCE Honduras, 2021-2022. Foto: CCE Honduras
Vista de la exposición «Entramados de la memoria visual», en el CCE Honduras, 2021-2022. Foto: CCE Honduras

ENTRAMADOS DE LA MEMORIA VISUAL DESDE HONDURAS | CCE Honduras | Artistas: Brenda Raudales | César Chinchilla | Daniel «Cuyo» Valladares | Jasson Cerrato | Johanna Montero Matamoros | Medardo Cardona Landa | Melissa Pastrana | Scarlett Rovelaz

Por Julio José Méndez Lanza

Retomar las ficciones sociales del pasado se ha convertido en un lugar común dentro de los imaginarios y las prácticas artísticas de la contemporaneidad latinoamericana. Esta vuelta sobre el tiempo no implica una mirada nostálgica sino más bien una confrontación directa con las narrativas históricas que fueron proyectadas desde una modernidad fallida y que siguen operando en las maneras que imaginamos nuestras realidades.

En este sentido, diversas manifestaciones del arte contemporáneo hondureño nos han permitido reconocer en las imágenes –físicas y mentales– que nos aglutinaron como nación, una fuerte agencia sobre la cultura visual actual desde donde concebimos la hondureñidad. Esta visualidad ha sido planteada como una suma de realidades edulcoradas y estereotipos que configuran una suerte de “paraíso tropical” que ocultan la fragmentación, la violencia y la exclusión de este país que arriba a los doscientos años de independencia en medio de crisis institucionales e incertidumbre.

La presente muestra ha implicado un ejercicio de desarticulación temporal para organizar una estructura visual en la que el pasado y el presente se encuentran compactados. Retomar, deconstruir y reflexionar sobre las imágenes pretéritas y contemporáneas de la nación desde los marcos caóticos del presente hondureño, fue el principal motor creativo de las y los artistas que participan en esta muestra nacional. El resultado de este proceso ha sido un crudo y polifónico relato en imágenes que intenta reconstruir las memorias colectivas, colocando el acento sobre las realidades que no pudieron ser y las que no deben seguirse repitiendo.

Más allá de constituir núcleos curatoriales específicos, las once piezas generadas para esta muestra coexisten interconectadas a partir de actos performativos como las iconofagias –imágenes que devoran imágenes– y la posibilidad de crear entramados alternativos de la memoria visual. Estas miradas nos obligan a repensar las nociones de la corporeidad y lo étnico, la territorialidad y las ficciones históricas, que buscan resanar y visibilizar las memorias dolorosas que han marcado el devenir histórico de nuestro país y nuestra región.

Anna Handick, Burío, 2021, burío de plátano, medidas variables. Cortesía de la artista
Helio Gutiérrez, Ánfora I, 2021, grafiado sobre barro con motivo infinito, 22 x 20 cm de diámetro. Cortesía del artista
Patricia Belli, Xipe Tótec, 2019, instalación interactiva, 66,5 x 67 x 5 cm. Cortesía de la artista
Ricardo Huezo, Primitivista monocromático 6, 2020, acrílico sobre tela, 50 x 50 cm. Cortesía del artista

LAS RESILIENCIAS DEL MITO | CCE Nicaragua | Artistas: Alberto Cerrato | Alfonso Cordero | Alfredo Caballero | Anna Handick | Aparicio Artola | Claudia Gordillo | Enmanuel Padilla | Helio Gutiérrez | Iveth Rodríguez | Jullissa Moncada | Karen Spencer | Luisa Gómez Aguilar | Morena Guadalupe Espinoza | Noel Saavedra | Patricia Belli | Ricardo Huezo | Rolando Castellón | Suá Imabite | Ulises Tapia | Xochitl Guevara | Yasser Salamanca Sunsín | Colección de máscaras del IHNCA – autores anónimos

Por Illimani de los Andes

Las resiliencias del mito emprende una búsqueda ante esos trazos aún difusos que forman parte de un conglomerado artístico e histórico de la región mesoamericana. La sucesión de antiguas concepciones que siguen develando su resonancia en el contexto contemporáneo y que, a su vez, atraviesan un espacio cuyas fronteras actuales antes no eran concebibles.

Las representaciones artísticas dimensionan, a través de nuevos formatos, la diseminación de componentes que se han adherido a la transición del tiempo y la historia de nuestros pueblos, dando lugar a los nuevos significados desde el pasado que habita en nosotros, permitiendo entrever las concepciones y adversidades que han transitado hasta la contemporaneidad.

En tal sentido, se induce a la reinterpretación de los elementos que confrontan una realidad que ha pasado por una abrupta metamorfosis, pero que sus reminiscencias desembocan en nuevas tonalidades arraigadas a la misma tierra. Se evoca el espíritu del barro que traspasa una cronología y alberga las semillas que siguen agitándose y entretejiéndose debajo del suelo para alcanzar así una nueva floración.

Ingrid Cordero y Sofía Ureña, Lo que no vemos crece de todas formas, 2021, instalación de tela, biotextil y tierra con proyección de video, dimensiones variables. Foto: Marta M. Riera
Ingrid Cordero y Sofía Ureña, Lo que no vemos crece de todas formas, 2021, instalación de tela, biotextil y tierra con proyección de video, dimensiones variables. Foto: Marta M. Riera
Ingrid Cordero y Sofía Ureña, Lo que no vemos crece de todas formas, 2021, instalación de tela, biotextil y tierra con proyección de video, dimensiones variables. Foto: Marta M. Riera
Ingrid Cordero y Sofía Ureña, Lo que no vemos crece de todas formas, 2021, libro objeto de tela, biotextil y papel intervenido con técnicas mixtas como impresión digital, bordado y acuarela, 17,78 x 13,97 cm. Foto: Marta M. Riera

LO QUE NO VEMOS CRECE DE TODAS FORMAS | CCE Costa Rica | Artistas: Ingrid Cordero y Sofía Ureña

Por Lola Malavasi, Daniela Morales y Paula Piedra (TEOR/éTica)

Vivimos con una idea ilusoria de que la “humanidad progresa” en un único proceso lineal, acumulativo y constante. Sin embargo, más allá de cómo se ha construido esa idea desde los ideales de la blanquitud occidental, es preciso cuestionar si el transcurrir del tiempo per se trae avances beneficiosos para la sociedad, o solo la falsa concepción de que las condiciones del presente superan las del pasado.

Los procesos de colonización y extractivismo han supuesto un intercambio desigual que ha aplastado aquellos saberes que no responden al poder hegemónico. De ahí la necesidad de buscar estrategias para resistir ante ciertos procesos industriales y tecnológicos en un presente en el que los recursos naturales están colapsados. La supervivencia del planeta depende de cambiar los métodos y ritmos impuestos por el modelo productivo del capitalismo, cuyo fin es maximizar las ganancias monetarias, ignorando el impacto que este tenga sobre el medio ambiente.

Desde esta realidad, la propuesta de Ingrid Cordero y Sofía Ureña propone concebir formas sostenibles de producir materiales textiles al permitirse imaginar un futuro en el que el ciclo de estos materiales acaba con su retorno a la naturaleza. De esta manera, problematizan la vida “útil” del objeto textil y señalan el costo ambiental de producir a partir de componentes sintéticos e industrializados.

Precisamente, para enfatizar esta postura, las artistas trabajan desde la instalación artística como recurso para recrear las tensiones existentes entre la producción textil industrial y la producción de un textil a partir de biomaterial. ‘’Cuestionamos nuestras decisiones con respecto al material con el que trabajamos en un contexto acelerado donde hacer una pausa y reconocer el proceso es un acto revolucionario. El diálogo que surge entre estos materiales, de origen antagónico, otorga un nuevo valor a los procesos de producción biomaterial, y permite reconectar con lo natural y los saberes que provienen de la naturaleza”, dicen.

Dentro de la instalación, la presencia del biotextil es un performance en sí mismo. Todos los microorganismos que lo componen, de manera casi imperceptible, se reproducen gracias a que se han propiciado las condiciones ambientales para facilitar su crecimiento. Los resultados del cultivo del material son el reflejo del espacio y sus características, que conjuntamente se corresponden. Es decir, el material está vivo: se ve afectado por su entorno y, a la vez, el entorno se ve afectado por el material.

Paralelamente, ante lo vívido del biotextil se contrapone la trama rígida, a menudo hecha de plásticos que no son degradables, del textil industrial, resultado de un sistema de producción y consumo devastador.

Lo que no vemos crece de todas formas es una invitación a hacer una pausa necesaria en un contexto acelerado para replantearnos la relación que tenemos con los materiales que elegimos, que nos rodean y que consumimos. El espacio es a la vez un laboratorio, una suerte de experimento vivo en escala real que pretende generar preguntas, conversaciones y sobre todo otras posibilidades de entender la vida humana en relaciones más gentiles y respetuosas con todo lo vivo.

Iraida Icaza, Sin título, de la serie «El canto de la capisucia», 2021, impresión digital de pigmento de archivo, 26 x 39 cm. Cortesía de la artista
Manuel «Tatu» Golden, Gustavo Esquina De La Espada, Virgilio «Tito» Esquina, Baltazar Castellano y Olga Manzano, La travesía, 2019, mural sobre el muro externo del CCE-Casa del Soldado, San Felipe, Panamá, 132 m2. Foto: Tova Katzman
Humberto Vélez, Natá de los Campaneros, 2019, obra sonora en progreso, 2:26 min. Colección del artista. Estas imágenes forman parte de la documentación y muestran a Hugo Alejandro y Pancho Osses tocando las campanas de la Parroquia de Natá de los Caballeros.

¡GRÍTALO! LAS CAMPANAS DOBLAN POR TI | CCE Panamá | Artistas y fuentes creadoras: Donna Conlon y vecinos del Casco Viejo | Tatu Golden, Gustavo Esquina De La Espada, Tito Esquina, Baltazar Castellano, Olga Manzano y las comunidades negras de la costa atlántica | Humberto Vélez y los campaneros de la Parroquia de Natá de los Caballeros | Iraida Icaza y los pueblos de Azuero | Tova Katzman y un grupo de constructores de barcos a la ribera del Canal.

Por Adrienne Samos

La emancipación de Panamá de España arrancó con el Primer Grito de Independencia el 10 de noviembre de 1821, suceso que no se dio en la capital, sino en un pueblo de provincias: la Heroica Villa de Los Santos. La hazaña rebelde –encabezada por una mujer, Rufina Alfaro, según la leyenda popular– desató gritos en todo el país, acompañados por el doblar de las campanas, y culminó con la declaración oficial de independencia el 28 de noviembre de 1821.

Los líderes del movimiento independentista decidieron unirse a la vecina Colombia por ser una nación más grande y –más importante aún– una república. Fue así como los panameños «fueron partícipes de uno de los primeros experimentos del mundo en política representativa y constitucional», en palabras de la historiadora Marixa Lasso. ¿Hasta qué punto, cuándo, dónde y de qué maneras ha prosperado o fracasado este experimento liberal, democrático y republicano en cada una de las comunidades de nuestro territorio?

¿Y ahora qué? ¿Qué futuro queremos construir?

La exposición ¡Grítalo! Las campanas doblan por ti y su programa público se proponen como vehículos para juntos explorar estas interrogantes a través de la llamada «estética social». Esta no es una muestra convencional en un «cubo blanco», sino una convivencia de «obras en proceso» que aprovechan los rasgos arquitectónicos y hogareños de Casa del Soldado –sus espacios, ventanas, balcones y exteriores– para mantenerse en contacto con la vida allá afuera.

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