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MESOTRÓPICOS. FICCIONES TRANSITORIAS Y TEMPESTADES AFECTIVAS

Por Adán Vallecillo | Curador

Tres décadas atrás, cuando la comunicación entre instituciones culturales del istmo centroamericano era más incipiente, surgió una serie de iniciativas independientes en torno a la experimentación y las reflexiones colectivas sobre la memoria, los cuerpos, y la globalización, propiciando directrices discursivas y maneras de hacer que con el transcurrir de los años no sólo serían más recurrentes, sino también más depuradas y efectivas.

Centroamérica despuntó en el circuito internacional y se generaría un sinnúmero de exposiciones y proyectos que marcarían el rumbo de nuestro arte. Tierra de Tempestades (Inglaterra, 1994), Mesótica (San José, 1996), MUA Instala (Tegucigalpa, 1999), Ciudad Múltiple (Panamá, 2003), Estrecho Dudoso (San José, 2006), Bienal de Pontevedra (España, 2010), el proyecto itinerante Landings (Ciudad de Belice, 2004-2010), la Bienal de Panamá y la Bienal de Arte Paiz (Ciudad de Guatemala), así como la ausente Bienal Centroamericana, son sólo algunos ejemplos de esa necesidad integracionista que desborda y a la vez incluye a la región.

Los primeros pasos de ese movimiento radical se sitúan en la primera generación de postguerra, analizada en múltiples ensayos por la artista, curadora y mecenas costarricense, Virginia Pérez-Ratton.

Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Christian Salablanca. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Esvin Alarcón Lam. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Beatriz Cortez. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Karlo Andrei Ibarra. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Karlo Andrei Ibarra. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo

Esa construcción de lo centroamericano en las artes visuales partió de una ficción efectiva para la instauración de un imaginario que se consolidaba en  los albores del siglo XXI, articulándose desde muy diversos tópicos, como la reconstrucción de la memoria histórica, con sus remanentes del conflicto armado, invasiones y guerra fría, así como de la crítica a los posteriores tratados de paz impulsados y apoyados por la cooperación internacional. Aunque algunas de esas producciones culturales estaban más centradas en lo local, ese movimiento se fue abriendo cada vez más, involucrando tanto artistas, curadores y gestores de otros campos discursivos y nacionalidades. “Gracias a esa monumental voluntad integradora que viene desde muy atrás, el llamado ‘arte centroamericano’ ha dejado de ser una útil estrategia para convertirse en un territorio profundamente afectivo. Y eso no es poca cosa”.[1]  

Aunque estas redes se vienen tejiendo desde el surgimiento de aquella ficción efectiva (construcción deliberada de un lugar común enlazado a la tradición moderna), cada vez adquiere más importacia la afirmación de nuevas plataformas de enunciación y renuncia a representaciones aglutinadas en la otredad occidental. Estos nuevos lenguajes algunas veces pasan desapercibidos por las pesquisas que ponen el ojo en el istmo, ya que estas investigaciones buscan artistas puntuales, desvinculando su obra de procesos colectivos locales, y en muchos casos sin visitar el terreno se hacen a la distancia y mediación de la comunicación virtual. Cuando si ocurre, se limitan generalmente a visitar brevemente en tierra firme unas cuantas instituciones y artistas en Ciudad de Guatemala o San José. De manera similar, a expensas de la diversidad del archipiélago, Cuba sigue siendo el principal foco de atención. Ocurre también que sus obras son analizadas bajo la lupa y parámetros del arte contemporáneo y sus categorías son insuficientes para estas nuevas realidades. Aunado a lo anterior, el número de artistas con presencia internacional es mayor que en décadas pasadas y, como ocurre en muchos contextos, hay quienes son menos visibles aunque trabajan arduamente cuerpos de obras y proyectos de gran valor simbólico y material para sus comunidades, tanto individual como colectivamente.

Han sido esas redes de colaboración afectiva a las que apunta la investigadora y curadora panameña Adrienne Samos, las que sin duda han hecho sostenible la producción y difusión de las artes visuales en Centroamérica.

Obras de Andrea Monroy. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Melissa Guevara. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Melissa Guevara. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Marylin Boror. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Milko Delgado. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Milko Delgado. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Lucy Argueta. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Lucy Argueta. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Mural de Andrea Santos. Exposición «Mesotrópicos», Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo

Más allá de una nueva configuración geopolítica regional, seducciones del mercado global, e intermitencia institucional, dichas redes van y vienen desde tierra firme hasta las islas del Mar Caribe, incidiendo en gran medida en la renovación de estrategias nómadas de producción colectiva que, a diferencia de circuitos internacionales demandantes de capacidades productivas a mayor escala, circulación, visibilidad e inversión, se han reinventado sobre las arenas movedizas de nuestras sociedades.

Paralelamente a sus cambios generacionales, hablar de arte centroamericano y realizar proyectos articulados alrededor de esa etiqueta siempre ha sido y será problemático, ya que se corre el riesgo de estandarizar y forzar esa gran diversidad de intereses y lenguajes existentes. Pero, por otro lado, pensar y trabajar desde esa categoría ha sido cuestión de sobrevivencia, otras veces de conveniencia o economía.  

Por otra parte, si bien es cierto que hoy en día sería anacrónico articular ficciones bajo la sombra de aquel lugar común, a la vez sería irresponsable no reconocer que, a partir de la década del noventa, esa ficción fue necesaria a efectos de continuidad y surgimiento de nuevas redes catalizadoras de realidades simbólicas.

De aquella ficción primaria se nutrió la realidad, y de lo que en algún momento fue una construcción artificial efectiva para su proyección internacional surgieron otras ficciones no menos válidas que nos interpelan sobre cómo pensar Centroamérica y El Caribe desde el presente, con sus lugares de enunciación vitales, endebles democracias, ecosistemas en riesgo, y luchas sociales anti-sistema.

Sin duda hay marcadas diferencias históricas locales. A pesar de esto es imposible abstraernos de las circunstancias geopolíticas compartidas y los nuevos movimientos sociales regionales acuerpados en la lucha por la igualdad de género, la libertad de prensa, diversidad sexual, medio ambiente o la lucha contra el extractivismo, sólo por mencionar algunos derroteros comunes que hoy en día se discuten entre las comunidades creativas.

Dicho lo anterior, esta exhibición reúne artistas profesionales de larga, mediana y corta trayectoria provenientes de Centroamérica y El Caribe bajo una matriz discursiva diversa, con el objetivo de revelar imaginarios políticos en crisis y desafíos actuales para los países del trópico caribeño.

Con miras a seguir regenerando esta sinergia colectiva de trabajo, dicha propuesta se basa en el pensamiento crítico y las redes solidarias que iniciaron muchos años atrás, y que ahora en medio de la pandemia brotan con su desbordante y natural generosidad inventiva.


[1] Adrienne Samos. Divorcio a la Panameña, Teorética, 2016, 179-180.

Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obra de Priscilla Monge. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo
Obras de Alma Leiva. Vista de la exposición «Mesotrópicos» en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, 2021. Cortesía del museo

MESOTRÓPICOS. FICCIONES TRANSITORIAS Y TEMPESTADES AFECTIVAS

Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Panamá, Calle San Blas, Ancón, Ciudad de Panamá

Del 20 de marzo al 15 de agosto de 2021

Artistas participantes:

Esvin Alarcón Lam (GT)
Lucy Argueta (HN)
Fabrizio Arrieta (CR)
Patricia Belli (NIC)
Marilyn Boror Bor (GT)
Alfredo Caballero (NIC)
Donna Conlon (PAN)
Beatriz Cortez (ESV)
Tony Cruz-Pabón (PR)
Milko Delgado (PAN)
Carlos Fernández (CR)
Regina José Galindo (GT)
Sofía Gallisá-Muriente (PR)
Leonardo González (HN)
Melisa Guevara (ESV)
Karlo Andrei Ibarra (PR)
Madeline Jiménez Santil (RD)
Alma Leiva (HN)
Rebeca Martínez Monge (CR)
Laura Versari Molinares (PAN)
Priscilla Monge (CR)
Andrea Monroy (GT)
Violeta Mora (HN)
Ronald Morán (ESV)
Manuel Antonio Pichillá (GT)
Paul Ramírez Jonas (HN)
Vanessa Rivero (MX)
Carlos Rodríguez (PR)
Christian Salablanca (CR)
Andrea Santos (PAN)
Inés Verdugo (GT)

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