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ESTRUCTURA OBJETABLE (Y OBJETADA)

espejea retardada en el tiempo como un eco

Elvira Hernández, La bandera de Chile (1981).


Estructuras Objetables es el nombre de la muestra que hasta el 20 de febrero estará abierta en el Centro de Extensión del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en Valparaíso (Centex). Curada por Fernando Farina y Pedro Donoso como parte de Bienalsur, la exposición convoca a la artista argentina Luciana Lamothe y a Adolfo Bimer de Chile para abordar aspectos políticamente contingentes del país: sus posibilidades de cambio, su estado transicional, sus transformaciones en potencia.

“Si fuera posible pensar un momento político cero, aquel donde todo está por ser definido, tendríamos que remontarnos al instante en que nos lanzamos a formular las bases que constituyen el poder en una sociedad”, comienzan escribiendo los curadores en el texto de invitación.

Estructuras Objetables inauguró el 15 de octubre de 2021. A casi dos años de la revuelta social iniciada en Chile en 2019, a casi un año de la imponente aprobación ciudadana para la redacción de una nueva constitución, a cinco meses de la elección de los representantes constituyentes y a tres de haberse instalado la Convención izando la bandera mapuche en el Ex Congreso. Luego vino la primera y segunda vuelta presidencial, acompañadas de más banderas y símbolos deambulantes. Sin duda, los ánimos estaban crispados y la exposición no llegó a poner paños fríos, sobre todo en términos institucionales y mediáticos.     

En el hall central del Centex, Lamothe presenta Amorfa, una delgada manga de terciado instalada sobre diversos objetos de carácter urbano -algunos también remiten a mobiliarios tipo oficina o descartes institucionales de la misma sede-, frágilmente sostenida por una estructura de metal. Es una obra de gran tamaño, de ruinoso aspecto, que parece extenderse sin límites. El juego de pesos, la preponderancia de las formas curvas y la sensación de movimiento que le caracterizan la hacen calzar con el hilo conductor de la curaduría. Sin un suelo estable donde sostenerse, el óvalo de madera se encuentra en una permanente vibración como si estuviera preparando un desplazamiento mayor.

Luciana Lamothe, Amorfa (2021), vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: François Voiturier
Luciana Lamothe, Amorfa (2021), vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: François Voiturier

Síndrome de actualización y Rutina de los afectos, obras de Adolfo Bimer, interactúan directamente con la arquitectura del edificio, específicamente en dos de sus zonas en contacto con el exterior. Rutina de los afectos se adosó a las ventanas. 72 placas de acrílico pintadas con barniz y óleo están instaladas en la apertura del muro oeste a modo de vitral. Desde el hall -en compañía de Amorfa-, o caminando por calle Cochrane, se puede ver el conjunto que, atravesado por la luz, muestra figuras porosas. Es algo medio radiográfico. De hecho, y  en una lógica similar a trabajos anteriores del artista[1], esas figuras corresponden a una variación de códigos preferentemente médicos. A mano sobre el acrílico, Bimer tradujo imágenes resultantes de exámenes de microscopía, muestras de sangre de pacientes psiquiátricos recolectadas por él en hospitales públicos. En vez de ser procesada en un laboratorio, la información de los 72 individuos pasó al ritmo del taller: observar al microscopio, decantar, recordar y pintar. En esta cadencia, la exactitud científica y la precisión de la copia fueron de último orden.

El traspaso a la pintura es realizado por medio de la memoria, vía por la cual es posible profundizar en la cualidad interpretativa de toda imagen y la abstracción de las pruebas clínicas. Abstracta en términos formales y en su lejanía con la representación, esta propuesta establece líneas divergentes hacia la conceptualización de los gráficos y de los análisis médicos de cualquier persona. Ya en sala, la obra acentúa su carácter de membrana filtrando los rayos del sol y modificando tanto la iluminación del espacio expositivo como su propia materia. La pintura se ve afectada por el paso de la luz descomponiéndose día a día un poco más, oxidándose, craquelándose y cambiando de color, siendo un cuerpo compuesto de varios otros que también es sometido a evaluación. La afectividad, puesta en prácticas y palabras, es la subjetividad en juego.

Adolfo Bimer, Rutina de los afectos (2021). Vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: Felipe Ugalde. Cortesía del artista
Adolfo Bimer, Rutina de los afectos (2021). Vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: Felipe Ugalde. Cortesía del artista
Adolfo Bimer, Rutina de los afectos (2021). Vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: Felipe Ugalde. Cortesía del artista

Mientras Amorfa se intenta equilibrar y Rutina de los afectos varía, Síndrome de actualización flamea, o eso ha intentado desde que llegó. Este es quizás el punto más polémico de la exposición, el que ha sacado ronchas, mails, notas en la prensa, publicaciones en redes sociales (“me gusta”, “aplausos”, “compartir”, y varias “cara enojada” e insultos). Todo lo anterior movilizado por un silencioso manto de objeciones.    

Para el 15 de octubre, Síndrome de actualización estaba ubicada en el sexto piso de Centex, montada en el asta donde usualmente cuelga la bandera de Chile y que corresponde al espacio pensado y previamente acordado para recibir la obra. Esta vez, Bimer fue al cielo del edificio, a la terraza, al último elemento que une la estructura del inmueble con el exterior. En forma de bandera, el artista modificó digitalmente solicitudes de muestras médicas, una caja de medicamentos psicotrópicos de uso común y un examen de rutina a pacientes de la salud pública, dando una composición tricolor -cada uno correspondiendo al blanco, azul y rojo, en el orden mencionado- que busca sobrevolar las posibilidades de reconstruir los símbolos patrios ante su entorno y las miradas.

A las pocas horas de inaugurar, Síndrome de actualización fue bajada del asta. Casualmente la obra no estuvo en exhibición para el 18 de octubre de 2021. El episodio no pasó desapercibido para Bimer, quien supo expresar su descontento por los conductos oficiales. Sumado a sus conversaciones con las autoridades del Centro, el 2 de diciembre sale “Artistas acusan censura de dos obras políticas de parte del Ministerio de las Culturas”, artículo publicado por El Mostrador. En las redes sociales se leen bastantes comentarios de apoyo al artista, otros muchos de impugnaciones al órgano estatal, y también algunas molestias frente a la obra, en clave ofensiva, como estas[2]:

“Porque no hace arte con su culo?, dejen de trapear nuestros símbolos patrios zurdos de m13rd2”

@jefesupremoimperial

Claudio González Oisel

 Arquitecto UBB, 25 años de experiencia en diseño de todo tipo.


“Querían cambiar la bandera los patuos. ❤️❤️❤️❤️😂😂😂😂 nadie les compra. Decontrucción. Es destrucción.”

@floresherreraricardo

Ricardo Flores

Preparador físico. Vocalista. Poeta del desastre y la pasión. Dibujante aficionado. Practicante de artes marciales.

Adolfo Bimer, Síndrome de actualización (2021). Vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: Felipe Ugalde. Cortesía del artista
Adolfo Bimer, Síndrome de actualización (2021). Vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: Felipe Ugalde. Cortesía del artista

La acometida se vuelve algo extraña cuando se le descontextualiza. Sin embargo, sabemos que parte de la tónica en redes sociales es descalificadora, más aun quedando solo 17 días para saber quién sería el próximo presidente del país, instancias donde primaba la incertidumbre y los adherentes de lado y lado ya mostraban abiertamente sus posiciones. La cadena de incidentes que centraron su atención en Síndrome de actualización logran perfilar un retrato bastante auténtico de los impulsivos momentos que se vivían -y aún persisten- en Chile, coyuntura vinculada a heridas históricas no cicatrizadas, a las identidades del país y a su cohesión social. 

Para la teórica del arte, filósofa y artista Katya Mandoki la identidad es “(…) el revestimiento del que se envuelve la subjetividad para presentarse a los otros e integrarse a cada contexto social en que se despliega. La identidad es la piel social de la subjetividad. Esto quiere decir que la identidad es líquida y móvil, por así decirlo, además de ser plural y en buena medida colectiva” (Mandoki, 2007). Identidad y cohesión social corren por la misma senda. Se necesitan una de la otra para surtir el efecto de reconocimiento y unión. Ambas son fundamentales e indisolubles del modelo nacionalista, a pesar de ser fruto de inventivas que pasan por periodos de fragilidad e inestabilidad y que están en permanente pugna con los imaginarios particulares o ajenos al mandato central. Claramente esta circulación, difusión y aprehensión del ideario nacional no es natural ni automática. Por el contrario, requiere de una estructura, de instituciones y prácticas artificiales. Producir la “imagen” de un país es un trabajo sin descanso porque debe impregnarse en el imaginario de sus ciudadanos reiterativamente.

El papel de la dimensión estética llega a ser crucial para producir afectos hacia el ideal de unión nacional a través de “ciertos rituales, experiencias y prácticas en la construcción y reproducción de esta comunidad imaginada”, dice Mandoki cuando se refiere a la importancia de la prosaica en el posicionamiento de la cultura dominante.

Adolfo Bimer, Síndrome de actualización (2021). Vista de la instalación en CENTEX, Valparaíso (2021-2022). Foto: Felipe Ugalde. Cortesía del artista

Como obra y como acción objetada, Síndrome de actualización evidencia las complejidades inscritas en la identidad nacional y las capas de miedo o esperanza que la cubren. Aunque a algunos les cueste aceptarlo -poniendo en este saco a la o las personas que mandaron a bajar la obra de Adolfo Bimer-, el orgullo y la alta estima por los símbolos patrios van en acelerado descenso. Hace poco, El Mercurio -diario del que se desconfía desde 1967- interpretó los resultados de la Encuesta Bicentenario UC 2021 en la nota titulada “La identidad chilena en debate”. A través de una breve introducción y la opinión de siete académicos (historiadores y una antropóloga) se reflexionó sobre la disminución del “orgullo por la historia del país” y la baja identificación hacia el himno y la bandera nacional. En él, Sonia Montecino aborda el factor pandemia y las demandas instaladas por la revuelta como dos elementos que tensionan el concepto de “identidad nacional”. Montecino menciona que el estallido “pone de manifiesto una crisis de sentido” que “impugna el modelo chileno de sociedad actual, derribando símbolos y ocupando lugares emblemáticos, desestabilizando lo cotidiano y, con ello, produciendo preguntas sobre nuestras identidades de origen y destino, es decir, sobre aquello que nos reúne e intriga como comunidad y sobre lo que deseamos como futuro común.” (El Mercurio, 30.01.22, p. E2).

Justamente lo que Montecino pone en relevancia está presente tanto discursiva como formalmente en la apuesta expositiva de Estructuras Objetables. Desde los márgenes del edificio que reúne a las obras, su adentro y afuera, su vista desde la calle y los cerros, su momentánea interrupción del flujo cotidiano se descubre una fórmula liminal de operar que encuentra su espacio en los intermedios. El tira y afloja del Centex y los mandos ministeriales le dan la razón en vez de desacreditar su potencia. Pero, ¿podrán ser transformados los símbolos que nos deberían identificar en otros nuevos, acorde a diversos sentimientos? Está por verse.   


[1] Específicamente las obras “Cordillera I” (2019) y “Cordillera II” (2020).

[2] Comentarios en la cuenta de Instagram de El Mostrador (@el_mostrador).

Céline Fercovic

Nace en Santiago, en 1992. Licenciada en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile y cofundadora del colectivo Art&Crap. Desde 2015 ha trabajado en distintos proyectos relacionados al arte contemporáneo y la escritura: investigando, curando exposiciones colectivas, escribiendo artículos para distintos medios y guionizando contenidos sobre arte y educación. Desde 2018 es parte del Equipo de Comunicaciones de Fundación Nube donde investiga y visibiliza las relaciones entre arte, juego y pedagogía.

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